Salmo 111,1-2.5-6.7-8.9
Lectura del santo evangelio según san Juan (12,24-26):
Ezequiel 2, 8-3, 4: Comer el volumen me supo dulce como la miel Salmo 118: ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Mateo 18, 1-5. 10. 12-14: Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños
Cuando vemos en el mundo de hoy que hay una “mayoría de pequeños” que no son tenidos en cuenta en el orden actual, es indispensable recordar el proyecto de Jesús, colocando a los pequeños y perdidos en el centro, de una manera amorosa e incluyente. La Iglesia se encuentra desafiada por el aumento de la pobreza y la indigencia.
Lo mismo pasa con la exclusión de muchos sectores sociales, como las mujeres, los niños y niñas, campesinos, refugiados, minorías étnicas, enfermos terminales y todos los ue hacen parte de la mayoría de los pequeños que han de ser los destinatarios y privilegiados de la acción evangelizadora y liberadora de la Iglesia.
Debemos entender lo que nos dice hoy el profeta Ezequiel donde encontramos el llamado a la misión profética. A Ezequiel se le llama frecuentemente “el hijo del hombre” (2,8; 3,1.3-4). Este título está cargado de sentido de las trascendencia divina, una trascendencia que siente Ezequiel con una extrema agudeza. El profeta es una nulidad, como todos los hombres; es una de esos tantos, frágiles, caducos; el carisma profético le ha sido dado sólo porque dios lo ha querido así por un don gratuito. Jesús hará suyo este título para indicar al mismo tiempo su modo de ser con nosotros y su modo de ser ante el Padre.
La vocación de Ezequiel, como la de los grandes profetas, se sitúa en una acción simbólica. Se trata siempre de mostrar que la Palabra de Dios se encuentra en labios de un hombre. Un ángel purificó los labios de Isaías con fuego (Isaías 6,3-7), Dios mismo introdujo sus palabras en las gargantas de Jeremías (Jeremías 1,9) pero Ezequiel vive ya en una época marcada por la civilización escrita no recibe de Dios una palabra, sino un libro. Desde este punto de vista, es el antepasado de los escribas y los rabinos. Mientras que Isaías y Jeremías reciben pasivamente la Palabra de Dios, Ezequiel come, digiere y asimila la voluntad divina. Esta no se manifestará más que a través de su visión de las cosas; no habrá Palabra de Dios sino donde haya al mismo tiempo palabra de hombre. Ezequiel debe alimentarse de la Palabra de Dios (3,3). Sólo de este modo es posible comunicar a los otros el pensamiento de Dios o, dicho con mayor precisión, hablar de él.
Con Ezequiel se da un paso adelante en el profetismo: no ha sido llamado a “repetir” la Palabra de Dios sino a “volver a proponer” lo que ha recibido de él. Podríamos decir: “repensar y a traducir” a su propia palabra la palabra de Dios, pues Dios quiere que su mensaje llegue a los hombres en su “lenguaje” común, como palabra que un hombre dirige a otro. Dios no dispone de un superlenguaje reservado a unos pocos iniciados, sino que se inserta en el lengaje del hombre y en las comunicaciones que este lenguaje establece entre los hombres. En la cima de este proceso encontramos a Jesús, “hombre enviado a los hombres”, que habla palabra de Dios.” )Concilio Vaticano II, Dei Verbum 4).
El anuncio que Ezequiel está llamado a llevar de parte de Dios no sólo es amplísimo (el rollo está escrito por ambas partes: 2,9b), sino también es basado dolorosamente: “lamentación es, gemidos y amenazas” (Apocalipsis 10,8-11). Acaba con las últimas ilusiones de los que aún confiaban en que Jerusalén, aunque debilitada por las primeras derrotas y deportaciones habría de resistir al invasor caldeo. Sin embargo, es al mismo tiempo, un mensaje de esperanza. Más allá de la cólera de Dios, se manifestará su inmensa misericordia. Por terrible que sea, se trata, en último extremo, de una fuente de esperanza.
En el evangelio de hoy, nos encontramos con lo que ha sido definido como el discurso: sobre la “vida de la comunidad cristiana” (Mateo 18) : Jesús traza las características fundamentales corriente, la del hombre que en la sociedad un continuo progresar, imponerse, codiciar los puestos preeminentes. En este contexto plantea Jesús una pregunta “?Quién es el más importante? (1) Jesús invierte las posiciones muestra lo que tiene más valor ante dios y con ello enseña un un nueva camino de convivencia comunitaria. Lo hade, al modo de los antiguos profetas, llevando a cabo primero un gesto (pone a un niño en el centro (2) y revelando después el sentido.
Recogiendo y mayor profundidad a una idea madurada ya en rabinismo, la de la inversión de la suerte en el Reino futuro, Jesús pone en el centro no a un adulto o a una persona considerada importante, sino a un niño. El niño es el desprovisto y el olvidado por los mayores; alguien necesitado de todo, pobre, de humilde condición es la “oveja perdida” que busca al pastor y de la que se ocupa más que de “las noventa y nueve que no se extraviaron”. (13). Jesús extrae las consecuencias de ese gesto.. El discípulo “debe hacerse como los niños” El hacerse no es un “retorno” a la condición infantil, sino una “conversión”, una cambio de ruta en nuestra conducta.
No se trata de ser un niño en el sentido de la simplicidad, del candor, de la inocencia, de la docilidad, sino de convertirse a un modo de ser diferente del que domina a la comunidad mundana; el modo de la humillación es preferible al de una vida basada en la búsqueda de los primeros puestos (20,20-28).
El discípulo debe “acoger” a los pequeños, no despreciarlos, descubrir que tiene la dignidad del Señor, que son una sacramento de él (5). El discípulo se pone en estado de “búsqueda” para que no se pierda ninguno de los pequeños.
Jesús no buscó para sí, durante su vida, cargos públicos ni puestos de pretigio, tampoco se dejó impresionar por los títulos honoríficos de la tente que tenía delante, ni por su experiencia, ni por los años, ni por las canas: miraba a cada hombre a los ojos sin ninguna timidez, leía hasta el fondo sus pensamientos e intensiones. Jesús, para liberarse de todo desvarío de grandeza y permitirnos construir verdaderas comunida-des nos indicó el camino de hacernos niños, la vía de la inocencia espiritual recorriada sabiamente por sana Teresa del Niño Jesús.
Lo que no es la habilidad real o presunta, sino la “pequeñez” acogida en el Hijo, el hacerse como nuños no es ponerse en marcha un proceso de involución, sino “llegar a cabo un cambio radical”, una conversión radical en nuestro modo de ser ante Dios y ante los otros. Hacerse como niños es hacer sitio a la confianza que el pequeño muestra frente a sus padres, a la serenidad y al optimismo con que mira el futuro. Hacerse como niño es fiarse, no tener “enredos”, no hacer cálculos, no preguntarse si y cuánto ganaremos. Hacerse como niño es olvidar lo que hemos hecho y lo que hemos sufrido, no encerrarnos en nosotros mismos con el resentimiento o malhumorados por las amarguras que hemos apsado. Lo importante es elperdón recibido y otorgado de manera constante.
Por eso nos dice hoy el salmo responsorial: Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón”.
ORACION
Tómame, Señor, como aprendiz, para llegar a ser un niño del Evangelio. Enséname tu mandamiento; a amar a Dios sobre todas las cosas y a servir al prójimo en primer lugar. Enséname a ser atento a tu palabra, que cambia la vida. Llévame lejos del orgullo y de la mentira. Instruye mi espíritu para nque pueda buscarte y seguirte con todo el corazón. ¡Oh Señor, me gustaría tanto llegar a ser niño del evangelio!

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