Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 30 de noviembre de 2010

FIESTA DE SAN ANDRES, APOSTOL, NOVIEMBRE 30, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (10,9-18):
Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Dice la Escritura: «Nadie que cree en él quedará defraudado.» Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.» Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo, si no creen en él?; ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar si no los envían? Lo dice la Escritura: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!» Pero no todos han prestado oído al Evangelio; como dice Isaías: «Señor, ¿quién ha dado fe a nuestro mensaje?» Así pues, la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo. Pero yo pregunto: «¿Es que no lo han oído?» Todo lo contrario: «A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje.»

Salmo 18,2-3.4-5
A toda la tierra alcanza su pregónEl cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,18-22):
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

HOMILIA

Romanos 10,9-18: La fe nace del mensaje, y éste consiste en hablar de Cristo Salmo: 18: A toda la tierra alcanza su pregón. Mateo 4,18-22: Inmediatamente, dejando la barca y a su padre, le siguieron.

Hoy celebramos la memoria del apóstol Andrés; y junto con él celebramos el acto único que hace Dios, por medio de distintas personas y situaciones, de llamarnos por nuestros nombres para ser servidores idóneos del reino de Dios en distintos tiempos y lugares del mundo. Ello para ser constructores de una nueva sociedad en la que el Dios de la Vida y la Justicia reine. Jesús, de camino por el lago de Galilea, llama a los que serán sus discípulos, hombres y mujeres disponibles para seguir sus pasos, abiertos a la novedad del reino, dispuestos incluso a dar la vida por la causa de Jesús. Son personas del común que aceptan sin condiciones la invitación hecha por el Maestro, dejan atrás los miedos, los fracasos, las comodidades, e inician una nueva forma de vida inspirada y sostenida por la fe en aquél que proclama y realiza el reino de Dios: Jesús de Nazaret. Hoy, como creyentes, estamos llamados a continuar la obra iniciada por Jesús. Es la misión de toda la Iglesia ser testimonio vivo de ese llamado, ser discípulos/as oyentes y servidores, testigos fieles y apasionados de esa Palabra que se ha encarnado en nuestra historia, con el fin de trascendernos y hacernos libres.

Como Andrés y los otros discípulos el llamado llega a nosotros, sin condiciones, llenos de su Palabra para hacernos libres e invitar a la misma realidad a todos aquellos que como nosotros respondan a la causa de Jesús. Andrés tenía algo importante en su vida, era uno de los discípulos de Juan el Bautista y sigue a Jesús cuando Juan proclama a Jesús “como el Cordero de Dios” (Juan 1,35-40). Invitó a Pedro su hermano, con una única razón, “que había descubierto al Mesías” (Juan 1, 41ss). Ambos fueron llamados por Jesús en el lago de Genesaret “para ser pescadores de hombres” (Mateo 4, 18ss). Fue Andrés en que en loa multiplicación de los panes, indicó a Jesús, el niño que tenía cinco panes y dos peces (Juan 6,8ss) Junto con Felipe le dijo a Jesús que algunos griegos querían verle (Juan 12,20ss). Según la traidición Andrés murió crucificado en Patras, por eso se le honra de una manera especial en la iglesia griega.

En la primera lectura aprendemos por Pablo que es la fe lo que conduce a la salvación, por el simple hecho de que con ella nos abandonamos libre y totalmente a Dios (dice el Concilio Vaticano II, en Dei Verbum) reconociéndole como Salvador. Ahora bien a la fe se llega por la escucha de la predicación.

El objeto de ambas, la fe y la predicación, es el misterio de Jesús-Señor, muerto y resucitado por el poder de Dios Padre. Por eso, al creer, todo hombre de buena volun-tad sale de sí mismo y se convierte en propiedad de Dios, garantía y fundamento de todo confianza humana en él. Con todo, y según la enseñanza de Pablo, también la predicación presupone un acontecimiento de gran importancia: un carácter de carácter histórico, que aparece como absolutamente necesario. El que predica puede decir que ha sido enviado: la predicación presupone la misión, y ésta constituye el punto de amarre entre el que predica y el que es predicado, entre el enviado y el que envía.

El destino universal del mensaje evangélico pasa, por consiguiente, a través de un hecho histórico completamente particular: la elección que hizo Jesús de sus testigos y el envío de los mismos en misión.

Estamos en Mateo y Jesús se encuentra en el comienzo de su ministerio público, a reunir a su alrededor algunos discípulos, a los que dirige una enseñanza completamente particular, porque quiere que sean sus seguidores y sus testigos. A su tiempo, después de la resurrección de Jesús, serán enviados a todo el mundo, a fin de u el Evangelio pueda seguir su curso hasta el final. Los Doce, de pescadores, se convertirán en pescadores de hombres. No se trata de un simple juego de palabras, sino de que el mismo Jesús les dijo: ”Ellos dejaron al instantes las redes y lo siguieron.” (19)

Andrés con su hermano Simón, fue uno de los primeros que escuchó la llamada de Jesús y le siguió con prontitud. Mateo otorga un relieve particular a la prontitud con que Pedro y Andrés respondieron a la llamada de Jesús: “Y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, y le siguieron!. (20)

Andrés junto con su hermano Pedro, fue uno de los primeros que escuchó la llamada de Jesús y le siguió con prontitud. Mateo otorga un relieve particular a la prontitud con que Pedro y Andrés respondieron a la llamada de Jesús: “Y ellos dejando al punto la barca y a su padre, le siguieron”. (20)
Un poco más adelante (22) elo mismo evangelista Mateo9 afirma que, en realidad, los primeros discípulos de Jesús dejaron no sólo las redes, la barca y su profesión sino también a su padre. El seguimiento de Jesús, el auténtico que transforma la vida, no deja lugar a tergiversaciones ni concede descuesto alguno: es, por propia naturaleza, radical y totalitario. Por eso leemos en el evangelio de Mateo, “Venid detrás de mí y yo os haré pescadores de hombres,” (Mateo 4,19)

ORACION

¿Por qué, Señor, son tan pocos los que prestan oídos a tu voz? ¿Por qué disminuye cada vez más el número de los que están dispuestos a seguirte por el camino de la radicalidad evangélica? ¿Acaso se ha apagado tu voz entre nosotros? ¿O tal vez que es menos perceptible tu presencia entre los jóvenes de hoy? ¿Acaso estás tan escondido que ya es imposible reconocerte presente y cercano a cada uno de nosotros?

Sin embargo, oh Señor, tú estás en medio de nosotros, vives a nuestro lado, nos acompañas de una manera discreta, pero real, por los caminos que recorremos. Haz, oh Señor, que tu Palabra resuene más eficaz que nunca hoy para todos nosotros. Haz oh Señor, que tu presencia sea advertida y reconocida hoy más que nunca, sobre todo por los jóvenes. De este modo, el espinoso problema de la falta de vocaciones dejará de angustiarnos, porque todos nos abandonaremos a tu solicitud de pastor bueno.

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