Salmo 104
Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,1-7):
Oseas 10, 1-3. 7-8. 12: Es tiempo de consultar al Señor Salmo 104: Busquen continuamente el rostro del Señor. Mateo 10, 1-7: Id a las ovejas descarriadas de Israel
Jesús llama a los discípulos y les encarda la misión, comparte con ellos su misión, a la que él mismo fue enviado pero tiene una especial orden, a las ovejas descarriadas de Israel. Es una advertencia de que es un actividad de realizar la misma misión a la cual el Padre envió a Jesús. Con toda claridad les da autoridad para liberar a las personas de todas sus dolencias. Y la misión les es dada en su propio nombre a los mismos israelitas, y el objetivo de la misión es el Evangelio a los mismos israelitas. Más tarde les hará ver la cerrazón de los judíos al mensaje en contraste con la apertura a los paganos. El nucleo del mensaje será la proclamación de la cercanía inminente del Reino.
Jesús sigue llamando ayer y hoy a sus discípulos por su propio nombre, y no es una llamada fácil, pues no es una misión fácil, porque tenemos, como tenían los discípulos que enfrentarnos a un mundo enfermo de egoísmo y corrupción. El sueño maravilloso de Dios es opuesto por la ambición desmedida del ser humano, y se corrompe vertiginosamente la vida del planeta. Es en esa realidad deshumanizante donde los apóstoles y nosotros debemos proclamar con valentía la llegada del Reino de vida y esperanza.
Por eso la primera lectura de hoy, del profeta Oseas, recordamos que la misma mujer del profeta había dedicado su vida a la prostitución sagrada, tal vez por eso el profeta compara a Israel con una vida, que es una imagen entrañable para los profetas de Israel (de todo esto nos hablan Isaías 3,4 y 5,7; Jeremías 3,21, 12,1: Ezequiel 15,1, 17,6-10, también el Salmo 80,9-19 y Mateo 20, 1ss). Efectivamente Israel se ha vuelto cultivador, se ha enriquecido pero, justamente con el bienestar material, ha tomado impulso para abandonarse al culto materialista y, al cabo, idólatra. “Tiene dividido el corazón.” Por eso el profeta denuncia fuertemente la insinceridad del formalismo religioso, que ha producido la instalación de las estelas, es decir columnas talladas con ambiciones artísticas, aunque con una depravación idólatra.
El pueblo se lamente luego de no tener un rey como las otras naciones. El comentario del profeta habla de una verdadera desaprobación de Yavhé, Israel está perdido, tenga o no tenga rey. La destrucción de Samaría, dividida e idólatra, está predicha con vigor junto con el fin del rey, arrastrado “como una brizna” en las trágicas aguas del asedio. “Espinas y zarzas” (Génesis 3,18) treparán por las reunías de sus altares, y el pueblo consciente al final de su propio daño, deseará que los montes caigan encima para ocultar su propia vergüenza. ¿cómo no sentir aquí aglo así como el anticipo anunciado por Lucas 23,30)?
En el versículo 12 invita Oseas al pueblo a cambiar de vida: “Sembrad justicia”, entendido esto como obediencia a la voluntad de Dios; entonces cosecharán en un clima de “amor”. Todavía una imagen agrícola, un campo “nuevo” como el corazón del pueblo invitado a realizar esta justicia en la que lo que cuenta de modo fundamental es buscar a Dios, es decir, lo que él quiere.
Ayer nos decía Jesús en el discurso sobre la necesidad de la misión “Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” y ahora sigue la llamada de los Doce, que son enviados de inmediato. Existe, en efecto, una unión profunda entre el ser llamado a “estar” con el Señor y a ”ser enviados” con él a los hermanos. Y se trata de una llamada “por el propio nombre”, es decir, dentro de la propia identidad pensada desde siempre por un Dios que nos ha llamado antes que nada a la vida, por amor. Como en Lucas 9,1, Jesús confiere de inmediato su propio “poder” a sus discípulos, un poder que se concreta en vencer a las fuerzas demoníacas y en curar el mal parcial, la enfermedad, como anticipo y en signo de la liberación total del mal.
Mateo se toma un gran interés en la lista de los nombres –hacemos el hincapié en ello- sigue el mismo orden que en Marcos 3, 16-19; Lucas 6,14-16 y Hechos 1,13. No es casualidad que el primero de la lista sea “Simón, llamado Pedro”, el primero en dignidad. Los otros nombres aparecen emparejados. El autor del evangelio, el mismo que se llama Mateo, no se avergüenza de añadir a su nombre el poco honorable oficio de publicano. Por último, se re se recoge el nombre de Judas Iscariote, que pasará tristemente a la historia tal como aquí se dice “el que lo entregó”.
Veamos las primeras instrucciones de Jesús a los enviados: la invitación a consagrar su propia “misión” antes que nada a los israelitas “perdidos” y a anunciar por el camino, la gran proximidad del Reino de dios. El significado hemos de buscarlo en el hecho de que Jesús, judío entre los judíos, conoce las posibilidades latentes en su pueblo, que, oprimidos por tanta religiosidad, una religiosidad que se había vuelto legalista y formal carecía de guías espirituales. Toda la Iglesia primitiva –según dicen los Hechos- se movió después con este mismo estilo: anunciando a los judíos, antes que a los otros el cumplimiento de las promesas hechas a Abrahán (“a través de tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”; Hecho9s 3,25) Y la realización de la bendición de que el mismo Israel es portador, si se convierte, es “el Reino de Dios”, es decir, la presencia del Dios Amor que, es Jesús, libera y salva.
Por eso se nos invita a repetir con frecuencia y a vivir la Palabra hoy: “Recobrad el ánimo, los que buscáis a Dios” (Salmo 69,33).
ORACION
No permitas, Señor, que sea yo como la viña de tu pueblo cuando mi corazón se aleja de ti y se convierte en mentiroso recordando caminos de falsa lozanía. Haz uqe no mire la eficiencia a cualquier precio, la búsqueda de lo que me agrada en el interior de las categorías mundanas: éxito, ropa, dinero, aplauso, interés personal.
Ayúdame a “sembrar justicia”: la santidad evangélica del responder a tu llamada a realizar, momento a momento, junto a ti, con el poder del Espíritu Santo que me has dado, todo lo que el Padre quiere de mí. Concédeme “roturar el campo nuevo” que consiste en vivir y anunciar el Reino de Dios: reino de paz, de amor, de paciencia, de mansedumbre y de una esperanza que va más allá de cualquier dificultad.
Continúa llamándome por mi nombre, Señor. Y, de viña idólatra, hazme sarmiento vivo de tu ser Vid verdadera. Concédeme dar fruto para el Reino en ti y por ti.

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