Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 3 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 3, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (4,1-5):
Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mi, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

Salmo 36,3-4.5-6.27-28.39-40
El Señor es quien salva a los justosConfía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará: hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía. Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles. El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados y los salva porque se acogen a él.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,33-39):
En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los escribas: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos, a comer y a beber.» Jesús les contestó: «¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.» Y añadió esta parábola: «Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino nuevo revienta los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: "Está bueno el añejo."»
HOMILIA
1Corintios 4, 1-5: El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón Salmo: El Señor es quien salva a los justos.Lucas 5, 33-39: Aquel día ayunarán

Jesús se enfrenta con los fariseos sobre el problema del ayuno. Tengamos en cuenta que el problema del ayuno era empleado en momentos de duelo y lamentación por el pueblo judío. Para los discípulos de Juan Bautista, ya que ellos vivían ascéticamente, los discípulos de los fariseos y ellos eran observantes de los ayunos ceremoniales. Pero el problema de los discípulos es diferente, porque no podrán realizarlos por la alegría de estar con Jesús, el novio, es decir no es posible hacerlos. Hoy Lucas nos presenta a Jesús en tres parábolas que quieren demostrarnos que la idea antigua sobre Dios (Dios castigador y vengativo) choca con la nueva concepción sobre dios (Padre amoroso, misericordioso). Es imposible mezclar la ley mosaica que oprimía al pueblo, con la Ley de Jesús que nos enseñó el amor. Por eso Jesús va a decir ¡que no se puede remendar un vestido viejo con uno nuevo; no se puede echar vino nuevo en odres viejos; nadie quiere un vino nuevo cuando ha probado antes el viejo.” Dios ha hecho algo nuevo en Jesús. Nosotros, como cristianos, estamos llamados a seguir anunciando la “Novedad” de Jesús ante un mundo lleno de tantas injusticias y lleno de muerte. Para eso, tenemos que estar abiertos a los nuevos tiempos que nos presentan al Espíritu de Dios y eso lo vamos logrando a través de la oración, la meditación y la reflexión personal.

Por eso ña Iglesia nos presenta en esta semana la Primera Carta a los Corintios y nos pone en el seno de la comunidad cristiana de Corinto donde se nos presenta que algunos cristianos empezaban la legitimidad y la autenticidad del ministerio de Pablo, que él ejercía entre ellos y sobre ellos. En primer Lugar afirma Pablo “que somos ministros de Cristo”, esto es, somos “ministros de Cristo”: nada más (1ª). Nos viene a la mente recordar aquellas palabras de Jesús a los apóstoles: “así también vosotros, cuando hayáis hecho lo que se os manda decir: somos siervos inútiles; hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lucas 17,10): Este primer rasgo prueba la identidad del apóstol y le define en relación con Cristo, que lo ha llamado..

Somos también “administradores de los misterios de Dios” (1b), esto es, “ecónomos”, porque somos responsables de la “economía” que ve obrando tanto a Dios, que dispensa sus misterios, como a los apóstoles, que han sido llamados a dar lo que han recibido. Este segundo rasgo caracteriza al ministerio apostólico con respecto a los fieles, que tienen derecho a recibir lo que Dios, por medio de os ministros, dispensa a manos llenas. A los ministros-adminitradores se les pide que sean “fieles” (2): el término griego puede apuntar a la fidelidad personal del apóstol respecto a su Señor, pero expresa sobre todo, la fidelidad la fidelidad del siervo a su servicio o, mejor aún, a aquel que le ha llamado para este servicio. Por último, el apóstol se siente sometido sólo al juicio de Dios (3ss): de aquí podemos sacar la extrema libertad de Pablo frente a todos, aunque no respecto a Dios, al que se ha rendido de una vez para siempre y al que ahora pertenece sometido en todo y para todo. No es difícil reconocer en estos elementos característicos del ministerio apostólico una auténtica espiritualidad, de la que, por otra parte, Pablo da testimonio en todas sus cartas.

