Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 14 de diciembre de 2010

TIEMPO DE ADVIENTO DICIEMBRE 14, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Sofonías (3,1-2.9-13):
Así dice el Señor: «¡Ay de la ciudad rebelde, manchada y opresora! No obedeció ni escarmentó, no aceptaba la instrucción, no confiaba en el Señor, no se acercaba a su Dios. Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del Señor, para que le sirvan unánimes. Desde más allá de los ríos de Etiopia, mis fieles dispersos me traerán ofrendas. Aquel día no te avergonzarás de las obras con que me ofendiste, porque arrancaré de tu interior tus soberbias bravatas, y no volverás a gloriarte sobre mi monte santo. Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.
»Salmo 33,2-3.6-7.17-18.19.23
Si el afligido invoca al Señor, él lo escuchaBendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.
Pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias.
El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor. " Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»Contestaron: «El primero.»Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

HOMILIA
Sofonías 3,1-2.9-13: Se promete la salvación mesiánica a todos los pobres Salmo 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha. Mateo 21,28-32: Los más despreciados le creyeron a Juan.

El evangelio de hoy nos conecta con el de ayer a través de una parábola. Jesús se en cuentra c on los líderes religiosos y les propone la parábola del padre y sus dos hijos: el que hace la voluntad del Padre es aquél que se arrepiente, que reconoce que noi ha heho su voluntad y retorna a él. En cambio, hay otros como los fariseos, que dicen cumplir la voluntad del Padre, y no lo hacen.

Ante ello, los que entran al reino de los cielos son los que creyeron en la predicación de Juan, en su bautismo de conversión, en su predicación de justicia; quienes tuvieron un cambio de vida que los transformó hacia Dios, como en este caso los publicanos y las prostitutas. Los sacerdotes y fariseos no creyeron en Juan, y ni aun viéndole se arrepienten para creer; y esto es lo que Jesús les cuestiona. No reconocen en la acción de Juan la legítima voluntad de Dios. ¿Estamos descubriendo hoy la voluntad de Dios en aquellas personas que desean transformar la conciencia de los hombres para crear un mundo más justo?

Por eso la primera lectura comienza con una amenaza del Señor contra los jefes de las naciones, que buscan su opropio interés en vez de dedicarse a la fe del pueblo. Sin embargo, después del juicio aparece una palabra de esperanza, en la que la purificación del pueblo y de Jerusalén mira a la alegría mesiánica y la reunión de los dispersos (Sofonías 3,14-20) El anuncio de la purificación de los pueblos (9) que abandonan el culto a otros divinidades y elevan su profesión de fe al Señor manifiesta la espera profética de fe al Señor anuncia la renovación de la humanidad por obra del Señor.

Esto consiste en la conversión del corazó9n, que se traduce en acoger la ley divina, en el culto al Dios verdadero. Cambia a todos y sobre todo al pueblo de Dios, en el que desaparece todo rostro de soberbia, como síntesis del pecado humano, de un orgullo que tiene a ocupar el puesto de Dios (11). El pueblo del tiempo de la salvación al que se promete el descanso y la paz es un “resto” (13), es decir, un grupo políticamente frágil y culturalmente irrelevante y despreciado, ya no puede precisamente presumir en sus propias fuerzas, sino que experimenta con gratitud la fidelidad de su Dios. Está constituido por los “pobres del Señor” (12), o sea los que tienen a Dios como único recurso de su propia vida y confían p´lenamente en él traduciendo su humilde confianza en una obediencia práctica de la voluntad divina.

En el evangelio, los jefes delo pueblo, que ayer aparecen como interlocutores de Jesús (Mateo 21,23-27) No tienen intención de escucharle. Jesús pone al desnudo su incoherencia y los provoca con la perspectiva de una ventaja religiosa de los publicanos y prostitutas con respecto a ellos. Y lo hace con la parábola de los dos hijos, que se aclara poniendo como trasfondo, aceptado tanto por el Bautista como por Jesús, la tradición veterotestamentaria sobre la necesidad de la “justicia”, esto es, de una fe que busca llevar a la práctica fielmente la voluntad de Dios en el día a día.

La parábola no exalta a los pecadores y desprecia a l, sino que anuncia la extraordinaria cercanía de Dios al pecador, al que ofrece siempre un cambio de vida. También aparece la denuncia de la frecuente incoherencia de tantos creyentes, ejemplarizados en el primer hijo, cumplidores de palabra. La confrontación llamativa entre publicanos y prostitutas y los hombres de religión (31-33) no es tanto una condena de estos últimos por parte de Jesús, cuanto una última llamada apremiante a la conversión. Algo dice Sofonías hoy que debe ayudarnos a pensar: “Yo dejaré en medio de ti un opueblo pobre y humilde.” (Sofonías 3,12)

ORACION

Tu palabra hoy nos fustiga y nos consuela, Nos fustiga porque nos invita a trabajar en tu viña, como el hijo mayor de la parábola, con frecuencia respondemos “Sé, Señor”; pero luego no vamos. Estamos demasiado ocupados y preocupados por nuestros “yo” para estar de veras disponibles a buscar sinceramente tu voluntad. Socórrenos con tu Espíritu, para que podamos velar sobre nosotros mismos con el fin de que nuestra adhesión a tu voluntad no se reduzca a palabas huecas.

Pero, además de fustigarnos, tu Palabra nos consuela, porque nos recuerda que incluso a aquel que está más aferrado al mal le quieres dirigir una palabra de salvación dándole la oportunidad de arrepentirse, de cambiar de vida, de romper con la obstinación del corazón. Con humildad y confianza acudimos a ti, Dios que ama a los que no confían en sus propios medios, y confiamos únicamente en tu misericordia y fidelidad.

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