Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 3 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,12-18):
Ya que siempre habéis obedecido, no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, seguid actuando vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor. Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir. El día de Cristo, eso será una honra para mí, que no he corrido ni me he fatigado en vano. Y, aun en el caso de que mi sangre haya de derramarse, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría; por vuestra parte, estad alegres y asociaos a la mía.

Salmo 26,1.4.13-14
El Señor es mi luz y mi salvaciónEl Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida,¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,25-33):
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»
HOMILIA
Filipenses 2, 12-18:Dios quien activa en ustedes el querer y la actividad Salmo: 26: El Señor es mi luz y mi salvación. Lucas 14, 25-33: Quien no renuncie a sus bienes no puede ser mi discípulo
El evangelio del día de hoy presenta las condiciones o exigencias para ser discípulo de Jesús; exigencias que en nuestro momento actual son de gran importancia, pues vivimos un tiempo en el que se ha reducido la experiencia de fe a un simple “ir a misa”, a una fe totalmente desentendida de los problemas sociales y económicos que vive el mundo de hoy, una fe temerosa al compromiso y a la entrega total por los hermanos. Cuando Jesús habla de relativizar la familia, de dejar padre, madre, esposa, hijos, hermanos, se está refiriendo a la necesidad de edificar un nuevo sistema de relaciones, un nuevo modelo de sociedad, en el que la fraternidad, la solidaridad, el servicio son fundamentales y en el que toda estructura, incluida la familiar, están en función de construir este nuevo tipo de sociedad y no uno contrario. El seguidor de Jesús está llamado a ser partícipe de esta nueva sociedad, donde lo principal es hacer presente en la historia el reino de Dios, lo cual exige en él un cambio de valores y de prioridades: renunciar a todos sus bienes, es decir, renunciar a todo tipo de seguridad para poder colaborar libremente y sin impedimentos en la gran obra de Dios.

Jesús establece una nueva seguridad de sus discípulos, basada en cambio de proyecto y esto lleva consijo lo que nos dice Pablo en la Carta a loos Filipenses que va a exigir a cada comunidad a corresponder en su motivación y precisión concreta y esto va a crecer una nueva realidad de las comunidades, porque en primer lugar, los cristianos deben dedicarse con santo temor a obtener la salvación, dice Pablo (12); al mismo tiempo, deben recordar que sólo Dios puede suscitar en ellos la capacidad de vivir de un modo conforme a su voluntad (13). En segundo lugar, los cristianos deben “brillar como lumbreras en medio del mundo” (15) no para presumir ante los otros sino únicamente con la finalidad de mantener con “firmeza la Palabra de vida” (16ª). En tercer lugar, los cristianos contribuyen a hacer crecer la alegría del apóstol en la medida en que disponen a ofrecer su vida en sacrificio agradable a Dios, y no por una mera gratificación personal, sino para asimilar a Cristo Jesús y disponerse a la comunión con el Padre (16b-17).

De este modo la exhortación delo apóstol se arraiga en el misterio de Cristo y de la salvación anuncida y realizada por él y, al mismo tiempo, se traduce en líneas de práctica cristiana, las cuales valen no sólo para los destinatarios de la carta, sino también para nosotros, a quienes llega, aquí y ahora, el alegre mensaje de la salvación.

Despúes de abandonar Jesús la casa del fariseo el evangelio nos muestra que encuentra la multitud. Cuando tiene lugar este paso, contine acentos más íntimos y, en algunas ocasiones actitudes más radicales. Este es el caso de la lectura de hoy. En ella, como ha ocurrido con la bienaventuranzas- confía Jesús a la muchedumbre el ideal evangélico, que, que si es acogido en su integridad, compromete, arrolla y desconcierta toda la vida.

El pasaje contiene dos parábolas (28-329, Parecidas (25-27) y seguidas por dos invitaciones a la renuncia (33). En ambas parábolas se afirma loa necesidad de reflexionar antes de emprender una empresa, calculando bien las posi-bilidades de llegarlas a cabo. Es necesario evitar toda ligereza fidelidad: un fracaso debido a la indecisión o a la nostalgia sería imperdonable. Incluso “el seguir a Jesús” por el camino que le está llevando decididamente a Jerusalén y así el Calvario es una empresa bastante arriesgada, en la que es necesario comprometer toda la vida.. En la verdad de esta decisión se injerta la invitación inicial y la final de este pasaje, que contiene una de las exigencias más radicales del Evangelio.
Renunciar a nuestro padre y nuestra madre, llevar la cruz e ir detrás de Jesús, renunciar a todos los bienes que poseemos (26ss y 33) son algunas de esas exigencias que no dejan lugar a ninguna duda; al contrario, con su Valor paradógico chocan con nuestra sensibilidad y nos hacen escandalizarnos. Proceder así sería una manera, más o menos elegante, de sustraernos a la invitación de Jesús, para seguir haciendo lo que nos viene en gana. Por eso Pablo nos invita a: “debéis brillar como lumbreras en medio del mundo, manteniendo con firmeza la Palabra de vida.” (Filipenses 2,15ss).

ORACIÓN

“Pierde tu vida y la encontrarás”. Señor, esta invitación tuya suena ilógica, absurda, empapada de fracaso y de muerte. Sin embargo, la vida no puede ser poseída como un tesoro que escondamos celosamente o para administrar sólo como propio, porque se marchitaría en su propia limitación. Tú, en cambio, me has mostrado que mi existencia tiene que encarnarse poniéndome en movimiento entre tu proyecto misterioso y ya establecido y mi decisión de realizarlo o no; se ha de desarrollar entre una sucesión de aventuras placenteras o dolorosas, padecidas o compartidas, que orientan los pasos inseguros de mi vida diaria vivida con otros y para otros.

Lo he comprendido, Señor: “mi vida es un don para compartir, " es un bien para dar, es un tesoro para revelar; para gozarla plenamente, para vivirla a fondo, debo entregarla. ¡Lo quiero, Señor!

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