Salmo 84,9ab.10.11-12.13-14
Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):
Ezequiel 43, 1-7a: La gloria del Señor entró en el templo Salmo 84: La gloria del Señor habitará en nuestra tierra. Mateo 23, 1-12: Hagan lo que ellos digan, pero no los imiten
Jesús continúa su lucha contra los fariseos, los que dicen y no hacen, y ahora la crítica es frontal contra el modo de ser de los letrados y los fariseos. Ellos, conocedo-res de la Ley, la predican pero no la cumplen: sin embargo les gusta que los llamen maestros y jefes. Ante esta experiencia del pueblo, Jesús hace un llamado profundo a cumplir lo que los fariseos predican, y no sufran en su gran contradicción. Luego recuerda un hecho básico, les recuerda que el Maestro es sólo Dios, Jefe es sóo el Mesías.
En la sociedad de Jesús, como en la nuestra, es fácil ver cómo las estructuras de poder que crean y predican as leyes, las hacen para que los pueblos las cumpan, pero no para aplicárselas a ellos mismos. Y eso es corrupción. En nuestros países abundan las leyes, ls reglas, los decretos y sus pregoneros, que son a a vez pregoneros de la corrupción y maestros en buscar beneficios con el fin de dominar al pueblo.
El evangelio de hoy nos está interpelando a vivir con honestidad con aquello que creemos y enseñamos. Como comunidad de fe nos sentimos obligados de decir menos y de hacer más, en condenar menos y apoyar más, en controlar menos y proponer más. Es la hora que nos asumamos los mandatos aún vigentes del Concilio Vaticano II y del magisterio de los pueblos latinoamericanos que se basa en una iglesia pueblo de Dios, sin jerarquías dominadoras y sin exclusiones.
Por eso la primera lectura del profeta Ezequiel presentas la historia de Israel como una historia de infidelidades pero con un final feliz. Los últimos capítulos del libro (40-48) están decididamente conectados hacia el futuro representado por la renovación del tempo y de Jerusalén, hasta alcanzar le punto cuminante expresado en la frase final que cierra todo el libro: “Y desde aquel día el nombre de la ciudad será: “el Señor, está aquí.” (48,35)
Ezequiel relata una visión y ve llegar la gloria de Dios, pero comienza el retronó de la gloria de Dios. Se había alejado De su santuario, saliendo hacia el este, y ahora vuelve del este, yendo hacia el interior, a través de la puerta que mira al este. El profeta la ve a orillas del Quebar, “1,1ss) y, más tarde en el momento de la destrucción de templo (10,1-22) Y luego ve una nube de luz que llena el templo, como sucedió en el Éxodo (Éxodo 40,32-36) y en el momento de la consagración del templo de Salomón (1 Reyes, 8-10. La voz de Dios define el significado de la visión: Dios ha vuelto a reinar en Israel, ha restaurado su trono en el templo, la restauración de Israel es definitiva, la presencia de Yavhé en medio de su pueblo, será “para siempre” (7).
¿Termina la historia de final feliz? No del todo. Nos queda todavía una alegre sorpresa que Ezequiel no conocía: la presencia del Señor tendrá su morada no en el templo, sino en la carne humana, en Jesucristo, el Emanuel “el Dios con nosotros”. El dirá al nuevo pueblo de Dios: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo.” (Mateo 28,20).
Cuando entramos en el evangelio en el capítulo 23 de Mateo nos encontramos con una serie de invectivas de Jesús contra los fariseos y maestros de la Ley en su actitud de fondo: se apoderan de la autoridad que comienza en el capítulo 21. Aquí se dirige no solamente contra los fariseos, sino contra la gente y los discípulos, poniéndoles en guardia contra un peligro que el Evangelio que puede correr en loa historia: la discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre la enseñanza y el testimonio. La intención de Jesús no es aplastar a personas determinadas o rebatir sus doctrinas, sino denunciar su hipocresía, es decir, la interpretación y la práctica aberrante de una enseñanza en sí justa, condenando su comportamiento orgulloso.
En los versículos 1-4, Jesús desenmascara a los fariseos y a los maestros de la Ley en su actitud de fondo: se apoderan de la autoridad de enseñar, legislan para los otros, per4o no hacen lo que dice. Los versículos 5-7 indican, sin embargo, el motivo de su obrar: “todo lo hacen para que los vea la gente,” cuidan más las apariencias que el ser, les gusta ser honrados y estimados.
En los versículos 8-12, Jesús pasa al “vosotros”, interpelando directamente a los discípulos, a los de entonces y a los de siempre. Al contrario de la lógica de los fariseos y los maestros de la Ley, la verdadera grandeza en la comunidad cristiana consiste en ser pequeño, y la verdadera gloria, en servir con humildad. La comunidad está formada por hermanos, los títuos y los honores son relativos, porque “el Maestro” es sólo Jesús, y el “Padre” es un uno sólo, el de los cielos. Por eso termina diciendo: “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve."
ORACION
Nos gusta ser objetos de estima, de alabanza y de admiración, mientras que tú nos enseñas a servir con humildad. Nos gusta gozar de autoridad y prestigio, mientras que tú nos hablas de rebajarnos. Hacemos todavía en nuestras comunidades muchas distinciones entre sexos, colores, edades, nivel cultural, posición social, etc., siendo que tú nos quieres hermanos del mismo Padre, condiscípulos del mismo Maestro. Señor, perdónanos y convierte nuestro corazón y nuestras posiciones.

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