Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 30 de julio de 2010

TIEMPO ORDINARIO 30 DE JULIO, 2010

PALABRA DE VIDA

Lectura de la profecía de Jeremías (26,1-9):
Al comienzo del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra del Señor a Jeremías: «Así dice el Señor: Ponte en el atrio del templo y di a todos los ciudadanos de Judá que entran en el templo para adorar, las palabras que yo te mande decirles; no dejes ni una sola. A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta, y me arrepiento del mal que medito hacerles a causa de sus malas acciones. Les dirás: Así dice el Señor: Si no me obedecéis, cumpliendo la ley que os di en vuestra presencia, y escuchando las palabras de mis siervos, los profetas, que os enviaba sin cesar (y vosotros no escuchabais), entonces trataré a este templo como al de Silo, a esta ciudad la haré fórmula de maldición para todos los pueblos de la tierra.»Los profetas, los sacerdotes y el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras, en el templo del Señor. Y, cuando terminó Jeremías de decir cuanto el Señor le había mandado decir al pueblo, lo agarraron los sacerdotes y los profetas y el pueblo, diciendo: «Eres reo de muerte. ¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo será como el de Silo, y esta ciudad quedará en ruinas, deshabitada?»Y el pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor.
Salmo 68
Que me escuche tu gran bondad, Señor.Más que los pelos de mi cabeza son los que me odian sin razón; más duros que mis huesos, los que me atacan injustamente. ¿Es que voy a devolver lo que no he robado? Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude.


Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,54-58):
En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?» Y aquello les resultaba escandaloso.Jesús les dijo: «Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.» Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.
HOMILIA

Jeremías 26, 1-9: El pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor Salmo 68: Que me escuche tu gran bondad, Señor. Matteo 13, 54-58: ¿No es el hijo del carpintero?

Jesús vuelve a su pueblo de Nazaret, pero sus habitantes como antes no escuchan sus palabras, porque no aceptaban que las palabras que decía, pues era una vecina de pueblo, a quien todos conocían, y no podían entender que ofreciera tanta sabiduría. Y como consecuencia no aceptan su mensaje, pues tienen la equivocada actitud, porque creen conocer su origen, pero en realidad lo único que Jesús adquiere es una actitud de ceguera. Veían los admirable de su sabiduría y la realdiad de sus milagros y en vez de alegrarse y seguirlo (54) se escandalizan. Y como querían justificarse a sí mismos, le dicen que es un loco y que estaba endemoniado. Por eso Jesús les habla en parábolas (10-17), sólo los simples y los pequeños se convierten. Los otros no habrían podido oír la verdad que salía de sus labios sin enfurecerse, como sucedió que los pobres y humildes entendieron la parábola de los viñadores. Por eso Jesús es “un signo de contradicción” y lo serán también los discípulos. El camino de seguimiento de Jesús no es un camino de reconocimiento de triunfalismos, de aplausos, es un camino que incluye dificultades y renuencias, pero finalmente será una camino que lleva a la vida, y la vida plena de la que habla Jesús que la comenzamos a vivir cuando manifestamos abiertamente nuestro compromiso frente al llamado que Jesús nos hace, es la fe la que se necesita justamente porque Jesús no obra es la fe la que se necesita justamente porque Jesús no obra ningún milagro en su tierra. Es importante resaltar en este relato la actitud de Jesús, él continúa su camino a pesar de los obstáculos, el reino de dios tiene que el reino de Dios debe seguir siendo anunciado y que nada ni nadie lo podrá detener.

Este anuncio y la invitación son aceptados como lo indica el evangelio de Mateo los humildes y sencillos aquellos reciben con alegría el mensaje de Jesús.

