Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 9 de octubre de 2010

TIEMPO ORDINARIO OCTUBRE 9, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (3,22-29):
La Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecado, para que lo prometido se dé por la fe en Jesucristo a todo el que cree. Antes de que llegara la fe estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la fe se revelase. Así, la ley fue nuestro pedagogo hasta que llegara Cristo y Dios nos justificara por la fe. Una vez que la fe ha llegado, ya no estarnos sometidos al pedagogo, porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis vestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

Salmo 104,2-3.4-5.6-7
El Señor se acuerda de su alianza eternamenteCantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
HOMILIA

Gálatas 3, 22-29: Todos son hijos de Dios por la fe Salmo responsorial: 104: El Señor se acuerda de su alianza eternamente. Lucas 11, 27-28: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios!

Jesús comienza hoy a decirnos que la comunidad se funda en la fe y el testimonio que son claros: una escucha atenta a la Palabra y el ponerla en práctica. La comunidad de Jesús no puede estar fundada solo en lazos afectivos, sino más bien sino en relaciones de fe que nace de responder a la escucha tanto de la Palabra como al servicio a la Palabra del Padre que Jesús nos ha predicado. Mantenerse en la escucha de la Palabra es la posibilidad de la comunidad creyente para ir en contrato de todo tipo de egoísmo, de actitudes totalitarias y a la tendencia de hacer pactos con el mal. La alegría de la mujer del evangelio se basa en que se es bienaventurado por hacer de la Palabra de Dios no una ideología, sino una realidad salvadora y liberadora para todo ser humano.
Por eso Pablo en la Carta a los Gálatas argumenta a favor de la economía del amor gratuito de Dios, al que allegamos por la fe, y tras de explicar la función de la Ley. Esta sirve en el pla para practicarla por sí solo, de ahí el carácter de Dios, para sumergir al hombre en la plena conciencia de la imposibilidad en la que encuentra el carácter inevitable del pe3cado (23). En la Carta a los Romanos 7,7-25, prosigue Pablo esta tesis de una manera, todavía más detallada.

La Ley nos dice aquí ha realizado la función del “pedagogo” (24ss), a saber, la de aquel que en la sociedad greco-romana, se encargaba de la custodia de los niños. Era alguien duro y severo, que desarrolla su tarea a golpes de vera y reprimendas, sin el mayor atismo de amor. Si comprendemos bien esta imagen del pedagogo, estaremos en condiciones de comprender la fuerza liberadora de la fe. Pablo la exalta pero con un “pero” que separa la vieja y la nueva economía: “pero al llegar la fe ya no necesitamos al pedagogo. Efectivamente, todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (25-26). Y la belleza de este tiempo nuevo, mediante la entrada de Dios en Cristo Jesús, que nos ha liberado en virtud del amor, está expresada con dos conceptos vigorosos. El primero tiene que ver con cualitativo de nuestro “ser” en el momento del bautismo, que es de hecho el poder participar en la vida de Cristo. Más aún, Pablo hace todavía más vívida esta afirmación mediante una met+afora: “todos lo que habéis sisdo bautizados en Cristo, de Cristo habéis sido revestido” (27) No se trata, a buen seguro, de un revestimiento exterior, sino de la unión profunda con él, de la que habla Pablo así mismo en Romanos 6,5).

El segundo concepto tiene que ver con la novedad absoluta de ser en Cristo, que suprime, como consecuencia inmediata, toda discriminación: ser “uno en Cristo Jesús” (28) significa no sólo que los creyentes forman un sola persona en Cristo (es el concepto de la Iglesia como cuerpo místico), sino que al formar uno solo con Cristo, la unidad no se realiza en la exterioridad de la Ley, sino en el mismo Cristo, en la fe en él, que, si es auténtica, cambia la vida. Se trata de percibirse, en efecto como verdadero descendiente de Abrahán, herederos de las bendiciones prometidas, revIstiéndonos a continuación. Del compromiso de los sentimientos de misericordia, bondad, humildad, etc. (ver Colosenses 3,12).

Tras el austero discurso de Lucas sobre la realidad del demonio, enserta esta breve, aunque intensa perícopa sobre las bienaventuranzas. Según la mujer que eleva su voz en mdeio de la multitud, es una “dicha” o “bienaventuranza” ser madre de un hijo como Jesús dotado de la fuerza de una “palabra” que sorprende y te introduce en el misterio de las realidades espirituales. En cambio, según Jesús, la “dicha” o “bienaventuranza consiste en la disponibilidad para la escucha de la Palabra de dios y ponerla en práctica.

Las palabras “más bien” parece contradecir lo que dice la mujer: es como casi querer relegar a la sombra a María, su madre. Ahora bien, si “ahondamos”, nos daremos cuenta de lo contrario. Justamente la Madre de Jesús es proclamada “bienaventuranza” en Lucas 1,48-45 por haber creído y obedecido a la Palabra (1,38)., Ella misma en el Magnificat, predijo que todas las generaciones la proclamarían bienaventurada (1,48) por su rendición plena a la Palabra, que compromete su fe y su vida.

Por otro lado, ya había aprovechado Jesús en otra ocasión en que habá venido su madre y sus hermanos a buscarlo para proclamar con vigor que su madre y sus hermanos son “lo que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica” ) Lucas 8, 18-21) En consecuencia, ésta es la identidad profunda de maría, que se nos propone también a nosotros. El sr dicho o bienaven turado es el secdreto de este escuchar y practicar la Palabra de Jesús, que es el Verbo, la palabra sustancial del Dios vivo.
Por eso tenemos que recordar “que yo sea feliz escuchándote y viviendo tu Palabra".

ORACION

Señor Jesús, que tu palabra nos revista por dentro, para que aprenda a amar como tú, sin discriminar a nadie. Que germine en mí la “nueva criatura” y promueva a mi alrededor criaturas nuevas. Que no sean el pobre o el rico, el palestino o el indio, el congoleña o el alemán, el hombre o la mujer, el objeto de mi interés, sino sólo el hombre –sea varón o hembra-, que sólo la criatura “amada por ti” sea objeto de mi interés, invadido por tu modo de ser, que es amor.

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