De aquí en adelante la liturgia de la Palabra presenta tres páginas del Evangelio que relatan tres polémicas mantenidas por Jesús con los discípulos de Juan el Batista y los fariseos: una tiene que ver con la práctica del ayuno y dos con las observancias del sábado.

Sabemos que la limosna, la oración y el ayuno constituyen tres compromisos inderogables para los discípulos de Cristo (vean Mateo 6,1-18), pero lo que importa a Jesús es el “modo” en que las discípulos aceptan hacer limosna, orar y ayunar. También este pasaje evangélico confirma la importancia del espíritu con el que elo ayuno puede y debe ser practicado. La alegoría del matrimonial nos impulsa a considerar a Jesús como el “esposo” (34ss), cuya presencia hoy no puede dejar de ser considerada motivo de alegría, y cuya ausencia mañana será, a buen seguro, motivo de tristeza. La espiritualidad cristiana no podrá separarse nunca de algunas expresiones personalísimas que pueden configurar una relación nuestra no sólo de hijos con su padre, sino también de esposa con esposo. Sabemos que ya desde el Antiguo Testamento se ha desarrollado ampliamente la alegría matrimonial para iluminar tanto las relaciones de todo creyente con Dios.

No es difícil caer en la cuenta de que se distingue aquí con bastante claridad los tiempos de Jesús de los tiempos de la Iglesia, y (“ésta es una idea clara de Lucas, como por otra parte ha puesto de relieve otros intérpretes de la Palabra.”

Siempre es bueno reflexionar sobre la novedad traída por Cristo y atestiguada por el evangelio, esto lo pone Lucas en este texto que hemos reflexionado. Señalemos, en primer lugar, el carácter paradójico con que narra Lucas la primera parábola: no habla simp0lemente de un pedazo de tela para ponerlo en una traje viejo, sino de la acción que “alguien corta que corta un trozo de tela de una traje nuevo y lo pone en un vestido viejo”. Está claro que Lucas quiere censurar la actitud de aquellos que al rechazar la novedad del evangelio, acaban por estropear lo que es nuevo, sin llevar a su consumación lo que es viejo.

“Nuevo” puede referirse en referencia al Antiguo Testamento: en este caso, el verdadero discípulo de Jesús desde el comienzo de su experiencia de fe intuye que la Palabra de Jesús llega como cumplimiento de las profecías y su adhesión de fe a Jesús le pone en continuidad con todos aquellos que antes de Cristo ya se abrieron a la escucha de la Palabra de Dios y se dejaron guiar por los profetas. “Nuevo” puede ser entendido como referencia a los maestros alternativos que también en tiempo de Jesús hacían prosélitos; en este caso, los apóstoles y los discípulos se encontraron en la necesidad de tomar dediciones difíciles para no dejarse hipnotizar por falsos maestros y por guías ciegos e hipócritas (ver Mateo 23,15-17). “Nuevo” por último, puede ser entendido igualmente en referencia a ciertas actitudes que caracterizaba la vida de los discípulos de Jesús antes de su encuentro con el maestro: en este caso, el discípulo de Jesús advierte el deber de dejar para tomar, de abandonar para recibir, de perder para encontrar.

Por eso Pablo hoy nos dice: “Que nos consideren, por tanto, como ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios.” (1 Corintios 4,1)

ORACION

Oh Señor, sácanos del surco de nuestros hábitos. La tarea personal de una persona que quiere madurar es, la de alcanzar la inocencia de un niño. Oh Señor, dame una mente fresca, inocente, llena de porqués y, por eso mismo, abierta y capaz de conocimiento infinito.

“Nadie corta un trozo de tela nuevo y lo pone en un vestido viejo.” Oh Señor, concédeme el sentido del buen gusto, que no me mantenga encerrado en lo “viejo”, sino que, aún apreciándolo, sepa captar la novedad de tu gracia, dotada siempre de originalidad y elegancia espiritual. Los discípulos de Juan ayunaban; los tuyos comen y beben. Oh Dios, concédeme ese sentido de equilibrio que no me liga a la fuerza de normas y prácticas ya superadas, sino que a través de intuiciones afortunadas a todo tipo de situaciones.

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