Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 30 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 30, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Job (19,21-27):
Job dijo: «¡Piedad, piedad de mí, amigos míos, que me ha herido la mano de Dios! Por qué me perseguís como Dios y nos hartáis de escarnecerme? ¡Ojalá se escribieran mis palabras , ojalá se grabaran en cobre; con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca! Yo sé que está vivo mi Vengador y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo verán. ¡Desfallezco de ansias en mi pecho!»

Salmo 27,7-9,13-14
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vidaEscúchame, Señor, que te llamo, ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo,que tú eres mi auxilio; no me deseches.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 1-12):
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

HOMILIA
Job 19, 21-27: Yo sé que está vivo mi Redentor Salmo 26: Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Lucas 10, 1-12: Descansará sobre ellos la paz.

Jesús ha elegido a sus discípulos y comienza el tiempo de enviarlos como él fue enviado por el padre para anunciar el proyecto del Padre. Un hecho importante, es que los constructores del Reino no son individuos separados, por eso envía 70 discípulos y los manda de dos en dos. Son pocos los que se arriesgan por seguir a Jesús por sus planes son muy serios. Por eso la oración de Jesús es “que envíes trabajadores a su viña” y ésta es una realidad que debemos tener presente. El seguimiento de Jesús no es tarea fácil. Les da simple indicaciones para la misión, no bolsas, no alforjas, no sandalias, es decir, nada material es necesario. Coman lo que les sirvan. Serán muchas las dificultades “os envío como corderos en medio de lobos” (3), nos enfrentaremos con personas que no estarán a favor nuestro ni de Dios y las consecuencias pueden ser muy duras. El mensaje que debemos llevar no es de buen gusto para todas las personas y de seguro va a incomodar a muchos, porque sacuden estructuras injustas que oprimen a los seres humanos. Pero tenemos que ponernos en marcha. El mundo necesita hombres y mujeres de paz y bien, que trasmitan esa paz y esa bondad que tanto anhelamos.
Muchas veces tendremos que usas las palabras que usa hoy Job, “?Hasta cuando me afligiréis y mi acribillaréis con vuestras palabras?” Llegamos así al capítulo 19, en que nos encontramos con el diálogo entre Job y sus amigos. Estos no hacen más que repetir la tesis de que las pruebas son el testigo de que Job es culpable ante Dios. Pero Job sigue confesando su inocencia. Para Job no hay mayor tormento que tener que tener que resistir a las excesivas palabras de sus amigos. El diálogo prolongado por diversos días, ha extenuado a Job. El sufrimiento más fuerte con el que enfrenta ahora es no conseguir proclamar su inocencia. Su prueba consiste en considerarse inocente, pero no poder probarlo ni ante Dios n antes sus amigos. “Grito: ¡Violencia! Y nadie me responde. Pido auxilio y nadie me defiende. Dios me ha cerrado el camino para que no pase, ha envuelto en tinieblas mis senderos” (19,7ss).
Entonces es cuando piensa Job dejar por escrito su defensa, para que, un día, tal vez nosotros mismos que leemos hoy sus palabras, le hagamos justicia: “!Ojajá se escribieran mis palabras! ¡!Ojalá se grabaran en el bronce! ¡Ojalá con punzón de hierro y plomo se esculpieran para siempre en la roca! (23ss). Pero esta solución no le convence. Piensa también en apelar al supremo “defensor” para que le haga justicia: ¡Pues yo sé que mi defensor está vivo! (25) Este defensor (Go´el) según la ley judía, es el único testigo que puede ser oído como defensa. Después de haber insultado a Dios, le llama ahora “defensor, redentor”. Nosotros, que conocemos el evangelio, apelamos, en cambio, al amor, a la caridad, al Dios omnipotente y misericordioso salvador.

En el evangelio en los versículos 1-6 del capítulo 9 de Lucas veíamos que Jesús encargaba a sus discípulos hacer lo mismo que él había hecho: expulsar a los demonios y curar a los enfermos (Lucas 8, 25-56). La iglesia no tiene otra misión que continuar la misión de aquel que la envió. Los doce apóstoles son el fundamento de la misión de la Iglesia. Ahora bien, junto con ellos, Jesús eligió a otros muchos. La mies es abundante, pero los obreros son siempre pocos. El trozo del Evangelio se hoy se refiere a los setenta y dos discípulos que anuncian el mensaje del Reino (10,1-12). El número “doce” recuerda a las doce tribus de Israel. Y el “setenta y dos” remite, en cambio, a los setenta y dos pueblos de la tierra enumerados en Génesis 10. La misión de los discípulos tiene por ello un aspecto universal, se extiende a toda la tierra. Estos setenta y dos discípulos constituyen el signo de todos aquellos que el dueño de la mies llama para llevar el Evangelio. No se trata, en realidad, de una empresa humana, de algo que dependa de nuestra capacidad; se trata del Reino de Dios.

Los obreros del Reino no son tanto aquellos que lo anuncian como Cristo mismo en persona. Se trata de dejar hacer a Jesús más que hacer nosotros mismos. Lo importante es ser como él, adoptar su estilo, con su acontecer y sus frutos, y gracia a ello con su alegría. “!En marcha! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos.”! (3) El Señor nos invita a no lamentarnos de los tiempos y de las dificultades de la misión. Más aún las dificultades constituyen precisamente el signo del Reino. El signo con el que viene el Reino. Son la obra del Espíritu Santo. Jesús pude a los discípulos que no se preocupen: “no es preocupéis del modo de defenderos, no de lo váis a decir; el Espíritu Santo os enseñará en ese mismo momento lo que debéis decir” (12,11-12) El Maestro no quiere que caigamos en la ansiedad. La misión es siempre un milagro del Señor. Por eso nos dice hoy: “Se ha acercado a nosotros, el Reino de Dios.” (Lucas 10,9)
ORACION.
“Pero no ruego solamente por ellos, sino por todos los que creerán en mí por medio de su palabra. Te pido que todos sean uno, Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado.” (Juan 17,20ss).Señor Jesús, te Damos gracias porque has rogado con nosotros, que, por la palabra de tus apóstoles, hemos creído en ti. Haz que permanezcamos unidos a ti, confiados en tu oración. Si ésta nos faltara, no estaríamos junto a ti; no podríamos darte gracias ni alabarte, ni darte a conocer a muchos de nuestros hermanos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEEPTIEMBRE 29, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Daniel (7,9-10.13-14):
Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8
Delante de los ángeles tañeré para ti, SeñorTe doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario.
Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,47-51):
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Daniel 7,9-10.13-14: Miles y miles le servían Salmo 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.Juan 1,47-51: Verán el cielo abierto

HOMILIA
Hoy celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. La palabra Arcángel proviene de dos partículas: “Arch”, que significa el principal, y “angelos” que significa mensajero, es decir, “el principal entre los mensajeros”. Miguel significa: “¿Quién como Dios?”. En la Biblia lo nombran varias veces (Daniel 10, 13; Apocalipsis 12, 7).

El 29 de septiembre se celebraba en Roma, en el siglo V, el aniversario de la Dedicación de una iglesia en honor del arcángel Miguel. La Iglesia estaba situada en la calle Salaria, A esa fecha se pensó añadir el recuerdo de los otros arcángeles y de todas “las potencias celestiales” recordadas en días diferentes.

Miguel, es el arcángel defensor contra Satanás y sus satélites (Apocalipsis 12,7) el protector de los amigos de Dios (Daniel 10,13.21), el que vigila sobre el pueblo (Daniel 12,1).

Gabriel significa: “Fortaleza de Dios”. Él fue el que le anunció al profeta Daniel el tiempo en el que iba a llegar el Redentor. Dice así el profeta: “Estaba yo rezando cuando se me apareció Gabriel, el personaje que había visto antes en la visión” (Daniel 9, 21). En el evangelio de Lucas es el ángel encargado de anunciar a la Virgen María el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios: “Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, a una virgen llamada María” (Lucas 1, 26).

Gabriel “fuerza de Dios”, que está en la presencia de Dios (Lucas 1,19). Es el ángel enviado a llevar anuncios alegres: el nacimiento del Bautista, (Lucas 1,11-20) y el de Jesús (Lucas 1,28-38); por otra parte es el ángel que en el Antiguo Testamento había revelado ya a Daniel los secretos del plan de dios respecto a la historia (Daniel 8,16; 9,21ss.)

San Rafael significa: “Medicina de Dios”. Fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle una santa esposa.