Por eso, debemos que entender el mensaje de Jeremías, donde el profeta comienza una nueva sección de su libro (capítulos 26-29), que distingue de la precedente (capítulos 1-25). Ahora el profeta comienza la enseñanza que le dirige el Señor para el pueblo. Y aquí vemos la palabra que el profeta dirige al pueblo en la entrada del templo. Durante el reinado del impío Joaquín, que había frustrado las esperanzas de la reforma religiosa suscitadas por su padre Josías, pronuncia Jeremías el duro discurso del que aquí se nos ofrece un resumen. El Señor envía al profeta al templo, tal ve con ocasión de una fiesta religiosa que atrae a muchas personas a Jerusalén (2), a proclamar unas palabras importantes, unas palabra que deberá pronunciar sin omitir nada: está en juicio la conversión del pueblo o su castigo (3). Jeremías llama a todos a la responsabilidad respecto a la Palabra del Señor, cuya escucha constituye el punto de partida para convertirse. Precisamente con este fin ha ido enviando Dios, a lo largo de toda la historia de Israel, a los profetas, hombres de la Palabra (5). Ahora bien, quien no sigue la advertencia de los profetas y no se comporta en conformidad con la Palabra del Señor no puede pretender encontrar la salvación sólo por el hecho de frecuentar el templo. La actitud asumida respecto a la Palabra es discriminadora: el escucharla y obedecerla es vivir, no escucharla y no obedecerla es morir. El este caso, el pueblo depositario de la bendición será maldito en virtud de su elección (6).
En el evangelio, terminado el “sermón en parábolas” recorre Mateo otro material narrativo, cuyo variado contenido marca la progresiva separación entre Jesús e Israel y manifiesta la formación específica de los discípulos (Mateo 3,54-17,27).

El relato que trae la sección, y que constituye la lectura de la liturgia de hoy, narra el rechazo que opusieron a Jesús sus paisanos. Del estupor inicial producido por su enseñanza (54) se pasa se pasa al pregunta fundamental sobre la identidad del Jesús. Los fariseos habían respondido a ella declarándolo afiliado al bando del príncipe de los demonios, por cuya autoridad habría hecho los milagros (ver 12-24). Los habitantes de Nazaret, sin embargo, no dan respuesta alguna. El conocimiento que tiene de su paisano y de su familia se se convierte en un obstáculo para creer que es el Mesías no es posible a un hombre de Jesús tenga “esa sabiduría y esos poderes milagrosos” (55ss Jesús constata a través dse su propia experiencia la verdad del dicho proverbial que dice: “Nadie es profeta en su tierra” (57) La suerte de su mensaje y de su misma persona no es diferente a la reservada a los profetas del Antiguo Testamento y de todos los tiempos: rechazo, también muerte violenta. Y dado que los milagros suponen la fe, que es lo único que permite comprender su verdadero significado, la incredulidad de los habitantes de Nazaret se convierte en un impedimento para que Jesús pueda hacerlo (58).

Por eso Jeremías mismo se encarga decirnos que dsebemos repetir con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Que yo te escuche, Señor, y me convierta a ti.” (Jeremías 26-3) Lo entendemos cuando pensamos que la fe es cogida y adhesión total a la persona de Jesús. No es posible aceptar a Jesús en parte, sólo en aquellos aspectos que puedan parecernos más agradables y comprensibles. Si aceptar a Jesús y la Palabra del Padre que él nos comunica lanza por los aires nuestras ideas y proyectos, incluso religiosos, si descubrimos que Jesús es diferente de la imagen que nos habíamos hechos de él, entonces se nos presenta la ocasión de convertirnos, es decir, de abandonar nuestros puntos de vista y dirigir nuestra mirada sobre Jesús tal como es, disuadiéndonos de nuestros razonamientos. Si esto nos incomoda demasiado y nos mofamos de quien nos invita a no camuflar el rostro de Dios, difícilmente podremos ver los signos de su presencia vivificante entre nosotros.

La invitación a it escuchando a los profetas va revotando a lo largo de los siglos y llega hasta nosotros. En Jesús se ha pronunciado la Palabra de Dios de manera total, y desde hace dos mil años nunca han faltado en la Iglesia hombres y mujeres que con su vida, sus escritos y su predicación han reavivado entre sus contemporáneos la conciencia de la belleza y las exigencias del Evangelio. También hoy entre nosotros están presentes, pero ¿los escuchamos?

ORACION

“!Haz que te conozca, Señor!” No quiero quedar encerrado en las angustias de mis ideas sobre ti, unas ideas tan mezquinas, tan limitadas. Haz que te conozca como eres, en tu belleza, en tu verdad, en tu sencillez. Haz que te conozca. Y para ellos. Señor, libérame de los sucedáneos de los que me rodeo, de las falsas certezas en las que me apoyo. Deseo, quiero declarar mi fe en ti, Señor, siempre sorprendente, que remueves mis certezas construidas a la medida de mi tranquilo vivir.Oh Dios, a quien tengo miedo de entregarme y cuya falta me consume; Dios de mi mediocridad y de mi nostalgia de lo absoluto. Dios que caminaste en Jesús entre nosotros y exaltaste nuestra vida. Haz que te conozca, porque oh Señor de mi vida, creo en ti

No hay comentarios.: