Porque mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está al borde del abismo;ya me cuentan con los que bajan a la fosa, soy como un inválido
Tengo mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano
Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del fondo; tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,51-56):
Los samaritanos no eran nada amigables con los judíos por razones históricas y, por eso, no quisieron recibir a Jesús y más cuando se enteraron de que se dirigía a Jerusalén. Santiago y Juan a quien Jesús llamaba “los hijos del trueno” (Marcos 3, 17) querían enviar fuego sobre la ciudad haciendo alusión al profeta Elías cuando pidió en dos ocasiones que bajara fuego del cielo para acabar con sus enemigos (2 Reyes 1, 10) Pero Jesús les reprende como signo de que no quiere la violencia para cumplir su misión. La invitación de Jesús que nos asumamos a nuestra misión y que nuestro testimonio de vida sea coherente con nuestra misión.
Al mismo tiempo continuamos en la con la historia de Job. Tras los siete días que los amigos de Job estuvieron junto a él, en silencio, éste “abrió la boca y maldijo el día de su nacimiento” (1) La lectura de hoy desarrolla este contenido “Maldito el día de su nacimiento” (1) Job maldice el día que nació y se pregunta por qué no murió ese mismo día y por qué no le fue arrebatado el día de su nacimiento. El continuo sufrimiento le lleva a la desesperación. No es de extrañar que intente expulsar lejos de sí la memoria de su nacimiento “que se apodere de él la oscuridad; que no se compute entre los días del año” (6) Job desea que el día permanezca siempre noche, porque cada alba trae consigo el pesa de nuevos sufrimientos. En el capítulo anterior no se ve a Job que maldiga a Dios o invoque la muerte. Veíamos más bien que Job resistía, dócilmente, a la violencia de la prueba. Estas actitudes las encontramos con frecuencia en la Biblia. Al contrario se alaba la vida y se habla con profusión del amor desinteresado. Sin embargo encontramos en Jeremías una página célebre que re cuerda nuestro texto: “!Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito.”! (Jeremía 20, 14).
Hay un cambio respecto a la meditación pre. Aparece un nuevo modo de afrontar el problema del sufrimiento. Este ya no es considerado simplemente como una prueba que evalúa la gratuidad de la fe, sino como una prueba que evalúa la gratuidad de la fe, sino como un abandono, la angustia y la noche del Hijo de Dios crucificado. El hecho de que estas expresiones las encontremos ahora en la Escritura, como Palabra revelada, resulta consolador. Significa que dios no rechaza a quien, en medio de la prueba y de la experiencia de la oscuridad y de la desolación, habla sin saber lo que dice. Significa, por tanto, que la lamentación no tiene un sentido, que no sea inútil. Efectivamente, la Escritura, acoge estas experiencias como oraciones. Las llama “oraciones de lamentación”. Job, en la plenitud de su lamentación, no se aleja de Dios. No se esconde de su rostro. No busca otro Dios que no le oprima n le aplaste. Al contrario, se confía profundamente al Dios que le ha decepcionado. Y siempre es así: la lamentación sacude el corazón y lo libera.
El comienzo del evangelio está dotado de una densidad dramática. Este texto constituye el centro de dos grandes temas de Lucas. Hasta aqu+i hemos visto el desarrollo de la misión de Jesús en Galilea, con todas sus palabras, mensajes, sus parábolas, sus milagro y el testimonio de su amor (4,14-9,50) Pero ahora el evangelio de Lucas nos muestra que el destino de Jesús se dirige a su consumación. En la enseñanza y en las palabras cubre la marcha a Jerusalén. Se trata de una nueva parte del evangelio (9,51-19,44) La última. En ella se juega la suerte del mismo Jesús.
Este camino conduce a su muerte en la cruz y, después a su resurrección. Es la “hora” de Jesús a la que alude Juan (12,23; 16,32). La hora expresa la voluntad de entrega de la vida de Jesús. Ya desde el comienzo del evangelio se ve que Jesús está dispuesto a entregarse y todo tiende en él hacia el momento de la entrega. En esta hora acoge Jesús en sí mismo todo el sufrimiento y el dolor del hombre y entrega su propia vida para su salvación. El motivo de la primera parte del evangelio de Lucas es “comprender” el Reino; en la segunda, se trata de “entrar” en el mismo. Mientras que, en la primera parte, se presenta el Reino de una manera oscura a través de las parábolas, como misterio escondido que crece en la oscuridad, con una crec8miento contrastado y fatigoso, ahora se revela de un modo más claro como el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Hablando de este itinerario, dice Lucas que Jesús tomó “su decisión de ir a Jerusalén” (51). La expresión significa al pie de la letra, “endurecer el rostro”. La expresión está tomada de uno de los cantos del Siervo de Yahvé: “Endurecí mi rostro como el pedernal” (Isaías 50,7) Jesús no sinoo tiene una visión clara de los dolores a los que deberá hacer frente, sino que se abandona por completo a la voluntad Padre.
ORACION

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