Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,1-16.18-23):
Miqueas 5,1-4a: El tiempo en que la madre dé a luz Salmo: 12: Desbordo de gozo con el Señor.
La genealogía de Jesús que Mateo nos presenta comprende tres ciclos de 14 generaciones, la cual corresponde a los tres períodos de la historia de Israel: de Abraham a David, de Salomón al destierro, del destierro a Jesús. Mateo llama a Jesús el “Mesías” reconociendo que él es el Hijo el Dios, el Salvador enviado por el Padre. Mateo nos narra las dificultades que tuvieron José y María cuando esta quedó encinta por obra del Espíritu Santo. Dificultad de José de abandonar a María que no fuera lapidada. Mateo pone en boca de Jesús la misión de cuidar del niño: él salvara a su pueblo de los pecados.
Es que hoy celebramos la fiesta de la natividad de la Santísima Virgen María. Esta fiesta se remonta al siglo V en que se dedica una iglesia a la Virgen, en un lugar donde algunos imaginaban que había nacida la Virgen porque la suposición era que allí había sido la casa de Joaquín y Ana, los padres de la Virgen María. El día 8 de septiembre como fiesta de la Virgen no nos son conocidas. La Iglesia oriental solemniza la fiesta de la natividad de María como inicio del año litúrgico, las primeras celebraciones en Occidente, a partir de Roma aparece en el siglo VII.
Pero vayamos a los que celebramos hoy y las lecturas que la Iglesia usa en este día. La primera lectura pertenece a la Carta de Pablo a los Romanos. El texto es una reflexión de Pablo, fruto de la maduración de Pablo; y presenta la preocupación por la difusión a fin de que sea cada vez mayor es esfuerzo que marca el pasaje trinitario (26ss), Cristo consolida la comunión en el amor (31-39), y Dios Padre mantiene el plan eterno de manifestar su propia paternidad divina a través de la entrega a los hombres de la filiación y de la fraternidad con Cristo, primogénito de muchos hermanos.
El centro del mensaje paulino está en un anuncio de fe: hay un nacimiento como don del amor de Dios, un acompañamiento de la vida nueva, una consumación en la participación de la gloria.
En la introducción del Evangelio de Mateo parece un especia de registro civil sobre Jesús: es como una letanía de nacimiento. Más o menos, todos los antepasados han sido protagonistas en una etapa de la historia; en el nacimiento y en la vida de muchos de ellos resultó determinante la intervención del Señor.
Al final de la lista, el evangelista –discípulo de Cristo sumiso a la cultura judía- sitúa a José, esposo de María “de la cual nació Jesús, llamado Mesías” (16), José no tuvo ninguna presencia, sino sólo proximidad, en el acontecimiento de la encarnación, re3velado como misterio matrimonial entre la Virgen y el Espíritu Santo. También José recibió este anuncio. También él fue madurando en la fe la comprensión del nacimiento de aquel que fue engendrado en María, su esposa, por el Espíritu Santo y estaba destinado a salvar al pueblo de sus pecados (21). También él secundó la Palabra divina, obediente, silencioso, activo.
La meditación en la fiesta del nacimiento de María se enriquece de ideas. En las lecturas bíblicas no se centra la atención directamente en Mará, dado que faltan las fuentes relativas a su nacimiento. Por consiguiente, la meditación sobre su nacimiento tiene que pasar al menos por una afirmación central en ellas, a saber: la importancia de su nacimiento.
El punto fuerte en el descubrimiento de la importancia de un nacimiento está en el descubrimiento de que Dios es el protagonista de ese nacimiento y del destino de esa persona. La presencia determinante e indispensable de Dios como protagonista se encuentra, en consecuencia y por analogía, también en el nacimiento y en la vida de María La liturgia tiene una segunda lectura para la fiesta que está tomada de Miqueas 5,2-5 como lectura alternativa, se refiere a una maternidad, esto es, a la fuente de un nacimiento proyectado por Dios: la cita de éste en Mateo 2,6 denota una convicción mesiánica, traducida por el evangelista en una convicción cristológica y contextualmente mariológica, La relectura de este oráculo (Isaías 7,14) por parte del mismo evangelista señala en la virgen parturiente María a la madre designada por el mismo Dios y envuelta en un abismo místico de la comunión con el Espíritu Santo, el “Señor que da la vida”. La importancia del nacimiento de María, se deduce también a través de la prefiguración de ella en aquellos que fueron llamados por Dios según su designio, conocidos desde siempre, predestinados, justificados (la singular redención anticipada de la Inmaculada), glorificados.
ORACION
Santa María, hija del Dios de la vida, criatura nacida en medio de la alegría, arca de la gracia plasmada por el Espíritu, salve, Madre del Viviente, canta aún por nosotros la alabanza al Todopoderoso y guía la grati8tud por toda vida que nace y madura junto a nosotros.
Mujer destinada por adelantado a la existencia para abrir la vida al Hijo delo hombre, el vencedor de la muerte con su resurrección, acompáñanos en el camino y en las pausas de la vida. Virgen solidaria, presencia amorosa y servicial en nuestra historia, acoge la oración de tus siervos.

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