Salmo 77,1-2.34-35.36-37.38
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):
Números 21,4b-9: Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados
El libro de los Números narra en los capítulos 20-21 las últimas peripoecias de los judíos en el desierto, antes de la entrada en la tierra prometida. El pueblo murmura porque no tiene lo que desea; se rebela, no soporta el cansancio del camino (2) a causa del hambre (“estamos ya hartos de este pan tan liviano”) y de la sed (5). Cegados por tales molestias, no consigue reconocer el poder de Dios, ya no tien e fe en el Señor: más aún, le considera como alguien que envenena la vida. Dios manifiesta su signo de castigo enviando serpientes venenosas (6). Frente a la experiencia de la muerte, los judíos reconocen el pecado cometido alejándose de Dios y piden perdón. Como la serpiente con su morderá resultada letal, y así ahora su imagen de brone puesta encima de un asta se vuelve motivo de salvación física p0ara todo le que hubiera sido mordido.
El evangelio reconocerá en la serpiente de bronce levantada por Moisés en le desierto como prefiguración profética del levantamiento de Hijo del hombre crucificado.
Los versículos 13-17 del evangelio de Juan forman parte del extenso discurso que responde a la pregunta de Nicodemo y en el que se pone de manifiesto la necesidad de la fe para tener la vida eterna y escapar del juicio de condena. Jesús, el Hijo del hombre (13), procede del seno del Padre; Es el que “vino de allí” (13), el único que ha visto a Dios, y puede comunicar su proyecto de que ha visto a Dios, y puede comunicar su proyecto de amor, cuya realización se encuentra en el don del Hijo unigénito. Jesús se compara con la serpiente de bronce (Número 21, 2-9), afirmando en el pleno cumplimiento que cuanto pasó en el desierto tendrá lugar cuando cuando él sea levantado en alto, es decir, en la cruz (14) para la salvación del mundo (17). Todo el que le mire con fe, es decir, todo el que crea que el Cristo crucificado, es el Hijo de Dios, el salvador, tendrá la vida eterna.
El hombre, al acoger en él el don del amor del Padre, pasa de la muerte del pecado a la vida eterna. Sobre el fondo de este texto aparece el cuarto canto del “Siervo de Yavé”) (Isaías 52,13ss), donde volvemos a encontrar unidos los verbos “levantar y glorificar”. Se comprende, por tanto, que Juan quiere presentar la cruz, punto extrema de la ignominia, como cumbre de la gloria.
Cada vez que leemos la Palabra de Dios crece en nosotros la certeza de que Jesús da pleno cumplimiento a la historia del pueblo hebreo y a nuestra historia: en efecto, no vino a abolir, sino a dar cumplimiento. Jesús es aquel que ha bajado del cielo, aquel que conoce al Padre, que está en íntima unión con él (”el Padre y yo somos uno”: Juan 10,30) y ha sido enviado por el Padre para revelar el misterio salvífico, el misterio de amor que se realiza con su muerte en la cruz. Jesús crucificado es la manifestación máxima de la gloria de Dios. Por eso, la cruz se convierte en símbolo de victoria, de don, de salvación, de amor.
Todo lo que podamos entender con la palabra “cruz” –a saber dolor, injusticia, persecución, muerte- es incomprensible si la miramos con ojos humanos. Sin embargo, a los ojos de la fe y del amor aparece como un signo de configuración con aquel que nos amó primero. Así, las cosas, ya no vivimos el sufrimiento como un fin en sí mismo, sino que se convierte en participación en el misterio de Dios, camino que nos conduce a la salvación.
Celebraqr la fiesta de la Exaltación de la Cruz significa tomar concencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (ver Filipenses 2, 6-11). La cruz se vuelve en el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.
ORACION
Oración de San Paulino de Nola
Oh cruz, innegable amor de Dios y gloria del cielo.
Cruz, salvación, eterna cruz, miedo de los réprobos.
Oh Cruz, apoyo de los justos, luz de los cristianos,
Por ti Dios encarnado se hizo esclavo de la tierra;
Por medio de ti ha sido hecho en Dios rey del cIelo;
Por ti ha salido la luz verdadera
La noche ha sido vencida.
Tú hiciste hundirse para los creyentes
El panteón de las naciones
Eres tu el alma de paz
Que une a los hombres en Cristo mediador.
Eres la escalera por la que el hombre sube al cielo
Sé siempre para nosotros, tus fieles, columna y ancla;
Rige nuestra morada.
Que en la cruz se consolide nuestra fe,
Que en ella se prepare nuestra corona.

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