Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 2 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 2, 2010


PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Jeremías (28,1-17):
Al principio del reinado de Sedecías en Judá, el mes quinto, Ananías, hijo de Azur, profeta natural de Gabaón, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de toda la gente: «Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: "Rompo el yugo del rey de Babilonia. Antes de dos años devolveré a este lugar todo el ajuar del templo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, cogió y se llevó a Babilonia. A Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, y a todos los judíos desterrados en Babilonia yo los haré volver a este lugar –oráculo del Señor–, porque romperé el yugo del rey de Babilonia."» El profeta Jeremías respondió al profeta Ananías, en presencia de los sacerdotes y del pueblo que estaba en el templo; el profeta Jeremías dijo: «Amén, así lo haga el Señor. Que el Señor cumpla tu profecía, trayendo de Babilonia a este lugar todo el ajuar del templo y a todos los desterrados. Pero escucha lo que yo te digo a ti y a todo el pueblo: "Los profetas que nos precedieron, a ti y a mi, desde tiempo inmemorial, profetizaron guerras, calamidades y epidemias a muchos países y a reinos dilatados. Cuando un profeta predecía prosperidad, sólo al cumplirse su profecía era reconocido como profeta enviado realmente por el Señor."»Entonces Ananías le quitó el yugo del cuello al profeta Jeremías y lo rompió, diciendo en presencia de todo el pueblo: «Así dice el Señor: "Así es como romperé el yugo del rey de Babilonia, que llevan al cuello tantas naciones, antes de dos años."»El profeta Jeremías se marchó por su camino. Después que el profeta Ananías rompió el yugo del cuello del profeta Jeremías, vino la palabra del Señor a Jeremías: «Ve y dile a Ananías: "Así dice el Señor: Tú has roto un yugo de madera, yo haré un yugo de hierro. Porque así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Pondré yugo de hierro al cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia; y se le someterán, y hasta las bestias del campo le entregaré."»El profeta Jeremías dijo a Ananías profeta: «Escúchame, Ananías; el Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza. Por eso, así dice el Señor: "Mira: yo te echaré de la superficie de la tierra; este año morirás, porque has predicado rebelión contra el Señor."»Y el profeta Ananías murió aquel mismo año, el séptimo mes.

Salmo 118,29.43.79.80.95.102
Instrúyeme, Señor, en tus leyesApártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad. No quites de mi boca las palabras sinceras, porque yo espero en tus mandamientos. Vuelvan a mi tus fieles que hacen caso de tus preceptos.
Sea mi corazón perfecto en tus leyes, así no quedaré avergonzado.
Los malvados me esperaban para perderme, pero yo meditaba tus preceptos.
No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

HOMILIA

Jeremías 28, 1-17: Ananías, tú has inducido al pueblo a una falsa confianza Salmo 118: Instrúyeme, Señor, en tus leyes. Mateo 14, 13-21: Comieron todos, quedaron satisfechos, y recogieron las sobras.

Mateo nos presenta una relato bastante claro, en el que tiene que ver con la confianza en el proyecto de Dios anunciado por Jesús.

Pero los discípulos no lo entienden y su preocupación se presenta cuando comienza a hacerse tarde

El evangelio de Mateo, hoy nos presenta un relato bastante claro, en lo que tiene que ver con la confianza en el proyecto de Dios anunciado por Jesús. Se hace tarde, estaban en un lugar despoblado y aparentemente hay necesidad de comida, pero ellos no entienden el plan que Jesús les está revelando de parte de Dios y les invita a organizar al pueblo y servirle.

Esta es la lógica de la nueva profecía de Jesús, donde no puede faltar la compasión por todos, el pan compartido y sobre todo la presencia de Dios. Hoy también la palabra de Dios nos enfrenta y pregunta ¿hacia dónde está orientada nuestra fe? ¿Hemos caído en falsas esperanzas hemos creído en cosas relativamente seguras que nos presenta la presencia de Dios? Jesús hoy no está haciendo un llamado urgente a llenar nuestra vida de la verdadera esperanza en el Dios de la Vida, una esperanza en el Dios de la Vida, una esperanza activa, caracterizada por el servicio, la compasión y de acogida con los más necesitados a nuestro alrededor.

