Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 30 de octubre de 2010

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,18b-26)
De la manera que sea, con segundas intenciones o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro; y me seguiré alegrando, porque sé que esto será para mi bien, gracias a vuestras oraciones y al Espíritu de Jesucristo que me socorre. Lo espero con impaciencia, porque en ningún caso saldré derrotado; al contrario, ahora, como siempre, Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en este dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Convencido de esto, siento que me quedaré y estaré a vuestro lado, para que avancéis alegres en la fe, de modo que el orgullo que sentís por mí en Jesucristo rebose cuando me encuentre de nuevo entre vosotros.

Salmo 41
Mi alma tiene sed del Dios vivo.Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Recuerdo como marchaba a la cabeza del grupo hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,1.7-11):
Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
HOMILIA
Filipenses 1, 18b-26: Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir Salmo 41: Mi alma tiene sed del Dios vivo. Lucas 14, 1. 7-11: Quien se humilla será engrandecido
La Palabra de este día nos pone en conocimiento del pensamiento que reinaba en medio de la comunidad y a la que los discípulos y el Señor descubren y nos muestran los temas vitales de las comunidades de su tiempo, donde sobresalía el prestigio y el honor de ocupar los primeros puestos. Es la disputa que se muestra en las comunidades de los fariseos por esos primeros puestos. En las reuniones lo que buscan son los puestos primeros, los supuestos son elegidos. Ocupar un último puesto es una desgracia y una vergüenza.
Se muestra en este escenario, en el contexto de la mesa y de la comida, el reflejo de la estratificación y exclusión social del tiempo de Jesús. Sin embargo, en la mesa del reino de Dios los invitados buscan el último puesto. En la mesa de Jesús los últimos suben y los primeros deben estar dispuestos a bajar de manera que se llegue a conformar una mesa en la equidad, donde no haya jerarquías opresoras y delimitadoras de la dignidad humana. Los invitados a la mesa del reino, es al banquete abierta a todos, en especial, a los más pobres, necesitados, los marginados, los considerados los “últimos”. El verdadero honor y prestigio evangélicos del discípulo de Jesús tiene que pasar por el permanente servicio desinteresado a los demás. Estos son los rostros y las líneas básicas del reino.
Por eso nos encontramos con Pablo que tiene que enfrentar que muchos de los cristianos anuncian la Palabra de Dios (Efesios 1,14ss=) y lo hacen por envidia y desacreditando al apóstol (15ª,17) El Espíritu Santo y las oraciones de los fieles de Filipo le sostienen y confirman en la viva esperanza de que esas situaciones dolorosas no serían para él ocasión de decepción, sino de salvación (19-20ª), ya que cree firmemente que Cristo recibirá gloria tanto en el caso que él siga vivo y continúe la evangelización como si muere (20b).
Pablo considera la muerte como la ganancia suprema, pues le introduce en en la plena comunión con Cristo, quien ya desde ahora es su vida (21); ver juan 14). De ahí que el apóstol se sienta como tenso entre dos realidades que le atraen y motivan profundamente: el deseo de la unión total con Cristo, sólo posible luego de su muerte, y de la constatada necesidad de su presencia y de su presencia y de su palabra en las comunidades cristianas (22-24). Si bien Pablo, por su parte optaría por la primera posibilidad (23b), considera sin embargo, más probable que se realice en la segunda. La fe en los filipenses recibirá un nuevo impulso y crecerá su alegría gracias a la presencia del amado apóstol, cuya visita será para los filipenses un motivo para gloriarse de la comunión que les ha sido dada en Cristo (25ss).
En el evangelio vemos que Jesús toma pie en la vida cotidiana, con la actividad que marca su estilo de vida en medio de nosotros, para hacernos ver lo que nos ha enseñado “la vida nueva de dios y de los hijos de Dios” Así ocurre cuando habiendo sigo invitado a casa de un jefe fariseo (Lucas 14,1), nota el afán que anima a los invitados por ocupar los primeros puestos. (7)
. El relato-parábola propuesto por Jesús (8-10) es una enseñanza de buena educación, de respeto de las precedencia según la escala social. Quien ocupa un puesto que no le corresponde se expone al ridículo y a l vergüenza (8ss): la ambición, alterando el justo concepto de sí mismo, es un obstáculo para las relaciones con los otros. En cambio, el que no pre3sume de ser digno de honores particulares puede encontrarse con la sorpresa feliz de recibir atenciones imprevistas por parte del señor de la casa (10) El don de Dios es gratuito y6 no consecuencia matemática de méritos humanos, y Jesús advierte que deben recordarlo los que ambicionan recibir reconocimiento y gratificaciones. La humanidad, es decir, la confianza total puesta en Dios y en su amor, es la condición que permite recibir la gloria y el honor que concede el mismo Dios) ver 1,46-48.52; Salmo 21,6-8), que consiste en estar unidos a él en la obra dee salvación (Lucas 22,28-30; Marcos 10,35-40). Por eso Pablo nos recuerda en la carta a los Filipenses 1,21: “Para mí la vida es Cristo.”.
ORACION
¿Cuál es “hoy” mi sitio, Señor? ¿Cómo puedo orientarme en las decisiones importantes, esas que expresan de modo claro mi identidad de hombre creyente?
El mundo me sacude de derecha a izquierda: con mil enseñas brillantes me atrae a sus redes, imponiéndome tomar posición. Cada una compite para hacerse con mi atención, con mi tiempo, con mi consentimiento, con mi inteligencia, con mis brazos y sobre todo con un pedazo de mi cartera.
¡Pero tu Palabra no me deja escapatoria! Me inquieta, me ilumina, me infunde ánimo. Me impone vigorosamente confrontarme con la verdad de mí mismo –y con la Verdad que eres tú, oh Señor-. Me llama a la humildad (que no es auto denigración), me presenta la promoción de los hermanos, me enseñaste los horizontes hasta los confines escatológicos. Gracias, Señor, por esa luz que no disminuye. Permanece siempre cerca y llévame de la mano para ocupoar mi sitio.

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