Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 22 de octubre de 2010

TIEMPO ORDINARIO OCUBRE 22, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,1-6):
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6
Éste es el grupo que viene a tu presencia, SeñorDel Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación.Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,54-59):
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: "Chaparrón tenemos", y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: "Va a hacer bochorno", y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»

HOMILIA

Efesios 4, 1-6:: Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo Salmo 23: Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Lucas 12, 54-59: Saber interpretar el momento presente

Nos encontramos con una serie de maestros de la ley hipócritas que no aceptan el mensaje de Jesús Y un multitud que escuche y no acepta, también por su hipocresía. Es que el tiempo que anuncia Jesús se refiere al “kairos”, la venida definitiva del plan y proyecto de dios en Jesús. Y Jesús se decepciona porque lo que los que lo escuchan saben entender los tiempos climáticos pero son incapaces de los signos del reino y del reinado de Dios en loa historia.

Muchas veces nos gastamos la cabeza en asuntos que tienen que ver con la vida humana, pero muchos distan de ser fundamentales para la construcción de la sociedad y un mundo más justo, alternativo y solidario Las exigencias de Jesús apuntan más la necesidad de poner todas nuestras capacidades y cualidades para hacer una humanidad verdadera morada de Dios. Hoy debemos experimentar a Dios de una manera distinta: trabajar en el cumplimiento de su voluntad libremente; de la misma libertad que me permite ser acogido por El. Debemos de experimentar la presencia liberadora de Dios en nuestra realidad histórica, en la vida de la comunidad, en la vida con los seres humanos.

Hasta ahora la Carta de Pablo el tono de la carta era de admiración de una asombro contemplativo pero en adelante prevalece el tono de la exhortación. Pablo se presenta como “el prisionero por amor al Señor” (1) cuya autoridad viene no sólo del se apóstol, sino de haber aceptado también las “cadenas” (6,20), obedeciendo a lo que puede exigir la vocación cristiana.
Su invitación no obedece a situaciones particulares de los efesios, sino que va dirigida al cristiano “en cuanto tal” sin que importe ka condición sociopolítica y temporal a la que pertenecen. Responder, por consiguiente, también a nuestras condi-ciones y a las exigencias de nuestros días. Se trata, ante todo, de la invitación a dar una respuesta plena y coherente a la belleza y nobleza de la vocación que acaba de describir. Es interesante señalar que las cualidades de una vida comprometida con la realización de esta vocación están “ordenadas a la unidad.” La humildad, la amabili-dad, la paciencia, la aceptación recíproca y cordial (2), son elemento absolutamente necesarios para hacer este camino que es, a renglón seguido, obra de unificación perseguida por el Espíritu, en cada uno y en todos, en todos los ámbitos: el personal, el comunitario y el eclesial.

Pablo insiste en este fascinante tema del “uno”, pero, a diferencia de los filósofos neoplatónicos, lo hace en clave trinitaria. Uno es “el cuerpo” místico (la Iglesia), que es la “esperanza” –horizonte de luz abierto en nosotros por la llamada-, uno es “el bautismo” y uno es “la fe, uno es a continuación, “el Señor Jesús”, uno es el “Espíritu” y uno solo “el Padre de todos”, fuente de amor que obra en todos y por medio de todos. “La unidad en la Trinidad” es fundamento y exigencia de la unidad visible, práctica a la que deben tender los cristianos bajo todos los cielos y en cualquier época.

En el evangelio Jesús reprocha vigorosamente a la gente de su tiempo que saben interpretar los signo meteorológicos que hablan del tiempo malo y bueno, pero están lejos de comprender el signo por excelencia de su tiempo, “que es él mismo”, el Unigénito enviado por el Padre para la salvación de todos.

Comprender el tiempo que estamos viviendo significa comprender las intenciones de Dios, que, en cada tiempo, especialmente por el misterio de la Iglesia y de sus sacramentos, hace actual el misterio de Cristo con toda eficacia de salvación.

Ser capaz de prever a partir de un determinado elemento meteorológico –por ejemplo a partir del viento del sur- que hará calor comporta una atención específica e interesada. Ahora bien, si el corazón no presta atención a atisbar la importancia del tiempo como tiempo para ejercitar la justicia y la caridad dentro de las propias relaciones personales, se corre un gran riesgo. Es una invitación a reconciliarnos de inmediato y a fondo con aquellos con los que no estamos en paz, porque, sí nos dejamos atrapar en el remolino de la falta de perdón no saldremos indemnes. Es como si Jesús dijera que el signo del tiempo por excelencia, que es Jesús, es signo de salvación, pero sólo para quien se compromete con una vida reconciliada: de paz, de justicia y bondad. A eso se refiere la oración que rezamos con frecuencia en la Iglesia: “Concédeme vivir unido contigo, conmigo y con todos co9n el vínculo de la paz.”

ORACION

Te pido, Señor, que me ayudes a prestar atención a los signos de mi tiempo. Sobre todo a través del Espíritu Santa, en la Trinidad, es vínculo de unión sustancial, haz que yo viva y obre apasionadamente por la causa de la unidad como respuesta a ese signo de mi tiempo que es la aspiración a la unificación del mundo.

Por ello, sin embargo, te ruego que me concedas un corazón leal y animoso, a fin de que quiera convertir, mi ser, dividido y fragmentado con frecuencia, a la “única cosa necesaria”: amarte a ti, Señor, y amar a todos y a cada uno en ti y por ti. Haz que prescinda de todo lo que es causa de división, y acoja y potencie todo lo que une en el signo de tu poder obrador de salvación: tu muerte y resurrección.

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