Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 16 de julio de 2010

TIEMPO ORDINARIO JULIO 16, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Isaías (38,1-6.21-22.7-8):
En aquellos días, Ezequías cayó enfermo de muerte, y vino a visitarlo el profeta Isaías, hijo de Amós, y le dijo: «Así dice el Señor: "Haz testamento, porque vas a morir sin remedio y no vivirás."» Entonces, Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor: «Señor, acuérdate que he procedido de acuerdo contigo, con corazón sincero e íntegro, y que he hecho lo que te agrada.» Y Ezequías lloró con largo llanto. Y vino la palabra del Señor a Isaías: «Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de David, tu padre: "He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas. Mira, añado a tus días otros quince años. Te libraré de las manos del rey de Asiria, a ti y a esta ciudad, y la protegeré."» Isaías dijo: «Que traigan un emplasto de higos y lo apliquen a la herida, para que se cure.» Ezequías dijo: «¿Cuál es la prueba de que subiré a la casa del Señor?» Isaías respondió: «Ésta es la señal del Señor, de que cumplirá el Señor la palabra dada: "En el reloj de sol de Acaz haré que la sombra suba los diez grados que ha bajado."» Y desando el sol en el reloj los diez grados que había avanzado.
Salmo Isaías 38
Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacíaYo pensé: «En medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo;me privan del resto de mis años.» Yo pensé: «Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo.» «Levantan y enrollan mi vida como una tienda de pastores.Como un tejedor, devanaba yo mi vida, y me cortan la trama.» Los que Dios protege viven, y entre ellos vivirá mi espíritu; me has curado, me has hecho revivir.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (12,1-8):
Un sábado de aquéllos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado.» Les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitido ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa "quiero misericordia y no sacrificio", no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es “señor del sábado.”»

Isaías 38, 1-6. 21-22. 7-8: He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas Salmo tomado de Isaías 38: Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Mateo 12, 1-8: El Hijo del hombre es señor del sábado.

Una de las cosas que hemos prendido en estos últimos días, por supuesto, si hemos leído con atención las palabras de Jesús es que él ha vendió no sólo a predicar sobre el reino de Dios sino a realizarlo, y los vemos de manera clara en el evangelio de hoy. El evangelio nos muestra que Jesús libre efectivamente sobre el mal, pero esto no es concedido sino a quienes aceptar entrar en la nueva comunidad de los creyentes. Esta es la defensa que Jesús tiene y toma frente al entusiasmo popular y superficial que nada tiene que ver con la fe. Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) se llaman así porque hablan con una doctrina casi común.

Pero Mateo, el evangelio que leemos hoy que se fija más en el misterio de Jesús y ve la realización de Isaías sobre el siervo sufriente. Mateo comparte las mentalidad de las primeras comunidades cristianas que leían en la vida de Jesús el cumplimiento de las profecías anunciadas por los profetas. ¿Lo hacemos también nosotros? La misión de Jesús y la que nos ha dejado es levantar al que está caído y da fuerza al que la necesita y se encuentra en dificultad. ¿No estamos nosotros también en esta situación? Tal vez, no lo pensamos, pero deberíamos hacerlo.
No podemos permanecer indiferentes ante las necesidades de los demás, ante la cruz que se descarga colectivamente sobre el pueblo y en especial sobre aquello que sufren la marginación, y no darnos cuenta de la gran responsa-bilidad que tenemos con todas las personas que comparten nuestro destino. Esta misión no se realizara por conquista y por empleo de la fuerza, sino por medio de un testimonio simple y fiel dado de acuerdo con las situaciones reales de los seres humanos. Esto nos ha destinado el Señor, y debemos ser testigos y cumplidores de esta misión.

Cuando leemos hoy el documento del profeta Isaías tenemos que reconocer varias cosas. Los capítulos 36-39, que cierran el libro atribuido a primera Isaías, son un añadido posterior llevada a cabo por un redactor después del exilio de Babilonia. Los hechos narrados aquí se remontan a los últimos años del siglo VIII antes de Cristo, durante el reinado de Ezequías, y están documentados desde el punto de vista histórico tanto del segundo libro de los Reyes como por textos asirios.. La curación del rey Ezequías tiene lugar en el contexto del asedio del rey asirio Senaquerib unos quince años antes de la muerte de Ezequias. La enfermedad y la curación del rey Ezequías gracias a la intervención de Isaías pone de relieve la confianza del Ezequías con Dios y con el profeta, que es reconocido por lo que es portavoz de Yavhé.

