Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 21 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 21, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Ezequiel (43,1-7a):
En aquellos días, el ángel me condujo a la puerta oriental: vi la gloria del Dios de Israel que venia de oriente, con estruendo de aguas caudalosas: la tierra reflejó su gloria. La visión que tuve era como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad, como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar. Y caí rostro en tierra. La gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental. Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior. La gloria del Señor llenaba el templo.Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo –el hombre seguía a mi lado–, y me decía: «Hijo de Adán, éste es el sitio de mi trono, el sitio de las plantas de mis pies, donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel.»

Salmo 84,9ab.10.11-12.13-14
La gloria del Señor habitará en nuestra tierraVoy a escuchar lo que dice el Señor: «Díos anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. » La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él,la salvación seguirá sus pasos.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
HOMILIA

Ezequiel 43, 1-7a: La gloria del Señor entró en el templo Salmo 84: La gloria del Señor habitará en nuestra tierra. Mateo 23, 1-12: Hagan lo que ellos digan, pero no los imiten

Jesús continúa su lucha contra los fariseos, los que dicen y no hacen, y ahora la crítica es frontal contra el modo de ser de los letrados y los fariseos. Ellos, conocedo-res de la Ley, la predican pero no la cumplen: sin embargo les gusta que los llamen maestros y jefes. Ante esta experiencia del pueblo, Jesús hace un llamado profundo a cumplir lo que los fariseos predican, y no sufran en su gran contradicción. Luego recuerda un hecho básico, les recuerda que el Maestro es sólo Dios, Jefe es sóo el Mesías.

En la sociedad de Jesús, como en la nuestra, es fácil ver cómo las estructuras de poder que crean y predican as leyes, las hacen para que los pueblos las cumpan, pero no para aplicárselas a ellos mismos. Y eso es corrupción. En nuestros países abundan las leyes, ls reglas, los decretos y sus pregoneros, que son a a vez pregoneros de la corrupción y maestros en buscar beneficios con el fin de dominar al pueblo.

El evangelio de hoy nos está interpelando a vivir con honestidad con aquello que creemos y enseñamos. Como comunidad de fe nos sentimos obligados de decir menos y de hacer más, en condenar menos y apoyar más, en controlar menos y proponer más. Es la hora que nos asumamos los mandatos aún vigentes del Concilio Vaticano II y del magisterio de los pueblos latinoamericanos que se basa en una iglesia pueblo de Dios, sin jerarquías dominadoras y sin exclusiones.

Por eso la primera lectura del profeta Ezequiel presentas la historia de Israel como una historia de infidelidades pero con un final feliz. Los últimos capítulos del libro (40-48) están decididamente conectados hacia el futuro representado por la renovación del tempo y de Jerusalén, hasta alcanzar le punto cuminante expresado en la frase final que cierra todo el libro: “Y desde aquel día el nombre de la ciudad será: “el Señor, está aquí.” (48,35)

Ezequiel relata una visión y ve llegar la gloria de Dios, pero comienza el retronó de la gloria de Dios. Se había alejado De su santuario, saliendo hacia el este, y ahora vuelve del este, yendo hacia el interior, a través de la puerta que mira al este. El profeta la ve a orillas del Quebar, “1,1ss) y, más tarde en el momento de la destrucción de templo (10,1-22) Y luego ve una nube de luz que llena el templo, como sucedió en el Éxodo (Éxodo 40,32-36) y en el momento de la consagración del templo de Salomón (1 Reyes, 8-10. La voz de Dios define el significado de la visión: Dios ha vuelto a reinar en Israel, ha restaurado su trono en el templo, la restauración de Israel es definitiva, la presencia de Yavhé en medio de su pueblo, será “para siempre” (7).

¿Termina la historia de final feliz? No del todo. Nos queda todavía una alegre sorpresa que Ezequiel no conocía: la presencia del Señor tendrá su morada no en el templo, sino en la carne humana, en Jesucristo, el Emanuel “el Dios con nosotros”. El dirá al nuevo pueblo de Dios: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo.” (Mateo 28,20).

Cuando entramos en el evangelio en el capítulo 23 de Mateo nos encontramos con una serie de invectivas de Jesús contra los fariseos y maestros de la Ley en su actitud de fondo: se apoderan de la autoridad que comienza en el capítulo 21. Aquí se dirige no solamente contra los fariseos, sino contra la gente y los discípulos, poniéndoles en guardia contra un peligro que el Evangelio que puede correr en loa historia: la discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre la enseñanza y el testimonio. La intención de Jesús no es aplastar a personas determinadas o rebatir sus doctrinas, sino denunciar su hipocresía, es decir, la interpretación y la práctica aberrante de una enseñanza en sí justa, condenando su comportamiento orgulloso.

En los versículos 1-4, Jesús desenmascara a los fariseos y a los maestros de la Ley en su actitud de fondo: se apoderan de la autoridad de enseñar, legislan para los otros, per4o no hacen lo que dice. Los versículos 5-7 indican, sin embargo, el motivo de su obrar: “todo lo hacen para que los vea la gente,” cuidan más las apariencias que el ser, les gusta ser honrados y estimados.
En los versículos 8-12, Jesús pasa al “vosotros”, interpelando directamente a los discípulos, a los de entonces y a los de siempre. Al contrario de la lógica de los fariseos y los maestros de la Ley, la verdadera grandeza en la comunidad cristiana consiste en ser pequeño, y la verdadera gloria, en servir con humildad. La comunidad está formada por hermanos, los títuos y los honores son relativos, porque “el Maestro” es sólo Jesús, y el “Padre” es un uno sólo, el de los cielos. Por eso termina diciendo: “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve."

ORACION

Nos gusta ser objetos de estima, de alabanza y de admiración, mientras que tú nos enseñas a servir con humildad. Nos gusta gozar de autoridad y prestigio, mientras que tú nos hablas de rebajarnos. Hacemos todavía en nuestras comunidades muchas distinciones entre sexos, colores, edades, nivel cultural, posición social, etc., siendo que tú nos quieres hermanos del mismo Padre, condiscípulos del mismo Maestro. Señor, perdónanos y convierte nuestro corazón y nuestras posiciones.

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