Salmo de Jeremías 31,10-13
Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.
Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; con-vertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.
Jeremías 31, 1-7: Con amor eterno te amé. Salmo de Jeremías15, 21-28: Mujer, ¡qué fe tan grande tienes.
Estas lecturas de hoy nos sugieren dos reflexiones de fondo: en primer lugar, y siguiendo de cerca la profecía de Jeremías, nosotros creemos y somos anunciadores de liberación y esperanza o estamos sumidos en las concep-ciones pesimistas de la vida y vemos como las dificultades cotidianas nos oprimen hasta hacernos casi perder la esperanza.
La segunda reflexión la podemos hacer de la mano del evangelio, una mujer de fe inquebrantable, enriquece el proyecto cristiano, exigiendo amoro-samente que se abra a la universalidad. Y sobretodo es el testimonio de esta mujer que es el que hemos de tener presente los cristianos de hoy, cuando es tan fácil perder la esperanza o ponerla en asuntos vanos.
Tanto el Israel del regreso a casa como la mujer extranjera son paradigmas de autenticidad y gozo en la vivencia de la fe, dejémoslo entonces provocar por esta radicalidad para nutrir nuestra propia experiencia cristiana.
Y esto supone para nosotros un tremendo cambio en nuestra mentalidad de ver la acción y la misión de Jesús, que la misma realidad nos empuja a ver a Jesús y su misión con los ojos de la mujer a quien Jesús le hace ver que traes la mentalidad con que debe ver a su hija y a su vida, con los ojos de Jesús.
Ya Jeremías no hace ver la realidad del pueblo exilado que vuelve a su tierra después de años de destierro. Es un anuncio dirigido a todo Israel que, sin estar ya dividido en dos reinos, vivirá la única soberanía de Yavhé (1). La iniciativa del destierro corresponde al pueblo manifestada en la supera-bundancia de la ternura de Dios (2ss). Como en el tiempo del éxodo de Egipto, aunque ahora de una manera más gloriosa, Yavhé forma la identidad, le da la ciudad para habitar, la tierra para cultivar y conseguir su propio sustento (4a,5; Salmo 107, 35-37). El efecto que produce un don grande es la alegría, expresada aquí por el sonido de los instrumentos y las danzas (4bc).
La alegría rebosante de Israel contagiará a las naciones vecinas, las cuales, convergiendo a Jerusalén restablecida como centro del culto yavhista, alabarán a Dios por haber por haber llevado a cabo de modo admirable la salvación –inesperada- del pequeño grupo de los supervivientes de la deportación (6ss; Salmo 105, 12-15,43-45, Isaías 52,7-10).
Jesús habá enseñado su enseñanza religios que parecía revolucionaria a sus contemporáneos. Afirmaba que el origen de toda impureza se encuentra en lel corazón del hombre y es consecuencia del uso equivocado de la libertad (Mateo 15,10-20). Esto desquiciaba la instalación legalista del judaísmo fariseo, introduciendo como criterio de religiosidad auténtica la actitud interior del hombre; una actitud que se condensa en la fe, esto es, en la confianza en Dios y en su amor.
Precisamente, eso es lo que la mujer extranjera y pagana vive (28) invocando con perseverancia a Jesús, al que reconoce como Mesías y Salvador (22,23b,25). El encuentro entre Jesús y la mujer cananea anuncia y realiza y el encuentro entre la salvación y el paganismo. Sin negar la elección preferente de Israel, “hijo primogénito” (24; ver Oseas 11,1¸ Mateo 10,5ss), la misión salvífica de Jesús se dirige a todo el mundo. Esa será asimismo la característica de la acción de la Iglesia, por mandato específico de su Señor y Maestro (Mateo 28,18-20).
La relación del creyente con Dios no es una relación económica, una relación que pueda medirse en términos de dar y recibir. Es, más bien, es la respuesta a una sorpresa: Dios me ama, y lo hace con un amor “excesivo” un amor que se sitúa fuera de las medidas del espacio y del tiempo.. Eterno, por todas partes, para todos, por libre iniciativa, suya no condicionada por mi respuesta, Dios se muestra incansablemente oferente.
ORACION
Estaba lejos de ti y tú viniste a buscarme.
Estaba en peligro de muerte y tú viniste a salvarme,
Estaba sin esperanza y viniste a serenar mi vida.
Estaba cansado de tanto gritar
Y tú me respondiste y me escuchaste…´
Ahora sé que me amas desde siempre, y por siempre, Dios mio, cantaré.

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