Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra
Lectura del santo evangelio según san Lucas (15,1-10):
Filipenses 3, 3-8a: Lo que para mí era ganancia lo consideré pérdida Salmo: 104: Que se alegren los que buscan al Señor. Lucas 15, 1-10: Habrá fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta
Jesús se encuentra en medio de cobradores de impuestos y pescadores, algo que es bien desagradable para los fariseos y doctores de la Ley que escuchan las palabras del Maestro. Y que éstos consideran personas irreligiosas, inmorales y alejadas de Dios y les daba el motivo de no encontrarse con ellos en ningún momento. Por eso Jesús usa dos parábolas, la de la oveja perdida y la moneda perdida para explicarles por qué se sienta con pecadores. Los personajes, la mujer y el pastor representan la actitud misericordiosa de Dios que busca afanosamente a los estaban perdidos a quienes se debe encontrar y ser un motivo de gran alegría.
El evangelio nos está señalando la dinámica en la que el reino de Dios se desarrolla, son los últimos, los pecadores, “los que no cuentan” el gran tesoro de Dios, es a ellos a los que Jesús se dirige y anuncia la Buena Nueva del reino, escandalizando a las autoridades religiosas y llenando de esperanza a los que sufren cualquier tipo de exclusión. Lo mismo debe suceder c on nosotros, la Iglesia de Dios. Como Iglesia creyente en Jesús estamos llamados a servir con misericordia y dirigiéndonos necesariamente a los predilectos del Padre: los excluidos.
Pablo que en esta carta abre su exhortación con una especie de autobiografía. No faltan algunos que quieren denigrar su persona y su misión apostólica Por eso tiene cierto sentido de polémica el capítulo que estamos leyendo.
Pero sin embargo llega enorgullecerse de su origen hebreo, su vocación apostólica, su fidelidad a la misma. De ese modo nos hace ver que, para comprender sus cartas, resulta indispensable pasar a través de su personalidad, sobre a través del gran acontecimiento de Damasco, que marca su conversión a Cristo Señor y el comienzo de su misión. Pero le brinda, sobre todo, la ocasión de declarar abiertamente un hecho: el encuentro con Cristo, el Señor, no sólo como objeto de su fe, sino como destinatario de su amor. Pablo esta inversión de los valores con una frase extremadamente significativa: “pienso incluso que nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (8).
Este es el único lugar en todas las cartas de pablo en que el adjetivo posesivo “mi” aparece junto al título cristológico “Señor”: esto es signo no sólo del hecho también de la gran intimidad que alcanzó su amor con el mismo Jesús.
En el evangelio nos encontramos con el punto central del evangelio de Lucas: el Evangelio de la misericordia, Lucas nos aproxima lo más posible de Jesús histórico, que vino a nosotros sobre todo a anunciar y a encarnar el amor misericordioso del Padre.
Y aquí nos encontramos con tres parábolas. Por un lado, los publicanos y los pecadores, que se acercan a Jesús “para oírle” (1) – sabemos que Jesús sentida una especial debilidad por ellos- . Por otro lado, los fariseos y los maestros de la Ley, que “murmuraban” en contra de él – y también sabemos que Jesús les dirigía con frec7uencia amargas palabras- Las parábolas de la oveja extraviada y la moneda perdida, junto aquella parábola del padre misericordioso pero nos presenta a Jesús como la imagen del Dios-Padre- han de ser interpretadas a la luz del contexto histórico: ambas, por consiguiene, pretenden iluminar, por un lado, la situación de lo que estaba perdido y de quié, está perdido y, por tanto, la alegría del que ha podido encontrar lo que había perdido.
La alegría del hombre es trampolín de lanzamiento hacia la alegría de Aquel que ha amado tanto al mundo que le ha dado a su Hijo y obtiene de ello la máxima alegría posible. Por eso, la liturgia nos invita a decir: “Que se alegren lo que buscar al Señor.”. Por eso decimos: si el padre es dueño, sólo es libre el hijo que se rebela, esto es el ateo. En cambio, si el padre es misericordia, amor, alguien que da libertad, entonces es libre el hijo que vive la libertad. Elo problema, por tanto, es el de la imagen de Dios. Si Dios es la ley, entonces el antagonista de mi libertad. En cambio, si Dios es padre, entonces no es antagonista de mi libertad, sino que me forma para ella incluso a través de la ley, que tiene una función pedagógica. Ahora bien, la ley lleva siempre en sí misma el peligro de mantener al hombre en estado de minoría de edad. El riesgo que c9orre el cristiano es el no comprender que la humanidad puede llegar a ser mayor de edad.
ORACION
¿Fariseo? A veces lo soy, y tú entonces, Señor, me condenas, porque, tras haberme vuelto seguro, me vuelvo intolerante con lkos que son esclavos de normas absolutas que ofuscan y desaprueban las decisiones individuales destinadas a situaciones específicas. Pero tú has dicho “!Ay de los que juzgan!”
¿Publicano? Así me presento, y tú, Señor, me perdonas porque no soy “justo” a mis ojos. Esta visión, más humana y más real, de mi debilidad me permite experimentar tu misericordia.
, gustar tu amor y vivir con agradecimiento en una actitud de respeto hacia ti, hacia mí mismo, hacia losotros, hacia el mundo. Al amor se le responde con alegría, y por eso “se llenaran de alegría los ángeles de Dios por un pecador que su arrepiente.”

No hay comentarios.:
Publicar un comentario