Salmo 50,12-13.14-15.18-19
Oh Dios, crea en mí un corazón puroOh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,13-15):
HOMILIA
Ezequiel 18, 1-10. 13b. 30-32: Los juzgaré a cada uno según su proceder Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Mateo 19, 13-15: “No impidan que los niños se acerquen a mí”.
No podíamos ver a Jesús sin su relación con los más pequeños, los niños. Son llevados a él para que los bendiga que era una de las actividades típicas de los grandes maestros. Nada le impide tener a los niños que son el modelo del proyecto de Dios que se vuelve un modelo y lección para los discípulos. Y esto se vuelve una gran lección para los discípulos
Estamos en un mundo centrado en los adultos. La sociedad ha dejado de lado la infancia. Son alarmantes los índices de la infancia que muere en guerras, que se mueren de hambre y que son víctima de la desigualdad socia. Paradójicamente hoy hay muchas leyes a favor de la infancia, las cuales son insuficientes, dado el vive de corrupción y la falta de sensibilidad de los poderes de turno.
Pero a nivel mundial asistimos al desorden establecido por los mayores, por los poderosos de la tierra que se creen a sí mismos dioses capacidades de definir los destinos del mundo imponiendo sus intereses a costa del sacrificio de los pequeños, los empobrecidos de todo el mundo.
Asumamos entonces el desafío no sólo de ser, sino de acoger a los pequeños como sujetos preferenciales de nuestro accionar social y pastoral. Y nos encontraremos con el desconocimiento de aquellos que por ser los más pequeños son los desesperanzados del mundo. Ayer y hoy es la misma experiencia y Jesús a ha tenido que enfrentar empezando con su infancia.
Por eso tenemos que escuchar lo que nos dice el profeta Ezequiel y empieza con una simpe instrucción, el buscar excusas para nuestras propias faltas. El buscar excusas para nuestras propias culpas es algo instintivo. Tratamos de desviar de nosotros la responsabilidad del pasado, el compromiso con el presente y el futuro. En tiempo de Ezequiel existía el juego de echarse las culpas unos a otros apoyándose en textos de la Escritura (Deuteronomio 5,9; 29,18-21, Exodo 20,5) y en proverbios como los citados y referidos por el mismo Ezequiel (18,2). Las palabras de Ezequiel representan un giro crucial en el pensamiento sobre la solidaridad y sobre la retribución “ de sus propios actos”, cada tendrá la retribución que merezca por ellos.
Este llamado no ha perdido actualidad. Todavía hoy, con una mentalidad fatalista o gregaria, nops referimos al “destino” o a la “pertenencia” a un grupo. Para quitarnos de encima la responsabilidad de lo que hemos hecho o de lo que haremos, para no comprometernos propiamente. La conversión y las obras de justicia y de caridad deben ser personales sin ser individualista.
En el evangelio de hoy, la subida a Jerusalén está salpicada por numerosos episodio en lo que Jesús se encuentra con gente humilde y despreciada, con gran escándalo de aquellos que le acompañan. Diríase que, al descubrir su propia vocación de ser despreciado y doliente, Jesús se aproxima a aquellos que lre presentan el mismo rostro.
Por eso, el cuadro de los niños que le presentan a Jesús no tiene que ser confundido con el del martes pasado cuando pone a un niño en medio de sus discípulos. (Mateo 18, 1-5,10,12-14) Allí hablaba de conversión, y aquí se haba de Jesús que manifiesta su intención de no alejar a nadie del Reino; cuando dice “como ellos” (14b) sino que quiere poder de reieve que se trata de “los que se parecen a ellos”. En a antigüedad no se consideraba a los niños como gente importante de la sociedad; Jesús, sin embargo, los convierte en los privilegiados en el Reino de Dios, los admite de modo complacidos en la vida de la comunidad cristiana. Y junto a ellos admite y prefiere a los marginados, a los ignorados, a los despreciados, a los excluidos de la convivencia humana.
La actitud de los discípulos, que impiden a los pequeños acercarse a él, significa la incomprensión de ministerio de Cristo. Jesús es alguien que acoge a los pequeños para darles el Reino. Ay de aquel que impida a otros acercarse a Jesús. La imposición de las manos sobre los niños y la oración son un gesto de bendición (13-15) y constituyen, asimismo un signo de que la salvación se entrega a todos, es decir en el sentido de los humildes, los pobres, los pacíficos… de las bienaventuranzas.
Los niños fueron “presentados” a Jesús “para que le impusiera las manos y orase”. Fueron “presentados” tal vez porque que eran verdaderamente pequeños y no sabán caminar todavía solos.
Con gesto de la imposición de las manos acompañada de la oración es posible que Jesús quiera darnos a entender que pretende confiar a los niños un poder, una misión en relación con el Reino: los niños solo forman parte del Reino, sino que tienen asimismo el poder de hacer entrar en él. Será verdadero discípulos y apóstol quien se haga niño.
ORACION
Quisiéramos estar entre “ésos” de quienes tú aseguras que forman parte ya de tu Reino. Danos el Espíritu del niño que tiene una confianza absoluta en el amor de quien lo acoge, de quien no quiere estar nunca solo, de quien goza con la posibilidad de referirse a alguien, de quien goza y se maravilla con todo don.

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