Salmo 26,1.4.13-14
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,25-33):
Filipenses 2, 12-18:Dios quien activa en ustedes el querer y la actividad Salmo: 26: El Señor es mi luz y mi salvación. Lucas 14, 25-33: Quien no renuncie a sus bienes no puede ser mi discípulo
Jesús establece una nueva seguridad de sus discípulos, basada en cambio de proyecto y esto lleva consijo lo que nos dice Pablo en la Carta a loos Filipenses que va a exigir a cada comunidad a corresponder en su motivación y precisión concreta y esto va a crecer una nueva realidad de las comunidades, porque en primer lugar, los cristianos deben dedicarse con santo temor a obtener la salvación, dice Pablo (12); al mismo tiempo, deben recordar que sólo Dios puede suscitar en ellos la capacidad de vivir de un modo conforme a su voluntad (13). En segundo lugar, los cristianos deben “brillar como lumbreras en medio del mundo” (15) no para presumir ante los otros sino únicamente con la finalidad de mantener con “firmeza la Palabra de vida” (16ª). En tercer lugar, los cristianos contribuyen a hacer crecer la alegría del apóstol en la medida en que disponen a ofrecer su vida en sacrificio agradable a Dios, y no por una mera gratificación personal, sino para asimilar a Cristo Jesús y disponerse a la comunión con el Padre (16b-17).
De este modo la exhortación delo apóstol se arraiga en el misterio de Cristo y de la salvación anuncida y realizada por él y, al mismo tiempo, se traduce en líneas de práctica cristiana, las cuales valen no sólo para los destinatarios de la carta, sino también para nosotros, a quienes llega, aquí y ahora, el alegre mensaje de la salvación.
Despúes de abandonar Jesús la casa del fariseo el evangelio nos muestra que encuentra la multitud. Cuando tiene lugar este paso, contine acentos más íntimos y, en algunas ocasiones actitudes más radicales. Este es el caso de la lectura de hoy. En ella, como ha ocurrido con la bienaventuranzas- confía Jesús a la muchedumbre el ideal evangélico, que, que si es acogido en su integridad, compromete, arrolla y desconcierta toda la vida.
El pasaje contiene dos parábolas (28-329, Parecidas (25-27) y seguidas por dos invitaciones a la renuncia (33). En ambas parábolas se afirma loa necesidad de reflexionar antes de emprender una empresa, calculando bien las posi-bilidades de llegarlas a cabo. Es necesario evitar toda ligereza fidelidad: un fracaso debido a la indecisión o a la nostalgia sería imperdonable. Incluso “el seguir a Jesús” por el camino que le está llevando decididamente a Jerusalén y así el Calvario es una empresa bastante arriesgada, en la que es necesario comprometer toda la vida.. En la verdad de esta decisión se injerta la invitación inicial y la final de este pasaje, que contiene una de las exigencias más radicales del Evangelio.
Renunciar a nuestro padre y nuestra madre, llevar la cruz e ir detrás de Jesús, renunciar a todos los bienes que poseemos (26ss y 33) son algunas de esas exigencias que no dejan lugar a ninguna duda; al contrario, con su Valor paradógico chocan con nuestra sensibilidad y nos hacen escandalizarnos. Proceder así sería una manera, más o menos elegante, de sustraernos a la invitación de Jesús, para seguir haciendo lo que nos viene en gana. Por eso Pablo nos invita a: “debéis brillar como lumbreras en medio del mundo, manteniendo con firmeza la Palabra de vida.” (Filipenses 2,15ss).
ORACIÓN
“Pierde tu vida y la encontrarás”. Señor, esta invitación tuya suena ilógica, absurda, empapada de fracaso y de muerte. Sin embargo, la vida no puede ser poseída como un tesoro que escondamos celosamente o para administrar sólo como propio, porque se marchitaría en su propia limitación. Tú, en cambio, me has mostrado que mi existencia tiene que encarnarse poniéndome en movimiento entre tu proyecto misterioso y ya establecido y mi decisión de realizarlo o no; se ha de desarrollar entre una sucesión de aventuras placenteras o dolorosas, padecidas o compartidas, que orientan los pasos inseguros de mi vida diaria vivida con otros y para otros.
Lo he comprendido, Señor: “mi vida es un don para compartir, " es un bien para dar, es un tesoro para revelar; para gozarla plenamente, para vivirla a fondo, debo entregarla. ¡Lo quiero, Señor!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario