Salmo 149,1-2.3-4.5-6a.9b
Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus fieles.
Lectura del santo evangelio según que, con unos (19,41-44):
HOMILIA
Apocalipsis 5, 1-10: El Cordero fue degollado y nos compró con su sangre Salmo 149: Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes. Lucas 19, 41-44: Ojalá reconocieras hoy lo que conduce a la paz
Jesús se encuentra en Jerusalén, el caminar final de su misión. Jerusalén es una ciudad que le causa gran conmoción, tristeza y llanto, porque no es signo vivo de esa presencia santa, sino una contradicción total, la ausencia misma de Dios, es decir, la ausencia de los valores del reino, el rechazo a la voluntad del Padre, Jerusalén no se reconoce en Jesús la presencia real de Dios; está ciega ha puesto sus intereses más profundos en lo económico, en el culto, en el poder político y religioso. Dejando de lado el mensaje y la acción liberadora y misericordiosa de Dios efectuada en Jesús de Nazaret. Es incapaz de comprender el verdadero camino que conduce a la paz, a la vida plena. Jesús visita al ciudad grande para traer la vida, para traer la salvación prometida. Como creyentes en Jesús tenemos el compromiso de generar en nuestras familias y en nuestras comunidades ambientes de paz, de reconciliación y de respeto mutuo, elementos que hacen visible en nuestra historia la presencia viva y cercana de Dios.
Por eso este capítulo del libro del Apocalipsis nos presenta una visión grandiosa y sencilla al mismo tiempo, donde nos aporta un mensaje claro la historia humana es, ciertamente un misterio, porque en ella está la presencia de Dios, pero es un misterio, al menos en parte, comprensible, porque Dios mismo nos ofrece la clave de lectura de la misma.
El símbolo del libro “sellado con siete sellos” (1) se puede interpretar con bastante facilidad: todo queda envuelto en el misterio si no hay nadie que venga a “romper sus sellos” (2). Este es Jesús, el Cordero inmolado, “el único digno de recibir el libro, y romper sus sellos, porque ha sido degollado y con su sangre has adquirido para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación” (9) También el signo del llanto tiene un significado evidente: mientras no venga Jesús a romper los sellos de este libro, cada uno de nosotros está como condenado a vivir en medio de la tristeza y de la amargura más profundas. Se alude así al drama de todos aquellos que, por diferentes motivos, tienen los ojos cerrados para el gran acontecimiento de salvación que se sitúa en el centro de la historia humana y la ilumina con la luz del día.
En contraste con el llanto de los que no pueden leer su contenido, se eleva el “cántico nuevo” (9) de los que siguen al Cordero y son introducidos por él en la comprensión del misterio. Esos forman el reino de sacerdotes (10) que Jesús ha constituido para su Dios, salvándolos del pecado. Se trata de ese sacerdocio universal del que participan todos los que, por medio del bautismo, han sido lavados con la sangre del Cordero y revestidos con sus vestiduras blancas.
El evangelio de hoy comparado con el evangelio de Marcos que insiste más en la incredulidad del pueblo frente a la persona y el mensaje de Jesús, Lucas subraya más el lamento y llanto de Jesús por Jerusalén, y esto crea un fuerte contraste con las aclamaciones de alabanza dirigidas a Jesús poco antes (Lucas 19,38) En ésta una de las raras veces que sorprendemos a Jesús llorando, lo que constituye un signo no sólo de su autentica humanidad, sino también de su plena participación en el drama de una humanidad a la que le cuesta trabajo entrar en el proyecto salvífico de Dios, al que incluso se resiste en ocasiones. Jesús nos salva no sólo con su omnipotencia divina, sino también con su debilidad humana.
El lamento de Jesús tiene un juicio y presenta una motivación la expresan las palabras ”si en este día comprendieras” (42), que corresponde a una afirmación: ni has comprendido ni quieres comprender. Pero lo que más importa es destacar dos elementos positivos que caracterizan el lamento de Jesús: “la paz y el tiempo de tu visita”.
La paz, efectivamente, es un don mesiánico por excelencia, y Jesús ha venido a proclamarla para todos y ofrecerla a cada uno. Es necesario abrirse a ella y acogerla como un don para poder caminar detrás de Jesús hasta el final de su itinerario. EL tiempo del que habla Jesús es el ”kairós” es decir, “el tiempo providencial” en el que Dios visita a su pueblo para liberarlo y para introducirlo en su Reino. Con estos dos “toques” aclara Jesús la finalidad de su martirio, ahora próximo.
Esto nos abre a la pregunta que hace Juan en el Apocalipsis: ¿Quién es digno de abrir el libro y "romper sus sellos?” (Apocalipsis 5,2)
ORACION
“El camino de la paz” es un sueño que ha tenido la historia desde siempre, pero Jerusalén, escondiéndose detrás de sus muros, rechaza tu paz gritando “?Por qué?” Señor cambia mis arrebatos de violencia para que recibiendo tu paz, pueda decir “¿Por qué no?”
La paz es un sueño que se va realizando día a día, semana a semana, mes a mes, a través de las acciones concretas que modifican nuestros pensamientos, desgastan lentamente los viejos muros y crean en silencio nuevas aperturas. Oh Señor, has que mis gestos de paz puedan contribuir a un futuro mejor, en el que el mundo pueda esperar y decir: “¿Por qué no?”
La paz no es el paraíso de unos pocos, sino un signo que abarca a la humanidad. Es un fuerza que, luchando contra la injusticia, la miseria, la ignorancia, la prepotencia, obra a favor del bien de todos sin discriminación Oh Señor dame la el valor de desafiar la desaprobación de los poderosos, para que sin hacer víctimas ni entre los débiles, ni entre los fuertes, pueda, ser creíble y, frente a tu paz, pueda gritar a todos: “¿Por qué no?”

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