Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 18 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARO SEPTIEMBRE 18, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,35-37.42-49):
Alguno preguntará: «¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo traerán?» ¡Necio! Lo que tú siembras no recibe vida si antes no muere. Y, al sembrar, no siembras lo mismo que va a brotar después, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de otra planta. Igual pasa en la resurrección de los muertos: se siembra lo corruptible, resucita incorruptible; se siembra lo miserable, resucita glorioso; se siembra lo débil, resucita fuerte; se siembra un cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual. En efecto, así es como dice la Escritura: «El primer hombre, Adán, fue un ser animado.» El último Adán, un espíritu que da vida. No es primero lo espiritual, sino lo animal. Lo espiritual viene después. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.
Salmo 55,10.11-12.13-14
Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vidaQue retrocedan mis enemigos cuando te invoco, y así sabré que eres mi Dios. En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre? Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias; porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída; para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,4-15):
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.» Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?» Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»

HOMILIA

1 Corintios 15, 35-37. 42-49: Se siembra lo corruptible, resucita incorruptible Salmo 55: Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida.Lucas 8, 4-15: Corazón bien dispuesto.

Jesús vuelve a enseñar y sigue su estilo les habla de nuevo con una parábola: “la del sembrador que siembra la semilla”. La semilla cae en distintos casos de tierra y da su fruto de acuerdo al terreno donde cayó. Y el sembrador usa el sistema del tiem-po de Jesús, lleva la semilla en una bolsa y al sacar va esparciendo la semilla. La semilla cae en tierra (pedregosa, con espinos, fértil) es la Palabra de Dios, como bien explica Jesús.

Esa Palabra es la que va iluminando nuestro caminar como cristianos, y es esa misma Palabra a la que estamos llamados a sembrar en cada persona con quienes compartimos en nuestro diario vivir. Jesús revela a sus discípulos los proyectos (misterios) del reino porque en definitiva ellos serán los encargados de contin uar su misión. Los demás no entienden el sentido de la parábola, lo que quiere decir, inclusive los mismos discípulos tampoco logran entender el mensaje, y por eso Jesús se ve en la obligación de decirles lo que significa. Los la plena disposición para escuchar la Palabra se relacionan con la tierra fértil, que se caracterizan por ser generosos y perseverantes en su respuesta a la Palabra. Preguntémonos: ¿estamos siendo de verdad tierra fértil para que esa Palabra crezca y germine para la vida eterna? O más bien ¿nuestra tierra tiene espinos, piedras que no dejan crecer (e3n mí y en los demás) la Palabra que el Señor ha sembrado?

La primera lectura empieza a explicarnos, por eso al llegar Pablo al final de su enseñanza sobre la resurrección de Jesús y la nuestra, se plantea una pregunta: “?cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo volverán a la vida? (35) Se intuye el tono triste y desconsolado del apóstol al contestar que los cristianos de aquella fueran secuaces de una mentalidad materialística, que quiere disociar el cuerpo del espíritu Tal insensatez no le parece soportable, sobre todo, porque no tiene presente ni cuenta con el misterio pascual de la muerte y resurrección. Los cristianos no pueden renunciar a esta verdad.

La resurrección para Pablo, inaugura una “novedad absoluta” en la vida de Cristo y en la de los cristianos: el paso de un cuerpo animal a un cuerpo espiritual está incripto en designio salvífico de Dios. Por eso no es posible proyectar sobre un cuerpo espiritual nuestras experiencias relativas al cuerpo animal. La relación entre el primer hombre, Adán, y Cristo, el último, el último Adán, es también bastante iluminadora. Pablo establece una clara relación entre la economía de la creación y la de la redención, para afirmar que la novedad de cristo no consiste en tener la vida, sino en “dar la nueva vida” a todos. Será un don “integral” en el sentido de que tendrá que ver con todo hombre –cuerpo, alma y espíritu- para una experiencia de vida nueva y eterna, de suerte que, seremos asimismo hermanos del primer hombre, Adán, y habiendo llevado la imagen del hombre de tierra, seremos asimismo hermanos del último Adán, Cristo, llevando la imagen del hombre celestial.

Pablo afirma en la última frase de la 1 Carta a los Corintios 15,49: “Y así como llevamos la imagen del terrestre, llevamos también la imagen del celestial."

ORACION

Tu Palabra, Señor, cae sobre mi camino para mostrarme la dirección que tú quieres darle a mi vida, pero mis puntos de vista no me permiten escucharla ni acogerla en le fondo de mi corazón, en el centro de mi existencia. Tu Palabra, Señor, llama a mi corazón, pero una espesa red de negatividad no la deja respirar.

Haz fértil, Señor, esta tierra mía, para que tu Palabra pueda vivir en mí, en los otros, en el ambiente en el que vivo e intenso servir a la causa de tu Reino. Alimenta, Señor, esta vida mía, a fin de que tu Palabra crezca en mí y a mi alrededor, para el bien de mi prójimo y gloria de tu nombre. Refuerza, oh Señor, mi voluntad y mi perseverancia, para que tu Palabra de frutos copiosos y duraderos en este segmento de mi vida y en el extenso horizonte de la historia.

Tu Palabra, Señor, es luz para mis pasos, es fuego que inflama, es agua que refresca y calma la sed, es espada cortante y penetrante, es viático para mi camino ¡gracias, Señor!

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