Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 1 de julio de 2010

TIEMPO ORDINARIO JULIO PROMERO 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Amós (7,10-17):
En aquellos días, Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: "Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro."» Dijo Amasías a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo de Israel." Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: "No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac." Pues bien, así dice el Señor: "Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro."»

Salmo 18
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justosLa ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la mielde un panal que destila.
HOMILIA

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,1-8):En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados.» Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema.» Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados están perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...» Dijo, dirigiéndose al paralítico: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa."» Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Am 7, 10-17: Ve y profetiza a mi pueblo Salmo 18:: Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. Mateo 9, 1-8: Tus pecados te son perdonados

Nos parece mentira pero todos somos responsables del perdón, como los hombres que llevaron al paralítico a Jesús, ellos son los vehículos de la curación y del perdón que Jesús concede al enfermo. Todos nosotros somos Iglesia y a todos Dios nos ha comunicado ejerciendo el ministerio que él nos ha concedido a todos. Cuando los discípulos, los apóstoles perdonan actúan en nombre del mismo Cristo, lo mismo hacen lo mismo en nombre de Cristo, es todo el pueblo de Dios que se encuentra comprometido en el ministerio de la cruz y en el acto divino-humqno del perdón, que allí tuvo lugar.

Todos en la Iglesia estamos unidos en el acto de misericordia a favor de todos los fieles. Por eso podemos decir que el cristiano es ministro del perdón, como lo hicieron los que llevaron el paralítico a Jesús. Y también todos tenemos que someternos al poder de perdón de la Iglesia, Todos somos pecadores, y debemos apelar al perdón de Dios. Esto lo ha marcado ya el poder del bautismo, porque nos hemos sometidos a la misericordia divina, cuyo amor es perdón.

Por eso, lo importante que leamos cada día las lecturas que la Iglesia nos ofrece cada día y veamos en ellas nuestra vida, tanto como discípulos de Jesús, como responsables de ser testigos en nuestra vida diaria de nuestra responsabilidad del testimonio de su vida y de su presencia en medio de nosotros, en ella se hace presente cada día el Señor y como dice el refrán, “la única manera de enseñar es por el ejemplo la Iglesia marcha por sus ministros, lo vemos hoy en loos que se preocuparon por el paralítico y le buscaron la solución que necesitaba.

Tenemos que tener claro y lo vemos en la primera lectura de hoy, la persuasión de tener a Dios de neustra parte, como en el caso de Israel tiene un gran dificultad: el tomar en serio las palabras del profeta. Tenemos un ejemplo entre el choque entre el sacerdote Amasías y el profeta Amós, que por un Lado documenta la dificultad de Amón y la reducción profética de Amós en la experiencia del sacerdote Amasías que presenta al rey a Amós como enemigo del pueblo, y que atenta contra la casa real porque Amós denuncia el pecado del pueblo y pone la exigencia de la conversión.

Pero Amós responde con el testimonio de una identidad transformada y querida por Dios. De cuidador de higos quiso convertirlo Dios en profeta, es decir, a ser voz de su Palabra. “Le hizo abandonar el rebaño” para profetizar, del mismo modo que había hecho con David “de pastor de ovejas” (2 Samuel 7,8).

El profeta muestra el señoría absoluto de Dios, de su poder, que transformado su vida y le impuesto una tarea. Pero Amós responde a la condenación de Amasías como castigo para el profeta, lo repite Amós “como castigo de Dios” y afirmación del señorío de Dios.

En centro del evangelio se manifiesta en la reacción del pueblo por haber “dado poder a los hombre” en la curación del paralítico. Y la Iglesia se encuentra en la misma situación hoy.

La tensión entre la autoridad de Jesús y la reacción de los hombres sigue siendo muy aguda: como a lo largo de todo el evangelio. La incomprensión y el rechazo se vuelven tanto más profundos cuando mayor se presenta la divergencia entre Jesús y los hombres investido de “autoridad”.

La acusación de blasfemia es una reacción de los maestros de la Ley y está será la casua que llevará a Jesús a la cruz. La reconciliación y el perdón so al mismo tiempo, gloria a Dios y piedra de tropieza para el hombre.. Y suenan hoy como algo disonante entre la profecía de Amós sobre Jeroboam y lo que dice Jesús al paralítico. En la lectura de Amós se intercambian duras palabras, el sacerdote, el rey y el profeta. Ahora bien, detrás de esas palabras se vislumbra el duro camino por el que se puede filtrar la palabras de Dios. La reconciliación de Dios con su pueblo está asegurada por una Palabra que, como una espada de dos filos, divide y purifica. En Jesús, sacerdote, profeta y rey, se lleva a cabo la reconciliación de Israel, una reconciliación que se extiende a todos los hombres. El perdón del pecado, realizado de una manera plástica por el levantamiento del paralítico, expresa el poder del Hijo del hombre en la tierra que inaugura una nueva creatura, un nuevo pueblo, unos cielos nuevos y una nueva tierra.

ORACION

Tal vez, Señor, tu Palabra sea demasiado fuerte, demasiado pura, para que nuestro corazón pueda resistir frente a ella. Tal vez, oh Jesús, tu amor por el hombre sea demasiado grande para que podamos hacernos verdaderamente capaces de él. Tal vez, oh Padre, tu misericordia siga pareciéndonos sólo debilidad y tu juicio se presente a nuestros ojos como demasiado duro.

Oh Dios, envía tu Espíritu para que asista a nuestra escucha, a fin de que seamos capaces de darnos cuenta de la responsabilidad que tenemos en tu juicio y de neustra fragilidad en tu perdón: así encontraremos siempre las palabras con las que darte gracias y alabarte por las bendicione3s que continuamente nos reservas.

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