Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 9 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 9, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8,1b-7.11-13):
El conocimiento engríe, lo constructivo es el amor. Quien se figura haber terminado de conocer algo, aún no ha empezado a conocer como es debido. En cambio, al que ama a Dios, Dios lo reconoce. Vengamos a eso de comer de lo sacrificado. Sabemos que en el mundo real un ídolo no es nada, y que Dios no hay más que uno; pues, aunque hay los llamados dioses en el cielo y en la tierra –y son numerosos los dioses y numerosos los señores–, para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede el universo y a quien estamos destinados nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe el universo y por quien existimos nosotros. Sin embargo, no todos tienen ese conocimiento: algunos, acostumbrados a la idolatría hasta hace poco, comen pensando que la carne está consagrada al ídolo y, como su conciencia está insegura, se mancha. Así, tu conocimiento llevará al desastre al inseguro, a un hermano por quien Cristo murió. Al pecar de esa manera contra los hermanos, turbando su conciencia insegura, pecáis contra Cristo. Por eso, si por cuestión de alimento peligra un hermano mío, nunca volveré a comer carne, para no ponerlo en peligro.

Salmo 138,1-3.13-14ab.23-24
Guíame, Señor, por el camino eternoSeñor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras.
Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,27-38):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»
HOMLIA
1Corintios 8, 1b-7. 11-13: Pecando contra los hermanos, pecan contra Cristo Salmo: 138: Guíame, Señor, por el camino eterno Lucas 6, 27-38: Amen a sus enemigos

HOMILIA
Leyendo EL evangelio nos damos cuenta de que lo que propone Jesús es total-mente contrario a lo que nos ofrece y propone el mundo de hoy. Lo de bendecir al que nos maldice no se logra comprender con claridad. El amor a los enemigos se nos hace incomprensible para nosotros hoy. Si alguien te golpea la mejilla preséntale la otra, si te roban la túnica ofrece también el manto. ¿Cómo se puede entender? Es algo difícil de practicar lo que el Señor nos ofrece hoy y es precisamente porque nuestro Padre Dios actúa de esa forma, Jesús nos está invitando a actuar como lo hace el Padre misericordioso, adaptar el comportamiento misericordioso de aquel que nos amó primero. Parece una locura y en realidad lo es. Es una locura de amor, un amor que crea nuevas relaciones entre los seres humanos, un amor que sustituye al odio, a la violencia, a la guerra. Un amor que puede transformar el corazón de la persona para convertirlo en un signo de unidad, de justicia y de paz.

Una regla de oro: Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Con esta regla podemos iniciar este arduo camino que nos presenta Jesús.

El pensamiento de Pablo hoy nos enseña a alcanzar la centralidad del misterio pascual de Jesús a través de otro camino: el de la caridad cristiana.

Se encontraban cristianos en Corintio que se exponían a escandalizar a otros creyentes, sobre todo en los menos firmes en la fe. Hacían galas de comer cdarne sacrificada a los ídolos. Y producía un combate en aquella comunidad entre los fuertes y los débiles, que no suscitaba la pureza de vida cristiana sino sembraban el escándalo y la ruina espiritual.

A todos, -los fuertes y los débiles- les recuerda Pablo dos verdades fundamentales: los ídolos son dioes falsos y embusteros, celo9sos de nuestra libertad y déspotas con referencia a Señor nosotros, mientras “que para nosotros no hay másw que un Dios: el Padre de quien procede todas las cosas y para quien nosotros existimos” (6) No nos encontramos frente a una investigación humana, sino de una revelación de Dios como Padre de nuestro Señor Jesucristo, del que nos viene no sólo el mandamiento La del amor sino también la posibilidad de cumplirlo.
La segunda verdad es, la del misterio pascual de Cristo: “Y así, porque tú te las das de sabio, puede perderse ese que tiene la conciencia poco formada, ese que es un hermano por quien Cristo murió” (11).

El evangelio de hoy es un eco de las bienaventuranzas; más aún, nos ayuda a descubrir el fundamento primero y última de toda bienaventuranza cristiana.

Dice Jesús: “amad a vuestros enemigos” (27.35): el discurso no podría ser más claro. De este modo destaca Jesús, como maestro y como guía, frente a todos loos demás rabinos de su tiempo: no sólo contrapone el amor al odio, sino que exige que el amor de sus discípulos se concentre precisamente en aquellos que lo odian. Un ideal de vida tan exigente y tan sublime no ha sido pedio y no lo será nunca p ningún maestro. No se trata como es obvio, de un amor abstracto, sino de un amor que se traduce en multitud de pequeños gestos, que, día tras día, interp0elan y verifican la autenticidad del mismo amor. Para Jesús, sería ridícula amar sólo a los que nos aman; no habría en ello mérito alguno y, sobre todo nuestro amor no sería sólo de nuestra exclusiva e inequívoca pertenencia a Cristo: “También los pecadores aman a quines los aman.” (32).
La enseñanza de Jesús acaba en aquella famosa expresión en la que Lucas sustituye la palabra “perfección” que emplea Mateo, por la de “misericordia, sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (36). Es lógica de la espiritualidad evangélica, no se da otra perfección que no sea la del amor fraterno, que revela nuestra identidad filial respecto a Dios; no hay otra meta que la tender a la imitación de Dios, que es amor misericordioso, por medio de los actos de bondad y de misericordia.

“Sed misericordioso como vuestro Padre es misericordioso”: así traza el trozo evangélico de hoy, mientras que Mateo en el texto paralelo escribe” Vosotros sed perfecto como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5,48). ¿Por qué esta diferencia? ¿Se trata de una contradicción o hemos de buscar en otra dirección?

Podemos decir que probablemente la de Lucas podría ser la redacción más próxima a las palabras de Jesús histórico: nos viene espontáneamente a la cabeza pensar que Mateo, como buen judío convertido, viene a señalar a sus destinatarios una meta de perfección, según las exigencias de la nueva ley, la inaugurada por Jesús. De este modo, y según San Mateo, el cristiano se sitúa en pelna continuidad con la más autentica espiritualidad del Antiguo Testamento. A Lucas le gusta recordad explícitamente una enseñanza, difundida también en el Antiguo Testamento, que caracteriza a Dios, como el amor misericordioso (Exodo 34,6; Deuteronomio 4,31; Salmo 78, Salmo 86,15) por el simp0le hecho de que esto constituye el mensaje central del magisterio de Jesús.

En el texto de Pablo que no leímos hoy porque se ha omitido, Pablo dice: “Pecando contra los hermanos y haciendo daño a su conciencia mal formada, pecáis contra Cristo”. (1 Corintios 8,12)

ORACION

Oh Señor, el amor no fue para ti una discusión de salón, y mucho menos un sueño vago y abstracto, no lo consideraste una cualidad o adorno del que gloriarnos.}, no lo intercambiaste con el sentimentalismo romántico, no lo definiste porque es una realidad.
Al contrario, Señor, el amor por ti es un arco iris de colores qyue hemos de abrazar sin barreras entre blancos y negros, judíos y gentiles, griegos y romanos, jóvenes y viejos, hombre y mujer, amigos y enemigos, buenos y malos. Es un sentimiento dinámico e in definible porque como la vida, es completamente engendrador de algo nuevo, esta es la base de todas las relaciones, Pedro, la viuda, el ladrón, Zaqueo, los pequeños, la adúltera y tantos otros. Oh Señor, Para Ti “vivir significa amar”: éste es el don más grande que nos dejaste.

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