PALABRA DE VIDA
Salmo 118,29.43.79.80.95.102
Sea mi corazón perfecto en tus leyes, así no quedaré avergonzado.
Los malvados me esperaban para perderme, pero yo meditaba tus preceptos.
No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):
HOMILIA
Jeremías 28, 1-17: Ananías, tú has inducido al pueblo a una falsa confianza Salmo 118: Instrúyeme, Señor, en tus leyes. Mateo 14, 13-21: Comieron todos, quedaron satisfechos, y recogieron las sobras.
Mateo nos presenta una relato bastante claro, en el que tiene que ver con la confianza en el proyecto de Dios anunciado por Jesús.
Pero los discípulos no lo entienden y su preocupación se presenta cuando comienza a hacerse tarde
El evangelio de Mateo, hoy nos presenta un relato bastante claro, en lo que tiene que ver con la confianza en el proyecto de Dios anunciado por Jesús. Se hace tarde, estaban en un lugar despoblado y aparentemente hay necesidad de comida, pero ellos no entienden el plan que Jesús les está revelando de parte de Dios y les invita a organizar al pueblo y servirle.
Esta es la lógica de la nueva profecía de Jesús, donde no puede faltar la compasión por todos, el pan compartido y sobre todo la presencia de Dios. Hoy también la palabra de Dios nos enfrenta y pregunta ¿hacia dónde está orientada nuestra fe? ¿Hemos caído en falsas esperanzas hemos creído en cosas relativamente seguras que nos presenta la presencia de Dios? Jesús hoy no está haciendo un llamado urgente a llenar nuestra vida de la verdadera esperanza en el Dios de la Vida, una esperanza en el Dios de la Vida, una esperanza activa, caracterizada por el servicio, la compasión y de acogida con los más necesitados a nuestro alrededor.
A esto nos prepara la lectura de Jeremías, que tal vez tengamos que situarlo en los años 594-593 donde nos explica la verdadera y la falsa profecía. Nabucodonosor había exilado a un grupo de judíos, junto con su rey Joaquín-Jeconías, a Babilonia y había saqueado el templo (2 Reyes 24,10ss): el profeta Jananías predice la liberación de los deportados y también la restauración de los enseres del templo. Para apoyar su profecía, hace una acción simbólica: rompe el yugo que el profeta Jeremías se habá puesto en el cuello como símbolo de la pesada dominación a que Babilonia había sometido a Jerusalén (10ss; Jeremías 27) Jeremías recuerda a Jananías y a todos los presentes que una profecía sólo es auténtica cuando de cumple (7-9) (Ver Deuteronomio 18,2ss, Jeremías 23,16-18). Por su parte espera que Dios le hable. A pesar que también él desea un futuro de libertad y de paz (6), no puede dejar de ser fiel a aquella palabra que le ha seducido, que le hace arder por dentro con una fuerza irresistible y que anuncia desventuras y castigos (Jeremías 20,7-9).
Jeremías, dócil instrumento en manos de Yavhé, proclama la Palabra verdadera, aunque resulte impopular. Babilonia hará aún más pesado su propio dominio, sin que Judá tenga la posibilidad de sustraerse del mismo (12-14). El castigo que le espera al falso profeta Jananías será inexorable e inminente (15sss; ver Deuteronomio 18,20): su muerte atestiguará la autenticidad de la profecía de Jeremías (7).
En el tiempo de Jesús la muerte de Juan el Bautista sugiere a Jesús a alejarse de la gente (13ª) que ya será de conjura de parte de los fariseos (Mateo 12,4). Sin embargo Jesús no renuncia a la misión que el Padre le ha confiado (ver Juan 10,10) y atiende amorosamente la petición de gestos de salvación de parte de la gente (3-14). El anor de Jesús cura la enfermedad y sacia el hambre. Con todo, quiere tener la necesidad de la disponibilidad de los discípulos para entregarse a sí mismos y de todo los que poseen (16ss).
El relato de los cinco panes q ue, después sde haber sido bendecidos y partidos, calma el hambre de una multitud de personas (2) anticipa, en la intención del evangelista, el de la institución de la eucaristía (Mateo 26-26). Los discípulos serán sus ministros y distribuir a los otros el pan que Jesús les ha dado a ellos (19). Del mismo modo que, por la oración del profeta Eliseo, que veinte panes fue saciada el hambre de cien personas y así sobró (2 Reyews 4,42-44), así también aquí doce canastos repletan las sobras de la comida milagrosa (20).
Jeremías habla de verdaderos y falsos profetas. Dado que todos tenemos que ser “profetas verdaderos”, puesto que todos pertenecemos a un pueblo profético. ¿Cómo hemos de proceder para llegar a ser verdaderos profetas? No resulta fácil, en efecto ser profetas verdaderos, en otras cosas porque es preciso decir no a las palabras que agradan, sino no a las palabras que salvan. Y las palabras que salvan pueden molestar, ser consideradas como anacrónicas o apocalípticas, inoportunas o exageradas u otras cosas, de suerte, que por lo general son descalificadas en virtud de un mecanismo instintivo de defensa.
El profeta, y todo cristiano lo es, se va constituyendo lentamente, porque él mismo debe pasar de los condicionamientos de este mundo a la fidelidad a Dios. Debe realizar en sí mismo ese trabajoso camino que le lleva a ver las cosas con los ojos de Dios. Siempre “con gran temor y temblor”, porque sabe que su manera de pensar puede sobreponerse o hacer la pantalla al modo de pensar de Dios.
Con todo, Dios necesita un pueblo profético para hacer oír su Palabra en la historia siempre complicada de este mundo, atareado en perderse por senderos que no llevan a ninguna parte.
Por eso tenemos que decir con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Habla, Señor: anunciaré tu Palabra.” (Jeremías 28.12).
ORACIÓN
Me detengo un momento, Señor: tú me hablas para que yo hable de ti. Tú t5e hiciste Palabra por nosotros y yo estoy llamado a hacerme palabra por los otros: no una palabra-conjunto-de-sonidos, sino una palabra-vida, una palabra-persona, una palabra-entrega-de-sí-mismo. Que yo obtenga de ti el coraje de ser para mis hermanos, esa palabras que los alimenta, que sacia su deseo de verdad y de sentido.

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