Ezequías reacciona alo anuncio de su muerte con una oración, que siguiendo el estilo de los salmos de súplica, apena a la misericordia de Dios. A Dios le presenta el rey su propia vida, una vida vivida con rectitud, rica en buenas obras; por consiguiente, siguiendo la doctrina de la retribución temporal ¿cómo es posible que esta vida tan recta sea tan breve? La bondad de la oración del rey queda demostrada por el hecho de que es escuchada. Esa escucha se le hace saber por medio del profeta: Ezequías curará y Jerusalén será liberada.

Mateo nos introduce entre una de las tantas discusiones que Jesús tiene con los fariseos respecto a la observancia del precepto sabático. La Ley mosaica prescribía aunque fuera particularmente urgente como las labores del campo en tiempos de del arado del campo y en la cosecha (vea, Exodo 20,8-11; 31,12-17; 34,21; Levítico 23,3; Deuteronomio 5,12-15).

La antigua institución del sábado como día de reposo a Dios, que “descansó el día sétimo de todo lo que había hecho" (Génesis 2w,2), había tomado una gran importancia durante el exilio de Babilonia y en el período posterior, convirtiéndose, por tanto, en una ley férreo en el judaísmo hasta el tiempo de Jesús. El precepto del sábado, vivido al principio como día de alegría para todos) hombres, libres o esclavos, y animales), en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, y como anticipación del reposo escatológico (fin de los tiempos) en el que la creatura participará del reposo del mismo Dios (Hebreos 4,9-11), esto nos demuestra que el precepto del sábado se había transformado en una casuística opresora y vacilante de lo que estaba permitido y lo que estaba prohibido, una casuística en torno de la cual se oponían las escuelas rabínicas.
La afirmación de Jesús “el Hijo del hombre es señor del sábado” (8) tiene un alcance desconcertante. Afirma, en primer lugar que tiene una autoridad superior a la de Moisés, en virtud de su relación especial con Dios, a quien se quiere honrar observando el precepto del sábado. El y sólo él puede establecer lo que es lícito y lo que no lo es del sábado. Jesús, revelador del amor del Padre vuelve a situar al hombre en el centro verdadero culto: rendir honor a Dios no puede ser separado del estar atento al hombre, a quien Dios ha creado y ama. En consecuencia, no puede haber conflicto entre la ley religiosa y las exigencias del amor. La historia de Israel, dado que el carácter segrado de los panes de la ofrenda no impidió a David y a sus hambrientos hombres alimentarse con ellos (3ss), lo confirma.

El Dios misericordioso busca la “misericordia y no el sacrificio”, como mostrará Jesús poco después curando al hombre de la mano atrofiada (Mateo 12,9-13). Si los mismos sacerdotes deben infringir las normas del sábado para ejercer su ministerio (5), tanto más pasarán a segundo plano frente a las exigencias del amor al hombre, signo impre3scindible del amor y de la obediencia al Dios delo amor.

Que se exigirá a sí mismo y a nosotros repetir c on frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Quieres misericordia, oh Señor”. (Mateo 12,7).
Jesús recuerda a los fariseos de ayer y de hoy que es Dios de misericordia y que todo lo que se le ha atribuido o tiene los signos característicos de la misericordia o se le ha atribuido es falso. La palabra de Dios que siempre nos interpela de una manera personal, nos incita a proceder a “una verificación:” es Jesús, mi Señor? ¿O me construyo una religión propia, con ´ídolos y fetiches que –tal vez- tienen una apariencia devota pero expresan el carácter pagano de mi corazón? Si nos las damos de señores de Dios y de su gracia , si planteamos la relación con él y con el prójimo sobre la base de la medida, siempre mínima de la ley y del deber, terminaremos por excluir a Dios de la vida, declarándonos, de hecho, señores de nosotros mismos y de los otros, y nos encontraremos en la desnudez y en la necesidad de escondernos como Adán y Eva (Génesis 3,8-10). El grito lleno de confianza del rey Ezequías nos sirve de ejemplo: Dios no se deja vencer en generosidad; “su misericordia rebosa sobre aquellos que confían en él” y están dispuestos a dilatar su corazón a la medida del corazón de Dios.

ORACION

“Me confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel.” Tú me has creado libre porque deseas mi amor no mi sometimiento pasivo. Tú ves qué difícil me resulta el don que me has dado: la libertad del amor me da miedo y muchas veces prefiero encerrarme en los angostos espacios de una ley sin corazón, desde cuyo interior emito graves sentencias sobre mis hermanos y me siento poderoso.

“Me confío a ti, Señor, Dios misericordioso y fiel”. Enséñame a olvidad mi despiadada “justicia” para hacerme un poco más semejante a ti y ser “sacramentos” de tu misericordia, para los hermanos y hermanas que me des.

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