Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor,que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,1-4):
Apocalipsis 14, 1-3. 4b-5:Llevaban en la frente los nombres de Cristo y su Padre Salmo: 23: Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Lucas 21, 1-4: Ella ha puesto cuanto tenía para vivir
Jesús contempla la acción realizada por la viuda en el tesoro del Templo, la cual sirve como enseñanza para sus discípulos y también para nosotros: ante los ojos de Dios tiene mucho más valor la poca ofrenda depositada por la viuda que las grandes cantidades depositadas por el rico. Porque la viuda pone en el arca todo lo que tiene para sobrevivir; pone en manos de Dios todo lo que tiene; pone su vida, expresando así que su única esperanza es la misericordia de Dios. La ofrenda del rico no es válida ante los ojos de Dios porque es interesada; tal vez el rico busca con ella calmar su conciencia, remediar su injusticia, tal vez exhibirse como generoso y devoto, o bien, junto con depositarla, proyecta acrecentar sus riquezas sin pensar en las necesidades de sus paisanos, ni en la exigencia propia de la ley de compartir los bienes con los más pobres. El texto de hoy nos muestra que es a partir de la generosidad, del desprendimiento, como vamos construyendo una nueva sociedad y una nueva Iglesia, en la que el compartir fraterno y generoso son el fundamento para vivir en forma coherente nuestra fe en Dios.
Todos los que participamos de la sangre sagrada de Cristo alcanzamos la uni[on corporal con él. Como atestigua Pablo cundo dice, refiriéndose al misterio del amos misericordioso de Dios “no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu za sus santos apóstoles y profetas que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa de Jesucristo.”
Si, pues, todos formamos un mismo cuerpo en Cristo y no sólo unos con otros, sino también en relación con aquel que se hallen nosotros gracias a su carne, ¿cómo nos mostra- mos abiertamente todo sea unidad enre nosotros y en Cristo? Pues, Cristo que es Dios hombre a la vez, en el vínculo de la unidad.
Y, si seguimos por el camino de la unión espiritual habremos de decir que todos nosotros una vez recibidos el único y mismo Espíritu, es decir, el Espíritu Santo, nos fundimos entre nosotros y con Dios. Pues aunque seamos muchos por separado, y Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada uno de nosotros, ese Espíritu, único e invisible, reduce por sí mismo a la unidad a quien son distintos entre sí en cuanto subsisten en su respectiva singularidad , y hace q1ue todos aparezcan como una so9la cosa en sí mismo.
Y así como la virtud de la santa humanidad de Cristo hace que formen un mismo cuerpo todos aquellos en quienes ella se encuentra, pues que de la misma manera el Espíritu de Dios que habita en todos, único e indivisible, los reduce a topdos en unidad espiritual.
Por eso nos exhorta también Pablo: “sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo espíritu, como una es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un Dios, Padre de todo, que los trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Pues siendo un solo Espíritu que habita en nosotros, Dios será en n0osptrps el único Padre de todos por medio de su Hijo con lo que reducirá a una unidad mutua y consigo a cuantos participan del Espíritu.
ORACION
“Dios ama a quien da con alegría”. (2 Corintios 9,7)
Señor ¿qué sería nuestra vida si fuera tocada por dones como las mismas característica y bienaventuranza que los tuyos?
Dones desinteresados que permitan crecer ¿conoceríamos la avidez y el engaño?
Dones que se muti0plican al ser distribuidos ¿Conoceríamos la indigencia?
Oh Señor, nuestra naturaleza herida y corrupta, so pretexto de acciones nobles, trasmite a menudo dones enmascarados por su propio egoísmo y por su propia vanidad. Haz que nuestros dones encarnen sólo las intenciones del amor.

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