Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 30 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 30, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2,1-5)
Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Salmo 118,97.98.99.100.101.102
¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!¡Cuánto amo tu voluntad!:todo el día estoy meditando.
Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos,siempre me acompaña.
.Soy más docto que todos mis maestros, porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos, porque cumplo tus leyes. Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,16-30):
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.»Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?» Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.» Yañadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

1 Corintios 2, 1-5: Les anuncié el misterio de Cristo crucificado Salmo 118: ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor! Lucas 4, 16-30: Me ha enviado.

HOMILIA

Lo esperado, el Maestro vuelve a su pueblo y se encuentra con su pueblo reunido el sábado en la sinagoga

El evangelio de hoy nos presenta un relato programático en el ministerio de Jesús. Y alí comienza su mi misterio público y les ofrece la oportunidad de leerles la Escritura y se encuentra lo que serán sus testigos más atentos los pobres, los desterrados y ls viudas, los huérfanos y los enfermos. Una colonia de desdichados a quienes les anuncia un verdadero jubileo.

Su predicación está centrada en el profeta Isaías y termina con dos ejem-plos de las profecías de Eías y Eliseo, los primeros de la profecía entre los campesinos de Israel. Y así Jesús deja claro sus opciones, las cuaes no le agradan al pueblo, a sus paisanos, que no los comprenden al ser él uno de ellos mismos, ni a las autoridades locales que consideran atrevida su manera de interpretar la Escritura.

Nosotros mismos hoy tenemos que aceptar que Jesús deja claro la realidad social que vivimos donde debemos aceptar en lo que debe ubicarse la interpretación de la Palabra a las que se dirige la predicación, y segundo que la predicación de la Palabra tiene destinatarios específicos, los más pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos; tercero, superar el anuncio para hacer realidad el anuncio con la realidad con las acciones y cuarto, asumir con valentía las consecuencias de este programa profético, que llevará a Jesús y también a nosotros a un rechazo y el ser expulsados de la sinagoga.

Y hoy nos encontramos con la misma situación de Pablo, frente a una comunidad que amenaza con profanar la pureza de la fe cristiana con algunos principios de la mentalidad grecopagana. Pablo siente la necesidad de tener que llamar la atención de todos sobre el acontecimiento central del cristianismo: el misterio pascual de Cristo, el Señor.

Afirma Pablo tres pensamientos: “Sólo Jesucristo, y éste crucificado”. (2) y esto anuncia el acontecimiento histórico en lo que debemos creer para llegar a la salvación. Y esto se basa en la “predicación” y ésta se caracteriza su “debilidad humana (“me presenté ante vosotros débil, asustado temblando de miedo” (3) y no por la prepotente doctrina de ciertos p´redicadores de otros caminos de salvación. Por último, en la “fe”, como acogida de la Palabra de la cruz, la que revela el poder de Dios que salva. La v ida cristiana no conoce otras características, y el apóstol interviene con todo el peso de su autoridad para reconducir a los cristianos de Corinto al camino recto, Aunque esto entrañe fatiga a causa del deber de abandonar determinadas prácticas, que son contrarias al carácter específico de la fe en Cristo.

Estos tres acontecimientos –Cristo crucificado, la predicación apostólica y la fe- mantienen entre sí un orden jerárquico: Pablo es muy consciente de ella, y lo experimentó personalmente en el camino de Damasco el día de su conversión. Sin embargo, desde el punto de vista histórico, el mensaje de Cristo crucificado llega a los potenciales creyentes por medio de la predicación apostólica, que se concentra y agota en la predicación del mensaje pascual de Cristo muerto y resucitado. Es precisamente en este momento providencial cuando, según Pablo, se manifiesta y se vuelve eficaz la “demostración del poder del Espíritu Santo” (4) que invade tanto al que evangeliza co9mo a los que son evangelizados.

En el evangelio la acción de Jesús comienza con un rito entra en la sinagoga, se levanta a leer, le entregan el libro y al abrirlo encuentra el pasaje (16ss). El momento es solemne y Lucs o subraya con vigor: y lo vemos en el mismo texto. La página profética es proclamada por Jesús, que no tarda en dar la interpretación de la misma: “Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar" (11). Jesús es verdadero profeta que proclama y cumple su predicación, incluso el profeta escatológico (ver Lucas 16,16), porque la pr4ofecía que proclama se cumple en su predicación, en sus gestos, en su persona. Por eso su tiempo es “el kairós” (el tiempo anunciado y esperado que Jesús cumple) al que cualquiera se abra mediante la escucha a la acogida del misterio que salva. Y es la presencia de Jesús en persona la que justifica el vaor de este “hoy” (21). Lucas registra también la reacción de los presentes: en parte positivamente estupefactos por las cosas que decía, y el modo cómo las decía (“palabras de gracia”) (22); en parte, negativamente impresionados y, por eso, críticos respecto al mismo Jesús (28ss). Como siempre, la reacción a la propuesta de salvación es de signo doble y contrario.

Encontramos, a continuación, una larga sección polémica: Jesús intuye que el ánimo de los presentes está, por lo general, indispuestos respecto a su predicación y presenta dos proverbios, el del médico y el profeta (23’24), que dejna entender con claridad lo que Jesús quiere decir. Las dos referencias bíblicas a las viudas del tiempo de Elías y a los leprosos del tiempo de Eliseo (25-27) tienen también el objetivo polémico de desmantelar las disposiciones interiores de los presentes. Nada tiene de extraño, por consiguiente, que, al final, Jesús sea objeto de una reticencia común y del rechazo más ciego.

Por eso tenemos que repetir con frecuencia las palabras de Lucas: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros”. (Lucas 7,16)

ORACION
Señor Jesús, hablaste ayer, pero, sordos a tu mensaje de salvación, “todos los que estaban en a sinagoga se llenaron de indignación”. Sigues hablando hoy para proclamar de nuevo el amor del Padre que nos libera de toda opresión, pero pocos te escuchan y te aceptan. Hablarás mañana y tu anuncio seguirá siendo de nuevo incómodo y muchos intentarán alejarte. ¿Por qué?

Tu Palabra, Señor sólo encuentra morada en un corazón abierto al Espíritu y a la sorprendente novedad del Evangelio: “al que anuncia” le es imprescindible hacerse un corazón impregnado de verdad, libre de miedos, de objetivos personales, de presiones inútiles; estar preocupados únicamente de hacer conocer al Padre y su amor ilimitado por la humanidad; “al que escucha” le es indispensable tener un corazón deseoso de conocer al Señor que pasa y le invita. Tu Palabra, Señor, tiene siempre en sí misma el poder de sanar y de curar: con tal que sea acogida libremente, nos transforma por dentro y obra maravillas.

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