Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 14 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 14, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Ezequiel (18,1-10.13b.30-32):
Me vino esta palabra del Señor: «¿Por qué andáis repitiendo este refrán en la tierra de Israel: "Los padres comieron agraces, y los hijos tuvieron dentera?" Por mi vida os juro –oráculo del Señor– que nadie volverá a repetir ese refrán en Israel. Sabedlo: todas las vidas son mías; lo mismo que la vida del padre, es mía la vida del hijo; el que peca es el que morirá. El hombre que es justo, que observa el derecho y la justicia, que no come en los montes, levantando los ojos a los ídolos de Israel, que no profana a la mujer de su prójimo, ni se llega a la mujer en su regla, que no explota, sino que devuelve la prenda empeñada, que no roba, sino que da su pan al hambriento y viste al desnudo, que no presta con usura ni acumula intereses, que aparta la mano de la iniquidad y juzga imparcialmente los delitos, que camina según mis preceptos y guarda mis mandamientos, cumpliéndolos fielmente: ese hombre es justo, y ciertamente vivirá –oráculo del Señor–. Si éste engendra un hijo criminal y homicida, que quebranta alguna de estas prohibiciones ciertamente no vivirá; por haber cometido todas esas abominaciones, morirá ciertamente y será responsable de sus crímenes. Pues bien, casa de Israel, os juzgaré a cada uno según su proceder –oráculo del Señor–. Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos, y no caeréis en pecado. Quitaos de encima los delitos que habéis perpetrado y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel. Pues no quiero la muerte de nadie –oráculo del Señor–. ¡Arrepentíos y viviréis!»

Salmo 50,12-13.14-15.18-19

Oh Dios, crea en mí un corazón puroOh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,13-15):
En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.» Les impuso las manos y se marchó de allí

HOMILIA

Ezequiel 18, 1-10. 13b. 30-32: Los juzgaré a cada uno según su proceder Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Mateo 19, 13-15: “No impidan que los niños se acerquen a mí”.

No podíamos ver a Jesús sin su relación con los más pequeños, los niños. Son llevados a él para que los bendiga que era una de las actividades típicas de los grandes maestros. Nada le impide tener a los niños que son el modelo del proyecto de Dios que se vuelve un modelo y lección para los discípulos. Y esto se vuelve una gran lección para los discípulos

Estamos en un mundo centrado en los adultos. La sociedad ha dejado de lado la infancia. Son alarmantes los índices de la infancia que muere en guerras, que se mueren de hambre y que son víctima de la desigualdad socia. Paradójicamente hoy hay muchas leyes a favor de la infancia, las cuales son insuficientes, dado el vive de corrupción y la falta de sensibilidad de los poderes de turno.

Pero a nivel mundial asistimos al desorden establecido por los mayores, por los poderosos de la tierra que se creen a sí mismos dioses capacidades de definir los destinos del mundo imponiendo sus intereses a costa del sacrificio de los pequeños, los empobrecidos de todo el mundo.

Asumamos entonces el desafío no sólo de ser, sino de acoger a los pequeños como sujetos preferenciales de nuestro accionar social y pastoral. Y nos encontraremos con el desconocimiento de aquellos que por ser los más pequeños son los desesperanzados del mundo. Ayer y hoy es la misma experiencia y Jesús a ha tenido que enfrentar empezando con su infancia.

