Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 3 de junio de 2010

TIEMPO ORDINARIO JUNIO 3, 2010

PALABRA DE VIDA
2 TIMOTEO, 2,8-15

Acuérdate de Cristo Jesús, descendiente de David y resucitado de entre los muertos, según mi evangelio.
Ef 3,1
9 Por él sufro hasta llevar cadenas como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
Rom 9,21
10 Por eso lo soporto todo por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación que se nos dio en Cristo Jesús y participen de la gloria eterna.
11 Una cosa es cierta:
11 si hemos muerto con él, también viviremos con él.
12 Si sufrimos pacientemente con él, también reinaremos con él.
12 Si lo negamos, también él nos negará.
13 Si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede desmentirse a sí mismo. 14 Recuerda a tu gente estas cosas y diles insistentemente en nombre de Dios que dejen las discusiones de palabras, que no son de ningún provecho y desconciertan a quienes las escuchan.

SALMO 25 4-14
Haz, Señor, que conozca tus caminos, muéstrame tus senderos.
5 En tu verdad guía mis pasos, instrúyeme, tú que eres mi Dios y mi Salvador.
5 Te estuve esperando todo el día, sé bueno conmigo y acuérdate de mí.
6 Acuérdate que has sido compasivo y generoso desde toda la eternidad.
7 No recuerdes las faltas ni los extravíos de mi juventud; pero acuérdate de mí según tu amor.
8 El Señor es bueno y recto; por eso muestra el camino a los que han pecado.
9 Dirige los pasos de los humildes, y muestra a los sencillos el camino.
10 Amor y lealtad son todos sus caminos, para el que guarda su alianza y
14 El secreto del Señor es para quien lo teme, le da el conocimiento de su alianza.

MARCOS 12,28-34

28 Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión y estaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
29 Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor. 30 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.
31 Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»
32 El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él,
33 y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.»
34 Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.

HOMILIA

2Timoteo 2,8-15: La palabra de Dios no está encadenada. Si morimos con él, viviremos con él Salmo 24: Señor, enséñame tus caminos. Marcos 12,28-34: Amarás al prójimo como a ti mismo

Jesús continúa con su conversación con los distintos grupos judíos preocupados por preguntar a Jesús sobre sus ideas sobre la Ley y cómo entender el sentido de la Ley, que para ellos es bien distinto del de la manera de entenderla Jesús. Jesús funda todo su pensamiento en el amor a Dios y no en el cumplimiento de las leyes. Esta vez no un grupo judío el que le hace la pregunta sino un maestro de la Ley, y como dice el evanelista busca una respuesta de Jesús a su pregunta. Tenemos ue recordar que los judíos tenían tgantas normas, alrededor de 630, lo que les lleva a confurndirse. Jesús se ha enfrentado con fariseos, herodianos y saduceos, y su prepara para su fin que ya entiende que será el desenlace de su misión y estos dos mandamientos que es el centro de la pregunta del maestro de la Ley, ya que el amor a Dios y al prójimo es el centro de la Ley, y el mandamiento de amor al prójimo no es tan claro como el mandamiento de amor a Dios con toda la mente, y con toda la fuerza, parece a todos algo natural, pero a este mandamiento está unido el amor al prójimo. Pablo dice, que el que dice amar a Dios y desprecia al hermano, ese es un mentiroso. No podemos pretender cumplir el primera mandamiento, sino cumplimos el segundo. Amar a Dios exige amar al prójimo y exige renunciar al egoísmo, vanidad y soberbia. El mejor acto de amor que podemos ofrecer a Dios es perdonar de corazón al hermanos que nos ha ofendido.

La vida del cristiano es la vida de Cristo en él; es una participación siempre renovada en la muerte y en y la vida gloriosa del Señor, que, en cierto modo, sufre y resurge a una vida nueva en aquel que cree en El. Pablo, encadenado por el Evangelio “como malhechor” (9) auqnue también seguro de reinar con él )12). De ahí podemos sacar dos consecuencias.

En primer lugar, que los sufrimientos del cristiano participan del valor redentor de los sufrimientos de Cristo y son, de hecho “instrumento de salvación en la medida en que el cristiano –como gusta decir Pablo- sufre con Cristo y muere con él )11-12) Desde el momento en que el Hijo del Eterno muere en la cruz, ya no hay sufrimiento terrero que sea inútil, y creyente que no se sienta responsable de la salvación de los demás. Es “la comunión de la cruz” lo que da, a cada individuo, la fuerza para soportarlo todo por los hermanos, “para que ellos también alcancen la salvación de Jesucristo y la gloria eterna” (10)
Entonces, segunda consecuencia, la vida del cristiano se convierte en una “existencia pascual”, gracias a la memoria de la resurrección de Jesús (8) y gracias a la profecía de su propia resurrección (11); un existencia que proclama la fidelidad del Eterno, mayor que cualquier infidelidad humana (13). Por eso el cristiano no se detiene en “discusiones vanas” (14) ni se avergüenza de la Palabra que debe anunciar, aunque debe sufrir por ella, porque es Palabra de la verdad y nunca podrá ser encadenada (9).

