Salmo 144,2-3.4-5.6-7
Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51):
HOMILIA
1 Corintios 1, 1-9: Por él han sido enriquecidos en todo. Salmo 144: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Mateo 24, 42-51: Estén preparados.
El gran tema de la primera comunidad era estar preparados para la inminente venida o llegada del Reino. Pero esa llamada con e pasar del tiempo, como pasó con la comunidad judía, se fue desgastando, parte por las persecuciones o por las continuas crisis en que se enfrentaron. Por eso, el texto tiene importancia en cuanto apunta a una necesidad de espera y que es lo que distingue nuestra vida de cada día.
Porque se empleados fieles consiste en no abandonar la tarea emprendida de anunciar y construir e reino. Esta tarea supera las euforias y las crisis, normales y el estar permanente preocupados por el compromiso de ver y entender el reino y la espera de su venida. Jesús puso su reino en las inquietudes que nos mezclan en las preocupaciones de sumirnos en la realidad de todos los días
El compromiso que tenemos los cristianos no se puede dejar enfriar, es necesario de realimentarlo y actualizarlo y así estaremos siempre motivados para seguir construyendo para enfrentar los desafíos de los tiempos nuevos.
A primera lectura de hoy nos recuerda que Pablo ha estado año y medio en Corinto, donde ha vivido un tiempo de actividad intensa en su actividad evangelizadora, conoce bien las luces y las sombras, los recursos y los problemas de esta comunidad, a la que está unido por una afecto profundo. Esto no quiere decir que no se dé cuenta por ciertas noticias preocupantes que ha recibido. Y siguiendo el estilo de sus cartas se ven las relaciones que existe entre él y los destinatarios de la carta. Se presenta a sí mismo como “apóstol”, es decir “enviado” (1) y esto e ha llegado de Dios a través de una llamada expresa. Esta autoconciencia de Pablo es segura y firme, cosa que manifiesta en todas sus cartas. Lleno de sentido teológico son asimismo los títulos de la comunidad “la Iglesia de Dios que está en Corinto” (2), indica que toda la comunidad local aunque tenga unos fundadores humanos, es obra divina. Los miembros de las comunidades locales, en comunión con la Iglesia universal, presente en todo el mundo, han sido santificados por Cristo y están en continua tensión hacia la santidad plena, que se puede llevar a cabo a través de diferentes formas de vida.
En a acción de gracias, común en sus cartas, Pablo deja aparecer un claro entusiasmo por la riqueza de os dones otorgados a los corintios (4ss). De estos dones hablará después, de una manera explícita en los capítulos 12-14. Menciona en particular los dones de la “Palabra” y del “con9cimiento”, que eran os más estimados y buscados por los corintios. Sin embargo, a pesar de ser bendecidos con toda gracia divina, los corintios no deben considerar que ya han llegado a la meta y son perfectos, sino que se deben considerar como gente en el camino a la manifestación pena de la gloria de Dios: de ahí la recomendación a permanecer firmes en la fe, fiándose de la fidelidad de Dios.
Y en e evangelio de hoy nos encontramos en el gran discurso escatológico (capítulos 24 y 25) de Jesús, dominado por las tribulaciones de Jerusalén y de las tribulaciones que pasará la Iglesia. El objetivo de discurso no es meter miedo; al contrario pretende animar. La historia no tiene sólo un final, sino una consumación: el mundo no camino hacia las catástrofes, aunque las habrá, sino que se abre hacia una nueva belleza, Pablo dirá que la vida humana es toda ella un trabajo de parto para alumbrar la nueva creación (Romanos 8,19ss).
Desde esa perspectiva Jesús exhorta a la vigilancia en la espera e ilustra este tema con cuatro parábolas, la primera de las cuales es la que hemos leído. “Velad, esta preparados”: éstas son las palabras claves. En efecto, si bien es cierta la venida del Señor, el momento no lo es. La imagen del “ladrón” (43) da viveza al sentido de improviso: era una imagen muy conocida en la Iglesia primitiva y aparece también en el pensamiento de Pablo (1 Tesalonicenses 5,24). No es solamente el amo quien debe velar también han de hacerlo los criados que aman al amo y a la casa. El siervo “fiel y sensato” (45) hace las veces de amo, se muestra amoroso con os compañeros y responsable en las tareas que le han sido confiada. Hace lo contrario que el criado malo, que, al ver que no llega el amo, se aprovecha para dar rienda sueltas a sus placeres desenfrenados, se pone a hacer de amo derrochando los bienes y maltratando a sus compañeros. Es de esperar que el final de estos dos criados sea muy diferente.
Pablo tranquiliza a los cristianos de Corinto: Dios es fiel, él “os mantendrá firmes hasta el fin, para que nadie tenga de qué acusaros en el día de nuestro Señor Jesucristo”. Jesús nos explica en el evangelio con esta parábola lo que significa que nadie tenga que acusarlos al final.
Somos “seres temporales”. La Biblia para hablar de esto, no emplea ni conceptos racionales, ni argumentaciones sistemáticas, sino que asume un lenguaje poético y evocador; introduce símbolos concretos, tomados de la vida diaria: hierba,flores, sombra, soplo, polvo, el tejido cortado por la urdimbre, la lanzadora que corre veloz, las hojas del árbol que caen dejando sitio a otras nuevas, etc. Todos estos símbolos hablan de de fragilidad y de caducidad. A muerte es la realidad más cierta de la vida, y en estos tontos no tenerla presente. El sabio Ben Sirá enseña: “Como hojas verdes en árbol frondoso, que una cvaen y otras brotan, así las generación es de carne y sangre unas mueren y otras nacen. Todo obra corruptible perece y su autor se va tras ella” (Eclesiástico 14,18-19) “En todo lo que hagas ten presente tu final”. (Eclesiástico 7,36)
La rendición de cuentas final es necesaria, y no es posible huir ni jugar con justicia. La responsabilidad del ciervo de la parábola es múltiple: el amo le ha confiado a sus criados y le ha confiado el cuidado de sus propios bienes. Esa responsabilidad es también la nuestra. Deberemos presentarnos irreprensible ante el Señor; amo de nuestra vida, ante los otros siervos compañeros de camino, ante la casa que es nuestro mundo y nuestra historia. Por eso el salmo nos recuerda: “Nuestros ojos pendientes del Señor, nuestro Dios, esperando que se apiade de nosotros”. (Salmo 122,2)
ORACION
Oremos con las palabras inspiradas por el Salterio: “Señor, dame a conocer mi fin, cuántos van a ser mis días; que me dé cuenta de lo frágil que soy. Me diste sólo un puñado de días, mi vida no es nada ante ti; el hombre es como una soplo fugaz, como una sombra que pasa; se afana por cosas fugaces, atesora sin saber oara quién será. (Salmo 39,5-7)
“Tú haces que el hombre vuelva al polvo, diciendo: Retornad hijos de Adán. Porque mil años son para ti como un día, un ayer que ya pasó, una vigilia de la noche… Enséñanos a calcular nuestros días, para que adquiramos un corazón sabio”. (Salmo 90, 3.4,12)
“Mis días son como sombra que pasa, y yo me voy secando como el heno. Perto tú, Señor, reinas para siempre, tu fama dura por todas las edades.” (Salmo 102,12ss).
“El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga de acuerdo a nuestras culpas. El sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos polvo. Los días de hombre son como la hierba: florecen como la flor del campo, pero cuando lo roza el viento deja de existir, nadie le vuelve a ver en su sitio. Pero el amor del Señor a sus fieles dura eternamente, y su salvación alcanza a hijos y nietos.” (Salmo 103,8,10,14-17)

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