Rafael, “Dios ha curado” figura también entre los siete ángeles que están ante el trono de Dios (Tobías 12,15 y ver Apocalipsis 8,2). Tiene una función de asistencia, acompañó a Tobías en su viaje y curó a su padre de la ceguera.)

Pidamos a los Santos Arcángeles que intercedan ante Dios por toda la humanidad, que tanto necesita de su amor misericordioso.

La primera lectura de hoy está tomada del profeta Daniel, a quien se le concede la visión de los acontecimientos futuros (1-8) y de un modo más profundo se les hace partícipe del juicio de dios sobre ellos y sobre toda la historia (9ss). Más allá de las apariencias, los poderosos d este mundo no son nada; el Señor es el verdadero y único Señor es el verdadero y único Rey (9c) Una corte inmensa de ángeles le sirve y le asiste. La contemplación del profeta se vuelve después todavía más penetrante: se le concede vislumbrar cuál es ese designio. Ve, en efecto, aparecer un “hijo de hombre” de origen divino (viene, de hecho, sobre las nubes), a quien Dios confía la soberanía universal, un poder eterno y un mismo Reino, que las fuerzas del mal nunca podrán destruir (14) El “Hijo del hombre” es, por consiguiente, el centro y el fin del proyecto de Dios sobre la historia, pero su cumplimiento -anticipado ahora en la profecía- tendrá lugar en el tiempo establecido y los ángeles colaborarán en ello.

En el evqngelio de juan de trta de una visión de la realidad que va más allá de la percepción inmediata: se revela en la afirmación usada por Felipe a Natanael “vern y verás”. Y Jesús, al ver a Natanael que venía a su encuentro, exclama “Ve (así al pie de la letra) un israelita…” Su ver es un “conocer”, que llega al mismo tiempo al corazón y a los acontecimientos que vive el hombre (48) De Este sentirse vistos en todos los aspectos de la propia vida nace la apertura a la fe y a la disponibilidad al seguimiento (49) Entonces es cuando Jesús puede prometer al discipulado la entrada en la visión de la realidad semejante a la que tiene él mismo: “!Verás cosas muchas más grandes que ésa! … veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre” (ver 50ss), es decir, que el discípulo comprenderá la inmensa profundidad del misterio de Cristo, que abarca el universo y da sentido a la historia y en cuyo servicio cooperan miríadas de ángeles.

El mundo trascendente de Dios –el cielo- está ahora abierto: Jesús, el Hijo del hombre, Dios desciende entre los hombres, y los hombres pueden subir en él a Dios, y los ángeles son ministros de este maravilloso intercambio, de esta inesperada comunión. Por eso repetimos el nombre de Miguel: ¿“Quién como Dios?”
ORACION

Te damos gracias por el arcángel Miguel, que nos ayuda a combatir el buen combate de la de. Te damos gracias por el arcángel Gabriel, que viene a nosotros envuelto de misterio y deposita en nuestro corazón la Palabra, para que ésta se vuelva en nosotros, como en María, obediencia y vida. Te damos gracias por el arcángel Rafael, para que en la horaq de nuestros miedos y enfermedades, nos coja de la mano y nos conduce por el recto camino para que no nos desviemos del camino de la salvación.

Te damos gracias, oh Padre, que de mil modos te haces presente a nosotros, nos guardas como a la niña de tus ojos, nos proteges a la sombra de tus alas, nos haces gustar ya desde ahora la dulzura de la íntima comunión contigo.

martes, 28 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 28, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Job (3,1-3.11-17.20-23):
Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: «¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: "Se ha concebido un varón"! ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar? Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?»
Salmo 87
Llegue hasta ti mi súplica, SeñorSeñor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia; llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está al borde del abismo;ya me cuentan con los que bajan a la fosa, soy como un inválido
Tengo mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano
Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del fondo; tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,51-56):
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?» Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
HOMILIA
Job 3, 1-3. 11-17. 20-23: ¿Por qué dio luz a un desgraciado? Salmo 87: Llegue hasta ti mi súplica, Señor. Lucas 9, 51-56: Tomó la decisión de ir a Jerusalén
Que jes[us suba a Jerusalén es una actividad constante de Jesús en Lucas. Y hoy lo encontramos en una de sus idas a Jerusalén, porque allí llevará a cabo su misión, porque allí también murieron los grandes profetas. Jesús sigue su proyecto de obediencia al Padre, y allá marcha aunque sabe de las dificultades y oposiciones que allí. En su camino a Jerusalén envía a dos de sus discípulos a Samaria para encontrar alojamiento. Se encuentra en Galilea y debe cruzar por el lugar de los samaritanos para llegar a Judea donde estaba Jerusalén.

Los samaritanos no eran nada amigables con los judíos por razones históricas y, por eso, no quisieron recibir a Jesús y más cuando se enteraron de que se dirigía a Jerusalén. Santiago y Juan a quien Jesús llamaba “los hijos del trueno” (Marcos 3, 17) querían enviar fuego sobre la ciudad haciendo alusión al profeta Elías cuando pidió en dos ocasiones que bajara fuego del cielo para acabar con sus enemigos (2 Reyes 1, 10) Pero Jesús les reprende como signo de que no quiere la violencia para cumplir su misión. La invitación de Jesús que nos asumamos a nuestra misión y que nuestro testimonio de vida sea coherente con nuestra misión.

Al mismo tiempo continuamos en la con la historia de Job. Tras los siete días que los amigos de Job estuvieron junto a él, en silencio, éste “abrió la boca y maldijo el día de su nacimiento” (1) La lectura de hoy desarrolla este contenido “Maldito el día de su nacimiento” (1) Job maldice el día que nació y se pregunta por qué no murió ese mismo día y por qué no le fue arrebatado el día de su nacimiento. El continuo sufrimiento le lleva a la desesperación. No es de extrañar que intente expulsar lejos de sí la memoria de su nacimiento “que se apodere de él la oscuridad; que no se compute entre los días del año” (6) Job desea que el día permanezca siempre noche, porque cada alba trae consigo el pesa de nuevos sufrimientos. En el capítulo anterior no se ve a Job que maldiga a Dios o invoque la muerte. Veíamos más bien que Job resistía, dócilmente, a la violencia de la prueba. Estas actitudes las encontramos con frecuencia en la Biblia. Al contrario se alaba la vida y se habla con profusión del amor desinteresado. Sin embargo encontramos en Jeremías una página célebre que re cuerda nuestro texto: “!Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito.”! (Jeremía 20, 14).

Hay un cambio respecto a la meditación pre. Aparece un nuevo modo de afrontar el problema del sufrimiento. Este ya no es considerado simplemente como una prueba que evalúa la gratuidad de la fe, sino como una prueba que evalúa la gratuidad de la fe, sino como un abandono, la angustia y la noche del Hijo de Dios crucificado. El hecho de que estas expresiones las encontremos ahora en la Escritura, como Palabra revelada, resulta consolador. Significa que dios no rechaza a quien, en medio de la prueba y de la experiencia de la oscuridad y de la desolación, habla sin saber lo que dice. Significa, por tanto, que la lamentación no tiene un sentido, que no sea inútil. Efectivamente, la Escritura, acoge estas experiencias como oraciones. Las llama “oraciones de lamentación”. Job, en la plenitud de su lamentación, no se aleja de Dios. No se esconde de su rostro. No busca otro Dios que no le oprima n le aplaste. Al contrario, se confía profundamente al Dios que le ha decepcionado. Y siempre es así: la lamentación sacude el corazón y lo libera.

El comienzo del evangelio está dotado de una densidad dramática. Este texto constituye el centro de dos grandes temas de Lucas. Hasta aqu+i hemos visto el desarrollo de la misión de Jesús en Galilea, con todas sus palabras, mensajes, sus parábolas, sus milagro y el testimonio de su amor (4,14-9,50) Pero ahora el evangelio de Lucas nos muestra que el destino de Jesús se dirige a su consumación. En la enseñanza y en las palabras cubre la marcha a Jerusalén. Se trata de una nueva parte del evangelio (9,51-19,44) La última. En ella se juega la suerte del mismo Jesús.
Este camino conduce a su muerte en la cruz y, después a su resurrección. Es la “hora” de Jesús a la que alude Juan (12,23; 16,32). La hora expresa la voluntad de entrega de la vida de Jesús. Ya desde el comienzo del evangelio se ve que Jesús está dispuesto a entregarse y todo tiende en él hacia el momento de la entrega. En esta hora acoge Jesús en sí mismo todo el sufrimiento y el dolor del hombre y entrega su propia vida para su salvación. El motivo de la primera parte del evangelio de Lucas es “comprender” el Reino; en la segunda, se trata de “entrar” en el mismo. Mientras que, en la primera parte, se presenta el Reino de una manera oscura a través de las parábolas, como misterio escondido que crece en la oscuridad, con una crec8miento contrastado y fatigoso, ahora se revela de un modo más claro como el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Hablando de este itinerario, dice Lucas que Jesús tomó “su decisión de ir a Jerusalén” (51). La expresión significa al pie de la letra, “endurecer el rostro”. La expresión está tomada de uno de los cantos del Siervo de Yahvé: “Endurecí mi rostro como el pedernal” (Isaías 50,7) Jesús no sinoo tiene una visión clara de los dolores a los que deberá hacer frente, sino que se abandona por completo a la voluntad Padre.

