Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 20 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Ezequiel (37,1-14):
En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.Me preguntó: «Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?»Yo respondí: «Señor, tú lo sabes.»Él me dijo: «Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: "¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor."»Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.Entonces me dijo: «Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: "Así lo dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan."»Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.Y me dijo: «Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: "Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados." Por eso, profetiza y diles: "Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago."» Oráculo del Señor.

Salmo 106,2-3.4-5.6-7.8-9
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordiaQue lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemi-go, los que reunió de todos los países: norte y sur, oriente y occidente. Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasa-ban hambre y sed, se les iba agotando la vida. Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los guió por un camino derecho, para que llegaran a ciudad habitada. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos, y a los hambrientos los colmó de bienes.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,34-40):
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»Él le dijo: «"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Ezequiel 37, 1-14: Huesos secos, escuchen la palabra del Señor.Salmo 106: Den gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Mateo 22, 34-40: Amarás al Señor tu Dios

HOMILIA
Jesús continúa encontrándose con los fariseos que le preparan trampas y trampas para hacerlo caer. Conocen bien la Ley, pero pocos de ellos la cumplen y la utiizan para dominar al pueblo en frente a Jesús. Pero Jesús con sus respuestas, con su predicación y con sus acciones supero toda ley y va a lo esencial, su única ley es el amor a Dios y la humanidad, y frente a esto toda ley es insignificante.

Jesús nos enfrenta al hoy de la Ley, donde falta el amor en todas las esferas de la sociedad, todo está vacío de valor que es responsabilidad social, solidaridad y equidad, que es lo que le falta a los fariseos de ayer y de hoy. Por nuestra parte solemos caer en el activismo y a veces nos olvidamos de lo fundamental: Dios y el prójimo, porque las estructuras están vacías. El prójimo y su realidad, cuando acudimos a una falta de amor en todos los caminos de la sociedad son endebles si no se fundan en el amor que es la responsabilidad social y la justicia. El prójimo y su realidad esos criterios unidos por el amor es lo que puede ayudar a una verdadera maduración de la fe cristiana.

A eso apunta la enseñanza de hoy para nosotros que vinimos a escuchar al Maestro y para eso nos preparamos escuchando a profeta Ezequiel. El fragmento del profeta está compuesto de dos partes: una visión (1-10) y su explicación (11-14=. El profeta es trasladado a un valle, en la región de Quebar, en Babilonia, donde viven los israelitas exilados. Lo que se presenta ante sus ojos es completamente desolador; un montón de huesos secos y resquebrajados (2ss). A la pregunta aparentemente absurda, del Señor sobre si podrán revivir aquellos huesos, le da Ezequiel una respuesta discreta y llena de confianza: “Señor, tú lo sabes.” (3b). Dios lo puede todo, todo depende de su voluntad. Le ordena el Señor profetizar sobre los huesos. Los restos de los seres humanos deben “oír” ahora as palabras divinas y “saber” que él es el Señor (4). El lenguaje usado por el Señor des muy concreto y supero vitalidad: “el espíritu penetró en ellos”, y “aparecían los tendones, crecía la carne y se cubrían de piel”, “infundiré en vosotros mi espíritu.”
El evangelio nos trae a disputa de Jesús con los fariseos. Donde le plantean en dos capítulos 21 y 22 el asunto del tributo al César y sobre la resurrección de los muertos. Era temas candentes de la época y ahora nos encontramos con la tercera disputa. Pero ya no son los fariseos sino los saduceos ricos y poderosos y observantes de la Ley. El fondo de la cuestión es compleja y la motivación poco recta; interrogan a Jesús “ para ponerlo a prueba” (35). Los fariseos habían calculado las leyes en 613, de los cuales 248 eran mandamientos positivos. Frtente a estas prescripciones y ahora quieren saber “el mandamiento más importante” (36) Pero Jesús no se sitúa en la lógica de la jerarquía de mandamientos. Recuerda más bien a esencia de loa Ley, orienta a los principio que la inspiran y hacia la disposición interior que los inspira a observarlas. La respuesta de Jesús es clara y precisa: la fuente y el cumplimiento de la Ley que es el amor en su doble mandamiento hacia Dios y hacia el prójimo. Son dos dimensiones inseparables. Sólo quien ama a Dios, y en su mismo novel, pone el amor al prójimo, es decir, a toda persona que vive cerca de él, a todo “otro yo” como alguien amado por el mismo Dios. Aquí se encuentra la síntesis de “toda la Ley y los profetas”, es decir, el núcleo esencial de la revelación, aquí se encuentra el núcleo esencial de la revelación, aquí se encuentra la voluntad de Dios para todos sus hijos.

La esencia de la vida cristiana consiste en el amor a Dios y en el amor al próji-mo, ésta es una verdad que enseña desde la primera catequesis. Se trata de una verdad indiscutible y universal. En teoría todos loa conocemos bien, sin embargo no es no es para todos una verdad “apropiada”, esto es, una ley que hacemos nuestra, con una sentimiento real, vital, existe3ncia, personal. Nos lo revuerda la misma liturgia: “Resplandezca, Señor, tu gloria en medio de nosotros”.

ORACION

Señor, mira con miserico9rdia los huesos secos que yacen inertes en nuestra historia, en nuestra sociedad, en nuestras comunidades, en nuestras familias y dentro de cada uno de nosotros. La superficialidad, la trivialidad, el frenesí, la avidez, esconden con frecuencia un vacío espantoso. Sin el soplo vital de tu Espíritu, estamos destinados a languidecer en el aburrimiento, en la frialdad, en relaciones estériles, en los escombros de las ideologías derrumbadas y entre las ruinas de nuestros sueños triturados.

Pero tú nos has dicho que has venido para darnos la vida y dárnosla en abundancia (Juan 10,10). Confiando en ti, creemos que también nuestros huesos secos podrán revivir. No me abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel sufrir la corrupción. Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha” (Salmo 16,10ss).

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