Salmo 30,20.21.24 S
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):
2Reyes 2, 1. 6-14: Elías subió al cielo Salmo 30: Sean fuertes y valientes de corazón, / los que esperan en el Señor. Mateo 6, 1-6. 16-18: Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará
En tiempos de Jesús, la “pureza” significaba ser preferido de Dios, el “estar puro”, significaba no estar contaminado con todo lo que la ley prohibía, las vestiduras resplandecientes, la buena salud, las ofrendas de animales de alto valor, quienes ostentaban esto, los hacía dignos de “respeto”, por ello hacían alarde público de su pureza exterior, pues su riqueza, salud e influencia era considerada bendición de Dios, no así los pobres, los enfermos, las viudas, el pueblo en su mayoría, eran considerados “impuros”, por lo tanto, lejos y no favorecidos por Dios. La Buena Noticia de Jesús es precisamente lo que expresa el evangelio de hoy, no importa la apariencia exterior, no importa ser pobre o no ostentar un cargo de poder, pues Dios prefiere a los sencillos, a los humildes y con ellos quiere construir su Reinado. Él no juzga por las apariencias exteriores, sino por lo que la persona es en si misma. Este es el verdadero valor de la vida humana creada, lo más valioso en invisible a los ojos del cuerpo, pero claro y transparente cuando se mira con los ojos del corazón, así la oración y el ayuno es acto profundamente personal e íntimo con Dios.
Jesús nos enseña a cómo Dios considera nuestro corazón, ve nuestra sencillez, es decir, no importa la apariencias exteriores..
En la primera lectura nos presenta otro gran profeta, ya conocemos la historia de Eliseo y lo vemos en 1 Reyes 19,19-21. Su vocación no es muy diferente de la Elías, tendrá ahora un gran poder político, se manifestará por sus obras milagrosas. Por eso es importante la investidura profética. Esto le sitúa en la primera línea. Esto lo sitúa entre la primera línea “entre los hijos de profetas” Según la ley de la primogenitura (Deuteronomio 21,17), Eliseo pide para sí dos tercias del espíritu de Elías, que le son concedido al precio de su clarividencia (“Si me ves cuando sea arrebatado, te será concedido (10).
El cambio de su propio vestido por el manto de Elías expresa la investidura que a tenido lugar y la adquisición de las facultades a ella ligadas. Por eso peregrina Eliseo hacia el Jordán, dejando detrás a todos los otros “hijos de los profetas”. El recurso del Jordán, cuyas aguas había dividido Elías con el manto llevado como bastón, nos hace volver a las experiencias del Exodo, ligada a la figuras de Moisés (Exodo 14,219 Y de Josué )Josué 3,13).
En cuanto a la elevación de Elías, no diferente de la Enoc (Génesis 5,24) expresa el beneplácito divino hacia su persona, pero sobretodo la referencia a una misión futura. En todo caso, Elás desapareció de la vista de Eliseo en forma de una llama (“un carro de fuego con caballos de fuego” se interpuso entre ambos profetas.
En el evangelio podemos recordar lo que dice Tertuliano sin estas tres coas, limosna, oración y ayuno. El ayuno apunta el camino al paraíso, perdido a través “del hambre orgullosa” de nuestros primeros padres. La limosna a su vez, “hace que el ayuno no se resuelva en aflicción de la carne, sino en purificación del alma”. De aí se sigue que es “bienaventurado quien ayuna para alimentar al pobre”. El ayuno y la limosna an de estar inspirados y sostenidos por la oración, que nos permite obrar con rectitud de corazón y “ante Dios”.
El valor de la limosna (Eclesiástico 1,29; 29,12) podía quedar comprometido por la ostentación con la que hacía pública. Lo mismo vale para la oración mostrada con frecuencia “en las esquinas de las plazas.” En cuanto al ayuno, es conocida la toma de posición de los profetas (Isaías 58,5-7) compartida oy por Cristo. La Ley prescribía el ayuno en el gran día al comienzo del año según el calendario judío. En este día asta estaba prohibido lavarse. De aía la invitación del Señor a evitar los signos externos de una práctica que, para los israelitas devotos, se volvía a proponer dos veces a la semana (Lucas 18,12). Quien ayuna debe asumir el mismo semblante alegre de los días de fiesta, cuando se unge la cabeza con perfume.
La oración incluye, por último, interioridad y secreto, bien expresados por el lugar donde ha de ser llevada a cabo: al pie de la letra en la “alacena”, donde se ponían las provisiones para que estuvieran seguras, es un lugar sin ventanas y con una puerta provista de cerradura.
Por eso se nos repite a acerlo con frecuencia y vivir según la Palabra, por eso se nos dice: “Y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará.” (Mateo 6,4)
ORACION
Señor Jesucristo, tú nos ha dado ejemplo de humildad en todas tus acciones y nos has enseñado a rehuir de la vanagloria. Defiéndeme, interior y exteriormente de la vanagloria, de las insidias de la soberbia, de manera que no dé ningún agarradero al enemigo de mi alma. Que no busque en la práctica de la limosna, de la oración y del ayuno, ni en ninguan obra buena, la alabanza de los hombres y el favor del mundo, sino que obre con pureza de corazón, por la gloria de Dios y la edificación del prójimo y no busque nunca la inútil gloria terrena y no seré víctima en absoluto de las penas eternas.

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