ORACION
Eres tú, Dios mío, quien fue el primero en amarnos. Eres tú quien nos buscó y llegó hasta nosotros en primer lugar. Leo en tu amor crucificado el amor infinito con que quisiste hablar a nuestro corazón y contarnos tu amor indecible. Ayúdanos a conocer las pruebas de Job, un creyente, aunque era pagano. Ayúdanos a comprender sus pruebas, ayúdanos a entrar en su dolor, para poder entrar así en las pruebas y sufrimiento de Jesús. Tú, Señor, quisiste asumir nuestros sufrimientos en los tuyos para purificarlos. Por eso, Señor,, puedes ayudarnos a contemplar la cruz, a fin de leer en el corazón traspasado de Cristo todas loas riquezas delo misterio de Dios.

lunes, 27 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 27, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Job (1,6-22):
Un día, fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás. El Señor le preguntó: «¿De dónde vienes?»Él respondió: «De dar vueltas por la tierra.»El Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal.»Satanás le respondió: «¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara.»El Señor le dijo: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.»Y Satanás se marchó.Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a ¡os mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.»No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo.»No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo.»No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo.»Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.»A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

Salmo 16,1.2-3.6-7
Inclina el oído y escucha mis palabrasSeñor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño.
Emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud. Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,46-50):
En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»
Job 1, 6-22: El me lo dio, y El me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor Salmo 16: Inclina el oído y escucha mis palabrasLucas 9, 46-50: El más pequeño es el más importante

HOMILIA

De la lectura de hoy podemos sacar dos Actitudes que nos enseña Jesús. En primer lugar, la primera la manera como nos presenta a un niño como pedagogía de dignidad y honor. Las los discípulos esto era inconcebible, porque el niño era un ser sin importancia, símbolo de la impotencia, de debilidad, sin importancia, sin poder, sin autoridad. ¿Cómo nos pide Jesús que seamos niños bajo estas condiciones?

El mensaje que está en el fondo es el de renunciar al poder y adoptar la humildad y el servicio a los demás. No es lo que nos pide, volver a ser niños, sino volverse como niños, ser fieles a la posibilidad de ser parte del Reino. “Quien quiera ser el primero que se haga el servidor de todos.”

La segunda actitud es la capacidad de Jesús para aceptar y acoger a otros que no forman parte del grupo pero sin embargo, están expulsando demonios, es decir, trabajando a favor del Reino. La invitación es a que estemos abiertos a otras concepciones de índole religiosa que también están luchando por un mundo mejor por causa del Reino aunque no se hagan llamar católicos (en el caso de los protestantes) o cristianos (en el caso de otras religiones.)

Hoy nos encontramos con el libro de Job que nos va a enseñar mucho en estas dos direcciones, porque el justo está preocupado por el problema del sufrimiento sino por el comportamiento del justo en la prueba de la fe. Sólo el sufrimiento en el momento de la prueba revela lo que hay en el corazón del hombre y la gratuidad de la fe. Dicho con otras palabras, el libro de Job nos enseña que la prueba existe, “y que existe para todos”, incluso para los mejores. No había motivo alguno para que Job fuera tentado, pues que “es un hombre recto e integro, que teme a Dios y se guarda del mal” (1,1) Con todo, la prueba viene a llamar a su puerta. Pero, “a pesar de todo lu sucedido no pecó ni maldijo a Dios.” (22)

Pero vemos “que la primera parte” de la historia sucede en el cielo (6-12) La impresión que nos da la reunión de los ángeles y como la de los reyes en la tierra, en la cima de las montañas. Los personajes fundamentales son tres: Job que vivía en Hus, fuera de la frontera de Israel; era un hombre justo y rico, y por ello, estaba bendecido por Dios (1,1-3), Satán, el acusador, que aparece junto a la corte de Dios; está encargado de provocar una luz mala sobre las acciones de los hombre. Por éltimo, Dios mismo, que sigue las acciones de los hombres.

El diablo tiene lugar entre Satán y Dios: “?Crees que Job teme a Dios desinteresadamente a Dios?” (9), dice Satán y le propone a Dios La prueba; “extiende tu mano y quítale lo que tiene. Verás cómo te maldice y en tu propia carga” (11). Se dara cuenta si Job es capaz de amar verdaderamente de una manera gratuita. Dios acede ante la petición de Satán, pero su confianza respecto a Job no disminuye un ápice.

“La segunda parte” (13-22) describe las calamidades que se abaten sobre Job, provocadas por la espada, por el fuego y el viento.

Ante una serie de anuncios, Job pierde sus bienes, sus siervos e hijos. Pero sin embargo para el despecho de Satán, Job continúa bendiciendo a Dios y sale vencedor de la prueba. “Desnudo salí del vientre de mi madre, desnudo volveré allí. El Se{or me lo dio, el Señor me lo quito. ¡Bendito sea el nombre del Señor” (21) Satán ha perdido la prueba.

El evangelio nos presenta hoy una verdadera fraternidad que nos rae a la mente la sencillez con que San Frasco vivía el evangelio. La primera de esas actitudes, se opone a la absurda ambición, es la humildad (ver 46-48). La otra es la tolerancia (49ss). Los apóstoles se muestran sensibles a este problema, Jesús, en efecto, habla a menudo de él en el evangelio9. En conjunto, ambas actitudes subrayan la necesidad de superar tanto la autosuficiencia de los grandes, que aspiran a los títulos y a los grados dignidad, como el orgullo de pertenecer a un grupo.

La primera actitud se ocupa de la vida interna de la comunidad. Parece natural que, que siguiendo la mentalidad humana, ocupen los primeros puestas de la comunidad. Parece natural que, siguiendo la mentalidad mundana, ocupen los primeros puestos de la comunidad aquellos que se distinguen por sus dones o por su sentido de la responsabilidad a la hora de administrar los servicios comunitarios. Por otra parte, es natural en el hombre de deseo de sobresalir. Esa es la razón de que los apóstoles se dejen arrastrar a discusiones interesadas (ver 22,24-27). Discuten espontáneamente sobre los puertos que ocupan y sobre quién de ellos es el más importante.. Pero el Señor Jesús no piensa como ellos. Coge a un niño y lo pone junto a sí, en el centro, en el puesto de mayor dignidad. Su respuesta es bien precisa “El más importante entre vosotros es el más importante.” (48b). Sólo el que es pequeño es “importante”, porque es pobre, a saber: es pequeño de cuerpo, tiene necesidad de los otros, no tiene libertad de acción, es inútil. El niño es el símbolo del discípulo último y pobre. Pero es también la imagen de Jesús, que se abandona en actitud de adoración en los brazos del Padre. Por eso aún Jesús dice: “El que Acoge a este niño en mi nombre, a mí me acoge; y el que me Acoge a mí, acoge al que me ha enviado.” (48ª)

La segunda actitud del evangelio nos presenta otra característica de la fraternidad evangélica: “Maestro, hemos visto a uno expulsar demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no pertenece a nuestro grupos.” (49) Jesús no es de este parecer: “No se lo prohibáis”. (50). Al contrario invita a los suyos a abrir el corazón y el espíritu, a ser tolerantes. Dios envía a los que quiere a anunciar el Evangelio. No es preciso pertenecer al grupo de Jesús, o ser importantes para hablar de él. Lo que cuenta no es la persona que habla; lo que importa es que se anuncie el Evangelio. Dios es rico: dispone de muchos modos parta hablar al hombre. Recordemos el salmo 16, 7ª: “Muéstrame, oh Dios, los prodigios de tu amor.”

