Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 2 de junio de 2010

TIEMPO ORDINARIO, JUNIO 2, 2010

PALABRA DE VIDA
Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1 -3. 6 12

Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, llamado a anunciar lapromesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido; te deseo la gracia, misericordia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro. Doy gracias a Dios, a quien sirvo con pura conciencia, como mis antepasados, porque tengo siempre tu nombre en mis labios cuando rezo, de noche y de día. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio. De este Evangelio me han nombrado heraldo, apóstol y maestro, y ésta es la razón de mi penosa situación presente; pero no me siento derrotado, pues sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio.
Salmo 24, 2-3. 4-5ab. 6-7bc. 8-9
A ti, Señor, levanto mi alma.
Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado, que no triunfen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti no quedan defraudados, mientras que el fracaso malogra a los traidores.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mi con misericordia, por tu bondad, Señor.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 18-27

No es Dios de muertos, sino de vivos
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: -«Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano." Pues bien, habla siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.» Jesús les respondió: -«Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: "Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob"? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.»
HOMILIA
2Timoteo 1,1-3.6-12: Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos Salmo 122: A ti, Señor, levanto mis ojos. Marcos 12,18-27: No es Dios de muertos.

Continuamos con el tema de ayer, Jesús enfrenta a un grupo de saduceos que ponen a Jesús en una situación difícil, pues ellos no creen en la resurrección.

Como en el evangelio de ayer, Jesús se ve enfrentado a un grupo judío que trata de desacreditar sus enseñanzas. Los saduceos que no creen en la resurrección ponen a Jesús en una situación difícil. Los judíos estaban obligados por la ley del levirato, a tomar como esposa a la mujer de su hermano cuando éste fallecía sin dejar descendencia. Usando esta norma los saduceos hacen una pregunta mal intencionada a Jesús. Nuevamente Él da una enseñanza y al mismo tiempo una buena noticia. Por una parte afirma que “Dios no es un Dios de muertos”, y por otra que la nueva vida no es continuar atado a las leyes humanas. Los saduceos están equivocados por no entender las escrituras, quizás no tuvieron la disposición para descubrir en ella el mensaje de Dios. Es un riesgo que también corremos nosotros, continuar con nuestros prejuicios y paradigmas y no dejarnos iluminar por la escritura. Los saduceos tampoco conocen el poder de Dios, ¿cuántas veces nosotros sólo confiamos en nuestras fuerzas, conocimiento e instinto, que en las promesas y el poder de Dios? Si confiamos y trabajamos por hacer vida las promesas de Dios, pode-mos desde ahora comenzar a gozar de nuestra propia resurrección.

Por eso es importante y oportuno que nops encontremos hoy con la Segunda Carta de Pablo a Timoteo que parece ser la última Carta que escribió Pablo antes de morir, por eso se vuelve para nosotros como “un autentico testamento espiritual de Pablo”. Está en la cárcel, pero parece obrecernos una pacífica espera de un final inminente. Escribe en términos apesadumbrados a Timoteo, éste es su discípulo predilecto, por el que ora noche y día, y le aconseja que “reaviva” el don de Dios.
Tras el saludo (1-3) viene una primera parte (6-12) aunque continúa hasta el 2,13, en el que Pablo exhorta a Timoteo a luchar y sufrir por el evangelio. Para pablo “la Buena Noticia es la promesa de la vida que está en Jesucristo” (1) “que ha destrozado la muerte y ha hecho irradiar la vida y la inmortalidad” (10). Pablo es un hombre elegido por Dios para llevar al mundo este evangelio de vida no “con un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de ponderación”. A causa de este anuncio, debe esperar la hostilidad del mundo, hasta el punto de verse privado de la misma libertad. Pablo no se avergüenza de ello e invita a Timoteo a no avergonzarse de sus cadenas: éstas son el precio del testimonio fiel, de la vocación santa, de la gracia otorgada en Cristo Jesús y revelada ahora en el misterio de su encarnación. Constituyen un signo paradójico de una “libertad nueva”, que nace de la fe en él y en la certeza de su fidelidad hasta el último día, el día en que la vida destruirá a la muerte para siempre.

El evangelio enfrenta de nuevo a Jesús con los saduceos, cuestión tendenciosa; pero proporciona a Jesús la ocasión de presentar en sus justos términos “el sentido de la vida más allá de la muerte.” En esos tiempos juntos a los saduceos, que negaban la resurrección, estaban también los rabinos-fariseos, que la afirmaban, con cierta libertad interpretativa. Algunos de ellos creían que sólo resucitaban los justos, sólo los judíos o todos los hombres, mientras que otros creían que los justos resucitaban en su corporeidad originaria, incluidas las enfermedades. Así más tarde, en el tiempo en que fue redactado el evangelio de Marcos, ejercía gran influencia el principio helenístico-pagano. La respuesta de Jesús responde un poco a todos, poniendo en el centro la verdad del amor de Dios: si Dios ama al hombre, no puede abandonarle en poder de la muerte, sino que lo unirá consigo, fuente de la vida para hacerlo inmortal.

El futuro en el pensamiento de Cristo es que la vida de los muertos escapa a los esquemas del mundo presente: será una vida diferente, porque es divina, eterna, comparable a los ángeles, de suerte que el matrimonio y la reproducción carecen en ella de sentido. Tampoco podrá ser en cierto modo una suerte de prolongación de la vida presente, en la que entra todo el hombre, no sólo el espíritu, sino toda la realidad humana, que será transformada misteriosamente. Con todo hay una cosa absolutamente cierta: la razón fundamental hemos de hallarla en la “fidelidad del Eterno”: la promesa de la resurrección no es un derecho del hombre, sino la inevitable consecuencia o la medida ilimitada del amor divino, más fuerte que la muerte. Por eso dice Marcos 12,27 “No eres un Dios de muertos, sino de vivos.”

El cristianismo es “el evangelio de la vida.” La vida es la Buena Noticia que el cristiano anuncia a un mundo cada vez más inmerso en una cultura de muerte. Y se trata de una buena noticia, porque sólo quien cree en Cristo puede hablar de una vida “que ha destruido la muerte.” Por eso Dios Padre, resucitó a su Hijo, del mismo modo que librará de las cadenas de la muerte a todo creyente que no se avergue3nce del Evangelio de la vida. Nuestro Dios, en efecto, “no es un Dios de muertos sino de vivos.”

ORACION

Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, Dios amante de la vida, en ti existe todo lo que es, de ti recibe toda criatura su aliento y vida. Te alabo, Padre, porque tú eres mi origen y, por consiguiente también la razón de mi existencia, la certeza de mi vivir para siempre, que yo sólo por vivir soy tu gloria. En efecto, “no alaban los muertos al Señor, ni los que bajan al silencio. Nosotros, bendecimos al Señor, ahora y siempre”. (Salmo 115, 17ss).

Concédeme, Padre, el valor de Pablo, que incluso desde la cárcel, con cadenas, proclama el Evangelio de vida. Reviva tu don en mí, para opte por llegar a ser, como él, prisionero libre de Cristo, dejándome cautivar para siempre por las cadenas del amor divino, que ha vencido a la muerte para siempre.

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