Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 7 de julio de 2010

TIEMPO ORDINARIO JULIO 7, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Oseas (10,1-3.7-8.12):
Israel era una viña frondosa, y daba fruto: cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares; cuanto mejor era la tierra, mejores monumentos erigía. Tiene el corazón dividido, ahora lo expiará: él mismo destruirá sus altares, abatirá sus estelas. Ahora dicen: «No tenemos rey, no respetamos al Señor, ¿qué podrá hacernos el rey?» Desaparece Samaria, y su rey, como espuma sobre la superficie del agua. Son destruidos los altozanos de los ídolos, el pecado de Israel. Cardos y abrojos crecen sobre sus altares; gritan a los montes: «Cubridnos», a los collados: «Caed sobre nosotros.» Sembrad justicia y cosecharéis misericordia. Roturad un campo, que es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y llueva sobre vosotros la justicia.

Salmo 104
Buscad continuamente el rostro del Señor.Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,1-7):
En aquel tiempo, Jesús llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.»
HOMILIA

Oseas 10, 1-3. 7-8. 12: Es tiempo de consultar al Señor Salmo 104: Busquen continuamente el rostro del Señor. Mateo 10, 1-7: Id a las ovejas descarriadas de Israel

Jesús llama a los discípulos y les encarda la misión, comparte con ellos su misión, a la que él mismo fue enviado pero tiene una especial orden, a las ovejas descarriadas de Israel. Es una advertencia de que es un actividad de realizar la misma misión a la cual el Padre envió a Jesús. Con toda claridad les da autoridad para liberar a las personas de todas sus dolencias. Y la misión les es dada en su propio nombre a los mismos israelitas, y el objetivo de la misión es el Evangelio a los mismos israelitas. Más tarde les hará ver la cerrazón de los judíos al mensaje en contraste con la apertura a los paganos. El nucleo del mensaje será la proclamación de la cercanía inminente del Reino.

Jesús sigue llamando ayer y hoy a sus discípulos por su propio nombre, y no es una llamada fácil, pues no es una misión fácil, porque tenemos, como tenían los discípulos que enfrentarnos a un mundo enfermo de egoísmo y corrupción. El sueño maravilloso de Dios es opuesto por la ambición desmedida del ser humano, y se corrompe vertiginosamente la vida del planeta. Es en esa realidad deshumanizante donde los apóstoles y nosotros debemos proclamar con valentía la llegada del Reino de vida y esperanza.

Por eso la primera lectura de hoy, del profeta Oseas, recordamos que la misma mujer del profeta había dedicado su vida a la prostitución sagrada, tal vez por eso el profeta compara a Israel con una vida, que es una imagen entrañable para los profetas de Israel (de todo esto nos hablan Isaías 3,4 y 5,7; Jeremías 3,21, 12,1: Ezequiel 15,1, 17,6-10, también el Salmo 80,9-19 y Mateo 20, 1ss). Efectivamente Israel se ha vuelto cultivador, se ha enriquecido pero, justamente con el bienestar material, ha tomado impulso para abandonarse al culto materialista y, al cabo, idólatra. “Tiene dividido el corazón.” Por eso el profeta denuncia fuertemente la insinceridad del formalismo religioso, que ha producido la instalación de las estelas, es decir columnas talladas con ambiciones artísticas, aunque con una depravación idólatra.

El pueblo se lamente luego de no tener un rey como las otras naciones. El comentario del profeta habla de una verdadera desaprobación de Yavhé, Israel está perdido, tenga o no tenga rey. La destrucción de Samaría, dividida e idólatra, está predicha con vigor junto con el fin del rey, arrastrado “como una brizna” en las trágicas aguas del asedio. “Espinas y zarzas” (Génesis 3,18) treparán por las reunías de sus altares, y el pueblo consciente al final de su propio daño, deseará que los montes caigan encima para ocultar su propia vergüenza. ¿cómo no sentir aquí aglo así como el anticipo anunciado por Lucas 23,30)?

