Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 16 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 16, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (3,1-6.14-22):
Yo, Juan, oí cómo el Señor me decía: «Al ángel de la Iglesia de Sardes escribe así: "Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de mi Dios. Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi palabra: guárdala y arrepiéntete. Porque, si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Ahí en Sardes tienes unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos irán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen. El que salga vencedor se vestirá todo de blanco, y no borraré su nombre del libro de la vida, pues ante mi Padre y ante sus ángeles reconoceré su nombre. Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias." Al ángel de la Iglesia de Laodicea escribe así: "Habla el Amén, el testigo fidedigno y veraz, el principio de la creación de Dios: Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca. Tú dices: 'Soy rico, tengo reservas y nada me falta'. Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro refinado en el fuego, y así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez; y colirio para untártelo en los ojos y ver. A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él. Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias."»
Salmo 14,2-3ab.3cd-4ab.5
Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a míEl que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,1-10):
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

HOMILIA

Apocalipsis 3, 1-6. 14-22: Si alguien me abre, entraré y comeremos juntos Salmo 14: Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí. Lucas 19, 1-10: El Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.

Lucas nos presenta el mensaje central de su evangelio: la salvación. Jesús viono al mundo para salvar lo que estaba perdido, para ofrecer esperanza, amor y el perdón que viene de dios Padre a todos aquellos que se sienten cansados y marginados por distintas causas sociales, políticas y religiosas en todos los tiempos. Zaqueo se convierte en modelo de salvación de la salvación efectuada por las palabras y acciones de Jesús en medio de la comunidad, generando vida, presentando una manera nueva de relacionarnos, de interpretar el mundo y de vivir la fe en Dios. La salvación nos viene de Jesús y es un salvación que exige de nosotros una conversión, un cambio profundo de nuestras actitudes egoístas e interesadas, por actitudes que tengan como fundamento la vida y el bienestar de los demás, el bien común antes que el individual, la conservación de la vida y la dignidad del ser humano. La salvación de Dios en la historia humana inicia entonces cuando asumimos con verdadera identidad el camino trazado por Jesús, en el cual se nos invita a permanecer abiertos y disponibles a la acción misericordiosa de Dios.

Nos encontramos con las enseñanzas de Juan en el Apocalipsis, y nos encontramos hoy con algunas de las cartas de juan que escribe a las distintas Iglesias, y de las lecturas de hoy podemos intuir el mensaje que el apóstol quiere enviar a cada comunidad cristiana. Y eso es vivir el mensaje del evangelio donde encontramos una variedad de tipos de comunidades creyentes: algunas están muertas desde el punto de vida espiritual, otras están sólo tibias, otras se encuentran amenazadas con la p´´erdida del sentido de novedad que nos aporta la fe en Cristo, otras, por último, están encerradas en sus falsas seguridades. Son todas las situaciones que, a lo largo de los siglos, se han ido perpetuando, y a nadie le está permitido aparentar que no está implicado personalmente.

Para una lectura global de cada Iglesia particular, la “invitación a escuchar” a aquel que es la Palabra a las siete cartas es útil indicar la estructura de fondo que caracteriza a todas: en primer lugar aparecen las señas de cada Iglesia particular y la “invitación a escuchar” a Aquel que es la Palabra y cuyo mensaje nos trae la salvación. En segundo lugar aparece la afirmación “conozco tus obras”, destinada a indicar que no sólo cada creyente, sino cada comunidad creyente es para el Señor como un cuaderno abierto. Sigue, después, la “exhortación a la vigilancia y al ánimo” como para desmantelar y expulsar el mal que amenaza la vida espiritual de la comunidad como para renovar su compromiso.

Ayer veíamos a Jesús que ha entrado en Jericó y cura la ciego y hoy se encuentra con Zaqueo, un hombre bastante rico y jefe de los publicanos (1ss). Es importante la actitud de este hombre “quien quería ver a Jesús” (3) no era sólo su pequeña estatura lo que se lo impedía, sino su lejanía psicológica y espiritual. De todos modos, es cierto que Zaqueo aparece desde el principio como un hombre que busca la verdad, lo sabemos a través del evangelio, en lo que percibimos la iniciativa de Jesús, que levanta la mirada e invita a Zaqueo a bajar del árbol (5). También, Jesús por consiguiente, desea conocer profundamente a Zaqueo y satisfacer su búsqueda. su encuentro se convierte de inmediato en momento de gracias: “hoy tengo que alójame en tu casa… Hoy ha llegado la salvación a este casa” (5.9) En este “hoy” no podemos dejar de reconocer, por un lado, la realización de la misión de Jesús, y, por tanto, la apertura de todo verdadero buscador al don de la salvación. Permanecer abiertos al hoy de Dios, percibir la presencia de Dios en el hoy del hombre, constituye el gran secreto de quien está verdaderamente dispuestos a camina detrás de Jesús. Para decirle con sus propias palabras, Jesús “ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (10): a cada uno se le ofrece la oportunidad de verle, de encontrarle y de reconocerle por lo que es verdaderamente, que es lo que Juan nos repite hot: “Mira que estoy llamando a la puerta.” (Apocalipsis 3,20).

ORACION

“Señor Jesús, cuántos muertos andantes por uno solo que vive! Está muerto quien se alimenta del alboroto babélico que le rodea. Un alboroto hecho a base de televisión, discotecas, rumos, curiosidades inútiles. Está vivo, el que está alejado de una propaganda interesada, es capaz de mantenerse en silencio para ir en busca de la verdad. Está muerto quien corre de una manera frenética, sin meta, hipnotizado por la moda, drogado por la diversión y la actividad desenfrenada. Está vivo quien es capaz de cultivar una libertad interior que le permite comprar “oro acrisolado en el fuego” para ir en contra de la corriente que se propaga: “colirio” para recuperar la vista y estar así en condiciones de llevar a cabo decisiones equilibradas y responsables.

Está muerto quien, radiante de poder y de la neurosis del beneficio, se acomodo en su bienestar, indiferente a las tragedias humanas, impermeable a las llamadas de la justicia. Está vivo quien no ignora el mal que ha hecho ni se esconde o huye, sino que intenta restituir cuatro veces más para restablecer a la persona ofendida. ¡Señor Jesús, cuántos muertos andantes por uno solo que vive”

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