Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 11 de diciembre de 2010

TIEMPO DE ADVIENTO DICIEMBRE 11, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura del libro del Eclesiástico (48,1-4.9-11)
Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives.

Salmo 79,2ac.3b.15-16.18-19
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salvePastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece;despierta tu poder y ven a salvarnos.
Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.
Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,10-13):
Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

HOMILIA

Eclesiástico 48,1-4.9-11: Elías volverá Salmo responsorial: 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. Mateo 17,10-13: No reconocieron a Elías; tampoco al Hijo del Hombre

El tiempo que vivimos se afirma en la venida de Elías, que en palabras de Jesús “ya ha venido” y él los define como Juan el Bautista, el precursor de Jesús. Pero los judíos, escribas y fariseas lo rechazan porque tendrían que aceptar a Jesús, para ellos Elías no ha venido y tampoco el Mesías.

Jesús afirma que Elías ya vino, pero no lo reconocieron y lo maltrataron. Juan el Bautista es Elías, porque el fuego del Espíritu lo habita y prepara el camino del Señor. Jesús invita a reconocer la acción de Dios aquí y ahora, nos ancla en la necesidad de reconocer la acción de Dios en la historia, en las personas que denuncian la injusticia y anuncian la Buena Nueva. Hay que descubrir los signos de los tiempos a través de las situaciones concretas, para que examinemos los hechos y acontecimientos que el Espíritu suscita en nuestra vida. En lo pequeño es donde más habla Dios al hombre. En los que luchan por la justicia y la dignidad de las personas con un compromiso diario es donde se presencia con mucha fuerza el Espíritu de Dios.
Por eso el libro del Eclesiástico, su autor, relee el pasado y nos muestra personas jes buenos y malos de la historia de Israel. Y presenta a Elías, que defiende la causa del Serñor, el Dios de Israel. Su vida fue dedicada al servicio del Señor, en cuya presencia Elías vive continuamente (1 Reyes 18,15)

Además su ardiente predicación lleva al pueblo al único Dios y el libro lo muestra en su destino singular, el rapto del profeta en el carro de fuego (9) visto como una victoria sobre la muerte por obra del amor de Dios. Su figura es, pues, es un anuncio de un bienaventuranca de los que esperan a los que como Elías “mueren fieles al amor,.”

El motivo de su arrebato al cielo en la tradición judía (vean Malaquías 3,24) se asocia a la espera de su regreso, preparando a los hijos de Israel a la llegada de los tiempos mesiánicos (10). El Nuevo Testamento heredará esta tradición judía del regreso de Elías viendo su cumplimiento en la persona de Juan el Bautista.

En el evangelio vemos que después de la transfiguración de Jesús, bajando del monte, en la conversación que mantiene con sus discípulos de trata de uno de los personajes de la visión: Elías. Refiriéndose a las discusiones rabínicas del papel de Elías, sobre la verdad y el significado de su regreso anunciado por Malaquías (3,23.24), Jesús declara aceptar la tesis de los que afirmaban de una venida de Elías “antes del juicio”. Por otra parte, Jesús neiga cualquier visión fantástica, comúnmente difundida, de un regreso de Elías e invita a los discípulos a discernir el plan de Dios que está manifestándose ante sus propios ojos. Por consiguiente, afirma que Elías ya ha venido, pero no lo han conocido, y la suerte de Elías anuncia la del Hijo del hombre (12).
Para llevar a los discípulos a la comprensión de la urgencia de la conversión, de la sanación de las relaciones interpersonales y la relación con Dios, Jesús identifica expresamente a Elías con Juan bautista. Los discípulos comprenden la identificación (113). Resulta así claro que tal identificación no se desprende automáticamente de las Escrituras, sino que se revelan a quien, desde la docilidad de la fe, está dispuesto a acoger la predicación de Juan con su invitación a convertirse y prepararse al encuentro del que viene. Por un momento, los discípulos parecen, pues, comprender; aunque muy pronto caerán de nuevo en la incomprensión, en su obstinada incredulidad (Mateo 15,20).

La figura de Juan Bautista predomina en las lecturas de estos días de Adviento. Más que ponerse a considerar cuestiones históricas del personaje, hoy nos sentimos llamados a meditar en el significado de su persona para nuestra vida, su comparación con el profeta Elías en el texto evangélico. La misión del Bautista trata, en la analogía de Elías, los puntos principales para nuestra vida: nuestra relación con Dios (que nos pide volver a él) y el sanas nuestras relaciones con el prójimo.

Además, el hecho de que Elías y Juan fuese perseguidos por los poderosos y no comprendidos por sus contemporáneos nos plantea el serio riesgo que corremos de imponer obstáculos al camino de la Palabra divina, y que nos recuerda que a pesar de nuestras oposiciones humanas, la Palabra de Dios saldrá victoriosa.

ORACION

“!Dichosos los que te vieron, Elías, y murieron fieles al amor! También nosotros ciertamente viviremos.”

Te damos gracias por tu constancia en los esfuerzos a pesar de las desilusio-nes y te pedimos perdón si hemos sido sordos a tus llamados que nos diriges por medio de las palabras y obras de estos hermanos. Señor, te damos gracias por estos testimonios que nos han hablado de ti y con el fuego de tu amor han iluminado nuestro camino.

Que tu Espíritu nos inflame, para que también nosotros podamos ser fuego tuyo en el mundo.

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