Por eso tenemos que escuchar lo que nos dice el profeta Ezequiel y empieza con una simpe instrucción, el buscar excusas para nuestras propias faltas. El buscar excusas para nuestras propias culpas es algo instintivo. Tratamos de desviar de nosotros la responsabilidad del pasado, el compromiso con el presente y el futuro. En tiempo de Ezequiel existía el juego de echarse las culpas unos a otros apoyándose en textos de la Escritura (Deuteronomio 5,9; 29,18-21, Exodo 20,5) y en proverbios como los citados y referidos por el mismo Ezequiel (18,2). Las palabras de Ezequiel representan un giro crucial en el pensamiento sobre la solidaridad y sobre la retribución “ de sus propios actos”, cada tendrá la retribución que merezca por ellos.
Aunque ya desde los comienzas se conocían una responsabilidad individua (Génesis 18,25) había predominado el concepto de responsabilidad (Josué 7). Ezequiel se convierte en la teorizador de la responsabilidad “individual”. El profeta llama a la conversión, pero choca contra la mentalidad fatalista de sus contemporáneos: ¿de que le sirve convertirse, si están pagando las culpas de sus padres? Ezequiel les dice que la ley lanza una llamada a la responsabilidad personal. La salvación de un individuo no depende de su7s antepasados, ni de sus parientes más próximos (Ezequiel 18,10-18), ni siquiera de su pasad (21-23) Lo que cuenta siempre la verdad es a disposición actual del corazón (5-9). Según esta mentalidad, existe una remedio para un pasad de iniquidad: la conversión para obtener la vida (30-32)

Este llamado no ha perdido actualidad. Todavía hoy, con una mentalidad fatalista o gregaria, nops referimos al “destino” o a la “pertenencia” a un grupo. Para quitarnos de encima la responsabilidad de lo que hemos hecho o de lo que haremos, para no comprometernos propiamente. La conversión y las obras de justicia y de caridad deben ser personales sin ser individualista.

En el evangelio de hoy, la subida a Jerusalén está salpicada por numerosos episodio en lo que Jesús se encuentra con gente humilde y despreciada, con gran escándalo de aquellos que le acompañan. Diríase que, al descubrir su propia vocación de ser despreciado y doliente, Jesús se aproxima a aquellos que lre presentan el mismo rostro.

Por eso, el cuadro de los niños que le presentan a Jesús no tiene que ser confundido con el del martes pasado cuando pone a un niño en medio de sus discípulos. (Mateo 18, 1-5,10,12-14) Allí hablaba de conversión, y aquí se haba de Jesús que manifiesta su intención de no alejar a nadie del Reino; cuando dice “como ellos” (14b) sino que quiere poder de reieve que se trata de “los que se parecen a ellos”. En a antigüedad no se consideraba a los niños como gente importante de la sociedad; Jesús, sin embargo, los convierte en los privilegiados en el Reino de Dios, los admite de modo complacidos en la vida de la comunidad cristiana. Y junto a ellos admite y prefiere a los marginados, a los ignorados, a los despreciados, a los excluidos de la convivencia humana.


La actitud de los discípulos, que impiden a los pequeños acercarse a él, significa la incomprensión de ministerio de Cristo. Jesús es alguien que acoge a los pequeños para darles el Reino. Ay de aquel que impida a otros acercarse a Jesús. La imposición de las manos sobre los niños y la oración son un gesto de bendición (13-15) y constituyen, asimismo un signo de que la salvación se entrega a todos, es decir en el sentido de los humildes, los pobres, los pacíficos… de las bienaventuranzas.

Los niños fueron “presentados” a Jesús “para que le impusiera las manos y orase”. Fueron “presentados” tal vez porque que eran verdaderamente pequeños y no sabán caminar todavía solos.

Con gesto de la imposición de las manos acompañada de la oración es posible que Jesús quiera darnos a entender que pretende confiar a los niños un poder, una misión en relación con el Reino: los niños solo forman parte del Reino, sino que tienen asimismo el poder de hacer entrar en él. Será verdadero discípulos y apóstol quien se haga niño.

ORACION

Quisiéramos estar entre “ésos” de quienes tú aseguras que forman parte ya de tu Reino. Danos el Espíritu del niño que tiene una confianza absoluta en el amor de quien lo acoge, de quien no quiere estar nunca solo, de quien goza con la posibilidad de referirse a alguien, de quien goza y se maravilla con todo don.

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