Salmo 144,10-11.12-13ab.13cd-14
Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,22-30):En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»
HOMILIA
Efesios 6, 1-9: No como quien sirve a hombres, sino como esclavos de Cristo. Salmo 144: El Señor es fiel a sus palabras. Lucas 13, 22-30: Vendrán de oriente y occidente al reino de Dios.
Jesús habla a la gente sobre tomar conciencia de las exigencias que supone seguirlo: comenzando con la capacidad de transformar la vida mediante el arrepentimiento y la reconciliación, total fidelidad a él y a su proyecto y decidirse por la puerta angosta, y por el camino de la salvación del ser humano. No basta con comer y beber de vez en cuando con Jesús, no, hay que compartir su vida y destino, cuyo símbolo es la comunión de mesa con los humildes y sencillos. Es decir, el Reino de Dios es para Jesús un banquete donde todos nos reconozcamos como seres humanos con dignidad y con derechos y deberes; hombres y mujeres que van más allá de las fronteras del color, la raza, la religión, del color político o nación que abran las puertas del Reino a toda persona, de querer comp0artir el proyecto y destino de Jesús y participar de su destino en su banquete de justicia, solidaridad y la salvación. Y esto no es un asunto de exclusión de los malos, los extranjeros, los huérfanos, las viudas, los pecadores, los ancianos y los niños. La salvación es una buena noticia para todos, y los más afligidos, excluidos y marginados tienen un lugar predilecto.
Después que Pablo ha exhortado a los cónyuges a vivir una relación matrimonial en conformidad con su identidad cristiana (ver Efesios 5,22-33) se dirige a los hijos y los padres. También a ellos les dirige la invitación al mutuo respeto en la común obediencia a Cristo ( ver 5, 21).
Después que Pablo ayer exhortó a los casados a vivir su relación matrimonial en conformidad con su identidad de cristianos ahora se dirige a los hijos y sus padres. . También les recuerda la invitación al mutuo respeto en común obediencia a Criosto (5,21)
A los hijos le recuerda el mandamiento de Moisés (“Honra a tu padre y a tu madre.” (Exodo 20, 12b)
A los padres les ha sido confiada educar a sus hijos y hacerlo con mansedumbre y atención no buscando sus intereses sino como servidores de Dios (4): en él debe inspirarse y orientarse la acción educadora. La relación con el Señor y la obediencia a su voluntad califican las relaciones entre padres de hijos, fundada en el mutuo respeto de unos por los otros.
Recuerda también las relaciones Señor (9b) y la obediencia al Señor. Tanto para esclavos y dueños vale la misma Palabra de Jesús: “Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis”. (Mateo 25,40) Por eso el esclavo debe obedecer a su amo, obedeciendo a Cristo: su servicio realizado con sencillez y generosidad asume un valor religioso, que excluye todo tipo de servilismo y la búsqueda de antiguas complacencias (5-7). El amo debe tratar de la misma manera que trataría a Cristo, con un corazón animado por la caridad, sin arrogancia o autoritarismo (9ª).
En el evangelismo encontramos la ida de Jesús a Jerusalén pasando por pueblos y aldeas y fundado en la enseñanza (22). Las preguntas que le hacen tienen relación con el Reino de Dios (23). Jesús como de costumbre no da una respuesta directa sobre el número de los que se salvarán sino que exhorta a estar preparados y ser solícitos en la acogida del Reino que vienen solícitos en la acogida del Reino que viene.
Pone la comparación de entrar por la puerta estrecha (24). Usa la palabra “hoy” que es el momento oportuno para el compromiso, cosa que nos hemos de aplazar: la salvación es el don de Dios al que nos adherimos haciendo el bien, no simplemente reivindicando vínculos de familiaridad con Jesús (25ss).
La figura del banque escatológico, en el que participan todos los pueblos de la tierra (29) manifiesta la salvación ofrecida a yodos los hombres y acogida por muchos paganos. A éstos, “los últimos” en recibir el anuncio del Evangelio, "serán los primeros” en participar mientras Israel, primero en escuchar el anuncio, será excluido si no lo acoge (30). La salvación no es cuestión de pertenencia étnica, sino de fe en Jesús. No es el ser hijo de Abrahán lo que asegura la participación en el Reino (28), sino la realización de las obras de Abrahán (ver Juan 8,39(, la cual con la esperanza de la redención futura )ver 8,56) tuvo fe y por esa fe fue reconocido como justo (ver Santiago 2,23). Por eso pablo nos recuerda hoy “Tú eres el Señor de todos”. ) Efesios 6,9).
ORACION
Señor, me resulta muy Fácil demorarme en razonamientos a propósito de tu mensaje de salvación sin comprometerme. Perdóname, me parece “estrecha” la puerta del amor a los que viven más cerca de mí, el único amor en el que verdaderamente estoy dispuesto a poner en fuego la verdad de mi fe en ti. Prefiero “la puerta abierta de par en par” de las grandes afirmaciones de palabras, que no me exigen, un compromiso, de una familiaridad formal con las “cosas de la Igloesia”, a las que no no me preocupo de dar respuesta en la vida. Dime que la mía es una ilusión y que si sólo amo en serio no a los que están lejos, sino a los que viven junto a mí, a aquellos a los que primero y sobre todo me has confiado, entonces y sólo entonces viviré la salvación que eres tú.

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