No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,16-19):
Isaías 48,17-19: Si hubieras atendido a mis mandatos Salmo 1: El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida. Mateo 11,16-19: No escuchan ni a Juan ni al Hijo del Hombre
El ser humano está inmerso en la inconformidad y el escape. No les creen ni a Juan el Bautista ni a Jesús. Los hombres de esta generación se parecen a unos chiquillos, a unos niños que juegan en la plaza. Una generación inmadura, que aún no llega a la mayoría de edad y no acepta los errores y defectos que pueda cometer. Es una generación que no está de acuerdo con nada. Vino Juan, que no comía ni bebía, y no es aceptado; y viene Jesús, que come y bebe, y tampoco es aceptado. Al contrario, a Jesús se le llama comilón y borracho, amigo de pecadores. El proyecto planteado por Juan implicaba la conversión. Jesús es más radical todavía: se trata de cambiar de corazón, por el amor que nos tiene Dios como Padre, que nos hace hermanos y por tanto todos iguales en dignidad. Es claro que estas predicaciones sonarán muy mal a los oídos del poder. Lo más fácil era negar la profunda realidad de salvación que planteaban, desvirtuando el carácter moral de sus predicadores; evadiendo la predicación y no afrontándola. Nosotros, hoy, ¿estamos afrontando el mensaje liberador del reino? Ese es nuestro Adviento.
Hoy el profeta Isaías nos ofrece una lista de los nombres de Dios. Además de “redentor” aparece aquí el título “Santo de Israel” expresión que usa siete veces en su libro, y describe siempre a Dios como el que salva a su pueblo. Y esto explica la santidad divina y el profeta así adoctrina el corazón del pueblo, para que pueda seguir el camino de la alianza y para que logre conocer el plan amoroso, salvador, gratuito de Dios con la humanidad, con vista a su realización creó al mundo (17)
Y el profeta hace un balance de la historia pasada de la alianza, como falta de tiempo de escucha de la Palabra divina y el rompimiento de la ley de vida que han arrastrado al pueblo de Israel lejos de la prosperidad de las promesas incluidas en la alianza. Pero ahora da Dios nuevamente su Palabra eficaz para que obedeciéndola produzca efectos profundos y duraderos, llevando a Israel a vivir en la justicia derramada por Dios al pueblo (18) garantizando el cum-plimiento de la promesa hecha a los Padres (19) podemos ver Génesis 12,2-3; 22,17).
El evangelio nos muestra la incapacidad de los oyentes de Jesús ni ver la bondad del tiempo presente, porque no están dispuestos a desea nada que sea realmente diverso. Son como niños que no entran en juego, que no saben ni quejarse ni lamentarse. La parábola presenta dos grupos de niños en conflicto entre ellos, porque el segundo grupo ha perdido el interés en el juego, incluso antes de haberlo comenzado (16-17) La doble reacción de los contemporáneos con el Bautista y con Jesús (18), su mala voluntad manifiesta, les asemeja a los niños caprichosos de la parábola.
En Mateo la sentencia final ofrece una respuesta de esta reacción contrapuesta de los estilos de devoción: el estilo sabio de Dios ha sido reconocido justamente por los que se toman seriamente en consideración su modo de actuar: Jesús es la sabiduría de Dios, la cual se ha manifestado en sus obras (19). En definitiva, pretende sacudir las consciencias de sus oyentes para disponerlos a acoger “la hora desconocida de Dios”. Sus palabas sobre el Bautista concluyen con una llamada a la comprensión de la fe, equivalente a una decisión del proyecto salvador de Dios, en sintonía con su modo de actuar y revelarse en la historia. Eso es afirmado por el profeta Isaías en el texto de hoy: “Yo soy el Señor tu Dios, te enseño para tu bien.” (Isaías 48,17) Pues reconocer la hora de Dios, el tiempo oportuno, es un signo de sabiduría (Eclesiástico 3,1ss) Como a los contemporáneos de Jesús también a nosotros se nos invita la figura de Juan a hacer sinceras obras de penitencia, de olvidarme de las diversas excusas, que enmascaran mi desinterés y mi resistencia a la invitación a la conversión que la palabra de Dios incesantemente me dirige.
Pero la hora de Dios no es sólo la de la penitencia y cambio de vida, es también la del gozo que nos trae el evangelio de Jesús. Jesús no se avergonzó de ser llamado “amigo de publicanos y pecadores.” No es una fiesta que puedo dejar para mañana (como quisieran los niños caprichosos de la parábola; ¡para mí es hoy!
ORACION
Te ruego, pues, que no dejes de dirigir tu Palabra a mi corazón obstinado y duro, y así podré comprender tu designio sobre mí y lograr la verdadera sabiduría. Repréndeme, incluso con dureza, cuando quieras que escuche los llamamientos del Bautista a la penitencia y a la conversión. Ayúdame a saber reconocer que éste es el tiempo de tu gracia, porque eres: “el Señor mi Dios que me enseña para mi bien y me guía por el camino que debo seguir.”

No hay comentarios.:
Publicar un comentario