Salmo 95,1-2a.2b-3.4-5
Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,13-22):
2 Tesalonicenses 1, 1-5. 11b-12: El Señor se ha glorificado en ustedes, y ustedes en él Salmo 95: Cuenten las maravillas del Señor a todas las naciones. Mateo 23, 13-22: ¡Ay de ustedes, letrados y fariseos hipócritas!
HOMILIA
Jesús no acepta la casuística de los fariseos para hacer cumplir la ley. Y los considera hipócritas, guías ciegos y corruptores del pueblo. Porque usan la Ley como una estrategia de dominio y enriquecimiento con múltiples impuestos, sacrificios y ofrendas.
Jesús sabe que la Ley es un medio humano para el cumplimiento de la voluntad de Dios, que consiste en la realización plena de la humanidad, sin ataduras deshumanizantes como el cumplimiento de os mandamientos vacíos de todo sentido.
El verdadero sentido de la Ley, lo plantea Jesús cuando dice que santifica un objeto y hace obligatorio un mandamiento. No es la letra muerta de la Ley, sino el sentido de fondo y a intención que dignifica todo lo que hay en toda ley.
Nosotros, los cristianos de hoy, no escapamos a las tendencias legalistas que rigen el mundo de hoy. En realidad, abundan leyes, decretos, constitu-ciones, reglamentos carentes de sentido ya que han sido creados para defender los intereses perversos de los poderosos. Y esto desafía al cristianismo y a la Iglesia a poner al ser humano en el centro de todo proyecto y de ahí reactivar toda profecía a favor de la dignidad.
Esto nos lleva a juntarnos con Pablo en su Segunda Carta a los Tesalo-nicenses, su comienzo nos lleva a recordar o que nos dice la Primera Carta a los Tesalonicenses. En su saludo Pablo desea a la comunidad “gracia y paz” (2) Estas dos palabras muy apreciadas por Pablo y usada en el riro de introducción de la Carta y que ahora usamos el inicio de nuestras eucaristía, presenta un síntesis admirable de toda a vida cristiana en su doble vertiente del don divino y de la acogida humana: la gracia, el don del amor de Dios, es acogida y experimentada por el hombre como paz, salvación y alegría.. Como es costumbre en las cartas paulinas, a saludo sigue la expresión de reconocimiento a Dios. Aquí dice Pablo “es justo” dar gracias a Dios (3) Esto nos hace pensar también en nuestra plegaria eucarística. En el diálogo del prefacio, ante la invitación del celebrante: “Demos gracias al Señor nuestro Dios”, responde la asamblea con convicción “Es justo y necesario.”
Pablo indica, a continuación, los motivos específicos del agradecimiento: fe, amor, constancia en las persecuciones y sufrimientos (3c-5). Son elementos que van unidos entre sí. La vitalidad de la fe se expresa en el amor y hace fuerte a la comunidad para afrontar a los desafíos y los sufrimientos. El saludo y agra-decimiento culminan en la oración. Pablo intercede con confianza por los tesalonicenses para que el Señor apoye todos sus buenos propósitos. Está convencido de que toda la existencia cristiana – el comienzo y e camino de la fe y su consumación en la gloria- se encuentran bajo el signo del don de Dios ofrecido en Jesucristo.
En el evangelio la serie de denuncias con el “ay de vosotros” repetido siete veces (23,13,15,16,23,25,27,29) contiene algunas de las palabras más cortantes que salen de boca del Maestro. Aquel que se define como “manso y humilde de corazón” que se conmueve ante los sufrimientos de los otros, que se muestra afable con los pecadores y tierno con los pobres y los sencillos, que llora pensando en a destrucción de Jerusalén, condena ahora con tono severo la hipocresía religiosa de os fariseos. Los “ayees”, en el lenguaje profético, expresan una amenaza de castigo y de juicio y manifiestan al mismo tiempo el dolor del que habla por un mal deplorable.
Tenemos aquí “tres ayees”. El primero está motivado por el hecho de que los maestros de la Ley y los fariseos, rechazando a Jesús y su mensaje, impiden también a los otros a entrar a formar parte de Reino, donde de Dios para todos los hombres. El segundo está ligado al primero. Los esfuerzos misioneros de estos hipócritas también tienen que ser condenados, porque tienen como único resultado sustraer a otros personas de la perspectiva de la salvación, volviéndolas cerradas, rígidas, fanáticas y peligrosas –como ellos y más que elos-. En el tercero los llama Jesús “guías ciegos” (16). Con las sutilezas de su casuística oscurecen el sentido más profundo de la Ley. Invierten la jerarquía de los valores: el oro vale más que el templo, la ofrenda más que el altar. Les falta discernimiento e interioridad. Su religiosidad tiene que ver a lo sumo con las cosas de Dios, pero no con Dios mismo. Son ciegos y no lo reconocen; más aún, pretenden seguir a otros. No tienen en cuenta lo que dice el salmo 26,1b: “El Señor es mi luz y salvación, ¿a quién temeré?”
ORACION
Señor, dicen que nadie va al cielo sin atraer a alguien, ni nadie va al infierno sin arrastrar al alguien con él. ¿Es verdad. Nunca nos has dicho nada de manera exp0lícita con respecto, pero nos hiciste comprender algo cuando te declaraste dispuesto a perdonar a la ciudad de Sodoma, en consideración de los diez justos (Génesis 18,16-33). Ahora en el evangelio tu Hijo unigénito nos ha puesto ante los ojos la posibilidad de cerrar las puertas del Reino de los cielos a los otros. Haz que esto no suceda nunca a os discípulos de Jesús. Es difícil pensar que entre nosotros los cristianos haya alguien que se empeñe de modo intencionado en sacar fuera de las ovejas de tu redil, aunque es posible pecar por omisión y fallar de mil pequeños modos.
Oh Cristo, haznos dignos testigos de ti y de tu Reino. Haz que estas palabras del profeta Zacarías puedan hacerse realidad para los cristianos de hoy: “En aquellos días, diez extranjeros agarrarán a un judío por el manto y le dirán: “Queremos ir con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros”. (Zacarías 8,23).

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