Salmo 136,1-2.3.4-5.6
Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,1-4):
HOMILIA
Mateo continúa presentándonos el Reino que él lo ha establecido entre los desposeídos. Y hoy nos encontramos con un miembro de ese reino de los desposeídos, el leproso, que se encuentra fuera de la salvación por ser un impuro según la ley. Esto es ya un escándalo para la multitud, y segundo porque tiene lugar al llegar Jesús de la montaña, que el lugar privilegiado de la manifestación de Dios, afirmado esto por la Ley de Moisés. Al venir Jesús “desde arriba” y el leproso le está diciendo “si quieres puedes limpiarme”. Con lo cual le está diciendo “haz que mi condición de hombre vuelva, que pueda mirar, que pueda sentir, que pueda acercarme a los demás, si quieres haz de mi una persona nuevamente.”
Es un texto maravilloso, motivador, Dios no está arriba, lejos, en el monte, está con y en medio de las personas, el despreciado pide porque Jesús le inspira el deseo de cambiar, y le infunde la convicción de su derecho, le pide porque reconoce a Jesús alguien especial, y el Maestro ante aquel grito de compasión, no puede menos que sentirse junto a él, dándole al leproso lo que le pide porque es también lo que Dios quiere.
La primera lectura nos va a mostrar “al otro leproso,” el rey Sedecías que tiene un buen consejero en el profeta Isaías y que le advierte que no va a evitar la amenza de Babilonia aliándose con Egipto. Y como era de esperar la reacción de Babilonia no se hizo esperar y Jerusalén es asediada por dieciocho meses y fue sometida al saqueo, y luego a una destrucción total incluido el templo y comienza para Israel el exilio en Babilonia, durante medio siglo hasta que el rey Ciro decretó su fin
Los profetas Ezequiel y Jeremías se asocian en la predicción de la ruina de Jerusalén, mientras que el segundo Isaías acompaña a los exilados y anuncia un nuedpo éxodo para “el resto de Israel”, una nueva alianza y un n uevo templo, reavivando la esperanza mesiánica.
Es un hecho que tras el hundimiento del Reino del Norte (722) y la derrota del Reino del Sur (587), la nación de Israel perdió definitivamente su propia independencia y seguirá así tras la dominación babilónica, persa, griega y, por última romana.
En el evangelio con el capítulo 8 se abre una nueva sección dedicada a dieciocho milagros, “entendido como evangelio en actos” contrapruebas de la Palabra divina dispensada por Cristo y signos anticipadores del Reino. Hoy se inicia con el los tres primeros milagros, y tienen lugar en la primera salida de Cristo en misión (Cafarnaún y sus alrededores) realizados en favor de personas golpeadas por desgracia y en abierta violación de las normas de precaución y de defensa prevista por la ley: Jesús “toca” al leproso, y luego está dispuesto “a entrar en la casa” de un pagano, “coge de la mano a mujer” enferma.
El leproso le pide que lo “purifique”, consciente de que enfermedad es considerada como fruot del pecado y expresión de pureza legal. Por eso, Jesús que ha venido a cumplir la Ley envía al leproso al sacerdote, para que verifique la curación. El gesto, absolutamente tradicional (1 Reyes 19,18), que realiza el leproso con el Señor indica, al mismo tiempo, postración ante la divinidad y beso de su imagen. Lo volvemos a encontrar en otras ocasiones en el evangelio de Maro )2,2-8: 9,18; 14,33; 15,25; 20,20; 28,9,17).
Es bueno observar que Jesús acompaña su enseñanza con la acción. Es preciso cumplir la Ley –de ahí la orden dada al leproso de presentarse al sacerdote-pero la gracia supera a la ley. Por eso Jesús no duda en extender la mano y transmitir al enfermo la energía recreadora. El leproso representa a todo el género humano afectado por el pecado y, junto con el centurión y la suegra de Pedro (de los que habla el evangelio mañana) representa una trilogía de las situaciones sociales considera-das al margen del mundo judío: los enfermos incurables, los paganos y las mujeres.
El primer acto del leproso es la postración ante elo Taumaturgo. Se trata de la misma actitud que realizaba un adepto ante la imagen de la divinidad, inclinándose con veneración y besándola (que es el significado del término griego “postrarse”. En segundo lugar, realiza, no de modo diferente a como hará el centurión, un acto de fe. Un acto en el que encontramos una absoluta confianza en la acción “del Señor” (ese es precisamente, el título que le dirige) y es una disposición de ´panimo para recibir la intervención sanadora que favorece al máximo su eficacia.
Me identifico con el leproso: ¿cuál es la “lepra” que me afecta? (¿Cuáles son las llagas crónicas que me privan del estado de salud en el que fui creado? (Sabiduría 1,14)
Te contemplo presente y operante en mi, oh Señor, ahora que te he recibido en la comunión. Me postro en adoración ante ti y te doy, huésped divino, aquel beso que esperaste en vano de Simeón el Fariseo, que le había invitado a comer en su casa (Lucas 7,25). Pienso en mis llagas y digo, con todo el arrebato de mi fe: “Señor, sio quieres, puedes limpiarme.” Secundo tu acción, dado que el contacto que has establecido, con mi cuerpo en la común ión va mucho más allá que el de un simple toque, aunque sea milagroso. Tú que vives en mí haz pasar a mis miembros el fruto de tu pasión y de tu resurrección.

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