Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 22 de septiembre de 2010

TIEMPO( ORDINARIO SEPTIEMBRE 22, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de los Proverbios (30,5-9):
La palabra de Dios es acendrada, él es escudo para los que se refugian en él. No añadas nada a sus palabras, porque te replicará y quedarás por mentiroso. Dos cosas te he pedido; no me las niegues antes de morir: aleja de mí falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «¿Quién es el Señor?»; no sea que, necesitando, robe y blasfeme el nombre de mi Dios.

Salmo 118,29.72.89.101.104.163
Lámpara es tu palabra para mis pasos, SeñorApártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra.
Considero tus decretos, y odio el camino de la mentira.
Detesto y aborrezco la mentira, y amo tu voluntad.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,1-6):
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.
HOMLIA

Proverbios 30, 5-9: No me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan Salmo 118: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Lucas 9, 1-6: Los envió a proclamar el Reino de Dios

El envío-misión que hace Jesús a sus discípulos tiene un objetivo fundamental: proclamar el reino de Dios. Esto lo podríamos traducir en la dignificación del ser humano, en luchar por un mundo mejor en paz, solidaridad y justicia. Para este tipo de trabajo es necesario el desprendimiento total de cosas que nos atan y no nos dejan ser y estar libres para la misión: no lleven nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni dos túnicas. Es lógico que para ser discípulo, primero tenemos que sentirnos llamados-convocados por el mismo Señor. El Señor llama y respeta la libertad de la persona a quien convoca. Al aceptar el llamado, se asume con responsabilidad la misión que se le encargue, y desde allí comienza el trabajo apostólico. Y nosotros, ¿nos sentimos llamados a formar parte de la misión que Jesús encomendó a la Iglesia? La V Conferencia del Episcopado Latinoamericana (CELAM), realizada en Aparecida, Brasil, nos llama a ser “discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”. El énfasis misionero de la Iglesia en los últimos años ha sido fundamental y una necesidad que se está tratando de rescatar. La Iglesia es misionera por naturaleza.
Las palabras de la liturgia de hoy, tomada del libro de los Proverbios reflexiona con gran atención sobre la pobreza y la rqueza, y la oración de la misa de hoy nos ofrece un espléndido ejemplo. El ideal de la sabiduría no es la pobreza, sino elo bienestar, que es una bendición de Dios. Procurárselo es un deber- Los Proverbios condenan con dureza la pereza y la holgazanería. Pero si bien es verdad que el bienestar es una bendición, eso y curar a los enfermosno significa que el pobre sea un maldito o alguien castigado. Las recomendaciones en su favor son numerosas y están diseminadas por todo el libro. Ayudar al pobre es una de los deberes principales. Sin olvidar, a reglón seguido, que la felicidad no está sólo en la riqueza, sino en una riqueza acompañada del temor de dios, de la justicia y de la concordia: “más vale poco con temor de Dios que un gran tesoro con preocupación.” (15,16)

Por último, la sabiduría de los Proverbios advierte que el excesivo bienestar no está exento de de peligros morales, como el de creerse autosuficiente, sin sentir necesidad de Dios (9). La riqueza material se transforma fácilmente en riqueza de espíritu. La posición del sabio es, por eso, la que se lee precisamente en la conclusión del pasaje de hoy: ni la riqueza que conduce a la rebelión contra el Señor, ni la excesiva riqueza que conduce a olvidarlo.

El evangelio nos muestra las tres grandes tareas del discípulo (ver 1ss): predicar la conversión, expulsar toda clase de demonios y curar a los enfermos. Son las mismas cosas que hizo Jesús. Las consignas de Jesús son tres. En primer lugar, una orden: el misionero ha de llevar sólo “lo extrictamente indispensables” nada más (3). Se trata de una invitación a la pobreza entendida como libertad (dejar todo para seguirle) y fe (el mismo Señor proveerá a sus discípulos). Viene a continuación, una norma de sentido común: el discípulo iteinerante “no ha de ir de casa en casa”, ha de elegir una casa digna y hospitalaria, y quedarse en ella el tiempo necesario (4). Por último, una sugerencia cómo comportarse en caso de rechazo.

El “rechazo”, en efecto, está previsto: al discípulo se le ha confiado una tarea, pero no se loe garantiza el éxito. Frente al rechazo ha de comportarse como Jesús: si lo rechazan en un sitio ha de irse a otra parte (5). “Sacudirse el polvo” es un gesto de juicio, no de maldición: pretende subrayar la gravedad del rechazo, la ocasión malgastada. En el fondo nos repite con frecuencia a vivi como Jesús: “No llevéis nada para el camino.” (Lucas 9,3)

ORACION

Mira, Señor, cómo nosotros, tus discípulos, nos sentimos desarmados frente a este mundo. No sentimos casi perdidos, no sabemos a veces por dónde empezar y a menudo no se nos toma en serio, en particular cuando decimos tus palabras. El rebaño se aminora, los jóvenes rara vez demuestran com-prendernos y, seguramente, a nosotros nos cuesta trabajo comprenderlos.
No permitas que perdamos la confianza en tu poder. Danos el don de ver claros para llevar a cabo un examen de conciencia, para que podamos ver lo que es preciso dejar de lado (los excesivos bastones, las excesivas alforjas, el demasiado pan, el demasiado dinero, las demasiadas túnicas) porque impide el despliegue de tu acción.

No nos dejes caer en nuestra rastrera y silenciosa decepción, no nos dejes en la tentación de lo espectacular, ni el ir detrás del mundo, que todo lo apoya en el aparecer y en la capacidad de imponerse. Sabemos que algunos hacen carrera de este modo. Tú ilumínanos y sálvanos

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