El tono de la pregunta del maestro de la Ley, a diferencia de Mateo y Lucas, nos es aquí en Marcos ni polémico ni tendencioso, sino simplemente teórico y escolar, sin trampas más o menos escondidas. Parece, al contrario, parece ser un reconocimiento recíproco de la exactitud y el carácter era, en aquellos tiempos, una pregunta clásica y debatida con frecuecia; tampoco era nueva del todo la respuesta de Jesús. En realidad, se tratra de la cuestión central para él y para todo creyente: es la pregunta a la que Jesús intentará responder con toda su vida.

Jesús le ofrece al maestro una respuesta precisa y rigurosamente b´blica, no por recordar a Deuteronomio 6, 4ss y Levítico 19,18, sino por es sólo es posible entenderla dentro de la revelación, según la cual nuestrp amor a Dios y al prójimo “supone un hecho precedente y fundador,”: el amor de Dios por nosotros. Este es el dato que precede a cualquier otro, el origen y la medida del amor humano. Si éste nace del amor divino, debe meditarse sobre la base del mismo, amando “a toda la humanidad,” amando a cada hombre sin distinción y “con toda nuestra propia humanidad”: corazón-mente-voluntad. De todos modos Marcos no se contenta con estas especificaciones, sino que introduce en su textro otras dos importantes notas particulares: una observación polémica sobre el culto (32), que recupera la antigua batalla de los profetas contra el ritualismo embarazoso que separa la oración del amor, y la afirmación del monoteísmo (29’32) en cierta polémica con el ambiente pagano en que vivía la comunidad de Marcos, afirmación destinada a dejar bien sentado que sólo Dios –es decir, de poner a Dios en el centro de su vida- puede venirle la libertad al hombre. Esta libertad es ya signo del Reino que viene.

Dios creó al hombre a su semejanza, le dio un corazón capaz de dejarse amar y de amar a su vez. Pero no sólo le hizo capaz de amar “a su manera”, divina, no se contentó con verter su benevolencia en el ser humano haciéndolo amable, sino que activó en él una capacidad afectiva que no es ya sólo humana. Este es el signo más grande del amor de Dios al hombre: el Creador no se ha guardado celosamente, su poder de amar, sino que lo ha compartido con la criatura. Precisamente en esta línea invita pablo a Timoteo y a todo creyente a sufrir y a morir con Cristo por la salvación de los hermanos. Pero, entonces, no se da aquí sólo la comunión redentora de la cruz: antes aún está el misterio sorprendente de la comunión de dios con el hombre., del amor divino con el amor humano. Gracias a esta comunión, el amor de Dios se hace ya presente y visible en esta tierra; más aún, Dios mismo es amado en un rostro humano, y el corazón de carne produce ya desde ahora latidos eternos.

Por eso es loa afirmación de Pablo: “Si con él morimos, viviremos con él” (2 Timoteo 2, 11). Si Cristo vino fue, sobre todo, para que el hombre supiera cuánto D y lo aprendiera para encender más en el amor de quien lo amó antes y para amar al prójimo según la voluntad y el ejemplo de quien ios se hizo prójimo prefiriendo no a los que estaban cerca de él, sino a los que vagaban lejos; toda Escritura divina escrita antes fue escrita para preanunciar la venida del Señor y cualquier cosa que haya sido trasmitida después de las cartas y confirmada con la autoridad divina habla de cristo e invita al amor: está claro que no sólo toda la Ley y los profetas que antes la Sagrada Escritura, por haberlo dicho el Señor se apoyan en estos dos preceptos del amor a Dios y al prójimo, sino también todo lo que, a continuación ha sido consagrado para la salvación, así como los volúmenes de la Sagrada Escritura confiados a la memoria.

San Agustín nos dice, “ponte, pues como fin este amor, al que referirás todo lo que digas; cuenta todas las cosas de manera que la persona a la que hablas crea al escuchar, espere al creer y ame al esperar.” (Catecismo de los rudos) El Abbé Pierre dice: “Oh nubes, aunque os transforméis en crueles tempestades no conseguiréis hacer negar la existencia del sol."

ORACION

Dios de amor, tú eres el Señor y el Maestro, sólo tú tienes palabras de vida y puedes revelar al hombre su verdad y su dignidad.

Concédeme comprender que la grandeza del hombre está en el amor: en la certeza “de ser amado desde siempre por el Señor del cielo y de la tierra y en la certeza “de ser amado” desde siempre por el Señor del cielo y de la tierra y en la certeza “de poder amar” al mismo Creador junto con sus criaturas. En esto consiste la grandeza humana y es humana y divina a la vez; es mandamiento, pero antes es “don”; es reposo y felicidad para el alma, pero también “lucha” contra el egoísmo y la desesperación; es verdad de donde nace la “libertad”, la libertar de depender en todo de aquel a quien amamos y a quien estamos llamados a amar; por consiguiente, de ti, que eres el amor. Concédeme, Padre, esta libertad: la libertad de entregarte mida, para que tú la conviertas en evangelio, historia y providencia de amor para muchos hermanos; la libertad de amarte a ti y a todos con el corazón del Hijo, hasta la cruz.

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