Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen. Tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan. Que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos. Israel confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo. La casa de Aarón confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,32-38):
HOMILIA
Oseas 8, 4-7. 11. 13: Siembran viento y cosechan tempestades Salmo 113B: Israel confía en el Señor. Mateo 9, 32-38: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Jesús sigue anunciando su evangelio de salvación y poniendo las cosas en su lugar. Podemos decir que nos encontramos en la misma situación de Jesús, al trabajo de todos los discípulos se levanta la oposición de los que no han visto que loa predicación de Jesús. Su predicación instaura el Reino, pero también la oposición de aquellos que no aceptan su trabajo de salvación. Esta oposición no es nada nuevo ya los profetas lo habían anunciado, pero ayer como hoy los fariseos y los que se oponen a Jesús, siguen mostrando que Jesús trabajo bajo el poder del príncipe de los demonios, pero la gente que lo sigue reconoce la novedad de los signos que realiza. El relato de la curación es muy breve porque lo más que le interesa al evangelista, Jesús continúa su misión haciendo que los signos que realiza sean aceptados por los creyentes, así el curado puede participar con la gente en el Reino que Jesús anuncia.
Jesús no toma en cuenta Las oposiciones, realizada especialmente por los fariseos, él continúa haciendo que la gente acepte los signos del Reino, acepten sus palabras y crean en sus obras.
El texto nos muestra los sentimientos de Jesús, la compasión que tiene por la gente, por aquellos que andan como ovejas sin pastor, los que no tienen caminos definidos, es así que invita a la comunidad a orar para que los trabajadores de la mies sigan la misión de Jesús, porque es al dueño de la mies a quien tenemos que orar para que siga enviando trabajadores para su mies.
Para eso nos prepara hoy el profeta Oseas que manifiesta edl amor de un dios que es grande en fidelidad y rico en misericordia. Pero el profeta proclama al mismo tiempo la desaprobación de Dios, respecto a la conducta de Israel corrupto cuyo corazón ya no está con el Señor. Estamos en tiempos de Jeroboan II y de ls intrigas que siguieron a su muerte: tiempos de egoísmo desencadenados y de una religiosidad insincera. Se trata de la alienación de quererse gobernarse por sí mismo, volviendo a elegir jefes no designados por Dios. El mismo culto, al exteriorizarse dcada vez más, se habá contaminado hasta construir en tierra de Samaría, un becerro, que, aunque no era al principio un ídolo, sino la presencia invisible de Yavhé, se deslizó después a la idolatría.
Oseas alude al estallido de “la cólera de Dios”: una categoría bblica que hemos de comprender de manera adecuada. No9 es un Dios de carácter colérica y vengador, sino alguien que se expresa como Amor en todos los sentidos del término. Precisamente por haber creado al hombre libre y responsable de sus decisiones, lo deja a merced de las consecuencias de idolatría. Que experimenten los hombres lo que es el viento tempetuoso que destruye el grano, lo que es un tallo sin espigas, lo que es una cosecha presa de los extranjeros. El castigo, “la cólera” es, por lo tanto, consecuencia del pecado y no un juicio externo y arbritario de Dios.
Cuando la vida no está en sintonía con el culto, multiplicar los altares es sinónimo de pecado. Se trata de una clara alusión a la ley del Sinaí. La alianza nupcial es la relación de fondo, establecida por Dios con su pueblo, aunque en las condiciones precisas expresadas por la Ley. Por consiguiente, sacrificar a Dios, olvidando lo que él quiere, es la insinceridad que condena Oseas en nombre del Señor, Precisamente esta insinceridad de la vida conducirá a Israel a la esclavitud del exilio babilónico en el nuevo Egipto.
El evangelio tiene dos partes. En la primera tras el milagro de volver a dar la vista a dos ciegos (9,27-31), libera Jesús del demonio y restituye el uso de la palabra a un mudo. La reacción es doble: gente maravillada, inclinada a reconocer las maravillas de Dios y, en claro contraste, los fariseos insinuando que la obra de Jesús es una acción satánica. Inmediatamente después, introduce Mateo el tema de la misión, presentando el carácter itinerante de la predicación del Señor. Este no es, en efecto, uno de los maestros al uso, que disponían de una morada fija a la que acudían los discípulos. En 4,32 lo describe Mateo recorriendo toda la Galilea, pera quí se abre a una dimensión universal, Jesús va por todos los pueblos y ciudades proclamando el Evangelio y curando todas las enfermedades (35).
El punto centrarndel pasaje se encuentra allí donde el evangelista capta el corazón de Cristo “compadeciéndose” de la gente cansada, oprimida, sin pastor (36). Nuestro mal le conmueve hasta tal punto que se com-padece (con-sufrir) hasta hacerse cargo de nosotros en su misterio de muerte y resurrección.
A continuación, compromete Jesús a los discípulos a que pidan al Padre que suscite otrs personas dispuestas a seguirle en una evangelización que se asemeja a la fatiga de quienes van a trabajar en la siega. La imagen de la mies se “mantiene” aún: una oración litúrgica actual nos asimila a Jesús y nos hace orar así: “Oh Dios, mira la magnitud de tu mies y envía obreros para que se anuncie el Evangelio a toda criatura.”
Nos invita a repetir con frecuencia y a vivir hor la Palabra: “Confío en ti, Señor. Hazme alegre anuncio de tu salvación.”
ORACION
Señor, en envíame, envía a tanto otros hermanos mejores que yo al campo del Padre, donde se dora la mies del Reino.

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