Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 22 de noviembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO NOVIEMBRE 22, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Apocalipsis (14,1-3.4b-5):
Yo, Juan, miré y en la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. Oí también un sonido que bajaba del cielo, parecido al estruendo del océano, y como el estampido de un trueno poderoso; era el son de arpistas que tañían sus arpas delante del trono, delante de los cuatro seres vivientes y los ancianos, cantando un cántico nuevo. Nadie podía aprender el cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, los adquiridos en la tierra. Éstos son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya; los adquirieron como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero. En sus labios no hubo mentira, no tienen falta.

Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6
Este es el grupo que viene a tu presencia, SeñorDel Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares,él la afianzó sobre los ríos. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor,que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,1-4):
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: «Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Apocalipsis 14, 1-3. 4b-5:Llevaban en la frente los nombres de Cristo y su Padre Salmo: 23: Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Lucas 21, 1-4: Ella ha puesto cuanto tenía para vivir

Jesús contempla la acción realizada por la viuda en el tesoro del Templo, la cual sirve como enseñanza para sus discípulos y también para nosotros: ante los ojos de Dios tiene mucho más valor la poca ofrenda depositada por la viuda que las grandes cantidades depositadas por el rico. Porque la viuda pone en el arca todo lo que tiene para sobrevivir; pone en manos de Dios todo lo que tiene; pone su vida, expresando así que su única esperanza es la misericordia de Dios. La ofrenda del rico no es válida ante los ojos de Dios porque es interesada; tal vez el rico busca con ella calmar su conciencia, remediar su injusticia, tal vez exhibirse como generoso y devoto, o bien, junto con depositarla, proyecta acrecentar sus riquezas sin pensar en las necesidades de sus paisanos, ni en la exigencia propia de la ley de compartir los bienes con los más pobres. El texto de hoy nos muestra que es a partir de la generosidad, del desprendimiento, como vamos construyendo una nueva sociedad y una nueva Iglesia, en la que el compartir fraterno y generoso son el fundamento para vivir en forma coherente nuestra fe en Dios.

Todos los que participamos de la sangre sagrada de Cristo alcanzamos la uni[on corporal con él. Como atestigua Pablo cundo dice, refiriéndose al misterio del amos misericordioso de Dios “no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu za sus santos apóstoles y profetas que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa de Jesucristo.”
Si, pues, todos formamos un mismo cuerpo en Cristo y no sólo unos con otros, sino también en relación con aquel que se hallen nosotros gracias a su carne, ¿cómo nos mostra- mos abiertamente todo sea unidad enre nosotros y en Cristo? Pues, Cristo que es Dios hombre a la vez, en el vínculo de la unidad.
Y, si seguimos por el camino de la unión espiritual habremos de decir que todos nosotros una vez recibidos el único y mismo Espíritu, es decir, el Espíritu Santo, nos fundimos entre nosotros y con Dios. Pues aunque seamos muchos por separado, y Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada uno de nosotros, ese Espíritu, único e invisible, reduce por sí mismo a la unidad a quien son distintos entre sí en cuanto subsisten en su respectiva singularidad , y hace q1ue todos aparezcan como una so9la cosa en sí mismo.
Y así como la virtud de la santa humanidad de Cristo hace que formen un mismo cuerpo todos aquellos en quienes ella se encuentra, pues que de la misma manera el Espíritu de Dios que habita en todos, único e indivisible, los reduce a topdos en unidad espiritual.
Por eso nos exhorta también Pablo: “sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo espíritu, como una es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un Dios, Padre de todo, que los trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo”. Pues siendo un solo Espíritu que habita en nosotros, Dios será en n0osptrps el único Padre de todos por medio de su Hijo con lo que reducirá a una unidad mutua y consigo a cuantos participan del Espíritu.

ORACION

“Dios ama a quien da con alegría”. (2 Corintios 9,7)

Señor ¿qué sería nuestra vida si fuera tocada por dones como las mismas característica y bienaventuranza que los tuyos?

Dones desinteresados que permitan crecer ¿conoceríamos la avidez y el engaño?
Dones que se muti0plican al ser distribuidos ¿Conoceríamos la indigencia?

Oh Señor, nuestra naturaleza herida y corrupta, so pretexto de acciones nobles, trasmite a menudo dones enmascarados por su propio egoísmo y por su propia vanidad. Haz que nuestros dones encarnen sólo las intenciones del amor.

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