Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 15 de julio de 2010

TIEMPO ORDINARIO JULIO 5, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Isaías (26,7-9.12.16-19):
La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo. Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden justicia los habitantes del orbe.Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú. Señor, en el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento. Como la preñada cuando le llega el parto se retuerce y grita angustiada, así éramos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, dimos a luz... viento; no trajimos salvación al país, no le nacieron habitantes al mundo. ¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz, y la tierra de las sombras parirá.
Salmo 101
El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierraTú permaneces para siempre, y tu nombre de generación en generación. Levántate y ten misericordia de Sión, que ya es hora y tiempo de misericordia. Tus siervos aman sus piedras, se compadecen de sus ruinas. Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefen-sos, y no desprecie sus peticiones. Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,28-30):
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Isaías 26, 7-9. 12. 16-19: Despertarán jubilosos los que habitan en el polvo Salmo 101: El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra.Mateo 11, 28-30: Carguen con mi yugo

HOMILIA

Esa relación tan cercana y profunda de Jesús con Dios, que le hacía dirigirse a él en cualquier momento del día, para expresar espontánea y sencillamente lo que llevaba en el corazón (Evangelio de ayer) le lleva a descubrirse como una persona para los cansados y agobiados. Su experiencia profunda de libertad interior y de gozo, que ha encontrado en el rostro del Padre, le lleva a buscar, a convocar a quienes no la tienen para ayudarles a descubrirla. Un Dios que se conmueve ante los perdidos y abandonados de la sociedad y de las estructuras religiosas, ante los que no tienen esperanza, ante quienes se ven sobrecargados de preceptos, normas, condiciones, ritos minuciosos, prohibiciones, condenas... incluso «en el nombre de Dios» no puede estar de acuerdo con todos esos arreglos sociales, económicos, políticos y religiosos. Y Jesús se siente llamado a ofrecer otra cosa, porque su «rostro de Dios» es de misericordia, consuelo, descanso, liberación.

Jesús es un profeta sobre todo «acogedor», que quiere un grupo de discípulos acogedores, que salen a buscar, como él, a quienes se sienten señalados, juzgados, rechazados, marginados, olvidados... Y acogen con gestos, palabras, denuncias, hechos... A su lado, en su interior, se sentirán incondicionalmente queridos y aceptados.

Por eso hoy la Iglesia (cada bautizado), que experimenta, guarda y anuncia aquel mismo rostro de Dios que Jesús descubriera y revelara a los hombres, tiene que ser capaz de decir con mucha mayor fuerza y claridad a los hombres de hoy y de todos los tiempos: «Venid a mí... ven a mí tú que...»

- Ven a mí, tú que estás agobiado con tantas normas y prohibiciones e imposiciones religiosas, de tantas cosas que hay que cumplir, de tantos «condenados», silenciados y marginados; tú necesitas que te alivien, que te quiten tantos fardos de encima.

- Ven a mí, tú que estás cansado de que los que tienen el poder saquen tajada y se busquen las leyes y los medios para estar cada vez mejor, mientras se olvidan de los más débiles, de los más pequeños. Ven, que te voy a enseñar la felicidad de servir a los otros, que te voy a descubrir quiénes son los favoritos de mi Padre del cielo, y lo que está dispuesto a hacer por ellos, por ti, por vosotros.

- Ven a mí tú que no haces más que intentar ser mejor, que te esfuerzas en corregir todos tus fallos y errores sin conseguirlo, y te acabas cansando de luchar, tentado de tirar la toalla. Ven, que te quiero enseñar a apoyarte en mi Padre.

- Ven a mí tú que estás agobiado por tu futuro, por tus problemas, por la gente que te ha fallado o te rechaza, porque no te llega el dinero, por tu salud. Ven, verás cómo te enseño a vivir todo eso con más paz, porque mi Padre quiere que te preocupes por otras cosas, y dejes éstas en sus manos. Él quiere que mires al cielo, que le mires a Él y descubras que ninguna de esas cosas te puede ni te debe hundir. ¡Yo las he vencido para ti!

- Ven, tú que estás cansado de hacer todos los días lo mismo, que te ves envuelto en la rutina y el aburrimiento, que te faltan ilusiones para vivir, que piensas que ya no hay nada nuevo bajo el sol, que no encuentras un sentido a tu vida: Ven, coge conmigo mi yugo, átate a mí con fuertes cadenas, y vamos a trazar nuevas sendas en los campos de la vida; verás cuánto se puede hacer aún, verás los caminos que podemos recorrer juntos hacia nuestro destino en los brazos de mi Padre.

- Ven tú que estás cargado y esclavo de los convencionalismos sociales, esclavo de las modas, esclavo de tu «forma física», esclavo de tu historia personal, esclavo de tus limitaciones. Acércate a mí, que te voy a ayudar a liberarte de todo eso, a ser tú mismo, a ser como mi Padre ha pensado que seas. Sólo tendrás que asumir la carga que yo te dé, una carga ligera, porque la llevaremos entre los dos; una carga que es agradable, porque se trate que tomes sobre ti a tus hermanos, que hagas tuyos sus pesos y sufrimientos, que los alivies, que compartas lo que ellos quieran darte...

- Ven tú que estás harto de que también los que nos llamamos discípulos prefiramos los mejores expedientes, los contactos influyentes, los pactos «hoy por ti mañana por mí», las relaciones que nos compensan, los criterios económicos y la maximización a costa de las personas, el situarse delante de los hermanos con prevención y desconfianza, a la defensiva, que procuremos suprimir de nuestro lado a aquellos que no nos dan la razón... Ven tú, porque en mi Iglesia también puedes encontrar quienes viven confiando, amando, haciendo otras opciones: ellos serán tu apoyo, como lo seré yo para que no renuncies a la utopía del Evangelio...

Y ojalá el Maestro pudiera seguir repitiendo incansablemente, por boca de su Iglesia de hoy y de cada momento de la historia: Ven... Ven... Ven... tu lugar está aquí, con nosotros... Esta es mi plegaria de hoy.

ORACION

Oh Dios, de corazón bondadoso: Tú nos has mostrado visiblemente tu amor en tu Hijo Jesucristo, hombre como nosotros, y, a través de él, te has ligado a nosotros con un vínculo de amor siempre fiel. Acepta nuestra acción de gracias y ayúdanos a proyectar y reflejar tu amor, para que, como tú y como Jesús, no tengamos miedo de mostrar interés y afecto hacia los otros, y de servirles generosamente, sin que los inconvenientes nos paralicen. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

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