Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 14 de septiembre de 2010

EXALTACION DE LA CRUZ SEPTIEMBRE 14, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de los Números (21,4b-9):
En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.»El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.»Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.»Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Salmo 77,1-2.34-35.36-37.38
No olvidéis las acciones del SeñorEscucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado. Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo su redentor. Lo adulaban con sus bocas pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza. Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.Lectura del santo evangelio según san Juan (3,13-17):En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
HOMILIA

Números 21,4b-9: Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados
Salmo 77: No olviden las acciones del Señor Filipenses 2,6-11: Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo Juan 3,13-17: Tiene que ser elevado el Hijo del hombre
Aunque acostumbramos a celebrar las fiestas de la Iglesia el domingo, y si no cae en ese día no solemos celebrarnos como expresión de nuestra fe, en este día, la liturgia de la Iglesia nos propone una celebración muy significativa: La exaltación de la Santa Cruz. La cruz es el símbolo cristiano por excelencia, ella nos representa, nos da identidad. Hablar de la cruz no es simplemente hablar de dos pedazos de madera entrecruzados vertical y horizontalmente, sino más bien, de lo que significa y lo que implica. Hablar de la cruz es hablar del crucificado, es decir, del Señor Jesús, de su sacrificio por la humanidad, cargando sobre sus hombros nuestros pecados. Y es que tanto amó Dios a la humanidad que nos dio a su Hijo para que tengamos vida. Y esto se realiza en la fe que tengamos en el Él que se ha entregado como don gratuito por la salvación de todos y todas. La cruz pasó de ser un signo de maldición a ser signo de salvación. Esa cruz fue la prueba más grande del inmenso amor que tuvo Jesús por sus hermanos y del compromiso con el proyecto del Padre. El asumir hasta las últimas consecuencias la cruz de Jesucristo es, ante todo, amar hasta el extremo. En este día reflexionemos sobre cuál es el compromiso que tenemos como cristianos.
Pues, hoy celebramos la Exaltación de la Santa Cruz nació en Jerusalén y se extendió después por todo el Oriente, donde se celerbar como la fiesta de la Pascua. El 13 de septiembre del año 335 fue consagrada la fiesta de la Resurrección mandada construir por Santa Elena y su hijo Constantino, y al día siguiente se recordó al pueblo el significado profundo de la Iglesia, mostrando lo que quedaba de la cruz del Salvador. En Roma se conoce alrededor del siglo VI la existencia de una fiesta de la Santa Cruz como recordación de recuperación de la reliquia. Pero a mediados del siglo VII se comienza a mostrar el leño de la cruz a la veneración del pueblo, como signo e instrumentos de salvación.

El libro de los Números narra en los capítulos 20-21 las últimas peripoecias de los judíos en el desierto, antes de la entrada en la tierra prometida. El pueblo murmura porque no tiene lo que desea; se rebela, no soporta el cansancio del camino (2) a causa del hambre (“estamos ya hartos de este pan tan liviano”) y de la sed (5). Cegados por tales molestias, no consigue reconocer el poder de Dios, ya no tien e fe en el Señor: más aún, le considera como alguien que envenena la vida. Dios manifiesta su signo de castigo enviando serpientes venenosas (6). Frente a la experiencia de la muerte, los judíos reconocen el pecado cometido alejándose de Dios y piden perdón. Como la serpiente con su morderá resultada letal, y así ahora su imagen de brone puesta encima de un asta se vuelve motivo de salvación física p0ara todo le que hubiera sido mordido.

El evangelio reconocerá en la serpiente de bronce levantada por Moisés en le desierto como prefiguración profética del levantamiento de Hijo del hombre crucificado.

Los versículos 13-17 del evangelio de Juan forman parte del extenso discurso que responde a la pregunta de Nicodemo y en el que se pone de manifiesto la necesidad de la fe para tener la vida eterna y escapar del juicio de condena. Jesús, el Hijo del hombre (13), procede del seno del Padre; Es el que “vino de allí” (13), el único que ha visto a Dios, y puede comunicar su proyecto de que ha visto a Dios, y puede comunicar su proyecto de amor, cuya realización se encuentra en el don del Hijo unigénito. Jesús se compara con la serpiente de bronce (Número 21, 2-9), afirmando en el pleno cumplimiento que cuanto pasó en el desierto tendrá lugar cuando cuando él sea levantado en alto, es decir, en la cruz (14) para la salvación del mundo (17). Todo el que le mire con fe, es decir, todo el que crea que el Cristo crucificado, es el Hijo de Dios, el salvador, tendrá la vida eterna.

El hombre, al acoger en él el don del amor del Padre, pasa de la muerte del pecado a la vida eterna. Sobre el fondo de este texto aparece el cuarto canto del “Siervo de Yavé”) (Isaías 52,13ss), donde volvemos a encontrar unidos los verbos “levantar y glorificar”. Se comprende, por tanto, que Juan quiere presentar la cruz, punto extrema de la ignominia, como cumbre de la gloria.

Cada vez que leemos la Palabra de Dios crece en nosotros la certeza de que Jesús da pleno cumplimiento a la historia del pueblo hebreo y a nuestra historia: en efecto, no vino a abolir, sino a dar cumplimiento. Jesús es aquel que ha bajado del cielo, aquel que conoce al Padre, que está en íntima unión con él (”el Padre y yo somos uno”: Juan 10,30) y ha sido enviado por el Padre para revelar el misterio salvífico, el misterio de amor que se realiza con su muerte en la cruz. Jesús crucificado es la manifestación máxima de la gloria de Dios. Por eso, la cruz se convierte en símbolo de victoria, de don, de salvación, de amor.

Todo lo que podamos entender con la palabra “cruz” –a saber dolor, injusticia, persecución, muerte- es incomprensible si la miramos con ojos humanos. Sin embargo, a los ojos de la fe y del amor aparece como un signo de configuración con aquel que nos amó primero. Así, las cosas, ya no vivimos el sufrimiento como un fin en sí mismo, sino que se convierte en participación en el misterio de Dios, camino que nos conduce a la salvación.

Celebraqr la fiesta de la Exaltación de la Cruz significa tomar concencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (ver Filipenses 2, 6-11). La cruz se vuelve en el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

ORACION
Oración de San Paulino de Nola
Oh cruz, innegable amor de Dios y gloria del cielo.
Cruz, salvación, eterna cruz, miedo de los réprobos.
Oh Cruz, apoyo de los justos, luz de los cristianos,
Por ti Dios encarnado se hizo esclavo de la tierra;
Por medio de ti ha sido hecho en Dios rey del cIelo;
Por ti ha salido la luz verdadera
La noche ha sido vencida.
Tú hiciste hundirse para los creyentes
El panteón de las naciones
Eres tu el alma de paz
Que une a los hombres en Cristo mediador.
Eres la escalera por la que el hombre sube al cielo
Sé siempre para nosotros, tus fieles, columna y ancla;
Rige nuestra morada.
Que en la cruz se consolide nuestra fe,
Que en ella se prepare nuestra corona.

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