ORACION

Te pedimos, Señor Jesús, que no nos desanimemos si descubrimos en nosotros únicamente incapacidad y rechazo y no veamos que nuestro corazón está fijo en el tuyo. Ayúdanos, más bien, a servirnos de esa pobreza como si fuera una gracia que tú nos das para conocernos a nosotros mismos y ascender hacia ti. Te lo pedimos, oh Señor, por intercesión de María, que sufrió, pero creyó profundamente en ti.

domingo, 26 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 26, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Amós (6,1a.4-7):
Así dice el Señor todopoderoso: «¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaría! Os acostáis en lechos de marfil; arrellenados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José. Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos.»

Salmo 145,7.8-9a.9bc-10
Alaba, alma mía, al SeñorÉl mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (6,11-16):
Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,19-31):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas." Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán." Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."»

HOMILIA
Amos 6, 1a. 4-7: ¡Ay de ustedes, que viven tan tranquilos! Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor. 1Timoteo 6, 11-16: Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor Lucas 16, 19-31: Parábola del rico Epulón
El profeta Amós denuncia las injusticias de los poderosos que vivían en lujos y en banquetes y no se afligían por desastre o ruina de José. Esta es una denominación a las tribus del Norte (Israel). Tal indiferencia denota una vez más la ceguera de los que se sienten seguros, sin tener en cuenta las advertencias que les hacía el profeta. En el camino al cautiverio, estos notables irán al frente de los deportados.

Pablo exhorta a su amigo Timoteo a que permanezca siempre firme en su fe, en busca de la justicia, la piedad, la caridad. Teniendo en cuenta el llamado de atención que hace Pablo en el versículo 10, donde afirma que la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar por él, se extraviaron de la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos, enseguida viene la otra exhortación al discípulo que huya de estas cosas y el llamado a vivir de los valores del Reino. Pablo invita a Timoteo a que conserve el mandato del Señor, a que se mantenga firme en su compromiso y busque siempre la vida eterna a la que ha sido llamado y a la que ha hecho profesión solemne delante de muchos testigos.

Se llamaba Lázaro (nombre derivado del hebreo el ‘azar que significa “Dios ayuda”), aunque en vida no gozó, al parecer, de la ayuda divina. Le tocó en desgracia ser mendigo, como a tantos millones de seres humanos hoy, estar postrado en el portal de la casa de un rico sin nombre, uno de tantos, al que tradicionalmente se le ha calificado de “epulón”, banqueteador.

Lázaro o “Dios ayuda” tenía en realidad pocas aspiraciones: se contentaba con llenarse el estómago con lo que tiraban de la mesa del rico, las migajas de pan en las que los señores se limpiaban las manos a modo de servilletas. Pero ni siquiera esto pudo conseguirlo, pues nadie le hizo entrar a la sala del banquete. Para colmo, unos perros callejeros, animales considerados impuros y en estado semisalvaje, tan comunes en la antigüedad, se le acercaban para lamerle las llagas. Imposible mayor marginación: pobreza e impureza de la mano. Nada dice el evangelio de las creencias religiosas de este hombre, con razones sobradas para dudar seriamente de la reconocida compasión divina para con el pobre y el oprimido. Tal vez ni siquiera tuviese tiempo ni ganas de pararse a pensar en semejantes disquisiciones teológicas.

Tanto al rico como al pobre les llegó la hora de la muerte, a partir de la cual se cambiarían en el más allá las tornas, como pensaban los fariseos. Aunque, dicho sea de paso, con esto del “más allá”, quienes hacían de la religión baluarte de conservadurismo e inmovilismo han invitado mil veces a la resignación, tildada de “cristiana”, a la paciencia y al mantenimiento de situaciones injustas a los que las sufrían; en el más allá -se decía- Dios dará a cada uno su merecido. Aunque siempre cabe pensar: ¿y por qué no ya desde el más acá?

Para muchos predicadores, satisfechos con la imagen de un Dios que “premia a los buenos y castiga a los malos”, como el dios que profesaban los fariseos, la parábola terminaba en el más allá contemplando el triunfo del pobre y la caída del rico. Apenas se comentaba la última escena, clave importante para comprender su mensaje. De ser así, esta parábola sería una invitación a aceptar cada uno su situación, a resignarse, a cargar con su cruz, a no rebelarse contra la injusticia, a esperar un más allá en el que Dios arregle todos los desarreglos y desmesuras humanas. Entendido así, el mensaje evangélico se hermanaría con un conformismo a ultranza que ayuda a mantener el desorden establecido, la injusticia humana y las clases sociales enfrentadas.

Pero esta parábola no es una promesa para el futuro. Mira a la vida presente y va dirigida a los cinco hermanos del rico, que continuaban -después de la muerte de su hermano y de Lázaro- en la abundancia y el despilfarro. Por eso, el rico, alarmado por lo que espera a sus hermanos si siguen viviendo de espaldas a los pobres- pide a Abrahán que envíe a Lázaro a su casa, a sus hermanos, para que los prevenga, no sea que acaben en el mismo lugar de tormento. Para cambiar la situación en que viven sus hermanos, el rico epulón piensa que hace falta un milagro: que un muerto vaya a verlos. Crudo realismo de quien conoce la dinámica del dinero, que cierra el corazón humano a la evidencia de la palabra profética, al dolor y al sufrimiento del pobre, a la exigencia de justicia, al amor e incluso a la voz de Dios. El dinero deshumaniza. Me remito a la experiencia de cada uno.

Bien lo sabía el profeta Amós cuando amenazaba a los ricos que se acostaban en lechos de marfil, arrellanados en divanes y se daban a la gran vida entre comilonas, música, vino abundante y perfumes exquisitos, sin dolerse del sufrimiento de los pobres (Amos 6,1a.4-7). Aquellos fingían devoción a Dios y veneración hacia la ciudad santa y el templo, creyendo de este modo contentar a Dios y quedar justificados. Pero el verdadero Dios no es amigo de una religión que separa el culto de la vida, el incienso de la práctica del amor al prójimo. Este Dios, según el libro del Deuteronomio, comparte suerte con el pobre, el huérfano, la viuda y el extranjero; con todos aquellos a quienes los poderosos les han arrebatado el derecho a una vida vivida con dignidad.
ORACION

AL PADRE DE LOS POBRES
Nuestra vida est[-a en tus manos. ¡Oh Señor, que cuidas de todo Lázaro! Y nos envías siempre lo necesario.

Que tu Palabra sea para nosotros la voz que eduque nuestras conciencias, dirija nuestras decisiones y estimule nuestra cuidad hacia el otro…

Para que aquel, tan cercano e inadvertido, que toca a nuestras puertas en necesidad, reciba de nuestras manos generosas lo que Tú mismo nos devolverás luego con infinita abundancia de vida…

¡O)h Padre de los pobres! Haznos hijos tuyos de verdad: hermano de quien necesita y en quien ahora se esconde Cristo, nuestro salvador y recompensa eterna.

Quede contigo y el Espíritu Santo vive y reina eternamente. Amen.

sábado, 25 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 25, 2010

PALABRAS DE VIDA
Lectura del libro del Eclesiastés (11,9–12,8)
:Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón, de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo. Rechaza las penas del corazón y rehuye los dolores del cuerpo: niñez y juventud son efímeras. Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: «No les saco gusto.» Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y a la lluvia siga el nublado. Ese día temblarán los guardianes de casa y los robustos se encorvarán, las que muelen serán pocas y se pararán, las que miran por las ventanas se ofuscarán, las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del molino se apagará, se debilitará el canto de los pájaros, las canciones se irán callando, darán miedo las alturas y rondarán los terrores. Cuando florezca el almendro, y se arrastre la langosta, y no dé gusto la alcaparra, porque el hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre recorre las calles. Antes de que se rompa el hilo de planta, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente, y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio. Vanidad de vanidades, dice Qohelet, todo es vanidad.
HOMILIA

Salmo 89,3-4.5-6.12-13.14.17
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generaciónTú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.
Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.
Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,43b-45):
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.»Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

HOMILIA

Eclesiastés 11, 9-12, 8: Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud. Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Lucas 9, 43b-45: No le hacían preguntas.

Jesús nos demuestra qué es lo que está esperando de sus discípulos. Primero tener un actitud profética, es decir que sus discípulos vayan en contra de los que aprimen y marginan a los pueblos, es decir, la persecución, escarmentar a las personas que se han inclinado por la defensa de los derechos del ser humano Junto a esto, segundo, si esto no da resultado, el darles muerte “a los enemigos del sistema”. Jesús sabía que si opción radical por los marginados y oprimidos lo llevará a la muer-te, porque conocía la suerte de muchos que denunciaron las injusticias y marginacio-nes. La muerte de Jesús es ej acto de amor más grande que pudo acontecer en la historia de la humanidad. No fue una muerte cualquiera, sino que las consecuencias de su muerte fue, y es y seguirá siendo un acto salvador definitivo. No fue una muerte cualquiera, sino que la trascendencia de su muerte fue, es y seguirá siendo la salva-ción de toda la humanidad. Por eso Jesús en este evangelio anuncia por segunda vez su pasión: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres” (44)

Cosa impensable para los discípulos y por eso no logran entender. Preguntémonos: ¿estamos preparados y dispuestos a asumir la cruz como el acto de amor por excelencia? ¿Somos capaces de dar la vida por el mundo?

Por eso el Qohelét se pregunta qué sentido tiene la vida si todo corre tan veloz hacia la vejez y la muerte. Es una de las afirmaciones más célebres (12,2-6), describe con despreocupación y de un modo conmovedor la irrupción de las vejez. La imagen que presenta es un palacio de alto Rango durante un tiempo lleno de vida y de actividad, pero ahora en descomposición de un manera impensable.

También la vejez supone un riesgo, y puede presentarse con un rostro dramático, sobre todo cuando concluye una vida ya vacía, dispersa. Por eso empieza el Qohélet diciendo: “Ten en cuenta a tu Creador en los días de tu juventud”. (12,1) Es un manera de expresar la verdad que la vida es una posibilidad única. Es preciso vivir intensamente, sin aplazamientos. Una vejez que da remate a una vida plena es cuali tivamente diferente de una vejez que se añade a una vida vacía.

Yendo más al fondo, el hombre bíblico –empezando por Qohélet- sabe que no es sólo la vejez lo que constituye una situación de riesgo. Si miras bien, te das cuenta de que toda la vida en esa situación. La vejez está implicada en un problema más general. Una ventana sobnre la vida captada en toda su verdad. La vejez no puede ser aislada. Si se resuelve el problema de la vejez, se resuelve el problema de la vida.

En el evangelio, mientras todos estaban admirados de las cosas que hac[ia, Jesús vuelve a revelar a sus discípulos la cruz que le espera. El contraste es estridente: lo que debe importarle a los discípulos no es la gloria del Maestro, sino que “el Hijo del hombre va a ser entregdo a las manos de los hombres” (44). Esto es lo que debemos comprender, so pena de no entender en absoluto la identidad de Jesús, y la verdad de su revelación. Comprender la cruz significa comprender el lado más luminoso, nuevo e imprevisible del rostro de Dios revelado por Jesús. No está en juego un aspecto particular sino el centro.
Con todo, los discípulos “no entendían” (45ª). La soledad de Jesús es completa. Ni siquiera sus más íntimos están en condiciones de compartir el lao9 más profundo de su circunstancia. Su “novedad” escapa a todos. No entendían, dice Lucas, porque sus palabras estaban cubiertas por un velo que les impidiera captar su sentido (45b). Las comprenderán después, a la luz de los acontecimientos y al recorrer ellos mimos el camino del Maestro. Pero no comprendían tampoco porque tenían miedo de preguntarle sobre ello (45c). Lo que entrevén les produce espanto, El destino del discípulo no puede ser separado del destino de su MaestroÑ eso precisamente eran lo que entendían. Y se quedaron turbados. Nuestra liturgia nos hace orar: “Concédeme, Señor, la verdadera sabiduría.”

ORACION

Te doy gracias, Creador mío, por tu creación, que me habla de ti, de tu belleza, de tu sabiduría. Te doy gracias “porque creaste el universo entero,” estableciste el continuo retronó de las estaciones y sometiste al hombre, formado a tu imagen y semejanza, las maravillas del mundo para que, en nombre tuyo, dominara la creación. Te admiro y te alabo en todas tus criaturas. No me amarga el hecho de que todo pase: te agradezco lo que me das, lo que me ofreces y cómo lo haces, la alegría que me proporciona, la utilidad que me produce. Sólo te pido que nunca me olvido de que todo procede de ti y me conduce a ti. Entonces mi alegría será completa, porque participaré de tu alegría, ahora y siempre. Amén.

viernes, 24 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDNARIO SEPTIEMBRE 24, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Eclesiastés (3,1-11):
Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.
Salmo 143,1a.2abc.3-4
Bendito el Señor, mi RocaBendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio. Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,18-22):
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
HOMILIA

Eclesiastés 3, 1-11: Todas las tareas bajo el sol tienen su sazón Salmo 143: Bendito el Señor, mi Roca. Lucas 9, 18-22: Tú eres el Mesías de Dios.

Lucas, en este pasaje, nos presenta a Jesús como el Mesías de Dios. Ayer veíamos al rey Herodes preocupado por las maravillas que hacía Jesús, y se preguntaba: ¿Quién era este hombre? Hoy, el evangelista coloca la pregunta en boca de Jesús: ¿Quién dice la multitud que soy yo?. Las respuestas son totalmente iguales a las que le dieron a Herodes en la perícopa anterior: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha surgido un profeta de los antiguos (v. 19). Pero Jesús, quería una respuestas más personal, y que viniera de los suyos: Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Pedro se lanza a la respuesta y contesta en nombre de todos: Tú eres el Mesías de Dios (v. 20). A la respuesta que da Pedro le sigue una orden rotunda: no se lo digan a nadie (V. 21). Obviamente Jesús no quería tener problemas con las autoridades, pero era inminente la cercanía de su muerte. El seguimiento de Jesús trae sus implicaciones, y muy fuertes: dar la vida, que sería lo mismo que morir por una causa justa. Y nosotros, ¿qué decimos quien es Jesús? ¿Significa algo afirmar que Jesús es el Mesías, nuestro liberador?

El autor del libro de Eclesiastés está impresionado por el misterio del tiempo. Cada cosa tiene su duración y todo tiene su momento; todo sucede en el tiempo fijado, para cada cosa hay un momento oportuno. ¿Pero como conocer estos tiempos oportunos y cómo garantizárnoslos? Parece serque el hombre no puede intervenir en el engranaje del tiempo. El tiempo tiene sus ritmos. En el fondo, la vida es sencilla, está hecho de unas cuantas actitudes básicas que continuamente se repite: nacer y morir, amar y odiar, sufrir y gozar, unirse y separarse, callar y hablar, salvar y destruir, y otras así. El hombre con todos sus afanes y sus deseos, está encerrado dentro de estos elementos, combinados de diferentes modos. La vida humana está como dentro de un círculo que el hombre no consigue romper.

Ciertamente habrá un sentido (”todo lo hizo hermoso a su tiempo”) pero el hombre no lo comprende. Dios ha puesto en el hombre la exigencia del conjunto y la necesidad de interrogarse sobre la existencia más allá de dada momento particular. Sin embargo, es una necesidad que queda insatisfecha. El hombre –el penas sale de cada momento- advierte la contradicción. El presente no siempre corresponde al pasado. En efecto, a un pasado de justicia puede sucederle un presente de fracaso, y viceversa. El hombre anticipa el futuro, lo sueña y desearía alcanzarlo, pero le huye. Saliendo de él de vez en cuando y conectando el presente con el pasado, el hombre descubre que las cuentas no salen. ¿La conclusión? No nos queda más que fiarnos de Dios, según el Qohelet(, aunque es una medida de prudente sabiduría no perder el presente, el único tiempo que posee el hombre.
Lucas en el evangelio vuelve al tema de ayer. La pregunta es la misma. Sin embargo, ahora es el mismo Jesús quien la dirige a sus discípulos. “Quién es Jesús? La respuesta de la gente es múltiple: en ella se manifiesta la conciencia de un cierto “misterio”, pero no van más allá de los esquemas religiosos comunes. Tampoco la respuesta de los discípulos es completa: por lo menos pueden ser entendidas mal, y por eso Jesús “les prohibió terminantemente que se lo dijeran a nadie.” (21) No basta, en efecto, con reconocer que Jesús es el Mesías. ¿Qué Mesías? Es la cruz la que suprime todos los malos entendidos. Estamos aquí en el centro de la fe: creer en un Mesías que será crucificado. El “es necesario” del texto es un significativo: la cruz no es un incidente: es algo querido, forma parte del plan de Dios. Esta es la novedad inesperada, escandalosa para muchos. La presencia de Dios se presenta en el camino de la cruz, es decir, en la entrega de sí mismo, en el rechazo de toda imposición, en el amor que acepta ser contradicho y aparentemente derrotado. A buen seguro, si el don de sí mismo siguiera siendo inútil y quedara derrotado, no podría ser en modo alguno el signo de Dios; lo es, no obstante, por el camino de la cruz conduce a la resurrección. Es precisamente en la entrega de sí mismo, que no se echa atrás ni siquiera frente a la muerte, donde está encerrada la victoria de Dios. Por eso la liturgia nos ha enseñado a decir: “Te bendigo, Señor, por el tiempo de su gracia.”

