Lectura del santo evangelio según san Mateo (12,1-8):
Isaías 38, 1-6. 21-22. 7-8: He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas Salmo tomado de Isaías 38: Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Mateo 12, 1-8: El Hijo del hombre es señor del sábado.
Una de las cosas que hemos prendido en estos últimos días, por supuesto, si hemos leído con atención las palabras de Jesús es que él ha vendió no sólo a predicar sobre el reino de Dios sino a realizarlo, y los vemos de manera clara en el evangelio de hoy. El evangelio nos muestra que Jesús libre efectivamente sobre el mal, pero esto no es concedido sino a quienes aceptar entrar en la nueva comunidad de los creyentes. Esta es la defensa que Jesús tiene y toma frente al entusiasmo popular y superficial que nada tiene que ver con la fe. Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) se llaman así porque hablan con una doctrina casi común.
Pero Mateo, el evangelio que leemos hoy que se fija más en el misterio de Jesús y ve la realización de Isaías sobre el siervo sufriente. Mateo comparte las mentalidad de las primeras comunidades cristianas que leían en la vida de Jesús el cumplimiento de las profecías anunciadas por los profetas. ¿Lo hacemos también nosotros? La misión de Jesús y la que nos ha dejado es levantar al que está caído y da fuerza al que la necesita y se encuentra en dificultad. ¿No estamos nosotros también en esta situación? Tal vez, no lo pensamos, pero deberíamos hacerlo.
Cuando leemos hoy el documento del profeta Isaías tenemos que reconocer varias cosas. Los capítulos 36-39, que cierran el libro atribuido a primera Isaías, son un añadido posterior llevada a cabo por un redactor después del exilio de Babilonia. Los hechos narrados aquí se remontan a los últimos años del siglo VIII antes de Cristo, durante el reinado de Ezequías, y están documentados desde el punto de vista histórico tanto del segundo libro de los Reyes como por textos asirios.. La curación del rey Ezequías tiene lugar en el contexto del asedio del rey asirio Senaquerib unos quince años antes de la muerte de Ezequias. La enfermedad y la curación del rey Ezequías gracias a la intervención de Isaías pone de relieve la confianza del Ezequías con Dios y con el profeta, que es reconocido por lo que es portavoz de Yavhé.
Ezequías reacciona alo anuncio de su muerte con una oración, que siguiendo el estilo de los salmos de súplica, apena a la misericordia de Dios. A Dios le presenta el rey su propia vida, una vida vivida con rectitud, rica en buenas obras; por consiguiente, siguiendo la doctrina de la retribución temporal ¿cómo es posible que esta vida tan recta sea tan breve? La bondad de la oración del rey queda demostrada por el hecho de que es escuchada. Esa escucha se le hace saber por medio del profeta: Ezequías curará y Jerusalén será liberada.
Mateo nos introduce entre una de las tantas discusiones que Jesús tiene con los fariseos respecto a la observancia del precepto sabático. La Ley mosaica prescribía aunque fuera particularmente urgente como las labores del campo en tiempos de del arado del campo y en la cosecha (vea, Exodo 20,8-11; 31,12-17; 34,21; Levítico 23,3; Deuteronomio 5,12-15).
La antigua institución del sábado como día de reposo a Dios, que “descansó el día sétimo de todo lo que había hecho" (Génesis 2w,2), había tomado una gran importancia durante el exilio de Babilonia y en el período posterior, convirtiéndose, por tanto, en una ley férreo en el judaísmo hasta el tiempo de Jesús. El precepto del sábado, vivido al principio como día de alegría para todos) hombres, libres o esclavos, y animales), en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, y como anticipación del reposo escatológico (fin de los tiempos) en el que la creatura participará del reposo del mismo Dios (Hebreos 4,9-11), esto nos demuestra que el precepto del sábado se había transformado en una casuística opresora y vacilante de lo que estaba permitido y lo que estaba prohibido, una casuística en torno de la cual se oponían las escuelas rabínicas.
La afirmación de Jesús “el Hijo del hombre es señor del sábado” (8) tiene un alcance desconcertante. Afirma, en primer lugar que tiene una autoridad superior a la de Moisés, en virtud de su relación especial con Dios, a quien se quiere honrar observando el precepto del sábado. El y sólo él puede establecer lo que es lícito y lo que no lo es del sábado. Jesús, revelador del amor del Padre vuelve a situar al hombre en el centro verdadero culto: rendir honor a Dios no puede ser separado del estar atento al hombre, a quien Dios ha creado y ama. En consecuencia, no puede haber conflicto entre la ley religiosa y las exigencias del amor. La historia de Israel, dado que el carácter segrado de los panes de la ofrenda no impidió a David y a sus hambrientos hombres alimentarse con ellos (3ss), lo confirma.
El Dios misericordioso busca la “misericordia y no el sacrificio”, como mostrará Jesús poco después curando al hombre de la mano atrofiada (Mateo 12,9-13). Si los mismos sacerdotes deben infringir las normas del sábado para ejercer su ministerio (5), tanto más pasarán a segundo plano frente a las exigencias del amor al hombre, signo impre3scindible del amor y de la obediencia al Dios delo amor.
Que se exigirá a sí mismo y a nosotros repetir c on frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Quieres misericordia, oh Señor”. (Mateo 12,7).
ORACION
“Me confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel.” Tú me has creado libre porque deseas mi amor no mi sometimiento pasivo. Tú ves qué difícil me resulta el don que me has dado: la libertad del amor me da miedo y muchas veces prefiero encerrarme en los angostos espacios de una ley sin corazón, desde cuyo interior emito graves sentencias sobre mis hermanos y me siento poderoso.
“Me confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel”. Enséñame a olvidad mi despiadada “justicia” para hacerme un poco más semejante a ti y ser “sacramentos” de tu misericordia, para los hermanos y hermanas que me des.

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