En el versículo 12 invita Oseas al pueblo a cambiar de vida: “Sembrad justicia”, entendido esto como obediencia a la voluntad de Dios; entonces cosecharán en un clima de “amor”. Todavía una imagen agrícola, un campo “nuevo” como el corazón del pueblo invitado a realizar esta justicia en la que lo que cuenta de modo fundamental es buscar a Dios, es decir, lo que él quiere.

Ayer nos decía Jesús en el discurso sobre la necesidad de la misión “Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” y ahora sigue la llamada de los Doce, que son enviados de inmediato. Existe, en efecto, una unión profunda entre el ser llamado a “estar” con el Señor y a ”ser enviados” con él a los hermanos. Y se trata de una llamada “por el propio nombre”, es decir, dentro de la propia identidad pensada desde siempre por un Dios que nos ha llamado antes que nada a la vida, por amor. Como en Lucas 9,1, Jesús confiere de inmediato su propio “poder” a sus discípulos, un poder que se concreta en vencer a las fuerzas demoníacas y en curar el mal parcial, la enfermedad, como anticipo y en signo de la liberación total del mal.

Mateo se toma un gran interés en la lista de los nombres –hacemos el hincapié en ello- sigue el mismo orden que en Marcos 3, 16-19; Lucas 6,14-16 y Hechos 1,13. No es casualidad que el primero de la lista sea “Simón, llamado Pedro”, el primero en dignidad. Los otros nombres aparecen emparejados. El autor del evangelio, el mismo que se llama Mateo, no se avergüenza de añadir a su nombre el poco honorable oficio de publicano. Por último, se re se recoge el nombre de Judas Iscariote, que pasará tristemente a la historia tal como aquí se dice “el que lo entregó”.

Veamos las primeras instrucciones de Jesús a los enviados: la invitación a consagrar su propia “misión” antes que nada a los israelitas “perdidos” y a anunciar por el camino, la gran proximidad del Reino de dios. El significado hemos de buscarlo en el hecho de que Jesús, judío entre los judíos, conoce las posibilidades latentes en su pueblo, que, oprimidos por tanta religiosidad, una religiosidad que se había vuelto legalista y formal carecía de guías espirituales. Toda la Iglesia primitiva –según dicen los Hechos- se movió después con este mismo estilo: anunciando a los judíos, antes que a los otros el cumplimiento de las promesas hechas a Abrahán (“a través de tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”; Hecho9s 3,25) Y la realización de la bendición de que el mismo Israel es portador, si se convierte, es “el Reino de Dios”, es decir, la presencia del Dios Amor que, es Jesús, libera y salva.

Por eso se nos invita a repetir con frecuencia y a vivir la Palabra hoy: “Recobrad el ánimo, los que buscáis a Dios” (Salmo 69,33).

ORACION

No permitas, Señor, que sea yo como la viña de tu pueblo cuando mi corazón se aleja de ti y se convierte en mentiroso recordando caminos de falsa lozanía. Haz uqe no mire la eficiencia a cualquier precio, la búsqueda de lo que me agrada en el interior de las categorías mundanas: éxito, ropa, dinero, aplauso, interés personal.

Ayúdame a “sembrar justicia”: la santidad evangélica del responder a tu llamada a realizar, momento a momento, junto a ti, con el poder del Espíritu Santo que me has dado, todo lo que el Padre quiere de mí. Concédeme “roturar el campo nuevo” que consiste en vivir y anunciar el Reino de Dios: reino de paz, de amor, de paciencia, de mansedumbre y de una esperanza que va más allá de cualquier dificultad.

Continúa llamándome por mi nombre, Señor. Y, de viña idólatra, hazme sarmiento vivo de tu ser Vid verdadera. Concédeme dar fruto para el Reino en ti y por ti.

No hay comentarios.: