Salmo
Salmo responsorial: 120
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,1-12
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»
1Reyes 17, 1-6: Elías sirve al Señor, Dios de Israel Salmo:120: Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra. Mateo 5, 1-12: Dichosos los pobres en el espíritu
Jesús comienza a enseñar a sus discípulos la razón de su venida a la tierra, y ahora comenzamos de nuevo a volver a textos que habíamos leído o comenzado a leer antes de empezar en el tiempo del tiempo ordinario, por eso al reiniciar el tiempo ordinario comenzamos con la semana octava del tiempo ordiario. Ya estamos en el tiempo ordinario e la décima semana.
Comenzamos a leer el sermón del monte donde nos promete que la feli-cidad no proviene de valores que el mundo considera necesarios para ser felices. Lamentablemente cuando hablamos de pobreza, como nos dice el evangelio de hoy lo aislamos del dinero. Nos hace valorar que cosas que generalmente consideramos como absolutos, por ejemplo, el poder, el dinero y el prestigio sino que depende absolutamente de Dios. La abundancia del Reino de Dios es otra a la que consideramos, pues se basa en el hambre y sed de justicia, todos los que vivan sí serán saciados. Los que prestan ayuda van a recibirla. Al vivir como comunidad de personas, nadie le faltará nada. Los limpios de corazón, son gente sin mala intención, sin ideas torcidas, incapaces de traicionar, porque ellos verán a Dios, porque existen paa servir a los demás y se esfuerzan en trabajar por la paz, son gente de reconciliación y armonía en medio del mundo. Se creará un orden nuevo, no basado en la represión y competitiva, sino en igualdad y en la aceptación incondicional del otro, y finalmente perseguidos por su fidelidad, pues el mundo no tolera el programa de vida de acción de Jesús.
Continuamos leyendo el Primer Libro de los Reyes. En él se habla de la sucesión davídica, del reino de Salomón y del cisma político-religioso )en el 931 antes de Cristo). Ya hay dos reinos el del Norte y el de Judá y Bnejamín. El reino del Norte conoció una decena de casas reinantes mientras que el ddel Sur será siempre la estirpe de David.
La lecturas del Libro de los Reyes siguen con el “ciclo de Elias”. El proviene de Galaad donde se dive un yavismo rigoroso. El profeta fue enviado al rey Acab, esposo de una princesa fenicia, Jezabel, hija del rey de Tiro y Sidón. Esta había introducido en Samaria el culto de Baal, el dios de Tiro protector de la lluvia. Lías cuyo nombre significa “el Señor es mi Dios”, es puesto es puesto a salvo y protegido directamente por el cielo. Como los judíos del desierto se alimenta de manera ,milagrosa con pan y carne.
Los “profetas anteriores” así llamados por la tradición judía se encuentran sus vidas en “libros de los Reyes” que hablan de la alianza entre dios el pueblo, se basan en el principio de la retribución: si el pueblo es fiel a Dios es bendecido, si es infiel, lo abandona a un destino de muerte.
El lector de estas páginas está invitado, no obstante, a ver en las calamidades que se abaten sobre el pueblo infiel “castigos” divinos destinados a la conversión. En nuestro caso, la sequía es signo de la reprobación divina de los cultos cananeos patrocinados por Jezabel, que se convirtió en símbolo del sincretismo religioso. De hecho, Israel estuvo siempre amenazado por los cultos paganos arraigados en la tierra de la que tomó posesión, bajo la guía de Moisés y Josué.
Los capítulos 5-9 de Mateo constituyen una sección unida, como se desprende de las dos frases, substancialmente idénticas, que le sirven de marco (4,23 y 9,35) La sección abarca el “sermón de la montaña”, verdaderamente la “carta magna” del Reino (5-7) y la nación de 10 milagros (capítulos 8 y 9), presentándonos, por consiguiente a Cristo maestro, como divina Palabra no sólo está dotada de autoridad sino que es también eficaz.
