Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 26 de agosto de 2010

TIEMPO ORDNARIO AGOSTO 26, 2010

PALABRAS DE VIDA
Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,1-9):
Yo Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Salmo 144,2-3.4-5.6-7
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi reyDía tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad,y yo repito tus maravillas. Encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tus victorias.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

HOMILIA

1 Corintios 1, 1-9: Por él han sido enriquecidos en todo. Salmo 144: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Mateo 24, 42-51: Estén preparados.

El gran tema de la primera comunidad era estar preparados para la inminente venida o llegada del Reino. Pero esa llamada con e pasar del tiempo, como pasó con la comunidad judía, se fue desgastando, parte por las persecuciones o por las continuas crisis en que se enfrentaron. Por eso, el texto tiene importancia en cuanto apunta a una necesidad de espera y que es lo que distingue nuestra vida de cada día.

Porque se empleados fieles consiste en no abandonar la tarea emprendida de anunciar y construir e reino. Esta tarea supera las euforias y las crisis, normales y el estar permanente preocupados por el compromiso de ver y entender el reino y la espera de su venida. Jesús puso su reino en las inquietudes que nos mezclan en las preocupaciones de sumirnos en la realidad de todos los días
El compromiso que tenemos los cristianos no se puede dejar enfriar, es necesario de realimentarlo y actualizarlo y así estaremos siempre motivados para seguir construyendo para enfrentar los desafíos de los tiempos nuevos.

A primera lectura de hoy nos recuerda que Pablo ha estado año y medio en Corinto, donde ha vivido un tiempo de actividad intensa en su actividad evangelizadora, conoce bien las luces y las sombras, los recursos y los problemas de esta comunidad, a la que está unido por una afecto profundo. Esto no quiere decir que no se dé cuenta por ciertas noticias preocupantes que ha recibido. Y siguiendo el estilo de sus cartas se ven las relaciones que existe entre él y los destinatarios de la carta. Se presenta a sí mismo como “apóstol”, es decir “enviado” (1) y esto e ha llegado de Dios a través de una llamada expresa. Esta autoconciencia de Pablo es segura y firme, cosa que manifiesta en todas sus cartas. Lleno de sentido teológico son asimismo los títulos de la comunidad “la Iglesia de Dios que está en Corinto” (2), indica que toda la comunidad local aunque tenga unos fundadores humanos, es obra divina. Los miembros de las comunidades locales, en comunión con la Iglesia universal, presente en todo el mundo, han sido santificados por Cristo y están en continua tensión hacia la santidad plena, que se puede llevar a cabo a través de diferentes formas de vida.

En a acción de gracias, común en sus cartas, Pablo deja aparecer un claro entusiasmo por la riqueza de os dones otorgados a los corintios (4ss). De estos dones hablará después, de una manera explícita en los capítulos 12-14. Menciona en particular los dones de la “Palabra” y del “con9cimiento”, que eran os más estimados y buscados por los corintios. Sin embargo, a pesar de ser bendecidos con toda gracia divina, los corintios no deben considerar que ya han llegado a la meta y son perfectos, sino que se deben considerar como gente en el camino a la manifestación pena de la gloria de Dios: de ahí la recomendación a permanecer firmes en la fe, fiándose de la fidelidad de Dios.

Y en e evangelio de hoy nos encontramos en el gran discurso escatológico (capítulos 24 y 25) de Jesús, dominado por las tribulaciones de Jerusalén y de las tribulaciones que pasará la Iglesia. El objetivo de discurso no es meter miedo; al contrario pretende animar. La historia no tiene sólo un final, sino una consumación: el mundo no camino hacia las catástrofes, aunque las habrá, sino que se abre hacia una nueva belleza, Pablo dirá que la vida humana es toda ella un trabajo de parto para alumbrar la nueva creación (Romanos 8,19ss).