A esto nos prepara la lectura de Jeremías, que tal vez tengamos que situarlo en los años 594-593 donde nos explica la verdadera y la falsa profecía. Nabucodonosor había exilado a un grupo de judíos, junto con su rey Joaquín-Jeconías, a Babilonia y había saqueado el templo (2 Reyes 24,10ss): el profeta Jananías predice la liberación de los deportados y también la restauración de los enseres del templo. Para apoyar su profecía, hace una acción simbólica: rompe el yugo que el profeta Jeremías se habá puesto en el cuello como símbolo de la pesada dominación a que Babilonia había sometido a Jerusalén (10ss; Jeremías 27) Jeremías recuerda a Jananías y a todos los presentes que una profecía sólo es auténtica cuando de cumple (7-9) (Ver Deuteronomio 18,2ss, Jeremías 23,16-18). Por su parte espera que Dios le hable. A pesar que también él desea un futuro de libertad y de paz (6), no puede dejar de ser fiel a aquella palabra que le ha seducido, que le hace arder por dentro con una fuerza irresistible y que anuncia desventuras y castigos (Jeremías 20,7-9).

Jeremías, dócil instrumento en manos de Yavhé, proclama la Palabra verdadera, aunque resulte impopular. Babilonia hará aún más pesado su propio dominio, sin que Judá tenga la posibilidad de sustraerse del mismo (12-14). El castigo que le espera al falso profeta Jananías será inexorable e inminente (15sss; ver Deuteronomio 18,20): su muerte atestiguará la autenticidad de la profecía de Jeremías (7).

En el tiempo de Jesús la muerte de Juan el Bautista sugiere a Jesús a alejarse de la gente (13ª) que ya será de conjura de parte de los fariseos (Mateo 12,4). Sin embargo Jesús no renuncia a la misión que el Padre le ha confiado (ver Juan 10,10) y atiende amorosamente la petición de gestos de salvación de parte de la gente (3-14). El anor de Jesús cura la enfermedad y sacia el hambre. Con todo, quiere tener la necesidad de la disponibilidad de los discípulos para entregarse a sí mismos y de todo los que poseen (16ss).

El relato de los cinco panes q ue, después sde haber sido bendecidos y partidos, calma el hambre de una multitud de personas (2) anticipa, en la intención del evangelista, el de la institución de la eucaristía (Mateo 26-26). Los discípulos serán sus ministros y distribuir a los otros el pan que Jesús les ha dado a ellos (19). Del mismo modo que, por la oración del profeta Eliseo, que veinte panes fue saciada el hambre de cien personas y así sobró (2 Reyews 4,42-44), así también aquí doce canastos repletan las sobras de la comida milagrosa (20).

Jeremías habla de verdaderos y falsos profetas. Dado que todos tenemos que ser “profetas verdaderos”, puesto que todos pertenecemos a un pueblo profético. ¿Cómo hemos de proceder para llegar a ser verdaderos profetas? No resulta fácil, en efecto ser profetas verdaderos, en otras cosas porque es preciso decir no a las palabras que agradan, sino no a las palabras que salvan. Y las palabras que salvan pueden molestar, ser consideradas como anacrónicas o apocalípticas, inoportunas o exageradas u otras cosas, de suerte, que por lo general son descalificadas en virtud de un mecanismo instintivo de defensa.

El profeta, y todo cristiano lo es, se va constituyendo lentamente, porque él mismo debe pasar de los condicionamientos de este mundo a la fidelidad a Dios. Debe realizar en sí mismo ese trabajoso camino que le lleva a ver las cosas con los ojos de Dios. Siempre “con gran temor y temblor”, porque sabe que su manera de pensar puede sobreponerse o hacer la pantalla al modo de pensar de Dios.

Con todo, Dios necesita un pueblo profético para hacer oír su Palabra en la historia siempre complicada de este mundo, atareado en perderse por senderos que no llevan a ninguna parte.
Por eso tenemos que decir con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Habla, Señor: anunciaré tu Palabra.” (Jeremías 28.12).

ORACIÓN

Me detengo un momento, Señor: tú me hablas para que yo hable de ti. Tú t5e hiciste Palabra por nosotros y yo estoy llamado a hacerme palabra por los otros: no una palabra-conjunto-de-sonidos, sino una palabra-vida, una palabra-persona, una palabra-entrega-de-sí-mismo. Que yo obtenga de ti el coraje de ser para mis hermanos, esa palabras que los alimenta, que sacia su deseo de verdad y de sentido.

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