Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 18 de agosto de 2010

TIEMPOR ORDINARIO AGOSTO 18, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Ezequiel (34,1-11):
Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza, diciéndoles: "¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana; matáis las más gordas, y las ovejas no las apacentáis. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis a las descarriadas, ni buscáis las perdidas, y maltratáis brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo. Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase, siguiendo su rastro. Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: '¡Lo juro por mi vida! –oráculo del Señor–. Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras del campo, por falta de pastor; pues los pastores no las cuidaban, los pastores se apacentaban a sí mismos; por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor. Así dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas, para que dejen de apacentarse a si mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar. Así dice el Señor Dios: "Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro."»

Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6
El Señor es mi pastor, nada me faltaEl Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (20,1-16):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»
HOMILIA
Ezequiel 34, 1-11: Libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta. Mateo 20, 1-16: ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso?

La lectura de la Palabra nos presenta hoy una manera no esperada en la manera de entender la salvación. En la parábola de los trabajadores nos presenta una gran diferencia en la manera nueva de considerar un gran interrogante entre lo justo a los ojos de la sociedad y lo necesario según el pensamiento de Dios. La sociedad capitalista ha equiparado obra y trabajo como sueldo; ésa es la natural ley de la retribución vista desde la esfera delo económico. Y eso que aparentemente es justo tiene un verdadero problema a los ojos de Dios: ganar más si se trabaja más, no va muy bien con la lógica de Dios.

Por eso a parábola nos da la oportunidad de interpretar la historia de la humanidad. A lo largo de la historia Dios ha convocado a obreros, en diferentes lugares y tiempos, para anunciar, profetizar, derribar y construir, y su pago está en la participación definitiva del ser humano en la vida plena, en el experimentar la obra de Dios en la historia, hasta en e gozo de dar a vida a favor de una causa noble, y de esas retribuciones ninguna lleva más amor que otras; todas están llenas de Dios, llenas de gracia.

Muchas veces los seres humanos gastamos energías peleando con Dios, presentando as acciones de nuestros actos, olvidamos que dios ve en o escondido, pues ya lo sabe todo, y sencillamente concederá más bendición según su sabiduría.

La Palabra de Dios nos prepara por medio de Ezequiel hoy anunciando el juicio de dios inminente ante la caída de Jerusalén. Cuando, a continuación, ya ha tenido lugar este juicio, el profeta toma la acción de volver a encender a esperanza en el puebo, exhortándolo a la confianza y a una fideidad plena a Dios.

Esta es la nueva perspectiva que asume el profeta y su oráculo lo encontramos en la última frase: “Yo mismo buscaré a mis ovejas y las apacentaré”. (11) Este es el mensaje de esperanza que anuncia Ezequiel. El rebaño estuvo sometido a los reyes y a los pastores malos en e pasado. Los últimos gobernantes de Israel, reyes, sacerdotes, ancianos etc. No fueron fieles a la tarea que les fue encomendada. Su culpa fundamental es el egoísmo, el abuso del poder, la explotación del pueblo y la búsqueda del propia interés.

Dice e profeta, “se han apacentado a sí mismos” cuando debían entregarse al servicio del rebaño, guiándolas a buenos pastos, ir en busca de las perdidas y preocuparse de las débiles (3ss). Y ahora, el Señor les pedirá cuentas de los daños causados.

La buena noticia para Israel no es tanto la eliminación de los gobernantes irresponsables sino la promesa de que el Señor mismo se encargará de su pueblo, la promesa de una nueva era. La imagen de Yavhé pastor era muy famiiar en la tradición de Israel. El autor del salmo 23 describe estos rasgos con gran belleza. La imagen del pastor es posteriormente enriquecida en el Nuevo Testamento al aplicársela a Jesús a sí mismo, “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas”. (Juan 10,11).

En el evangelio hay muchas líneas que conectan el pasaje de hoy con los de los días precedentes. A parábola de los trabajadores de la viña, que concluye con la afirmación: “Así los últimos serán los primeros y los primeros, últimos” (16ª) recuerda la frase final del evangelio de ayer: “Hay muchos primeros que serán los últimos y muchos últimos que serán primeros” (19,30) Jesús le había señalado al joven rico que “un sólo es bueno”; ahora en 20,15, la frase final del dueño ante un obrero de la primera hora suena de este modo “?O es que teines envidia porque soy bueno.”
No son el pueblo de Israel, llamados en primer lugar, los únicos porque los últimos, el pueblo pagano, los publicanos o pecadores y esto nos ayuda a liberarnos de la mezquindad de la mente y del corazón, porque Dios hace entrar en su reino al pobre y no al rico. Por eso podemos recordar al profeta Isaías “mis planes no son como vuestros planes, ni vuestros caminos como los míos, oráculo del Señor. Cuanto dista el cielo de la tierra, así mis caminos de los vuestros, mis planes de vuestros planes.” (Isaías 55,8-9)

Si en joven rico se ha observado desde siempre la Ley, se le pide que dé un salto cualitativo, así nosotros tenemos que desembaracemos de nuestras injusticias para gozar de la inmensa bondad de Dios y de su gracia sobreabundante.

El amor no contradice la justicia, sino que extiende sus límites: “Dios, que tiene poder sobre todas las cosas y que, en virtud de la fuerza con que actúa en nosotr4os, es capaz de hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o pensamos.” (Efesios 3,20). Nuestro Dios es un Dios de corazón grande y debe ser acogido con una corazón grande.. De ahí que Pablo nos recuerde: “Que el Padre nos conceda poder conocer la esperanza a la que hemos sido llamados”. (Efesios 1,17).

ORACION
Señor, danos un corazón grande, abierto al infinito, dispuesto a ser invadido por tu amor, cuya anchura, longitud, altura y profundidad no consigamos ni siquiera imaginar (Efesios 3,18).
Danos un corazón grande, capaz de descubrir tu grandeza en todo lo que has creado, capaz de encontrar belleza y sabor en todo, capaz de sentir estupor, de alabanza y agradecimiento. Danos un corazón grande donde encuentren sitio las alegrías y los dolores de todos nuestros hermanos, próximos y lejanos, y que sepa guardar los acontecimiento en la meditación como la de María (Lucas 2,19). Danos un corazón grande en e que puedas encontrar cómodamente morada tú que eres un Dios grande y generoso.

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