ORACION

Así las cosas, ¿vale la pena vivir, Señor, si, después todo se resuelve en una pompa de jabón? Es ésta una pregunta que aflora algunas veces también en nosotros los creyentes, probablemente tentados a precipitarnos sobre las buenas ocasiones, a fin de arrancar a esta breve vida lo poco que puede dar. Pero tú me indicas una roca segura a la que puedo aferrarme, la roca del “Cristo de Dios”, continuamente proclamado por Pedro en medio de las oleadas del tiempo, de las modas, de los pensamientos, de la variedad de las vicisitudes humanas. La suerte y la fortuna de la vida pueden cambiar, pero tu Hijo sigue siendo “el Cristo de Dios” y mirándole puedo estar seguro de que vale la pena vivir. El es su espejo, imagen del Dios invisible, punto de la eternidad plantado en el tiempo. El me habla siempre de tu amor, la medina que cura las heridas y los insultos del tiempo.
Imprime en mi corazón la misma profesión de fe de Pedro, a fin de vencer mis ansias y mis miedos. Haz atento mi corazón al sonido y a la música del amor que canta continuamente, para no dejarme envolver por el inexorable fluir y por el imprevisible transcurrir de todas las cosas.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

TIEMPO( ORDINARIO SEPTIEMBRE 22, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de los Proverbios (30,5-9):
La palabra de Dios es acendrada, él es escudo para los que se refugian en él. No añadas nada a sus palabras, porque te replicará y quedarás por mentiroso. Dos cosas te he pedido; no me las niegues antes de morir: aleja de mí falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «¿Quién es el Señor?»; no sea que, necesitando, robe y blasfeme el nombre de mi Dios.

Salmo 118,29.72.89.101.104.163
Lámpara es tu palabra para mis pasos, SeñorApártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra.
Considero tus decretos, y odio el camino de la mentira.
Detesto y aborrezco la mentira, y amo tu voluntad.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,1-6):
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.
HOMLIA

Proverbios 30, 5-9: No me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan Salmo 118: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Lucas 9, 1-6: Los envió a proclamar el Reino de Dios

El envío-misión que hace Jesús a sus discípulos tiene un objetivo fundamental: proclamar el reino de Dios. Esto lo podríamos traducir en la dignificación del ser humano, en luchar por un mundo mejor en paz, solidaridad y justicia. Para este tipo de trabajo es necesario el desprendimiento total de cosas que nos atan y no nos dejan ser y estar libres para la misión: no lleven nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni dos túnicas. Es lógico que para ser discípulo, primero tenemos que sentirnos llamados-convocados por el mismo Señor. El Señor llama y respeta la libertad de la persona a quien convoca. Al aceptar el llamado, se asume con responsabilidad la misión que se le encargue, y desde allí comienza el trabajo apostólico. Y nosotros, ¿nos sentimos llamados a formar parte de la misión que Jesús encomendó a la Iglesia? La V Conferencia del Episcopado Latinoamericana (CELAM), realizada en Aparecida, Brasil, nos llama a ser “discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”. El énfasis misionero de la Iglesia en los últimos años ha sido fundamental y una necesidad que se está tratando de rescatar. La Iglesia es misionera por naturaleza.
Las palabras de la liturgia de hoy, tomada del libro de los Proverbios reflexiona con gran atención sobre la pobreza y la rqueza, y la oración de la misa de hoy nos ofrece un espléndido ejemplo. El ideal de la sabiduría no es la pobreza, sino elo bienestar, que es una bendición de Dios. Procurárselo es un deber- Los Proverbios condenan con dureza la pereza y la holgazanería. Pero si bien es verdad que el bienestar es una bendición, eso y curar a los enfermosno significa que el pobre sea un maldito o alguien castigado. Las recomendaciones en su favor son numerosas y están diseminadas por todo el libro. Ayudar al pobre es una de los deberes principales. Sin olvidar, a reglón seguido, que la felicidad no está sólo en la riqueza, sino en una riqueza acompañada del temor de dios, de la justicia y de la concordia: “más vale poco con temor de Dios que un gran tesoro con preocupación.” (15,16)

Por último, la sabiduría de los Proverbios advierte que el excesivo bienestar no está exento de de peligros morales, como el de creerse autosuficiente, sin sentir necesidad de Dios (9). La riqueza material se transforma fácilmente en riqueza de espíritu. La posición del sabio es, por eso, la que se lee precisamente en la conclusión del pasaje de hoy: ni la riqueza que conduce a la rebelión contra el Señor, ni la excesiva riqueza que conduce a olvidarlo.

El evangelio nos muestra las tres grandes tareas del discípulo (ver 1ss): predicar la conversión, expulsar toda clase de demonios y curar a los enfermos. Son las mismas cosas que hizo Jesús. Las consignas de Jesús son tres. En primer lugar, una orden: el misionero ha de llevar sólo “lo extrictamente indispensables” nada más (3). Se trata de una invitación a la pobreza entendida como libertad (dejar todo para seguirle) y fe (el mismo Señor proveerá a sus discípulos). Viene a continuación, una norma de sentido común: el discípulo iteinerante “no ha de ir de casa en casa”, ha de elegir una casa digna y hospitalaria, y quedarse en ella el tiempo necesario (4). Por último, una sugerencia cómo comportarse en caso de rechazo.

El “rechazo”, en efecto, está previsto: al discípulo se le ha confiado una tarea, pero no se loe garantiza el éxito. Frente al rechazo ha de comportarse como Jesús: si lo rechazan en un sitio ha de irse a otra parte (5). “Sacudirse el polvo” es un gesto de juicio, no de maldición: pretende subrayar la gravedad del rechazo, la ocasión malgastada. En el fondo nos repite con frecuencia a vivi como Jesús: “No llevéis nada para el camino.” (Lucas 9,3)

ORACION

Mira, Señor, cómo nosotros, tus discípulos, nos sentimos desarmados frente a este mundo. No sentimos casi perdidos, no sabemos a veces por dónde empezar y a menudo no se nos toma en serio, en particular cuando decimos tus palabras. El rebaño se aminora, los jóvenes rara vez demuestran com-prendernos y, seguramente, a nosotros nos cuesta trabajo comprenderlos.
No permitas que perdamos la confianza en tu poder. Danos el don de ver claros para llevar a cabo un examen de conciencia, para que podamos ver lo que es preciso dejar de lado (los excesivos bastones, las excesivas alforjas, el demasiado pan, el demasiado dinero, las demasiadas túnicas) porque impide el despliegue de tu acción.

No nos dejes caer en nuestra rastrera y silenciosa decepción, no nos dejes en la tentación de lo espectacular, ni el ir detrás del mundo, que todo lo apoya en el aparecer y en la capacidad de imponerse. Sabemos que algunos hacen carrera de este modo. Tú ilumínanos y sálvanos

martes, 21 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 21, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,1-7.11-13):
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud
.Salmo 18,2-3.4-5
A toda la tierra alcanza su pregónEl cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,9-13):
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores."
HOMILIA
Efesios 4,1-7.11-13: Él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, evangelizadores Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón.Mateo 9,9-13: Sígueme. Él se levantó y lo siguió

Nos encontramos hoy con la elección de uno de los apóstoles, Mateo el evangelista. Y ele evangelio nos presenta tres aspectos significativos. Primero, Jesús llama a un cobrador de impuesto, para el pueblo judío, un pecador. Eran considerados por el pueblo, eran personas consideradas impuras, pecadoras y traidores, es decir, no muy bien vistas pro el pueblo, Y Jesús llama a una de ellas. Luego es importante observar la disposición de Mateo para el seguimiento, “se levantó y los siguió” (9b) Pero Jesús no prestó atención al juicio del pueblo y especialmente de los fariseos. No solamente eso, come con ellos, sigue adelante su proyecto y no presta atención a los comentarios. En tercer lugar, la misión de los seguidores, los destinatarios de su misión, no son solamente las personas “buenas”, sino simplemente los pecadores, porque no son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Muchas veves en la Iglesia juzgamos a quienes quieren acoger a “los pecadores”, que han sido señalados por la sociedad. El Señor sigue invitándonos a ser misericordiosos con todos, sin excluir a nadie.

Lo importante de la fiesta de hoy de San Mateo apóstol y evangelista es que la cuenta él personalmente. Lucas nos introduce a la experiencia de que el banque, la cena es signo del amor misericordioso d Jesús a todos los pecadores.

Mateo escribe el evangelio para la comunidad judeocristiana, y donde presenta a Cristo como el nuevo Moisés, como aquel que trae la Ley del amor al nuevo pueblo de Dios. Luego Mateo9 pone atención en la Iglesia, convocada, salvada e instituida por Jesús. El usa la palabra “Iglesia” en dos lugares distintos: Mateo 16,18 y 18,17.
La primera lectura está tomada de la primera Carta de Pablo a los Efesios, donde él se presenta así mismo como prisionero por el nombre del Señor, y confriere una particular autoridad a su exhortación a vivir “como comunidad a vivir con dignidad”. En virtud de esta vocación, todos los cristianos forman “un solo cuerpo” en Cristo Jesús, y eso exige un nuevo modo de vida, más allá de todo sentimiento de animosidad y discordia, para no romper “la unidad” llevada a cabo por el Esoíritu Santo.
Es efectivamente, el Espíritu Santo el que compagina el cuerpo místico de Cristo. Ahora bien, si los miembros se oponen entre sí ¿cómo podrá organizarse el cuerpo? La primera ley de la vida es, pues, la armonía, la “paz”, que es el indispensable cemento de unidad. Se imponen, por consiguiente, motivos teológicos que impongan al cristiano loa unidad espiritual con los hermanos: todo en su vida ha de tener un carácter de sociabilidad y una dimensión comunitaria. Es único el cuerpo de la Iglesia, y está unido por único “Espíritu”; la única “esperanza” de la salvación eterna a la que nos llama la fe en Cristo; único es el “Señor Jesús”, que ha roto el muro de división y de la enemistad (lea el 2,14) y ha proporcionado a todos los mismos medio de salvación; fe y bautismo. Sin embargo, el motivo fundamental de la unidad reside en la universalidad “paternal de Dios”, que está presente en todo redimido con su acción y con la inhabitación mediante la gracia.

La clara profesión de la fe trinitaria, contenida en nuestro pasaje de hoy, fundamenta el valor de “los carismas” aquí enumerados (4,5,6) De ellos se describe también el fin hacia el cual deben converger en la economía del Cuerpo Místico de Cristo: un fin eminentemente social, a saber: la edificación completa de este cuerpo, que se obtendrá, cuando todos hallamos alcanza la “perfecta unidad” de fe y de “conocimiento” amoroso de Cristo. De este modo, la perfección personal y colectiva expresará la medida en “que alcancemos en plenitud la talla de Cristo” (13).
Y en el evangelio nos encontramos con vocación de Mateo en los límites de los reyes Herodes Antipas y de su hermano Filipo, en el camino que une Damasco con el Mediterráneo. Esto explica la presencia de numerosos encargados del cobro de los impuestos, lo publicanos la odiada clase dee los publicanos de aquella zona.

Toda la atención del texto está centrada en la prontitud de la respuesta de Mateo, presentado “como Leví el hijo de Alfeo” en Marcos y Lucas, respecto a la llamada de Jesús, y también en el tipo de gente que asiste al banquete, tal vez de despedida, que Mateo ofrece a sus ex colegas, a fin de subrayar la seriedad de su opción. El hecho de ver muchos publicanos con Jesús y con sus discíp´los escandaliza a los fariseos, porque en Oriente comer juntos significa comunidad de vida y de sentimientos. Al conversar con los publicanos y pecadores, Jesús muestra que está en la línea de la “misericordia” y reprocha a los fariseos su legalismo, que los hace insensibles a las autenticas necesidades del Espíritu, además de incapaces de comprender las auténticas necesidades del prójimo.

Por eso tenemos que hacer camino de nuestra reflexión las palabras de Jesús en el evangelio de Lucas: “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. (Lucas 19,10)

ORACION

Concédenos, Señor de misericordia, reconocer en nuestra historia personal la llamada fundamental de la vida que tu Hijo y Señor nuestro nos dirige con amor.

Concédenos, oh Padre y Dios de bondad, responderle afirmativamente con prontitud y generosidad, incluso a través de las grandes y pequeñas ocasiones de nuestro vivir cotidiano, a fin que podamos realizar con fidelidad la obra que,de una manera personal y comunitaria, nos has dado para realizar en la Iglesia.

Y que el mundo, frente al testimonio de unidad del cristiano y la Iglesia, pueda convertirse y creer en tu amor misericordioso, un amor que hemos visto y contemplado en el rostro y en la acción de Jesucristo en la tierra.

lunes, 20 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMEBRE 20, 2010

PALABRA DE VIDA
"Lectura del libro de los Proverbios (3,27-34)
Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré.» No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los hombres rectos; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del honrado; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes; otorga honores a los sensatos y reserva baldón para los necios.
Salmo 14,2-3ab.3cd-4ab.5
El justo habitará en tu monte santo, SeñorEl que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,16-18):
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»
HOMILIA

Proverbios 3, 27-34: El Señor aborrece al perverso Salmo 14: El justo habitará en tu monte santo, Señor. Lucas 8, 16-18: Al que no tiene se le quitará
Lucas comienza hoy con una exhortación muy importante para nosotros, nos invita a ser lámparas encendidas que iluminen a todos los seres humanos. Pero para ser lámparas necesitamos recibir la luz que nos viene de la Palabra de Dios. Pero tenemos que afirmar al mismo tiempo que para iluminar necesitamos haber recibido la Palabra de Dios que significa a Cristo mismo. El recibir la Palabra de Dios nos habla de la obligación que tenemos significa que debemos anunciar la Palabra porque “nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija o la mete debajo de un candelero o debajo de la cama”. Este es el gozo del discípulo “que loa coloca en el candelero para que los que entran en la casa ven la luz”. ¿”Ay de aquel que teniendo la lámpara y la luz se la guarda para sí mismo? Sería un acto muy egoísta el no compartir con los demás esa Palabra recibida, mientras quien se sienta comprometido con el anuncio profético, ese recibirá aún más “porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aún lo que parece tener.” Es necesario preguntarnos ¿estamos siendo ministros idóneos de la Palabra de Dios? O ¿la estamos escondiendo debajo de la cama, es decir, no estamos compartiendo con los otros ese don tan precioso?

Ambos texto de hoy se encuentran, y aunque el libro de los Proverbios es un libre humilde, aunque sólo en apariencia. Nos hace ver que a sabiduría presente es una huella de la sabiduría divina. Hasta la sabiduría que se expresa en formas más humildes y cotidianas –la sabiduría del sentido común, de la razón, de la experiencia- viene de Dios. Seguirla es obedecer a Dios; ignorarla significa traicionar el designio de Dios. Bajo esta luz, profundamente religiosa, es como debemos comprender todas las máximas del libro de los Proverbios, reconociendo un valor de imperativa moral no sólo a la palabra de los profetas y a la Ly, sino también al significado también de las cosas y a loa fuerza de la experiencia.

El pasaje que nos presenta hoy la liturgia insiste en las relaciones con el prójimo: no hay que negar un favor, no se debe decir: “vuelve otro día, mañana te daré´", ni imitar la conducta del malvado.” (28), no hay que maquinar engaños, ni pleitear; ni envidiar la conducta del malvado (29-32) En el interior de estas mandatos, y casi de improviso, hace su aparición una afirmación muy bella: “Y da a los rectos su confianza” (32b) Y así queda da perfilada la figura las figura del sabio en sus coordinadas fundamentales: la corrección y la benevolencia en sus relaciones con el prójimo, la convicción de que la confianza en Dios vale más que cualquier otra cosa.
Los dichos de Jesús que hemos leído hoy –probablemente disdceminados en su origen- han sido recogidos por Lucas en una sección (8,4-21) que tiene como tema la Palabra de Dios. Desde esta perspectiva los leemos nosotros.

El primero de ellos (16) parece tener el rasgo de anonimato, no se pone una luz bajo la cama. La advertencia parece dirigida a los cristianos que -por miedo o porque consideran inútil hacerlo- no se exponen en público. La Palabra es pública y visible: esconderla es un modo de hacerla morir.

El segundo dicho (17) parece más bien temer el riesgo del secreto. La advertencia va dirigida a los grupos cristianos que se cierran en sí mismos y anuncian la Palabra en secreto, sólo a los iniciados. Porue la Palabra en virtud de su naturaleza misionera, es para todos.

El tercer dicho (18) es más difícil. A buen seguro, llama la ate3nción sobre la importancia de la escucha: “prestar atención a cómo escucháis”. Hay quien no escucha, pero hay también alguien que escucha mal. ¿Qué significado hemos de dar a esta afirmación, un tampo enigmática: “al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará incluso lo que cree tener?” ¿Qué significa el “porque” (18b) que condiciona estrechamente el crecimiento o la pérdida a la escucha de la Palabra? Quizás que signifique que es importante escuchar bien, porque es precisamente la escucha lo que enriquece. No sólo no crece, sino que pierde también lo que considera tener. La escucha de la Palabra es, por consiguiente, el camino necesario para el crecimiento en la fe. Si falta, desaparece la fe.

ORACION
Estás bien, Señor, que estoy preocupado por hablar de tu doctrina más que reproducir tu vida. Estás viendo, cómo pongo demasiado entre paréntesis tu modo de ser. Que dio tanto impacto a tus palabras, pensando que evangelizar o ser guía para los hermanos se reduce a una cuestión de conocimiento y de transmisión de ideas.

Pero eres tú quien debe vivir en mí, para que yo pueda comunicar rtus palabras y ser guía de otros. Si tú, mi amado Señor, no vives dentro de mí, tus palabras saldrán sin efecto, de mis “labios impuros”, porque mi corazón será demasiado diferente del tuyo, mis criterios prácticos de valorización estarán demasiado alejados de los tuyos. Ayúdame a buscarte a ti antes que las palabras, a modelarme siguiendo tu imagen antes que la de usarte para decir las cosas que debo decir.

Para esto necesito también sentirte más cerca, más íntimo, más amigo, más familiar, más presente en mi vida. No me dejes, no me abandones a mis ilusiones, no me dejes recorrer hasta el final mis atajos, mi constante tentación de reducirte a idea o a simple mensaje.

domingo, 19 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 19, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Amos (8,4-7):
Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?» Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.
Salmo 112,1-2.4-6.7-8
Alabad al Señor, que alza al pobre
Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? /. Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2,1-8):
Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol –digo la verdad, no miento–, maestro de los gentiles en fe y verdad. Quiero que sean los hombres los que recen en cualquier lugar, alzando las manos limpias de ira y divisiones.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,1-13):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido." El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa." Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta." Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de trigo." Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta." Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
HOMILIA

Amoss 8, 4-7: Contra los que "compran por dinero al pobre" Salmo: 112: Alaben al Señor, que alza al pobre. 1Timoteo 2, 1-8: Que se hagan oraciones a Dios, que quiere que todos se salven Lucas 16, 1-13: No se puede servir a Dios y al dinero

El profeta Amós nos ubica en el contexto de la cuarta visión y su interpretación, que va contra los defraudadores y explotadores. El profeta, en todo su libro, nos presenta cinco visiones sobre el destino del pueblo de Israel (7, 1 – 9, 10). El mensaje de Amós estaba dirigido principalmente al reino del norte, Israel, pero también menciona a Judá (el reino del sur) y a las naciones vecinas de Israel (sus enemigas): Siria, Filistea, Tiro, Edom, Amón, Moab. La razón del juicio: la codicia de los ricos. Amós grita y denuncia: Escuchen esto los que pisotean al pobre y quieren arruinar a los humildes de la tierra (v. 4). El profeta, al hacer sus juicios y lanzar sus amenazas, da los motivos y hace las denuncias por las cuales serán castigados y corregidos. Denuncias contra las casas ostentosas, fruto de la opresión a los pobres y débiles. Y esto por no cumplir con la justicia en el trabajo y en el comercio. Engañan y roban en las balanzas fraudulentas, en los precios y salarios. También hay juicios contra un culto exterior que quiere encubrir toda esa injusticia con sacrificios, ofrendas y cantos, que así no son gratos a Dios. Al tema del fraude, tan presente en esta cuarta visión, le sigue el juramento divino y el castigo.

Pablo exhorta a que se ore por todo el mundo y de manera especial por los encargados de dirigir política y religiosamente al pueblo, porque la intención de Dios es salvar a todo el ser humano, y que estos lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Esa verdad se nos fue revelada por su Hijo Jesús, donde Él mismo se presentó como el Camino, la Verdad y la Vida. Es la verdad que nos hará libre. Pablo coloca a Jesús como el único mediador entre Dios y el ser humano: porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús. Es la universalidad de Cristo en el acontecimiento salvífico de la humanidad, que con su muerte se entregó a sí mismo como rescate por todos.

Esta parábola –no siempre bien interpretada- va dirigida a los fariseos que son amigos del dinero, su verdadero Dios. Representa, como tantas otras, un caso extremo: un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo y que necesita actuar urgentemente para garantizarse el futuro, antes de quedarse sin empleo. Para ello plantea una estrategia. Acusado de derrochar los bienes de su amo (16,1), causa por la que se va a quedar sin trabajo, decide rebajar la cantidad de la deuda de cada uno de los acreedores de su amo, renunciando a la comisión que le pertenece como administrador. Es sabido que los administradores no recibían en Palestina un sueldo por su gestión, sino que vivían de la comisión que cobraban, poniendo con frecuencia intereses desorbitados a los acreedores. La actuación de administrador debe entenderse así: el que debía cien barriles de aceite había recibido prestados cincuenta nada más, los otros cincuenta eran la comisión correspondiente a la que el administrador renuncia con tal de granjearse amigos para el futuro. Renunciando a su comisión, el administrador no lesiona en nada los intereses de su amo. De ahí que el amo lo felicite por saber garantizarse el futuro dando el “injusto dinero” a sus acreedores.

El amo alaba la estrategia de aquel “administrador de lo injusto”, calificativo que se da en el evangelio de Lucas al dinero, pues, en cuanto acumulado, procede de injusticia o lleva a ella.

Para Lucas, todo dinero es injusto. Ahora bien: si uno lo usa –desprendiéndose de él- para "ganarse amigos", hace una buena inversión no en términos bursátiles, ni bancarios, sino en términos humanos cristianos. El injusto dinero, como encarnación de la escala de valores de la sociedad civil, sirve de piedra de toque para ensayar la disponibilidad del discípulo a poner al servicio de los demás lo que de hecho no es suyo, sino que se lo ha apropiado en detrimento de los desposeídos y marginados.

El “injusto dinero” es calificado en la conclusión de la parábola como "lo de nada" y "lo ajeno", en cuanto opuesto a "lo que vale de veras, lo importante, lo vuestro”. Y “lo que vale de veras” no es el don del dinero, sino el del Espíritu de Dios que comunica vida a los suyos (“cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden”, cf. Lucas 11,13). Eso sí, para recibir el Espíritu (que es comunicación de la vida de Dios que potencia al hombre) se requiere el desprendimiento y la generosidad hacia los demás (11,34-36).

La parábola termina con esta frase lapidaria: “No pueden servir a Dios y al dinero”. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la renuncia al dinero. El amor al dinero es una idolatría. Hay que optar entre dos señores: no hay término medio. El campo de entrenamiento de esta opción es el mundo, la sociedad, donde los discípulos de Jesús tienen que compartir lo que poseen con los que no lo tienen, con los oprimidos y desposeídos, los desheredados de la tierra.

El afán de dinero es la frontera que divide el mundo en dos; es la barrera que nos separa de los otros y hace que el mundo esté organizado en clases antagónicas: ricos y pobres, opresores y oprimidos; el ansia de dinero es el enemigo número uno que imposibilita que el mundo sea una familia unida donde todos se sienten a la mesa de la vida. Por eso el discípulo, para garantizarse el futuro, debe estar dispuesto en el presente a renunciar al dinero que lleva a la injusticia y hace imposible la fraternidad.

ORACION

AL UNICO DUEÑO Y SEÑOR DE LA VIDA.

Padre de todos y Señor de la vida, tus ojos atentos a los más pobres, urgen también nuestra mirada sobre aquellos que son tu tesoro…
En el hoy de esta vida breve, enséñanos a cuidar lo que nos diste; la existencia misma, que de Ti procede… el mundo que has puesto en nuestras manos… el hermano, que es tu presencia constante…

De tal manera, Padre, que no perdona al final lo único que vale; a nuestros hermanos donde vives Tú mismo, Señor de nuestra vida, a quien anhela lo más profundo de nuestro corazón.