Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 19 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 19, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (10,8-11):
Yo, Juan, oí cómo la voz del cielo que había escuchado antes se puso a hablarme de nuevo, diciendo: «Ve a coger el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra.»Me acerqué al ángel y le dije: «Dame el librito.»Él me contestó: «Cógelo y cómetelo; al paladar será dulce como la miel, pero en el estómago sentirás ardor.»Cogí el librito de mano del ángel y me lo comí; en la boca sabía dulce como la miel, pero, cuando me lo tragué, sentí ardor en el estómago.Entonces me dijeron: «Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.»

Salmo 118,14.24.72.103.111.131
¡Qué dulce al paladar tu promesa!Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas.

Tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros.

Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.
¡Qué dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca! Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón. Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,45-48):
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: "Mi casa es casa de oración"; pero vosotros la habéis convertido en una "cueva de bandidos."»Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

HOMILIA
Apocalipsis 10, 8-11: Cogí el librito y me lo comí Salmo 118: ¡Qué dulce al paladar tu promesa! Lucas 19, 45-48: Mi casa es casa de oración, no cueva de asaltantes.

Jesús se encuentra ya definitivamente en Jerusalén done tendrá que desmantelar en Jerusalén frente a todo el tráfico económico, político y religioso presente en el templo el plan que ha venido a realizar.. Tiene que devolver la función original a la casa de Dios . En ese momento la actividad del templo se orientaba más a lo económico y a la venta de animales, el cambio de las monedas, de lo que cual se derivaba toda clase de abusos e impedía la relación entre Dios y el pueblo.

Jesús quiere desmantelar el trafico económico y religioso del templo: la oración allí en el templo que es el encuentro personal y la comunicación de Dios con el pueblo. Pues el templo se ha vuelto la venta de animales apra los sacrificios y al cambio del dinero, de lo cual se desarrollaba toda clase de abusos y conflictos entre los vendedores y cambistas que obstaculizaban las relaciones entre Dios y el el pueblo, especialmente con los pobres. Jesús purifica el templo y lo hace lugar para su enseñanza para expresar con palabras y obras que muestran el verdadero rostro de Dios, oculto hasta el momento por las leyes, los sacrificios y el mercado religioso. Muchas veces hemos convertido nuestra fe en un mercado, en el que buscamos los medios más efectivos para agradar a Dios y satisfacer nuestra propia conciencia, separando la fe de nuestra vida y de la vida de la comunidad, olvidando el servicio y el amor a los más necesitados.

Juan, autor del libro del Apocalipsis está metido en el aspecto profético en su enseñanza., Oye, en efecto, una voz del cielo que le invita a tomar el libro y devorarlo (8ss) Sigue la orden con prontitud y, apenas lo ha engullido, siempre al mismo tiempo dulzura y amargura (10). Tenemos aquí un símbolo claro de la misión profética a la que está llamado no sólo Juan, sino cualquier miembro del pueblo de Dios. La Palabra, que, aunque está sellada en el libro, quiere convertirse en una voz que llega a cada uno de nosotros, nos interpela y nos responsabiliza en neustra tarea de oyentes y de testigos de la misma. A nadie le es lícito desentenderla o9 desconocerla: el bautismo fundamenta en cada uno de nosotros el derecho-deber al apostolado entendido como “servicio” a la Palabra.
Dulzura en la boca y amargura en el estómago: en este contraste advertimos el drama de quien, en relación con la Palabra, siente no sólo el derecho a la escucha, sino también el deber del testimonio. En efecto, el verdadero profeta no puede dejar de compartir el destino de la Palabra, más precisamente de aquel que es la Palabra. Un destino pascual, como bien sabemos, es decir, abierto al sufrimiento y a la alegría, a las tinieblas y a la luz, a la muerte y a la vida. El mandamiento final: “tienes aún que profetizar” (11), tiene la función de atestiguar que la misión profética para el creyente no es algo “opcional”, sino –al contrario- objeto de un camino divino y la expresión más genuina de su ser.
Cuando entramos en el evangelio nos damos cuenta que está dividida claramente en dos partes: en primer lugar aparecen unas palabras de Jesús contra la vendedores del templo; en segundo lugar, un apunte recopilador con que Lucas quiere caracterizar los últimos días de la vida de Jesús.

“Está escrito: Mi casa ha de ser casa de oración.” (45). Sabemos bien, que para Jesús, el templo de Jerusalén no es el único lugar en el que se pueda orar; más aún, en algunas ocasiones ha expr4esado una valorización crítica con respecto a una con- cepción demasiado materialista de las instituciones religiosas. Ahora bie, sabemos así miso, que el templo, en cuanto casa de Dios, no pude ser desnaturalizado ni destinado a otros funciones que no sean las litúrgicas. Está prohibido, por tanto, cualquier intercambio comercial, que transformaría la casa de Dios en una “cueva de ladrones” (46, pueden leer Isaías 56,7, Jeremías 7,11.)

“Está escrito”: una frase que indica en labios de Jesús no que las profecías determinen elo compartimiento de Jesús, sino que el compartimiento de Jesús da pleno cumplimiento a las profecías. Para Jesús, la luz plena, que ilumina sus gestos y no permite reconocerlo por lo que es, proviene ciertamente del mensaje profético, pero sobre todo de su conciencia mesiánica.
La afirmación final de Lucas (47ss) viene a confirmar un hecho bien conocido: los que ejercen el poder siguen estando ciegos ante Jesús y ante la claridad de sus palabras, mientras que el pueblo en su sencillez, reconociendo que tiene necesidad de un Salvador y dee un Maestro, está pendiente de sus labios.

ORACION

“Si…” dice el Señor. Si aceptas la invitación a devorar mi Palabra, vivirás.
Sí la saboreas en la boca, la encontrarás dulce como la miel.

Si la engulles en tu estómago, experimentarás una gran amargura.
Si revelas el interés privado contra el bien común, serás criticado.
Si confías a tus fuerzas, vacilarás fácilmente.

S piensas que podrás ver los frutos de lo que siembras, esperarás en vano.
Si el pueblo está pendiente de tus labios, alabarás al Señor.

Si obras prodigios en los corazones, cantarás al Señor.
Si es reconocida tu misión, darás gracias al Señor.

“Este es mi profeta”, dice el Señor.

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