Salmo 101,16-18.19-21.29 y 22-23
Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-36):
HOMILIA
Jeremías 30, 1-2. 12-15. 18-22: Por la muchedumbre de tus pecados te he tratado así.Salmo 101: Por la muchedumbre de tus pecados te he tratado así.Mateo 14, 22-36: ¡Ánimo! Soy yo, no teman
Hoy asistimos a múltiples formas de tormentas y de vientos en contra; muchas sociedades están gobernadas por el demonio del mercado sin ética alguna. Los afanes del lucro, apoderan a unos y sin quererlo, nos estamos alejando del mandato cristianos, de amor y servir incondicionalmente.
Dejemonos aconsejar por la experiencia del profeta Jeremías hoy, porque el pasaje está tomado del llamado “Libro de la consolación”. Se tratavde una colección de oráculos, que se refieren, probablemente, a los primeros tiempos del profeta y que, aunque al principio estuvo dirigido al Reino de Israel, se extendió luego al Reino de Judá.
Jeremías muestra el valor educativo del sufrimiento qued afligue al pueblo (12-15), obligado al exilio y as la denominación extranjera desde hace ya un siglo. La aplicación de la ley del talión al pueblo infiel, según la doctrina de la retribución personal, tendrá un efecto purificador. Israel comprenderá que no son las naciones extranjeras, cuyo Favor busca (4) sino Yavhé quien cuida de él yt le asegura la restauración. Esta última aparecerá escrita en los versículos 18-21 como efecto de la compasión de Dios (18ª). Las imágenes a las que recurre el profeta evoca una ciudad en fiesta: los edificios, antes arrasados, son reconstruidos (18b) y sus nuerosos habitantes son honrados por Dios y temidos por los otros pueblos (19ss). A la cabeza de la nación habrá un rey israelita adepto a Yavhé (Deuteronomio 17,15ª). En este oráculo puede entreverse una esperanza de Jeremías en la reunificación del pueblo elegido y su recuperación de plena soberanía. La fórmula de alianza (22) sella la recobrada libertad en la fidelidad a Dios auspiciada por el profeta.
En el evangelio, el relato de la tempestad calmada por Jesús se desarrolla en torno a una controversia entre Jesús y “algunos maestros de la Ley venidos de Jerusalén” (1). Estos troman como motivo la polémica el hecho de que los discípulos no practican las costumbres de abluciones rituales. Jesús rebate de manera explícita las acusaciones esgrimidas por sus adversarios, retorciendo contra ellos una acysación bastante grave y “sustancial”, la de haber sustituido el “mandato de Dios” por simples y opinables tradiciones humanas (2) A continuación, en la segunda parte, el Mestro, primero en público, dirigiéndose a la gente (10ss), y después en privado, dirigiéndose sólo a los discípulos (12-14) desarrolla su invalidez de las leyes jurídicas sobre los alimentos con respecto al empleo hipócrit que hacen los fariseos de la Ley de moisés. De este modo, queda descalificada definitivamente la mediación –por ser guías ciegos- de los fariseos: para Mateo, la comunidad cristiana naciente no est´’a obligada a seguirles.
La actitud de Jesús que dee ahí se desprende en conjunto es la de alguien que ha venido a volver a dar una transparencia plena a la voluntad originaria de Dios. Y desarrolla esta tarea remitiendo más a la “interioridad” de loa p0ersona que a prácticas exteriores –minuciosas y convencionales – que se erigen en un arsenal de segurida-des que se construye el hombre para “alcanzar” a Dios. En efecto en la tradición judía, las distinciones entre lo puro y lo impuro, y lo mismo cumple decir de muchas otras realidades religiosas, se agigantan con frecuencia para convertirse un centro de interés tan importante que llega a oscurecer el verdadero dentro de la religiosidad (el amor gratuito y proveniente de Dios), recordado tan a menudo por la predicación de los profetas.
Pues bien, Jesús se refiere a este sentido veterotestamentario. También hoy nos recuerda a nosotros la verdadera jerarquía de los valores, el significado genuino de la revelación. Es el interior de la persona (”lo que sale de la boca”) nosotros diríamos “el corazón”: lo que tiene una efectiva importancia en loa relación con Dios o lo que puede “manchar” el camino de la redención, más que abrir a la persona para que reciba el don del amor que salva.
Jesús significa “Yavhé salva”. El, el Hijo de Dios proclama y realiza la voluntad del Padre: que todos los hombres se salven. La salvación que Dios nos ofrece es una salvación concreta, histórica, comienzo de la vida. Podemos entenderlo en el grito de Pedro: “Señor, sálvame”. Y tener la esperanza cierta de orinos repetir lo que somos: una gente de poca fe, siempre dispuesta a dudar.
ORACION
¿Por qué dudo? Porque tu presencia, Señor, me resulta en ocasiones incomprensible, tu venida a mi encuentro no pasa por los senderos de la lógica y no te veo a donde tú estás. Te quisiera a mi medida, quisiera que fueras alguien que resuelve mis desgracias, un amigo que fuera alguien que resuelve mis desgracias, un amigo contra los infortunios y las posibles calamidades.
¿Por qué dido? Porque tu salvación abarca mi humanidad y la transfigura a tu semejanza divina., y me produc vértigo. Si sigues apoyándome, Señor, también yo con mi titubeo dubitativo podré confiarme a tu mano. Que pase junto a ti, a trav´pes de las oleadas del tiempo, a la dulcísima quietud de la eternidad.

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