Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 20 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMEBRE 20, 2010

PALABRA DE VIDA
"Lectura del libro de los Proverbios (3,27-34)
Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré.» No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los hombres rectos; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del honrado; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes; otorga honores a los sensatos y reserva baldón para los necios.
Salmo 14,2-3ab.3cd-4ab.5
El justo habitará en tu monte santo, SeñorEl que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,16-18):
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»
HOMILIA

Proverbios 3, 27-34: El Señor aborrece al perverso Salmo 14: El justo habitará en tu monte santo, Señor. Lucas 8, 16-18: Al que no tiene se le quitará
Lucas comienza hoy con una exhortación muy importante para nosotros, nos invita a ser lámparas encendidas que iluminen a todos los seres humanos. Pero para ser lámparas necesitamos recibir la luz que nos viene de la Palabra de Dios. Pero tenemos que afirmar al mismo tiempo que para iluminar necesitamos haber recibido la Palabra de Dios que significa a Cristo mismo. El recibir la Palabra de Dios nos habla de la obligación que tenemos significa que debemos anunciar la Palabra porque “nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija o la mete debajo de un candelero o debajo de la cama”. Este es el gozo del discípulo “que loa coloca en el candelero para que los que entran en la casa ven la luz”. ¿”Ay de aquel que teniendo la lámpara y la luz se la guarda para sí mismo? Sería un acto muy egoísta el no compartir con los demás esa Palabra recibida, mientras quien se sienta comprometido con el anuncio profético, ese recibirá aún más “porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aún lo que parece tener.” Es necesario preguntarnos ¿estamos siendo ministros idóneos de la Palabra de Dios? O ¿la estamos escondiendo debajo de la cama, es decir, no estamos compartiendo con los otros ese don tan precioso?

Ambos texto de hoy se encuentran, y aunque el libro de los Proverbios es un libre humilde, aunque sólo en apariencia. Nos hace ver que a sabiduría presente es una huella de la sabiduría divina. Hasta la sabiduría que se expresa en formas más humildes y cotidianas –la sabiduría del sentido común, de la razón, de la experiencia- viene de Dios. Seguirla es obedecer a Dios; ignorarla significa traicionar el designio de Dios. Bajo esta luz, profundamente religiosa, es como debemos comprender todas las máximas del libro de los Proverbios, reconociendo un valor de imperativa moral no sólo a la palabra de los profetas y a la Ly, sino también al significado también de las cosas y a loa fuerza de la experiencia.

El pasaje que nos presenta hoy la liturgia insiste en las relaciones con el prójimo: no hay que negar un favor, no se debe decir: “vuelve otro día, mañana te daré´", ni imitar la conducta del malvado.” (28), no hay que maquinar engaños, ni pleitear; ni envidiar la conducta del malvado (29-32) En el interior de estas mandatos, y casi de improviso, hace su aparición una afirmación muy bella: “Y da a los rectos su confianza” (32b) Y así queda da perfilada la figura las figura del sabio en sus coordinadas fundamentales: la corrección y la benevolencia en sus relaciones con el prójimo, la convicción de que la confianza en Dios vale más que cualquier otra cosa.
Los dichos de Jesús que hemos leído hoy –probablemente disdceminados en su origen- han sido recogidos por Lucas en una sección (8,4-21) que tiene como tema la Palabra de Dios. Desde esta perspectiva los leemos nosotros.

El primero de ellos (16) parece tener el rasgo de anonimato, no se pone una luz bajo la cama. La advertencia parece dirigida a los cristianos que -por miedo o porque consideran inútil hacerlo- no se exponen en público. La Palabra es pública y visible: esconderla es un modo de hacerla morir.

El segundo dicho (17) parece más bien temer el riesgo del secreto. La advertencia va dirigida a los grupos cristianos que se cierran en sí mismos y anuncian la Palabra en secreto, sólo a los iniciados. Porue la Palabra en virtud de su naturaleza misionera, es para todos.

El tercer dicho (18) es más difícil. A buen seguro, llama la ate3nción sobre la importancia de la escucha: “prestar atención a cómo escucháis”. Hay quien no escucha, pero hay también alguien que escucha mal. ¿Qué significado hemos de dar a esta afirmación, un tampo enigmática: “al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará incluso lo que cree tener?” ¿Qué significa el “porque” (18b) que condiciona estrechamente el crecimiento o la pérdida a la escucha de la Palabra? Quizás que signifique que es importante escuchar bien, porque es precisamente la escucha lo que enriquece. No sólo no crece, sino que pierde también lo que considera tener. La escucha de la Palabra es, por consiguiente, el camino necesario para el crecimiento en la fe. Si falta, desaparece la fe.

ORACION
Estás bien, Señor, que estoy preocupado por hablar de tu doctrina más que reproducir tu vida. Estás viendo, cómo pongo demasiado entre paréntesis tu modo de ser. Que dio tanto impacto a tus palabras, pensando que evangelizar o ser guía para los hermanos se reduce a una cuestión de conocimiento y de transmisión de ideas.

Pero eres tú quien debe vivir en mí, para que yo pueda comunicar rtus palabras y ser guía de otros. Si tú, mi amado Señor, no vives dentro de mí, tus palabras saldrán sin efecto, de mis “labios impuros”, porque mi corazón será demasiado diferente del tuyo, mis criterios prácticos de valorización estarán demasiado alejados de los tuyos. Ayúdame a buscarte a ti antes que las palabras, a modelarme siguiendo tu imagen antes que la de usarte para decir las cosas que debo decir.

Para esto necesito también sentirte más cerca, más íntimo, más amigo, más familiar, más presente en mi vida. No me dejes, no me abandones a mis ilusiones, no me dejes recorrer hasta el final mis atajos, mi constante tentación de reducirte a idea o a simple mensaje.

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