Salmo 47,2-3a.3b-4.10-11
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,6.12-14): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»
2 Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36: Yo escudaré a esta ciudad para salvarla. Salmo 47: Dios ha fundado su ciudad para siempre. Mateo 7, 6. 12-14: Que estrecha es la puerta.
El evangelio nos propone dos reglas simples pero b[asicas para el cristiano, discípulo de Jesús y testigo del Maestro, y estos son: “tratar a los demás como cada uno desea ser tratado”, el evangelio la llama esta “la regla de oro” que es la base del diálogo interreligioso. En esto están de acuerdo todas las religiones. Y segundo, se nos propone aceptar la puerta estrecha, el camino duro y difícil, pero también lleno de paz y esperanza tanto del cristianismo, hinduismo, Budismo, judaísmo e Islam, que nos lleva a ser mejores personas y alcanzar la vida divina desde nuestro mundo.
Y este es el principio que tenemos que seguir y vivir la Palabra. Se nos dice: “Dios os medirá con la medida con que hayáis medido a los demás.” (Mateo 7,21). Eso lo aprendimos ayer. Por eso la atención a la Palabra es el camino de reflexión diaria y el camino de aprender a ser discípulos del Señor. El leer cada día las Escrituras nos prepara a este ejercicio diario de nuestra vida.
Esa es loa reflexión que nos enseña la lectura del Libro Segundo de los Reyes.. La relación política entre el rey Ezequías ve en la relación don Egipto y Asiria. Es fácil entender la historia de la carta de Senaquerib, rey de Asiria, que envía a Ezequías estamos en los años 704 a 681. En la cvarta hay una amenaza contra Ezequías si se pone en contra de Asiria. Este rey lleva la carta al templo y recibe la respuesta del profeta Isaías (21-34) a través de un canto que anuncia la derrota de Senaquerib, por obra del Señor, a través parece de una peste que derrota al ejercito de Senaquerib.
En el evangelio nos encontramos con dchos del Señor que Mateo incluye en el sermón del monte, pero excluye “las cosas buenas” que los hombres intercambias entre ellos y que el Padre celestial concede a quienes las piden.
El primero de los dichos reeridos tiene que ver con el uso de “lo santo”. El sentido de esta expresión no está claro, aunque debe sobreenterse con ella la Palabra evangélica y, en último extrema, la eucaristía. Parece que se bosteja aquí lo que será deinida como “la disciplina del arcano”. Consiste esta en no revelar los santos misterios a los extraños y menos aún a las personas indignas. “Si cerramos nuestras puertas antes de celebrar los misterios y excluimos a los no iniciados”, precisa San Juan Crisóstomo, “es porque hay todavía muchos que están demasiado poco preparados para poder participar en estos sacramentos.”
Con el término “perros” se designa con modo despreciativo a los paganos, considerados idólatras por definición (Mateo 15,26ss), donde se atenúa loa palabra poniendo en diminutivo, “perrillos”. A los cerdos, considerados proverbialmente como animales impuros, eran equiparados los que mantenían una conducta contraria a la Ley (ambas categorías se encuentran en 2 Pedro 2,21ss). Según San Jerónimo “algunos quieren ver en los perros aquellos que, tras haber creído en Cristo, vuelven al vómito de sus pecados; y en las cerdos, a los que no han creído aún en el Evangelio y siguen revolcándose en sus vicios y en el fango de la incredulidad. En consecuencia, no conviene creer demasiado pronto a hombres de tal condición la perla del Evangelio, por miedo a que la pisoteen y, revolviéndose contra nosotros, intenten destrozarnos.”
Frente a la bondad divina, los hombres son “malos”, sin embargo son capaces de dar pan y pescado. Pues bien “?qué pan?” y qué “pescado” nos dará el Padre con el don de su Hijo? Estas “cosas buenas” son ciertamente, ante todo, los bienes superiores, el Reino y la justicia de Dios Lucas 11, 13 dice: “dará el Espíritu Santo” a los que se lo pidan. El Espíritu Santo es el don por excelencia, siempre conforme a la voluntad de Dios, y se concede siempre a los que lo piden: espíritu de vida y regeneración. Inteligencia de las Escrituras, discernimiento espiritual, carismas varios en la comunidad. Pero hay muchas otros cosas que puede ser “buenas” en el marco y desde la perspectiva del Reino y de su justicia: también una buena salud y el pan de cada día, así como la paz eterna y la tranquilidad favorable al buen trabajo. Debemos abstenernos, pues, de una excesiva timidez, de un orgullo espiritualista, de un estoicismo cristiano, o como se quiera decir, que venga a detener la espontaneidad natural de la oración de los hijos del Padre.
El versículo 12 constituye la “regla de oro” del obrar cristiano: : “tratar a los demás como cada uno desea ser tratado”. La encontramos aunque formulada de manera negativa en Tobías 4,15. Se repite de muchas manera en el último capítulo del sermón del monte ( vv 12,17; 19; 21; 24; 26.
Por último están las dos puertas y los correspondientes caminos a los que dan acceso. La doctrina de los dos caminos estaba ya formulada en el Antiguo Testamento (Deuteronomio 30,15-20) y fue recuperada en la primara catequesis cristiana (Didajé 1,1). La imagen de la puerta y el camino remite al mismo Cristo (Mateo 22,16), que se atribuye a sí mismo esta doble realidad )Juan 10,7; 14,6) así como a los Hechos de los Apóstoles, donde aparece con bastante recuencia.
La “perla” según San Juan Crisóstomo, son los “misterios de la verdad, o sea, la totalidad del patrimonio revelado. En consecuencia, dejará aparecer en qué consideración tengo la Palabras divina. El texto evangélico nos invita, por otra parte, a preguntarnos si somos si somos capaces de dar cosas buenas a los hermanos, cosas que se convierten de este modo en la medida de nuestras acciones. Por último, como consecuencia de si voy por el camino estrecho que es Cristo mismo o si intento hacerme el recorrido cómodo y gratificador al precio de compromisos y mediocridad.
ORACION
Clementísimo Señor Jesucristo, hazme entrar por la puerta de la salvación y en la vida de gloria después de haber recorrido el camino estrecho de la justicia y haber entrado y haber entrado por la estrecha puerta de la penitencia. Enséname a evitar las sugerencias de los engañadores y concédeme evitar la sencillez y la inocencia de los hombres espirituales. Que mi corazón eche sus raíces no en la tierra, sino en el cielo, de modo que sea encontrado iel en los frutos de las buenas obras más bien que en el follaje de las solas palabras.
Concédeme cumplir la voluntad del Padre celestial y traducir en obras las palabras que escucho de ti, de suerte que, arraigado en ti, no haya tentación que me separe de ti. Amén.

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