Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 19 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 19, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Ezequiel (36,23-28):
Así dice el Señor: «Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor –oráculo del Señor–, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os

Salmo 50,12-13.14-15.18-19
Derramaré sobre vosotros un agua puraque os purificará de todas vuestras inmundiciasOh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):
En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

HOMILIA

Ezequiel 36, 23-28: Les daré un corazón nuevo y les infundiré mi espíritu Salmo 50: Derramaré agua pura que los purificará de todas sus inmundicias. Mateo 22, 1-14: A cuantos encuentren invítenlos a la boda

Jesús usa parábolas para explicar el plan de Dios. Nos habla de una fiesta de bodas para responder a las llamadas de Dios. Muchas personas han puesto su vida en sus negocios, sus propiedades; otros se volvieron indiferentes y otros hasta agredieron y mataron a los emisarios de rey. Y al final son los despreciados, los que andan por los caminos quiens acuden a la invitación a las bodas- Pero eso no es todo, hay un detalle importantísimo: el vestido de bodas, que representa la disposición para tomar parte en e plan salvador de Dios, eso es lo que ponemos los seres humanos: disposición, preparación, conversión permanente; lo demás lo ofrece Dios. Por eso la elección depende de Dios y de la importancia que los seres humanos le demos. En e correr de la historia muchas han sido las invitaciones enviadas, muchos los personajes asesinados, muchas las manifestaciones de Dios para acercarnos a su reino; sin embargo le hemos puesto los oídos sordos y nos hemos dejado engañar por nuestros propios intereses. Avanzamos a un caos donde ignoramos la presencia de Dios y sus gritos amorosos para enderezar nuestra existencia. Dejemos que nuestros sentidos se agudicen para escuchar la voz de Dios para enderezar nuestras existencias. De esta manera podemos escuchar la voz de Dios, que nos invita a un banquete fraterno, por eso es de bodas, que es un banquete de justicia, de amir y de paz.

Leamos el evangelio (Mateo 6,9c) donde Jesús nos enseña el Padrenuestro, es el mismo Señor por el que dice “santificado sea tu nombre”. Ya lo dice el mismo Ezequiel hoy “Haré que sea reconocida la grandeza de mi nombre” (Ezequiel 36,23). Antes en los versículos 16-22, él mismo cuenta que su nombre ha sido deshonrado entre los pueblos extranjeros az causa de Israel. Ahora dará vuelta a la situación: librará a Israel del yugo de sus enemigos, por amor a su pueblo y también por amor a su nombre, para manifestar su poder y su fidelidad ante todos los pueblos. El cambiará al hombre “por dentro”, convirtiéndolo en una creatura nueva. Y esto se realizará “por un corazón nuevo”, una imagen que aparece ya en Jeremías 31, 31-34. Dios cambiará en cada uno “el corazón de piedra”, insensible y pesado, por un “corazón de carne”, un corazón capaz de amar, dócil, acogedor, Dios infundirá dentro de cada hombre un espíritu nuevo. Como en la creación del primer hombre, también ahora el Espíritu de vida y mantendrá siempre fresca y hermosa la relación entre el hombre y su Dios. Israel animado por el Espíritu, será capaz de vivir las exigencias de la alianza del Sinaí, que no está no basada en la fría observancia de las prescripciones, sino en un principio interior de compartimiento religioso, en una inclinación de amor.

En el evangelio nos encontramos con una prábola compuesta de dos fragmentos, los versículos 11-14 que se centra en el traje. El reino de Dios es alegre y gozoso es semejante a un banquete de bodas, que en la tradición bíblica, es la expresión más elevada de la fiesta. Además el banquete ha sido preparado “por el rey” para las bodas de “su hijo”. Todo hace esperar un desarrollo feliz. En Mateo significa la parábola el comienzo del tiempo del Mesías. El banquete para lo que está todo preparado, no queda cancelado por el repetido rechazo de los primeros invitados, sino que se abre a otros, a todos. Los nuevos comensales constituyen el nuevo Israel: la Iglesia santa y siempre necesitada de conversión, siempre atenta para conservar impecable su vestido nupcial.

Sin embargo, la parábola interpela también a cada cristiano en particular. La invitación a la alegría del banquete es una gracia, un don que compromete la vida y lo hace seriamente, laz transforma, la hade nueva. Frente a esta invitación, el hombre dispone de la libertad de aceptarla o rechazarla. Quien la rechaza, siempre encuentra excusas y justificación es que le parecen buenas y razonables. En el fondo se trata de trata de autoengaño que emerge de las profundidades tenebrosas de la conciencia humana. Con todo, el que ha entrado en la sala del banquete no por eso debe pensaar que tiene asegurada la salvación A pesar de que la entrada sea gratuita y se ofrezca a todos, se exige a los comensales que lleven el traje de boda y de la disposición correspondiente. Los cristianos deben “revestirse de Cristo”. (Romanos 13,14; Gálatas 3,27) tener sus mismos pensamientos y sentimientos (Filipenses 2,5). El final del intruso que participa en el banquete sin traje de bodas es triste. Es e mismo destino de la cizaña (Mateo 13,42) y de los peces malos (13,50). La frase concusiva de la parábola es un grave aviso a los lectores: “Son muchos los llamados, pero pocos los escogidos”. (22,14)

El corazón nuevo y traje de bodas: hablan “de novedad”. La salvación no consiste en reparar lo que está estropeado y ajustar lo que ha funcionado mal, sino en crear, en hacer nuevo. A Yavhé le gusta presentarse en el Antiguo Testamento a su pueblo como un Dios vivo, dinámico, creativo, que proclama y lleva a cabo novedades sorprendentes: “Mirad, voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Isaías 43,19). El Éxodo es alianza, retronó de exilio: todos los grandes acontecimien-tos de la historia de Israel son considerados desde esta perspectiva. La mayor novedad, la “buena nueva” por excelencia, es a buen seguro, lo que ha levado a cabo por medio de su Hijo, Jesucristo. Sin embargo la novedad de Dios no son sólo las registradas en la historia. Dios continúa sorprendiendo al mundo cada día, hasta transformarlo en unos “cielos nuevos y una tierra nueva”)Apocalipsis 21,1). “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21,5) este anuncio se realiza no sólo en los grandes acontecimientos clamorosos, sino también en la intimidad de cada corazón. Por eso, leemos en el libro del Apocalipsis, “La esposa está preparada: dichosos los invitados al banquete de la boda del Cordero”. (Apocalipsis 19,7-9).

ORACION
Te oramos Señor con las palabras del salmo 51: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, renueva dentro de ,í un espíritu firme; no me arrojes de tu presencia, no retires de mí tu santo espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación, afirma en mí un espíritu magnánimo”. (12-14)
Te pedimos que devuelvas a tu Espíritu, que, así como en la primera creación hizo pasar el mundo del caos al cosmos ordenado, pueda renovar todavía hoy la faz de nuestra tierra marcada por la división, por la guerra y la explotación. Tu Espíritu es como fuego que encienda y purifica, como agua que da vida como viento que sopla misteriosamente obrando prodigios.
Que impulsados por nos atrevamos a llamarte “Padre” y nos atrevamos a hablarte con corazón de hijos. Que tu Espíritu nos prepare el traje nupcial para que, al final de nuestra peregrinación terrena, podamos ser recibidos en el banquete de bodas de tu Hijo..

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