Desde esa perspectiva Jesús exhorta a la vigilancia en la espera e ilustra este tema con cuatro parábolas, la primera de las cuales es la que hemos leído. “Velad, esta preparados”: éstas son las palabras claves. En efecto, si bien es cierta la venida del Señor, el momento no lo es. La imagen del “ladrón” (43) da viveza al sentido de improviso: era una imagen muy conocida en la Iglesia primitiva y aparece también en el pensamiento de Pablo (1 Tesalonicenses 5,24). No es solamente el amo quien debe velar también han de hacerlo los criados que aman al amo y a la casa. El siervo “fiel y sensato” (45) hace las veces de amo, se muestra amoroso con os compañeros y responsable en las tareas que le han sido confiada. Hace lo contrario que el criado malo, que, al ver que no llega el amo, se aprovecha para dar rienda sueltas a sus placeres desenfrenados, se pone a hacer de amo derrochando los bienes y maltratando a sus compañeros. Es de esperar que el final de estos dos criados sea muy diferente.

Pablo tranquiliza a los cristianos de Corinto: Dios es fiel, él “os mantendrá firmes hasta el fin, para que nadie tenga de qué acusaros en el día de nuestro Señor Jesucristo”. Jesús nos explica en el evangelio con esta parábola lo que significa que nadie tenga que acusarlos al final.

Somos “seres temporales”. La Biblia para hablar de esto, no emplea ni conceptos racionales, ni argumentaciones sistemáticas, sino que asume un lenguaje poético y evocador; introduce símbolos concretos, tomados de la vida diaria: hierba,flores, sombra, soplo, polvo, el tejido cortado por la urdimbre, la lanzadora que corre veloz, las hojas del árbol que caen dejando sitio a otras nuevas, etc. Todos estos símbolos hablan de de fragilidad y de caducidad. A muerte es la realidad más cierta de la vida, y en estos tontos no tenerla presente. El sabio Ben Sirá enseña: “Como hojas verdes en árbol frondoso, que una cvaen y otras brotan, así las generación es de carne y sangre unas mueren y otras nacen. Todo obra corruptible perece y su autor se va tras ella” (Eclesiástico 14,18-19) “En todo lo que hagas ten presente tu final”. (Eclesiástico 7,36)

La rendición de cuentas final es necesaria, y no es posible huir ni jugar con justicia. La responsabilidad del ciervo de la parábola es múltiple: el amo le ha confiado a sus criados y le ha confiado el cuidado de sus propios bienes. Esa responsabilidad es también la nuestra. Deberemos presentarnos irreprensible ante el Señor; amo de nuestra vida, ante los otros siervos compañeros de camino, ante la casa que es nuestro mundo y nuestra historia. Por eso el salmo nos recuerda: “Nuestros ojos pendientes del Señor, nuestro Dios, esperando que se apiade de nosotros”. (Salmo 122,2)

ORACION

Oremos con las palabras inspiradas por el Salterio: “Señor, dame a conocer mi fin, cuántos van a ser mis días; que me dé cuenta de lo frágil que soy. Me diste sólo un puñado de días, mi vida no es nada ante ti; el hombre es como una soplo fugaz, como una sombra que pasa; se afana por cosas fugaces, atesora sin saber oara quién será. (Salmo 39,5-7)

“Tú haces que el hombre vuelva al polvo, diciendo: Retornad hijos de Adán. Porque mil años son para ti como un día, un ayer que ya pasó, una vigilia de la noche… Enséñanos a calcular nuestros días, para que adquiramos un corazón sabio”. (Salmo 90, 3.4,12)

“Mis días son como sombra que pasa, y yo me voy secando como el heno. Perto tú, Señor, reinas para siempre, tu fama dura por todas las edades.” (Salmo 102,12ss).

“El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga de acuerdo a nuestras culpas. El sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos polvo. Los días de hombre son como la hierba: florecen como la flor del campo, pero cuando lo roza el viento deja de existir, nadie le vuelve a ver en su sitio. Pero el amor del Señor a sus fieles dura eternamente, y su salvación alcanza a hijos y nietos.” (Salmo 103,8,10,14-17)

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