Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 28 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 28, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro de Job (3,1-3.11-17.20-23):
Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: «¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: "Se ha concebido un varón"! ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar? Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?»
Salmo 87
Llegue hasta ti mi súplica, SeñorSeñor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia; llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está al borde del abismo;ya me cuentan con los que bajan a la fosa, soy como un inválido
Tengo mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano
Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del fondo; tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,51-56):
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?» Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
HOMILIA
Job 3, 1-3. 11-17. 20-23: ¿Por qué dio luz a un desgraciado? Salmo 87: Llegue hasta ti mi súplica, Señor. Lucas 9, 51-56: Tomó la decisión de ir a Jerusalén
Que jes[us suba a Jerusalén es una actividad constante de Jesús en Lucas. Y hoy lo encontramos en una de sus idas a Jerusalén, porque allí llevará a cabo su misión, porque allí también murieron los grandes profetas. Jesús sigue su proyecto de obediencia al Padre, y allá marcha aunque sabe de las dificultades y oposiciones que allí. En su camino a Jerusalén envía a dos de sus discípulos a Samaria para encontrar alojamiento. Se encuentra en Galilea y debe cruzar por el lugar de los samaritanos para llegar a Judea donde estaba Jerusalén.

Los samaritanos no eran nada amigables con los judíos por razones históricas y, por eso, no quisieron recibir a Jesús y más cuando se enteraron de que se dirigía a Jerusalén. Santiago y Juan a quien Jesús llamaba “los hijos del trueno” (Marcos 3, 17) querían enviar fuego sobre la ciudad haciendo alusión al profeta Elías cuando pidió en dos ocasiones que bajara fuego del cielo para acabar con sus enemigos (2 Reyes 1, 10) Pero Jesús les reprende como signo de que no quiere la violencia para cumplir su misión. La invitación de Jesús que nos asumamos a nuestra misión y que nuestro testimonio de vida sea coherente con nuestra misión.

Al mismo tiempo continuamos en la con la historia de Job. Tras los siete días que los amigos de Job estuvieron junto a él, en silencio, éste “abrió la boca y maldijo el día de su nacimiento” (1) La lectura de hoy desarrolla este contenido “Maldito el día de su nacimiento” (1) Job maldice el día que nació y se pregunta por qué no murió ese mismo día y por qué no le fue arrebatado el día de su nacimiento. El continuo sufrimiento le lleva a la desesperación. No es de extrañar que intente expulsar lejos de sí la memoria de su nacimiento “que se apodere de él la oscuridad; que no se compute entre los días del año” (6) Job desea que el día permanezca siempre noche, porque cada alba trae consigo el pesa de nuevos sufrimientos. En el capítulo anterior no se ve a Job que maldiga a Dios o invoque la muerte. Veíamos más bien que Job resistía, dócilmente, a la violencia de la prueba. Estas actitudes las encontramos con frecuencia en la Biblia. Al contrario se alaba la vida y se habla con profusión del amor desinteresado. Sin embargo encontramos en Jeremías una página célebre que re cuerda nuestro texto: “!Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito.”! (Jeremía 20, 14).

Hay un cambio respecto a la meditación pre. Aparece un nuevo modo de afrontar el problema del sufrimiento. Este ya no es considerado simplemente como una prueba que evalúa la gratuidad de la fe, sino como una prueba que evalúa la gratuidad de la fe, sino como un abandono, la angustia y la noche del Hijo de Dios crucificado. El hecho de que estas expresiones las encontremos ahora en la Escritura, como Palabra revelada, resulta consolador. Significa que dios no rechaza a quien, en medio de la prueba y de la experiencia de la oscuridad y de la desolación, habla sin saber lo que dice. Significa, por tanto, que la lamentación no tiene un sentido, que no sea inútil. Efectivamente, la Escritura, acoge estas experiencias como oraciones. Las llama “oraciones de lamentación”. Job, en la plenitud de su lamentación, no se aleja de Dios. No se esconde de su rostro. No busca otro Dios que no le oprima n le aplaste. Al contrario, se confía profundamente al Dios que le ha decepcionado. Y siempre es así: la lamentación sacude el corazón y lo libera.

El comienzo del evangelio está dotado de una densidad dramática. Este texto constituye el centro de dos grandes temas de Lucas. Hasta aqu+i hemos visto el desarrollo de la misión de Jesús en Galilea, con todas sus palabras, mensajes, sus parábolas, sus milagro y el testimonio de su amor (4,14-9,50) Pero ahora el evangelio de Lucas nos muestra que el destino de Jesús se dirige a su consumación. En la enseñanza y en las palabras cubre la marcha a Jerusalén. Se trata de una nueva parte del evangelio (9,51-19,44) La última. En ella se juega la suerte del mismo Jesús.
Este camino conduce a su muerte en la cruz y, después a su resurrección. Es la “hora” de Jesús a la que alude Juan (12,23; 16,32). La hora expresa la voluntad de entrega de la vida de Jesús. Ya desde el comienzo del evangelio se ve que Jesús está dispuesto a entregarse y todo tiende en él hacia el momento de la entrega. En esta hora acoge Jesús en sí mismo todo el sufrimiento y el dolor del hombre y entrega su propia vida para su salvación. El motivo de la primera parte del evangelio de Lucas es “comprender” el Reino; en la segunda, se trata de “entrar” en el mismo. Mientras que, en la primera parte, se presenta el Reino de una manera oscura a través de las parábolas, como misterio escondido que crece en la oscuridad, con una crec8miento contrastado y fatigoso, ahora se revela de un modo más claro como el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Hablando de este itinerario, dice Lucas que Jesús tomó “su decisión de ir a Jerusalén” (51). La expresión significa al pie de la letra, “endurecer el rostro”. La expresión está tomada de uno de los cantos del Siervo de Yahvé: “Endurecí mi rostro como el pedernal” (Isaías 50,7) Jesús no sinoo tiene una visión clara de los dolores a los que deberá hacer frente, sino que se abandona por completo a la voluntad Padre.

ORACION
Eres tú, Dios mío, quien fue el primero en amarnos. Eres tú quien nos buscó y llegó hasta nosotros en primer lugar. Leo en tu amor crucificado el amor infinito con que quisiste hablar a nuestro corazón y contarnos tu amor indecible. Ayúdanos a conocer las pruebas de Job, un creyente, aunque era pagano. Ayúdanos a comprender sus pruebas, ayúdanos a entrar en su dolor, para poder entrar así en las pruebas y sufrimiento de Jesús. Tú, Señor, quisiste asumir nuestros sufrimientos en los tuyos para purificarlos. Por eso, Señor,, puedes ayudarnos a contemplar la cruz, a fin de leer en el corazón traspasado de Cristo todas loas riquezas delo misterio de Dios.

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