Mateo presenta a Cristo como el nuevo Moisés, como aquel que comunica la “nueva ley” en el monte de las bienaventuranzas –monte- cuya imagen anticipadora era el Sinaí. Este es el primero de los 5 grandes discursos pronunciados por Jesús y comienza con la proclamación de las ocho bienaventuranzas del “Reino” palabra que se repite en la primera y en la última, a las que se añada otra más. La inminencia del Reino apela a la conversión; la perspectiva escatológica que parece dominar la proclamación de bienaventuranzas se traduce en un mensaje de salvación y se resuelve com imperativo moral, puesto que traza un modo perfecto de vida cristiana, en pensamiento de San Agustín.
La expresión “pobres en el Espíritu” si bien no se encuentra en el Antiguo Testamento (aunque aparece en los textos del Qumrán), refleja un aspecto fundamental la espera del Reino. A ellos está reservada la posesión de la tierra prometida (Salmo 37,11) y por consiguiente, del Reino, cuya instauración, según la esperanza bíblica, está destinada a registrar por lo menos un arranque a desde aquí abajo: “suyo es el Reino de los cielos”.
EL “consuelo” está presentado como un rasgo característico de Dios y como un don mesiánico por excelencia (Isaías 61,2; Lucas 2,25). El mismo Cristo se considera un Consolador, y con este título anuncia el don del Espíritu Santo (Juan 14,26; 15,26; 17,7). La “justicia” que se repite cinco veces en el Sermon del Monte) indica el recto cumplimiento de la voluntad divina, perseguido con impulso y determinación “hambre y sed”, y, por sonsiguiente, afirma el acceso a la salvación constituirá la razón misma de la encarnación del Verbo; su nombre será “Señor, nuestra justicia” (Jeremías 23,6) De ahí se sigue el imperativo “Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia”. )Mateo 6,33) La “misericordia” pasa a ser, de prerrogativa divina, aspecto calificativo del discípulo “sed misericordioso” (Lucas 6, “como vuestro Padre celestial es misericordioso” (Lucas 6,36)- La misericordia, en eecto, prevalecerá sobre el juicio (ver Santiago 2,23)
“Corazón puro” es una expresión, que se repite en las Escrituras (Salmo 24,3ss; 51 12; 73,13; Proverbios 22,11….) y es sinónimo de “corazón sencillo” (Sabiduría 1,1¸Efesios 6,5), ue no tiene doblez (Santiago 4,8). Esta es la condición que hace posible la visión de Dios, visión que no se concede al hombre en la tierra (Exodo 33,20), sino que está preparado para el cielo, cuando “Lo veremos tal cual es” 1 Juan 3,2) “cara a cara” (1 Corintios 13,12). “Constructor de la paz” es Dios mismo (Colosenses 1,20), repetido repetidamente por Pablo como “el Dios de la paz.” A Cristo, su Enviado, se le anuncia como rye mesiánico pacífico (Zacarías 9.9) “Príncipe de la Paz” (Isaías 9,15), una paz que da a sus discípulos (Juan 14,27; 16,33 y ver Lucas 2,14). La paz constituye, por último, un “fruto del Espíritu” (; Romanos 14,17).Gálatas 5,22) Los “hijos de la paz” (Lucas 10,6) no podrán dejar de ser, por consiguiente “hijos de Dios”.
La “persecución a causa de la justicia” (Lucas 6,22) precisa “a causa del Hijo de hombre”, que no es otra cosa que el precio que hay que pagar por la coherencia y por el testimonio evangélico. La invitación a alegrarse en medio de la tribulación y en medio de las pruebas ha sido ampliamente recibido en la experiencia apostólica (Hecnos 5, 41; 1 Corintios 1,5; 12,10; Santiago 1,2-4; 1 Pedro 1,6; 4,12-16…) La participación en los sufrimientos de Cristo, acogidos en beneficio de la Iglesia (Colosenses 1,24) nos asocia a la gloria de la resurrección (Filipenses 3,10ss)
ORACION
Haz que pensando en la recompensa celestial no rechace su precio, sino aque la esperanza de la salvación eterna mitigue en mí el dolor de la medicina terrena e inflame mi ánimo con el luminoso cumplimiento de obras buenas. Concédeme a mí, miserable criatura, la bienaventuranza fruto de la gracia en esta vida, para que pueda gozar de la bienaventuranza de la gloria en la patria celestial.

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