Salmo 18,2-3.4-5
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,18-22):
HOMILIA
Romanos 10,9-18: La fe nace del mensaje, y éste consiste en hablar de Cristo Salmo: 18: A toda la tierra alcanza su pregón. Mateo 4,18-22: Inmediatamente, dejando la barca y a su padre, le siguieron.
Hoy celebramos la memoria del apóstol Andrés; y junto con él celebramos el acto único que hace Dios, por medio de distintas personas y situaciones, de llamarnos por nuestros nombres para ser servidores idóneos del reino de Dios en distintos tiempos y lugares del mundo. Ello para ser constructores de una nueva sociedad en la que el Dios de la Vida y la Justicia reine. Jesús, de camino por el lago de Galilea, llama a los que serán sus discípulos, hombres y mujeres disponibles para seguir sus pasos, abiertos a la novedad del reino, dispuestos incluso a dar la vida por la causa de Jesús. Son personas del común que aceptan sin condiciones la invitación hecha por el Maestro, dejan atrás los miedos, los fracasos, las comodidades, e inician una nueva forma de vida inspirada y sostenida por la fe en aquél que proclama y realiza el reino de Dios: Jesús de Nazaret. Hoy, como creyentes, estamos llamados a continuar la obra iniciada por Jesús. Es la misión de toda la Iglesia ser testimonio vivo de ese llamado, ser discípulos/as oyentes y servidores, testigos fieles y apasionados de esa Palabra que se ha encarnado en nuestra historia, con el fin de trascendernos y hacernos libres.
Como Andrés y los otros discípulos el llamado llega a nosotros, sin condiciones, llenos de su Palabra para hacernos libres e invitar a la misma realidad a todos aquellos que como nosotros respondan a la causa de Jesús. Andrés tenía algo importante en su vida, era uno de los discípulos de Juan el Bautista y sigue a Jesús cuando Juan proclama a Jesús “como el Cordero de Dios” (Juan 1,35-40). Invitó a Pedro su hermano, con una única razón, “que había descubierto al Mesías” (Juan 1, 41ss). Ambos fueron llamados por Jesús en el lago de Genesaret “para ser pescadores de hombres” (Mateo 4, 18ss). Fue Andrés en que en loa multiplicación de los panes, indicó a Jesús, el niño que tenía cinco panes y dos peces (Juan 6,8ss) Junto con Felipe le dijo a Jesús que algunos griegos querían verle (Juan 12,20ss). Según la traidición Andrés murió crucificado en Patras, por eso se le honra de una manera especial en la iglesia griega.
En la primera lectura aprendemos por Pablo que es la fe lo que conduce a la salvación, por el simple hecho de que con ella nos abandonamos libre y totalmente a Dios (dice el Concilio Vaticano II, en Dei Verbum) reconociéndole como Salvador. Ahora bien a la fe se llega por la escucha de la predicación.
El objeto de ambas, la fe y la predicación, es el misterio de Jesús-Señor, muerto y resucitado por el poder de Dios Padre. Por eso, al creer, todo hombre de buena volun-tad sale de sí mismo y se convierte en propiedad de Dios, garantía y fundamento de todo confianza humana en él. Con todo, y según la enseñanza de Pablo, también la predicación presupone un acontecimiento de gran importancia: un carácter de carácter histórico, que aparece como absolutamente necesario. El que predica puede decir que ha sido enviado: la predicación presupone la misión, y ésta constituye el punto de amarre entre el que predica y el que es predicado, entre el enviado y el que envía.
El destino universal del mensaje evangélico pasa, por consiguiente, a través de un hecho histórico completamente particular: la elección que hizo Jesús de sus testigos y el envío de los mismos en misión.
Estamos en Mateo y Jesús se encuentra en el comienzo de su ministerio público, a reunir a su alrededor algunos discípulos, a los que dirige una enseñanza completamente particular, porque quiere que sean sus seguidores y sus testigos. A su tiempo, después de la resurrección de Jesús, serán enviados a todo el mundo, a fin de u el Evangelio pueda seguir su curso hasta el final. Los Doce, de pescadores, se convertirán en pescadores de hombres. No se trata de un simple juego de palabras, sino de que el mismo Jesús les dijo: ”Ellos dejaron al instantes las redes y lo siguieron.” (19)
Andrés con su hermano Simón, fue uno de los primeros que escuchó la llamada de Jesús y le siguió con prontitud. Mateo otorga un relieve particular a la prontitud con que Pedro y Andrés respondieron a la llamada de Jesús: “Y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, y le siguieron!. (20)
Andrés junto con su hermano Pedro, fue uno de los primeros que escuchó la llamada de Jesús y le siguió con prontitud. Mateo otorga un relieve particular a la prontitud con que Pedro y Andrés respondieron a la llamada de Jesús: “Y ellos dejando al punto la barca y a su padre, le siguieron”. (20)
Un poco más adelante (22) elo mismo evangelista Mateo9 afirma que, en realidad, los primeros discípulos de Jesús dejaron no sólo las redes, la barca y su profesión sino también a su padre. El seguimiento de Jesús, el auténtico que transforma la vida, no deja lugar a tergiversaciones ni concede descuesto alguno: es, por propia naturaleza, radical y totalitario. Por eso leemos en el evangelio de Mateo, “Venid detrás de mí y yo os haré pescadores de hombres,” (Mateo 4,19)
ORACION
¿Por qué, Señor, son tan pocos los que prestan oídos a tu voz? ¿Por qué disminuye cada vez más el número de los que están dispuestos a seguirte por el camino de la radicalidad evangélica? ¿Acaso se ha apagado tu voz entre nosotros? ¿O tal vez que es menos perceptible tu presencia entre los jóvenes de hoy? ¿Acaso estás tan escondido que ya es imposible reconocerte presente y cercano a cada uno de nosotros?
Sin embargo, oh Señor, tú estás en medio de nosotros, vives a nuestro lado, nos acompañas de una manera discreta, pero real, por los caminos que recorremos. Haz, oh Señor, que tu Palabra resuene más eficaz que nunca hoy para todos nosotros. Haz oh Señor, que tu presencia sea advertida y reconocida hoy más que nunca, sobre todo por los jóvenes. De este modo, el espinoso problema de la falta de vocaciones dejará de angustiarnos, porque todos nos abandonaremos a tu solicitud de pastor bueno.
