Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. Esta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,18-21):
HOMILIA
Efesios 5, 21-33: Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia Salmo 127: Dichosos los que temen al Señor. Lucas 13, 18-21: El reino es como la semilla que crece y se hace un arbusto.
El Reinoi de Dios crece y se desarrolla en la vida de los seres humanos a pesar de la oposición de la humanidad. Hoy nos encontramos con otra de las parábolas de Jesús donde se nos muestra el crecimiento progresivo del Reino de Dios. La comparación que Hace Jesús del Reino de Dios con dos realidades que forman parte de la vida cotidiana de su tiempo tiene un sentido profundo concreto: nos muestran el significado y el arraigo que tiene Jesús por mostrar su entrega y pasión por el proyecto de Padre. El nos hace entender su convicción sobre el caminoi qued ha de tomar para la implementación del Reino de Dios. Esta implementación tiene que comenzar desde lo más pequeño, desde lo imperceptible. El Reino de dios tiene que acontecer en la realidad histórica con los que no cuentan con los ilegales de la sociedad y los sistemas políticos y religiosos que desechando considerándolos “el basurero” de la humanidad. Estas parábolas nos enseñan hoy a sus discípulos haciéndole frente a la violenta oposición a los signos del Reino en la vida de los seres huamnos más débiles y empobrecidos.
Pablo va a comenzar su trozo de la Carta a los Efesios que leemos oy hablando sobre la vida nueva de los bautizados (ver Efesios 4,17—7,20). Y usa las relaciones interiores de la familia (5,21-6,9) El versículo 21 nos ofrece la clave de la lectura de toda la sección: el cristiano unido a Cristo por el bautismo, imprime el servicio y la obediencia a todas las relaciones con los demás.
Por eso usa “la relación marido-mujer. “ Lo mismo que hace Cristo con la Iglesia así el marido debe hacer con su mujer (25); como la Iglesia responde al amor de Cristo con la obediencia y sumisión, así la mujer respecto al marido (22-24).El amor de Cristoa la Iglesia ha de ser, por tanto, el modelo de la unión conyugal: éste es el gran misterio que anuncia el apóstol (32).
Las alusiones que hace Pablo (consagración, purificación, palabra) motivan e iluminan las exhortaciones. En el bautismo ha mostrado Cristo su amor a la Iglesia haciéndola pura, espléndida, digna de ser su esposa. Nada puede ocultar su belleza o servir de pretexto para el repudio lo garantiza (22ª-27) La exhortación a amar a la esposa dirigida al marido está reforzada con el ejemplo del cuerpo (28): la mujer es parte del cuerpo del hombre, dado que el vínculo matrimonial hace de los dos una sola carne, así como la Iglesia forma parte del único cuerpo de Cristo. “Alimentarse” y “cuidar” expresan las acciones propias del amor que gobierna la vida (29-31)-
La insistencia en la sumisión recomendada a la mujer (22,24,33) tiene que ser comprendida en el contexto de la sociedad patriarcal, en la que la supremacía masculina estaba fuera de la discusión y la mujer era considerada posesión delo marido (29-33) Tiene que ser considerada edn el contexto de la sociedad patriarcal, en la que la supremacía masculina estaba fuera de discusión y la mujer era considerada propiedad del marido (Exodo 20,27ª). Con la fuerte acentuación de paralelismo entre la relación marido-mujer y la relación de Cristo-Iglesia, la concepción patriarcal de las relaciones copnyugales asume tonos absolutamente nuevos: la sumisión al marido, a quien se exhorta repetivamente a que ame a su mujer, parece asumir el significado de una respuesta al amor ofrecido, más que de una pasiva sumisión a una autoridad reconocida como d3e derecho natural.
. En el evangelio, Jesús, al curar en sábado a la mujer encorvada (ver Lucas 13,10-17) se manifiesta como el Señor del tiempo: él es “hoy” de la salvación que se lleva a cabo en el amor. El Reino de Dios está presente entre los hombres (17,21). Las parábolas que siguen – las que componen el texto de hoy- ilustran dos características peculiares del Reino de Dios: su gran “expansión” y su “fuerza transformadora”.
Entre los numerosos relatos parabólicos que, en loqa construcción lucana, cubren el viaje de Jesús hacia Jerusalén, sólo las dos parábolas que acaqbamos de leer se refieren directamente qal Rrtino de Dios. Ponen de manifiesto su gran expansión en el mundo, fruto de la obra evangelizadora de los discípulos, obedientes al mandamiento recibido del Maestro (24,45-49; Hechos 1,8). Los modestos comienzos que caracterizan el ministerio de Jesús tienen, pues, una gran desarrollo: la difusión de la Palabra de Dios, que resuena en todo el mundo y de la que todos reciben vida, es comparable alo árbol cósmico de Daniel 4 7ª-9 cuya imagen recuerda el crecimiento del arbusto de la mostaza (18ss).
La otra característica del Reino de Dios es su fuerza intrínseca, que obra en un desarrollo del mundo. Como la levadura, escondida en la masa inerte de harina, provoca su crecimiento, así el Reino de Dios, mediante la evangelización animada por el poder delo Espíritu Santo, transforma todo el mundo, sin ninguna discriminación. Por eso Pablo nos ha recordado hoy: “Guardaos mutuo respeto en atención a Cristo” (Efesios 5,21) Que es el gran problema en que nos encontramos en el mundo de hoy. Tal vez es fácil verlo en el problema de la discriminación, pero muchos no estamos dispuestos a aceptarlo y a ponerle una solución. Un signo de esto es la afirmación de la televisión cada día: “Cada dos minutos cada día un joven abandona la escuela.” Y esto lleva a otra afirmación, “si no fomentamos la educación, fomentamos la guerra.”
¡Oh Dios, que grqnde es tu misterio! Cuando me enciero en mí mismo, digo que me espanta. Cuadno me abro a ti de manera confiada, me estremezco de estupor.
Tú manifiestas tu verdad –amor personal ofrecido a todos los hombres- por medio de mi vida, por muy pequeña que me parezca. Y buscas su expresión más fierte y totalizadora, como la unión de vida entre el hombre y la mujer, para hacerme intuir lo intensamente que estás comprometido conmigo y quieres comprometerme contigo. Que tu voluntad ardiente, que ni disminuya ni disminuirá nunca, haga fermentar, a trav´pes de la obra de tus amigos, la vida de nuestro mundo.

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