Salmo de Jeremías 31
«Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte.» Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R/. Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo,los alegraré y aliviaré sus penas.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,18-23):
HOMILIA
Jeremías 3, 14-17: Les daré pastores a mi gusto; acudirán a Jerusalén todos los paganos Salmo tomado de Jeremías 31: El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño. Mateo 13, 18-23: Ése dará fruto
La semilla se define como el mensaje del reino, expresión sinónima de buena noticia del reino. Jesús identificado como el Hijo del hombre es el sembrador, aunque en esta parábola el acento recae en la semilla y la tierra, esto es, en la palabra y su recepción por parte de los oyentes, el trasfondo de esto es la difusión de la palabra que viene tras la invitación a la celebración del reinado de Dios. La parábola y su explicación exponen por tanto, las actitudes con las que el discípulo recibe el mensaje. Son un aviso de Jesús que no se da por descontado el éxito de la siembre sino mas bien se remarcan las dificultades. El éxito de la cosecha depende de cómo se acoge este mensaje y fundamentalmente de la respuesta del hombre. El reinado de Dios no va implantarse sin la colaboración del hombre, no va a ser impuesta desde arriba ni de modo repentino, necesita ser acogido por el hombre y producir en el fruto necesario. El mensaje no es acogido sin más por todos, hace falta estar libre, preparado, en la recepción del mensaje no cabe ambiciones personales o la ambición del poder, solo el dejar que la acción de Dios vaya transformando poco a poco nuestra propia realidad, de manera que la tierra que es nuestra vida, se encuentre convenientemente preparada para dar los frutos adecuados. Esta parábola nos habla de todo una proceso el cual durara toda nuestra vida, los discípulos irán comprendiendo y madurando para luego dar una respuesta positiva frente al mensaje que se les anuncia, se hace necesario por tanto que el discípulo haga suyo el mensaje de modo que sea inseparable y penetre todas sus entrañas. Por otro lado es necesario que el discípulo se desprenda de todo agobio por la subsistencia y el deseo de acomodarse a las situaciones fáciles. Jesús invita a sus discípulos a acoger la Palabra, con el entusiasmo pasajero sino como forma de vida, con decisión, y que perdura toda la vida, la fidelidad a la Palabra, será el fruto adecuado que Jesús espera de sus seguidores.
El profeta Jeremías dirige a sus contemporáneos la exhortación a convertirse: “Volved” es la palabra clave de invitación al cambio de vida. Esto los llevará a aceptar a Yavhé como el único Dios, como verdadero guía del pueblo. Los reyes y los jefes, sus representantes, actuarán entonces de modo razonable, de acuerdo con su voluntad manifestada en la Ley del Sinaí (14ss). A la exhortación le sigue la promesa de un futuro aún más esplendido que el pasado antes anhelado (ver Jeremías 2,2ss), en el que Dios será el único rey de Jerusalén. Su presencia hará superflua la del arca de la alianza, cuya desaparición nadie echará de menos. El reconocimiento de la soberanía de Dios unirá a todos los pueblos, que, que perdida la dureza del corazón, seguirán su voluntad y no sus propios proyectos. (16ss).
La explicación de la parábola del sembrador, en el evangelio, desplaza la atención desde aquel que esparce la semilla a las causas de su diferente recepción. Al explicar la comparación, se pasa de la constatación del “resultado” combatido aunque a fin de cuentas sorprendente, de la predicación del Reino de Dios por Jesús y de los continuadores de su obra, a la consideración de “los motivos” que llevan a kis oyentes a cerrarse o abrirse al anuncio y, por consiguiente a la coversión.
El evangelista, releyendo la parábola de manera alegórica, pone de manifiesto que en fondo de la dureza del corazón es obra del maligno, del que es mentiroso desde el principio (ver Juan 2,22; 3,8) El hombre secunda esa obra cuando vive de modo que no permite a la Palabra de Jesús arraigar en su vida. De esta forma, distrae fácilmente su atención de ella y deja que los sufrimientos, las incomprensiones, las riquezas, ocupen todo el espacio de su corazón y de su mente. Da frutos abundantes, por el contrario, quien es dócil a la Palabra de Jesús: figura entre los “bienaventurados” (Mateo 13,16) a los que ha sido revelado el misterio del Reino; figura de los “pequeños” en los que se complace el Padre y a los que introduce en la comunión trinitaria )ver Mateo 11,25-27).
Por eso se nos invita a repetir con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Vuelvo a ti, oh Dios: tú eres mi Señor.”

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